PADRE CERIANI: BERGOGLIO Y LA LITURGIA MÍXTICA

Misterios de iniquidad

LECTORES Y MONAGUILLOS FEMENINOS

Decimejorge, en un rapto míxtico, producto de su ideología degenerada…, modificó, con el Motu proprio Spiritus Domini, el canon 230 § 1 del Código de Derecho Canónico Conciliar.

La versión anterior limitaba a los varones la posibilidad de ser lectores o acólitos instituidos:

“Los varones laicos que tengan la edad y condiciones determinadas por decreto de la Conferencia Episcopal, pueden ser llamados para el ministerio estable de lector y acólito, mediante el rito litúrgico prescrito”.

La modificación dice que todos los fieles, “los laicos”, sin excluir a las mujeres, pueden asumir estos ministerios de forma permanente:

“Los laicos que tengan la edad y condiciones determinadas por decreto de la Conferencia Episcopal, pueden ser llamados para el ministerio estable de lector y acólito, mediante el rito litúrgico prescrito”.

Pablo VI fue el iniciador de las modificaciones modernistas en el Sacramento del Orden. Con el Motu proprio Ministeria quaedam, estableció eliminar el Ostiariado, el Exorcistado y el Subdiaconado. El Lectorado y el Acolitado quedaron, pero no como Órdenes Menores, sino como ministerios instituidos.

Es importante destacar que estas Órdenes siempre han sido conferidas únicamente a varones, pues las Órdenes Menores emanan del Diaconado y disponen al mismo, como explica Santo Tomás; por lo tanto, los candidatos a tales Órdenes deben ser varones.

Decimejorge delira cuando afirma que una práctica consolidada en la Iglesia latina ha confirmado también que estos ministerios laicos, al estar basados en el sacramento del Bautismo, pueden ser confiados a todos los fieles idóneos, sean de sexo masculino o femenino, según lo que ya está previsto implícitamente en el canon 230 § 2”.

La verdad es que no existe una práctica en la Iglesia de conferir ministerios establecidos a las mujeres.

¿Será ordenada la china golpeada?

No vamos a alargarnos sobre este tema. Radio Cristiandad hace años que viene condenando estas aberraciones modernistas. Quienes no lo hayan hecho, pueden leer los siguientes artículos:

https://radiocristiandad.org/2007/07/18/la-misa-del-concilio-vaticano-ii-escuela-para-monaguillas/

https://radiocristiandad.org/2010/08/04/acordes-a-la-igualdad-sexual/

https://radiocristiandad.org/2011/04/25/campos-y-la-misa-con-monaguillas/

https://radiocristiandad.org/2011/06/09/nueva-demostracion-de-incompatibilidad-de-la-iglesia-del-concilio-con-la-tradicion-de-la-iglesia/

https://radiocristiandad.org/2020/08/21/diocesis-de-san-luis-la-dura-realidad-conciliar/

Eso sí…, van por todo y se vienen las “chicas de Mónica”… Ver Aquí

A continuación, sigue lo establecido por el Concilio de Trento y por el Código de Derecho Canónico Católico.

CONCILIO DE TRENTO

Sesión XXIII

Celebrada en tiempo del sumo Pontífice Pío IV, el 15 de julio de 1563

Doctrina del Sacramento del Orden

Cap. I. De la institución del sacerdocio de la nueva ley.

El sacrificio y el sacerdocio van de tal modo unidos por disposición divina, que siempre ha habido uno y otro en toda ley.

Habiendo pues recibido la Iglesia católica, por institución del Señor, en el Nuevo Testamento, el santo y visible sacrificio de la Eucaristía, es necesario confesar también, que hay en la Iglesia un sacerdocio nuevo, visible y externo, en que se mudó el antiguo.

Y que el nuevo haya sido instituido por el mismo Señor y Salvador, y que el mismo Cristo haya también dado a los Apóstoles y sus sucesores en el sacerdocio la potestad de consagrar, ofrecer y administrar su cuerpo y sangre, así como la de perdonar y retener los pecados, lo demuestran las sagradas letras, y siempre lo ha enseñado la tradición de la Iglesia católica.

