PADRE CERIANI: LA EXTREMAUNCIÓN (II)

Especiales de Radio Cristiandad

EL SACRAMENTO DE LA EXTREMAUNCIÓN

En la Primera Entrega hemos considerado el Nombre, la Definición y la Existencia del Sacramento de la Extremaunción. Ver Aquí

Hoy vamos a estudiar su Esencia, es decir, su Materia y su Forma, conforme a su definición física.

Ánfora con el Óleo de los enfermos

ESENCIA

La definición física es aquella que nos da a conocer las causas intrínsecas de una cosa en su ser físico, o sea, la materia y la forma del compuesto sustancial.

En este sentido, los Sacramentos de la Nueva Ley constan esencialmente de cosas sensibles, como materia, y de palabras, como forma.

La materia son cosas sensibles; así, la ablución con agua es la materia del Bautismo; el pan y el vino, de la Eucaristía; la unción con el óleo, de la Confirmación y Extremaunción; los actos del penitente, de la Penitencia; la imposición de las manos, de la Confirmación y del Orden Sacerdotal; la mutua entrega de los cuerpos de los contrayentes, del Matrimonio.

La forma son las palabras. El sacramento se realiza precisamente al recaer la forma —expresada en palabras determinadas— sobre la materia correspondiente. Y así, para que haya Bautismo es menester añadir a la ablución del agua (materia) las palabras de la forma sacramental: «Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».

Así como la materia prima, que es pura potencia indeterminada, se determina por la forma sustancial, que es acto, así en el ser moral de los Sacramentos las cosas son indeterminadas (v.gr., el agua lo mismo vale para bautizar que para beber, lavarse, etc.), y por eso hacen el papel de materia, que será determinada por las palabras sacramentales, que tienen, por lo mismo, razón de forma.

Según estos principios, la definición física de los sacramentos de la Nueva Ley es la siguiente:

«Cosas sensibles que, en virtud de ciertas palabras, significan una realidad sagrada que santifica a los hombres».

Consideremos, pues, la Materia y la Forma del Sacramento de la Extremaunción.

1) MATERIA

A) Materia Remota

I) La materia remota válida de la Extremaunción es:

a) El aceite de oliva,

b) Bendecido,

c) Por el obispo o por un presbítero facultado por la Santa Sede,

d) Expresamente para esto.

El canon 945 así lo expresa: El aceite de oliva, destinado al sacramento de la Extremaunción, debe ser bendecido a tal efecto por el obispo, o por un sacerdote a quien la Sede Apostólica haya otorgado la facultad de hacerlo.

Cuatro cosas se requieren, pues, para constituir la materia remota válida de este Sacramento:

1º.- Aceite de oliva

Consta por las palabras del Apóstol Santiago y por la constante y universal tradición de la Iglesia.

Ha sido definido por la Iglesia en los Concilios de Florencia (Dz. 700) y de Trento (Dz. 908) que la materia remota de la Extremaunción es el aceite de oliva bendecido.

Santo Tomás enseñó:

Santiago señala el óleo como la materia escogida para administrar este sacramento, y sabemos que, hablando con propiedad, sólo se llama óleo al aceite de oliva. Luego ésta es la materia de la Extremaunción (Supl., q. 29, a.4, sed contra 1°).

Esta última cura espiritual que se proporcione al alma debe ser perfecta, porque después de ella no se realiza ninguna otra; más aún, incluso debe ser delicada, a fin de que la esperanza, tan necesaria a los moribundos, no se quebrante, sino que se fomente. Pues bien, el óleo es lenitivo y penetrante hasta lo más recóndito, e incluso difusivo. Por ambas cualidades corresponde al óleo ser la materia más conveniente de este sacramento. Y como principalmente la palabra óleo se emplea para significar el jugo de la oliva, ya que los otros líquidos se denominan óleo en cuanto son semejantes a aquél, resulta claro que la materia asignada a este sacramento es el óleo de oliva” (Supl., q. 29, a. 4).

