Tú eres
Señor, Tú eres mi faro en la tormenta,
mi maná en el desierto, mi alegría,
mi trigo milagroso que se vuelve
sobre el altar Tu carne apetecida.
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Tú eres la llave que abre los cerrojos
de todo cuanto me ata y me limita,
mi perpetuo sermón de la montaña,
la fuente donde bebo Tu agua viva.
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Eres divina luz que desvanece
las tinieblas que nublan mis pupilas;
eres mi alfa y omega, eres mi entrada
y eres también mi puerta de salida.
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Eres mi arca de la alianza, eres
mi refugio en la mar embravecida
y milagro en el cáliz consagrado
donde beben las almas redimidas.
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Tú eres el padre que recibe al hijo
que vuelve arrepentido, y la bendita
consolación del alma que se enfrenta
a una cruz, abrumada y compungida.
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Y eres también mi roca y fortaleza,
mi fértil esperanza, mi alegría,
la cumbre donde encuentra paz mi alma
y razón de existir mi propia vida.