Cap. II. De las siete Órdenes.

Siendo el ministerio de tan santo sacerdocio una cosa divina, fue congruente para que se pudiese ejercer con mayor dignidad y veneración, que en la constitución arreglada y perfecta de la Iglesia, hubiese muchas y diversas graduaciones de ministros, quienes sirviesen por oficios al sacerdocio, distribuidos de manera que los que estuviesen distinguidos con la tonsura clerical, fuesen ascendiendo de las Órdenes Menores a las Mayores; pues no sólo menciona la Sagrada Escritura claramente los Sacerdotes, sino también los Diáconos; enseñando con gravísimas palabras qué cosas en especial se han de tener presentes para ordenarlos.

Y desde el mismo principio de la Iglesia se conoce que estuvieron en uso, aunque no en igual graduación, los nombres de las Órdenes siguientes, y los ministerios peculiares de cada una de ellas; es a saber, del Subdiácono, Acólito, Exorcista, Lector y Ostiario o Portero; pues los Padres y sagrados concilios numeran el Subdiaconado entre las órdenes mayores, y hallamos también en ellos con suma frecuencia la mención de las otras inferiores.

Cap. III. Que el Orden es verdadera y propiamente Sacramento.

Constando claramente por testimonio de la divina Escritura, de la Tradición Apostólica, y del consentimiento unánime de los Padres, que el Orden Sagrado, que consta de palabras y señales exteriores, confiere gracia; ninguno puede dudar que el Orden es verdadera y propiamente uno de los siete Sacramentos de la santa Iglesia; pues el Apóstol dice: Te amonesto que despiertes la gracia de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos: porque el espíritu que el Señor nos ha dado no es de temor, sino de virtud, de amor y de sobriedad.

Cap. IV. De la jerarquía eclesiástica, y de la ordenación.

Y por cuanto en el sacramento del Orden, así como en el Bautismo y Confirmación, se imprime un carácter que ni se puede borrar, ni quitar, con justa razón el santo Concilio condena la sentencia de los que afirman que los sacerdotes del nuevo Testamento sólo tienen potestad temporal, o por tiempo limitado, y que los legítimamente ordenados pueden pasar otra vez a legos, sólo con que no ejerzan el ministerio de la predicación.

Porque cualquiera que afirmase que todos los cristianos son promiscuamente sacerdotes del Nuevo Testamento, o que todos gozan entre sí de igual potestad espiritual; no haría más que confundir la jerarquía eclesiástica, que es en sí como un ejército ordenado en la campaña; y sería lo mismo que si contra la doctrina del bienaventurado san Pablo, todos fuesen Apóstoles, todos Profetas, todos Evangelistas, todos Pastores y todos Doctores.

Movido de esto, declara el santo Concilio, que además de los otros grados eclesiásticos, pertenecen en primer lugar a este orden jerárquico, los Obispos, que han sucedido en lugar de los Apóstoles; que están puestos por el Espíritu Santo, como dice el mismo Apóstol, para gobernar la Iglesia de Dios; que son superiores a los Presbíteros; que confieren el sacramento de la Confirmación; que ordenan los ministros de la Iglesia, y pueden ejecutar otras muchas cosas, en cuyas funciones no tienen potestad alguna los demás ministros de orden inferior.

Enseña además el santo Concilio, que para la ordenación de los Obispos, de los Sacerdotes, y demás Órdenes, no se requiere el consentimiento, ni la vocación, ni autoridad del pueblo, ni de ninguna potestad secular, ni magistrado, de modo que sin ella queden nulas las órdenes; antes por el contrario decreta, que todos los que destinados e instituidos sólo por el pueblo, o potestad secular, o magistrado, ascienden a ejercer estos ministerios, y los que se los arrogan por su propia temeridad, no se deben estimar por ministros de la Iglesia, sino por rateros y ladrones que no han entrado por la puerta.

Estos son los puntos que ha parecido al sagrado Concilio enseñar generalmente a los fieles cristianos sobre el sacramento del Orden; resolviendo al mismo tiempo condenar la doctrina contraria a ellos, en propios y determinados cánones, del modo que se va a exponer, para que siguiendo todos, con el auxilio de Jesucristo, esta regla de fe, puedan entre las tinieblas de tantos errores, conocer fácilmente las verdades católicas, y conservarlas.