El Catecismo Romano, por su parte, expone de esta manera las razones de conveniencia:

El aceite expresa muy bien la eficacia interior del sacramento. Porque, así como el aceite mitiga los dolores del organismo humano, así también la unción de los enfermos atenúa la angustiosa pena del alma del enfermo. El aceite, además, da salud, produce alegría, alimenta la luz y repara las cansadas energías del cuerpo fatigado; imágenes todas muy expresivas de los admirables efectos espirituales que la unción de los enfermos produce en el espíritu del enfermo (De la Extremaunción, n.5).

En efecto, el aceite sirve:

– Para iluminar = y la Extremaunción hace brillar a los ojos del enfermo las claridades de la fe y de la esperanza.

– Para suavizar y fortalecer = y la Extremaunción alivia las penas y da la fortaleza para resistir al demonio y para sobrellevar los sufrimientos físicos y morales.

Como consecuencia, hay que sostener que es materia inválida para la Extremaunción el aceite de nueces, cacahuetes, algodón, lino, maíz, girasol, etc., o de cualquier otra cosa distinta del fruto natural del olivo.

En tiempos de Santo Tomás, se presentaba esta objeción:

Donde hay mayor peligro, allí se debe acudir proporcionando un remedio accesible a todos. Pero no es común remedio el óleo, ya que no se encuentra en todas partes. Luego, como quiera que la Extremaunción se aplica a los enfermos que están en peligro de muerte, no debe fijarse el aceite de oliva como materia necesaria.

Y Santo Tomás respondió de esta manera:

El aceite de oliva, aunque no se coseche en todas partes, sin embargo, puede trasladarse fácilmente a cualquier lugar. Además, este sacramento no es de tanta necesidad que los moribundos no puedan conseguir sin él la salvación (Supl., q. 29, a. 4, ad 3).

2º.- Que el óleo esté bendecido

Un requisito previo para contar con una materia apta en la administración del Sacramento es que el óleo esté bendecido.

Santo Tomás lo explica con estas palabras:

Son tres las razones que pueden aducirse para justificar el que este sacramento y algunos otros exijan la previa consagración de la materia:

– 1º) porque toda la eficacia de los sacramentos dimana de Jesucristo, y por eso los sacramentos que Él usó reciben su fuerza del mismo uso llevado a cabo por Él; tal es el caso del agua, la cual, «al contacto con su carne santísima, recibió la virtud regenerativa que posee». Pero Él no usó la extremaunción ni unción corporal alguna; por consiguiente, en todas las unciones se requiere la santificación previa de la materia.

– 2º) por la plenitud de gracia que la extremaunción confiere, no sólo para borrar la culpa, sino también las reliquias del pecado y la misma enfermedad corporal.

– 3º) porque su efecto externo, es decir, la salud corporal, no es causada por la propiedad natural de la materia; de ahí que esa eficacia le deba ser dada por la consagración (Supl., q. 29, a. 5)

Es clara la diferencia con la bendición previa del Agua Bautismal, la cual sólo es requerida para la licitud.

La mayor parte de los teólogos consideran esta condición como necesaria para la validez del Sacramento; de tal modo que la contraria carece casi por completo de toda probabilidad, y el Santo Oficio la declaró temeraria y próxima al error:

La proposición «que el sacramento de la extremaunción puede válidamente ser administrado con óleo no consagrado con la bendición episcopal», el Santo Oficio declaró el 13 de enero de 1611 que es temeraria y próxima al error ((Dz. 1628).

Igualmente, sobre la duda «si en caso de necesidad puede el párroco para la validez del sacramento de la extremaunción usar de óleo bendecido por él mismo», el Santo Oficio, con fecha de 14 de septiembre de 1842 respondió negativamente (Dz. 1629).

Santos Óleos en la Misa Crismal

3.- Debe estar bendecido por el Obispo o por un sacerdote especialmente facultado por la Santa Sede (cn. 945)

Santo Tomás enseñó:

El ministro de este sacramento no produce el efecto del mismo por su propia virtud, como agente principal, sino que eso se debe a la eficacia del mismo sacramento que administra, la cual primariamente viene de Cristo y por Él desciende ordenadamente a los demás; es decir, al pueblo llega mediante los ministros que distribuyen los sacramentos, y a los ministros inferiores mediante los superiores, que santifican la materia. Por eso, en todos los sacramentos que necesitan una materia consagrada, la primera santificación de la materia la hace el mismo obispo, aunque el uso de la misma, a veces, corresponda al sacerdote, para dar a entender que la potestad sacerdotal dimana de la episcopal (Supl., q. 29, a. 6)

4º.- Bendecido expresamente para la Extremaunción

Esta bendición especial o expresa es ciertamente de precepto grave: El aceite de olivas que ha de emplearse en el sacramento de la extremaunción debe estar bendecido para esto (ad hoc benedictum) [cn. 945].

