PADRE CERIANI: LA EXTREMAUNCIÓN (IV)

Especiales de Radio Cristiandad

EL SACRAMENTO DE LA EXTREMAUNCIÓN

En la Primera Entrega hemos considerado el Nombre, la Definición y la Existencia del Sacramento de la Extremaunción. Ver Aquí

En la Segunda Entrega estudiamos su Materia y su Forma. Ver Aquí

En la Tercera Entrega vimos los efectos de este Sacramento. Ver Aquí

Hoy nos detendremos en la cuestión del Ministro de la Extremaunción.

MINISTRO DE LA EXTREMAUNCIÓN

Hay que distinguir entre el Ministro de la administración válida y de la administración lícita de la Extremaunción.

1.- El Ministro para la administración válida del Sacramento de la Extremaunción es únicamente el Sacerdote.

Lo dice expresamente el Apóstol Santiago en el texto varias veces citado: “Haga llamar a los presbíteros de la Iglesia”.

Los protestantes pretendieron que por presbíteros se entiende aquí los ancianos de la Iglesia, aunque sean seglares.

Pero la Tradición y práctica de la Iglesia está en contra de ellos.

El Magisterio de la Iglesia lo enseñó desde los tiempos primitivos, y lo definió el Concilio de Trento, que condenó expresamente la doctrina protestante:

Si alguno dijere que los presbíteros de la Iglesia que exhorta el bienaventurado Santiago se lleven para ungir no son los sacerdotes ordenados por el obispo, sino los más viejos por su edad en cada comunidad, y que por ello no es sólo el sacerdote el ministro de la unción de los enfermos, sea anatema (Dz. 910 y 929).

El Código de Derecho Canónico sancionó esta tesis declarando que “todo sacerdote, y sólo él, administra válidamente este sacramento” (cn. 938, § 1)

Santo Tomás ya había probado idéntica doctrina contra los que hacían participantes del mismo derecho a los seglares y a los diáconos

Suplemento, q. 31, a. 1:

Suplemento, q. 31, a. 2:

La razón teológica es que el Sacramento de la Extremaunción es complementario del de la Penitencia y, a veces, perdona incluso los pecados del que lo recibe. Luego sólo al sacerdote corresponde administrarlo, ya que solamente él ha recibido de Dios la potestad de perdonar los pecados.

Como la administración de este Sacramento no requiere Potestad de Jurisdicción, sino sólo de Orden, cualquier sacerdote (aunque esté excomulgado, suspenso o en entredicho) confiere válidamente la Extremaunción a los enfermos.

2.- El Ministro Ordinario para la administración lícita de este Sacramento es “el párroco del lugar donde se halla el enfermo; pero en caso de necesidad, o con licencia, al menos razonablemente presunta, del mismo párroco o del ordinario local, puede administrarlo lícitamente otro sacerdote cualquiera” (cn. 938, § 2).

El mismo Código, por razones de orden pastoral o por motivos fundados en conveniencias prácticas, reserva en ciertos casos la administración de este Sacramento a determinados sacerdotes, constituyéndolos en Ministros Ordinarios de la colación lícita de la Extremaunción.

He aquí la nómina:

a) “Las dignidades y canónicos, según el derecho de precedencia, tienen el derecho y el deber de administrar la unción de los enfermos al obispo cuando se encuentre enfermo” (cn. 397, 3º).

b) “En todas las religiones clericales corresponde al superior el derecho y el deber de administrar por sí mismo o por otro la unción de los enfermos a los enfermos profesos, novicios y demás que habitan de día y de noche en la casa religiosa por razón de servicio, educación, hospedaje o enfermedad” (cn. 514, § 1).

c) “En los monasterios de monjas tiene ese mismo derecho y deber el confesor ordinario o quien haga sus veces” (cn. 514, § 2).

d) “En las otras religiones laicales compete la misma función al párroco del lugar o al capellán que el ordinario haya puesto en vez del párroco, conforme al canon 464, § 2” (cn. 514, § 3).