Cánones del Sacramento del Orden

Can. I. Si alguno dijere, que no hay en el nuevo Testamento sacerdocio visible y externo; o que no hay potestad alguna de consagrar, y ofrecer el verdadero cuerpo y sangre del Señor, ni de perdonar o retener los pecados; sino sólo el oficio, y mero ministerio de predicar el Evangelio; o que los que no predican no son absolutamente sacerdotes; sea excomulgado.

Can. II. Si alguno dijere, que no hay en la Iglesia católica, además del sacerdocio, otras órdenes mayores, y menores, por las cuales, como por ciertos grados, se ascienda al sacerdocio; sea excomulgado.

Can. III. Si alguno dijere, que el Orden, o la ordenación sagrada, no es propia y verdaderamente Sacramento establecido por Cristo nuestro Señor; o que es una ficción humana inventada por personas ignorantes de las materias eclesiásticas; o que sólo es cierto rito para elegir los ministros de la palabra de Dios, y de los Sacramentos; sea excomulgado.

Can. IV. Si alguno dijere, que no se confiere el Espíritu Santo por la sagrada ordenación, y que en consecuencia son inútiles estas palabras de los Obispos: Recibe el Espíritu Santo; o que el Orden no imprime carácter; o que el que una vez fue sacerdote, puede volver a ser lego; sea excomulgado.

Can. V. Si alguno dijere, que la sagrada unción de que usa la Iglesia en la colación de las sagradas órdenes, no sólo no es necesaria, sino despreciable y perniciosa, así como las otras ceremonias del Orden; sea excomulgado.

Can. VI. Si alguno dijera, que no hay en la Iglesia católica jerarquía establecida por institución divina, la cual consta de Obispos, presbíteros y ministros; sea excomulgado.

Can. VII. Si alguno dijere, que los Obispos no son superiores a los Presbíteros; o que no tienen potestad de confirmar y ordenar; o que la que tienen es común a los presbíteros; o que las órdenes que confieren sin consentimiento o llamamiento del pueblo o potestad secular, son nulas; o que los que no han sido debidamente ordenados, ni enviados por potestad eclesiástica, ni canónica, sino que vienen de otra parte, son ministros legítimos de la predicación y Sacramentos; sea excomulgado.

Can. VIII. Si alguno dijere, que los Obispos que son elevados a la dignidad episcopal por autoridad del Pontífice Romano, no son legítimos y verdaderos Obispos, sino una ficción humana; sea excomulgado.

CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO de 1917

Cn. 108

§.1 Los que se consagran a las funciones sagradas, al menos con la primera tonsura, se denominan clérigos.

§.2 No todos los clérigos son del mismo rango, sino que existe una jerarquía sagrada entre ellos, la cual subordina unos a otros.

§.3 Por institución divina, la jerarquía sagrada, fundada en el poder del orden, está compuesta por obispos, presbíteros y ministros.

Cn. 948

En la Iglesia, por institución de Cristo, el Orden distingue a los clérigos de los laicos para el gobierno de los fieles y el ministerio del culto divino.

Cn. 949

En los cánones que siguen, se entienden con el nombre de órdenes mayores o sagradas: el sacerdocio, el diaconado, el sub-diaconado; bajo el de órdenes menores: el acolitado, el exorcistado, el lectorado, el ostiariado.

Cn. 968

§.1 Sólo el varón bautizado recibe válidamente la santa ordenación.

Cn. 973

§.1 La primera tonsura y las órdenes se otorgarán únicamente a quienes tengan la intención de acceder al sacerdocio y de quienes se pueda conjeturar con razón que algún día serán dignos sacerdotes.

§.2 Sin embargo, la persona ordenada que se niega a recibir órdenes superiores no puede ser obligada a hacerlo por el obispo y no se le puede prohibir el ejercicio de las órdenes recibidas, salvo que exista un impedimento canónico o una otra causa considerada grave por el obispo.