No consta con certeza que se requiera para la validez del Sacramento. En la práctica, fuera del caso de necesidad, tratándose de la validez de los Sacramentos (Dz. 1151), es obligatorio seguir la sentencia más segura.

En caso de necesidad (o sea, a falta de óleo de los enfermos) puede y debe administrarse el Sacramento sub conditione usando el Santo Crisma o el Óleo de los Catecúmenos. Pero, si después puede encontrarse el Óleo de los Enfermos, habría que repetir sub conditione el Sacramento administrado anteriormente con materia dudosa.

El Pontifical Romano manda al Obispo exorcizar el aceite:

Te exorcizo, inmundísimo espíritu, y a todo asalto de Satanás y a todo fantasma, en el Nombre del Pa dre y del Hi jo y del Espíritu Santo, que salgas de este óleo, para que su unción espiritual fortalezca el templo de Dios vivo, y en él pueda habitar el Espíritu Santo, por el Nombre de Dios omnipotente, y por el Nombre de su amadísimo Hijo, Señor nuestro Jesucristo, que ha de venir a juzgar a vivos y muertos y al mundo por el fuego. Amén.

Luego le manda recitar esta admirable oración:

Envía, pedimos, Señor, desde lo alto de los cielos tu Espíritu Santo Paráclito, a este aceite de oliva, que te has dignado producir del verde árbol, para fortalecimiento del alma y del cuerpo; y por tu santa bend ición sea protección de alma y cuerpo para cuantos reciban la unción de esta celeste medicina. Lance este óleo todos los dolores, todas las debilidades, toda dolencia del alma y del cuerpo, pues con él ungiste a los sacerdotes, reyes, profetas y mártires. Sea para nosotros, Señor, unción perfecta por Ti bendita, permanente en nuestras entrañas. En el nombre de NSJC.

II) La materia remota lícita en los casos ordinarios es el óleo puro, bendecido el mismo año por el obispo de la diócesis.

Tres condiciones son requeridas para la administración lícita del Sacramento:

1ª.- que el aceite de olivas sea puro, o sea, sin mezcla de bálsamo.

Santo Tomás responde así a la objeción contraria:

La incorrupción de la gloria es un efecto que no se contiene en este sacramento, y por eso no es preciso que se signifique por la materia del mismo. Consiguientemente, tampoco es necesario asignar el bálsamo como materia de la extremaunción, pues el bálsamo, por el olor que despide, es señal de la «buena fama», cosa que ya de nada les sirve a los moribundos. Lo que verdaderamente ellos necesitan es la «pureza de conciencia», que está simbolizada en el óleo (Supl., q. 29, a. 5, ad 1).

2ª.- que haya sido bendecido el mismo año, o sea, en el último Jueves Santo. Así lo determina el Código en el canon 734.

Este precepto obliga de suyo sub gravi, fuera del caso de urgente necesidad, o sea, cuando no se han recibido todavía los nuevos Óleos.

3ª.- que lo haya bendecido el obispo de la propia diócesis (cfr. cn. 735). No consta que esta rúbrica obligue sub gravi, aunque muchos autores lo afirman.

B) Materia Próxima

Como es sabido, la materia próxima de un Sacramento consiste en la aplicación de la materia remota al sujeto que lo recibe.

La materia próxima de este Sacramento es, pues, la unción del enfermo con el Óleo bendecido, en la forma determinada por la Iglesia.

Como dice el Concilio de Trento, “la unción representa de la manera más apta la gracia del Espíritu Santo, por la que invisiblemente es ungida el alma del enfermo” (Dz. 908).

Por lo que se refiere al número de unciones que deben hacerse y al lugar del cuerpo donde han de realizarse, no hubo en todo tiempo uniformidad doctrinal ni práctica. Mientras algunos sostenían que bastaba una sola, sobre cualquier parte del cuerpo, otros exigían mayor variedad.