En cuanto a la obligación de administrar este Sacramento, el Código preceptúa lo siguiente:

“El ministro ordinario está obligado por justicia a administrar este sacramento por sí mismo o por medio de otro, y, en caso de necesidad, todo sacerdote está obligado a ello por caridad” (cn. 939).

3.- Pluralidad de ministros: interesa considerar el número de presbíteros que deben intervenir en la administración de este Sacramento. Puesto que Santiago redactó la frase en plural: “Haga llamar a los presbíteros de la Iglesia y oren sobre él”.

Hubo tiempos y lugares en los que interpretaron esas palabras como si fueran un precepto de emplear varios sacerdotes en la colación de la Extremaunción.

En la Iglesia latina se puso en práctica muy pocas veces este sistema; pero entre los orientales llegó a ser bastante general la costumbre de que asistiesen al rito sacramental siete presbíteros cuando ello era posible.

El Sacramento es válido tanto si lo administra un solo sacerdote como si intervienen varios juntamente.

Los principales casos prácticos que puede suscitar la participación de varios sacerdotes en la administración de este Sacramento son cuatro:

1º) Uno solo de los presbíteros asistentes aplica la materia y pronuncia la forma sacramental; los demás co-asistentes recitan todas las oraciones y hacen todos los ritos que preceden y siguen a la parte estrictamente sacramental.

Esto es perfectamente lícito cuando la autoridad eclesiástica lo permite; no lesiona la validez del Sacramento.

2º) Un ministro aplica la materia y otro pronuncia la forma.

Los teólogos enseñan comúnmente que esta manera de proceder invalida el Sacramento, por la misma razón que se considera inválido el Bautismo conferido con idéntico sistema.

Santo Tomás lo explica de este modo:

La integridad del bautismo depende de la forma de las palabras y del uso de la materia. Por eso, ni bautiza quien solamente profiere las palabras ni quien solamente sumerge. Por tanto, si uno profiere las palabras y el otro sumerge, ninguna forma verbal puede expresar la verdad. Porque no se puede decir yo te bautizo, cuando quien lo dice no sumerge y, consecuentemente, no bautiza. Ni tampoco se puede decir nosotros te bautizamos, ya que ninguno de los dos bautiza. Porque si dos personas colaboran en la composición de un libro escribiendo uno una parte, y el otro, otra, no se expresarán correctamente diciendo nosotros hemos escrito este libro, sino que emplearían una sinécdoque, al tomar el todo por la parte (III, q. 67, a. 6, ad 3).

3º) Un sacerdote practica una unción con su forma, el siguiente otra con su forma respectiva, y así sucesivamente.

Santo Tomás defiende la validez de este procedimiento, y lo prueba haciendo la comparación con el Sacramento de la Eucaristía, cuando un sacerdote consagra la Hostia y a continuación se halla impedido de hacer lo mismo con el Cáliz, puede y debe sustituirlo otro para completar la acción sacrificial (Supl., q. 29, a. 2, ad 3). Y agrega que la pluralidad de los ministros no quita la unidad de este Sacramento, puesto que obra sólo instrumentalmente, como el cambio de los martillos no quita la unidad de la operación del artista.

4º) Varios sacerdotes aplican íntegra la materia y recitan también la forma entera.

Este caso es idéntico al que plantea la concelebración (III, q. 67, a. 6; q. 82, a 2); por consiguiente, la solución deber ser también la misma: si todos los sacerdotes simultáneamente aplican la materia y pronuncian la forma, todos producen a la vez el Sacramento; si lo hacen a destiempo, entonces es sólo el primero quien administra el Sacramento.

Santo Tomás enseña:

Según la costumbre de algunas Iglesias, de la misma manera que los Apóstoles concenaron con Cristo que cenaba, así los recién ordenados concelebran con el obispo que les ordena. Y no por eso se reitera la consagración de la hostia, pues, como dice Inocencio III, todos deben tener la intención de consagrar en el mismo instante.

Continuará…

Padre Juan Carlos Ceriani