Santo Tomás señala como secundarias la de los pies y de los riñones, y como principales las de los cinco sentidos externos:

Este sacramento se nos ofrece como una especie de curación, y la medicina corporal no requiere su aplicación a todo el cuerpo, sino únicamente a aquellas partes en las que se halla la raíz de la enfermedad. Por consiguiente, la unción corporal debe hacerse sólo en aquellas partes en las cuales está la raíz de la enfermedad espiritual (Supl., q. 32, a 5).

Aunque la esencia del alma esté toda en cada una de las partes del cuerpo, no lo están las potencias, que son precisamente las raíces de los actos pecaminosos. Por eso las unciones deben hacerse en aquellas partes donde tienen asiento estas potencias (ibidem, ad 1).

En el hombre los principios del pecado son los mismos que los de la operación, puesto que el pecado consiste en un acto. Ahora bien, son tres los principios de la operación: 1º) el principio rector, es decir, la facultad cognoscitiva; 2º) el que impera, o sea la facultad apetitiva; 3º) el que ejecuta la obra, a saber, la facultad motriz.

Pero todo nuestro conocimiento nace de lo sensible; y como en nosotros debe hacerse la unción allí donde se encuentra el primer origen del pecado, por eso recae la unción sobre los cinco sentidos, a saber: en los ojos, por razón de la vista; en las orejas, por el oído; en las narices, por el olfato; en la boca, por el gusto; en las manos, por el tacto, que predomina de una manera especial en las yemas de los dedos.

Por razón de la facultad apetitiva, algunos ungen también los riñones; y por razón de la facultad motriz se ungen también los pies, que constituyen su principal instrumento.

Y puesto que el primer principio de operación es la facultad cognoscitiva, de ahí que todos practiquen unánimemente la unción de los cinco sentidos como algo necesario para el sacramento. Pero hay quienes no observan las otras dos, y también quienes observan solamente la que se hace en los pies y no la de los riñones; esto se explica teniendo en cuenta que la facultad apetitiva y la motriz son principios secundarios de los actos humanos (Supl., q. 32, a. 6).

Siguiendo estas enseñanzas de Santo Tomás, el Concilio de Florencia ofreció a los armenios la siguiente instrucción, ordenada a uniformarles con la Iglesia Romana en los usos rituales:

El enfermo ha de ser ungido en estas partes: en los ojos, por la vista; en las orejas, por el oído; en las narices, por el olfato; en la boca, por el gusto o por la locución; en las manos, por el tacto; en los pies, por lo andado; y en los riñones, por el deleite propio de allí (Dz. 700).

Los Padres conciliares de Trento, pretendiendo dejar definida con precisión la doctrina teológica sobre los Sacramentos, sin entrar en cuestiones disputadas, se contentaron con determinar la materia remota de la Extremaunción, y, al mencionar la materia próxima, siempre hicieron referencia a la unción en general.

Aunque el Ritual Romano (Tit. 5, c.2, n.9) y el Concilio de Florencia (Dz. 700) hablan de la unción de los riñones y de los pies, en la disciplina actual de la Iglesia se han introducido reformas que confirman la tesis precedente y que sanciona el Código:

La unción de los riñones debe omitirse siempre, y la de los pies puede omitirse por cualquier causa razonable (cn. 947).

En caso de necesidad, basta hacer una sola unción en uno de los sentidos, y mejor en la frente, con la fórmula breve que está prescrita; quedando la obligación de suplir cada una de las unciones una vez que haya desaparecido el peligro” (cn. 947; Declaración del Santo Oficio, aprobada por San Pío X el 25 de abril de 1906 [Dz. 1996]).

Luego, si es posible, hay que suplir las otras unciones. Las unciones supletorias deben hacerse en forma absoluta, pues se trata de completar la integridad de un Sacramento. Las unciones omitidas deben completarse de tal modo que estén unidas a la primera como partes integrantes: después de una media hora, la obligación de completar no existe más. Si el enfermo salió del peligro de muerte, no hay derecho de hacer las unciones omitidas.

Dando una prueba más de ser buen casuista, Santo Tomás resolvió el problema de la unción a que han de ser sometidos los mutilados; la solución práctica que ofrece va respaldada por un sólido principio teológico:

Los mutilados deben ser ungidos lo más cerca posible de aquellas partes en las que normalmente debía hacerse la unción; porque, aun cuando no tengan miembros, tienen, sin embargo, al menos radicalmente, las potencias del alma que corresponden a ellos. Y es claro que pueden pecar interiormente por medio de las potencias que pertenecen a aquellas partes, aunque no con actos externos (Supl., q. 32, a. 7; Rit., Tit. V, c. 1, n.19)

Si alguien carece de un sentido (por ejemplo, un ciego de nacimiento), igualmente debe ser ungido el órgano de ese sentido.

2) FORMA

Hablando en términos generales, puede decirse que la forma del Sacramento de la Extremaunción es la oración que pronuncia el sacerdote mientras unge al enfermo. Lo indica suficientemente el Apóstol Santiago en su carta cuando dice que “los ministros oren sobre el enfermo…, y la oración de le fe le salvará”.

No consta qué palabras empleaban los Apóstoles en la colación de este Sacramento, ni sabemos si Cristo fijó concretamente alguna fórmula o autorizó a los Apóstoles para formular de manera concreta la oración que significara suficientemente el efecto (Supl., q. 29, a. 7, ad 1). Prueba de ello es la variedad de palabras sacramentales que hallamos en las diversas iglesias, que, coincidiendo en la substancia, difieren, no obstante, en su redacción verbal (idem, ad 2).

Sin duda, obedece a esta variedad accidental la norma doctrinal que recoge el Código: “…pronunciando las palabras prescritas en los libros rituales aprobados por la Iglesia” (cn. 937).

Actualmente, la forma sacramental usada por la Iglesia Romana está encerrada en la siguiente deprecación que hace el sacerdote en cada una de las unciones:

Per istam sanctam unctionem et suam piissimam misericordiam indulgeat tibi Dominus quidquid per [visum, auditum, odoratum, gustum et locutionem, tactum, gressum] deliquisti. Amen.

Dice Santo Tomás:

La mencionada oración es forma conveniente de este sacramento porque hace alusión a él cuando dice: «por esta santa unción»; y manifiesta lo que en él se realiza al añadir: «la misericordia divina»; y, finalmente, señala su efecto: «la remisión de los pecados» (Supl., q. 29, a. 9).

En caso de necesidad urgente debe emplearse la siguiente fórmula breve, que contiene únicamente las palabras esenciales para la validez de este Sacramento:

Per istam sanctam unctionem indulgeat tibi Dominus quidquid deliquisti. Amen, haciendo una sola unción en la frente.

Así lo determinó la Sagrada Congregación del Santo Oficio el 25 de abril de 1906 (Rit. Rom. Tit. 5, c.1, n.20 y 21; Dz. 1996).

Tanto en la Iglesia latina como en la griega, las fórmulas empleadas generalmente están redactadas en forma deprecativa; pero hubo iglesias que en otro tiempo usaron formas indicativas. Esto dio motivo para que algunos dudasen de la validez de los Sacramentos administrados por el último sistema.

Santo Tomás justifica el modo deprecativo usado por la Iglesia romana, pero deja suponer que sería válida una forma indicativa que fuera virtualmente deprecativa. He aquí sus palabras:

La forma del sacramento que nos ocupa es una oración deprecativa, como consta por las palabras de Santiago y por el uso de la Iglesia romana, la cual emplea solamente palabras deprecativas en la administración de la extremaunción.

Las razones son múltiples: 1º) porque estando privado de sus fuerzas el que recibe este sacramento, necesita ser sostenido con oraciones. 2º) porque se confiere a los que parten de este mundo, los cuales dejan de pertenecer a la Iglesia militante y van a descansar en las manos de Dios, a quien se le encomiendan por medio de la oración. 3º) porque este sacramento no produce su efecto tal que se obtenga siempre y en su plenitud por medio de la oración del ministro, incluso cuando todas las cosas que son esenciales al mismo se realicen a la perfección (…); de ahí que en este sacramento la forma no pueda manifestarse en modo indicativo, como en los demás (Supl., q.29, a.8).

El Catecismo del Concilio de Trento da la siguiente explicación:

Y nadie debe extrañarse de que se haya dispuesto que la forma de los demás sacramentos, o signifique en absoluto el efecto que produce, o se pronuncie como mandando, y que ésta sola forma de la Extremaunción se exprese por una oración, pues esto se ha establecido así muy justamente, porque, administrándose este Sacramento para devolver también la salud a los enfermos, además de la gracia que comunica, y no consiguiéndose siempre que los enfermos se curen de la enfermedad, por esta razón se expresa la forma con oraciones, a fin de alcanzar de la Bondad divina lo que no suele producir la virtud del Sacramento siempre y constantemente.

Santo Tomás completa la explicación:

Las palabras en modo indicativo que, según la costumbre de algunas iglesias, se anteponen a la oración, no son la forma propiamente tal del sacramento, sino una especie de preparación de la misma en cuanto que sirven para aplicar la intención del ministro al acto que está realizando (Supl., q.29, a.8, ad 3).

La tercera objeción del artículo 9 de la cuestión 29 se expresa así:

En el texto de las Sentencias se señala a este sacramento un doble efecto. Pero en las citadas palabras no se menciona más que uno, o sea la remisión de los pecados, omitiendo la referencia a la salud corporal, a la que Santiago ordena la oración de la fe cuando dice: «La oración de la fe salvará al enfermo». Luego dicha forma es incompleta.

Y Santo Tomás responde:

En la forma debe expresarse el efecto principal, que se obtiene por medio del sacramento siempre que no haya óbice por parte de quien lo recibe. Ese efecto no es la salud corporal, como se dirá más abajo, aun cuando a veces se obtenga. Esta es la razón de que Santiago atribuya dicho efecto a la oración, que es la forma de este sacramento.

3) UNIDAD

Es doctrina de fe que la Extremaunción constituye un solo Sacramento. Pero, como en él se aplica varias veces la materia y se pronuncia en igual medida la fórmula, cabe examinar la clase de unidad que le compete.

Los escotistas defienden la unidad de integridad, es decir, que cada una de las unciones con sus formas respectivas constituyen como Sacramentos parciales, que producen sucesivamente grados de gracia.

Los tomistas sostienen la unidad de indivisibilidad, o sea, que sólo está completo el Sacramento cuando se ha pronunciado la fórmula esencialmente completa, y, por lo mismo, debe concluirse que sólo en ese momento se produce la gracia sacramental.

La razón de su unidad en medio de esta aparente multiplicación la da Santo Tomás con las siguientes palabras:

Cuando son muchas las acciones ordenadas a un mismo efecto, la última es la formal respecto de todas las precedentes y obra en virtud de ellas. Y por eso la gracia se infunde en la última unción, que es la que da eficacia al sacramento (Supl., q. 30, a. 1, ad 3).

Cuando una sola acción basta para significar perfectamente lo que ha de causar el sacramento, su unidad consiste en aquella acción solamente, como vemos en la Confirmación. Cuando, en cambio, la significación del sacramento puede estar en una o en muchas acciones, entonces el sacramento se efectúa con una sola acción o con muchas, cual sucede con el bautismo —que puede tener lugar mediante una sola inmersión y también con tres—. Pero, cuando sólo es posible lograr la significación perfecta mediante diversas acciones, todas éstas serán necesarias para el sacramento; tal sucede con la Eucaristía, ya que la refección corporal, signo de la espiritual, no se produce si no es conjuntamente por la comida y la bebida. De modo semejante ocurre en la Extremaunción, porque la curación de las heridas internas no se significa perfectamente más que por la aplicación de la medicina a sus diversas raíces. De aquí que se requieran muchas acciones para la perfección del sacramento de la Extremaunción (Supl., q. 29, a. 2).

Por consiguiente, cuando se emplea una sola unción y se pronuncia la fórmula breve, está ya completo esencialmente el Sacramento (aunque deban suplirse las otras unciones, si hay tiempo para ello, con el fin de completar su integridad). Pero, cuando se hacen todas las unciones, la significación del Sacramento se completa en la última unción, y en ella se infunde al enfermo la gracia sacramental.

El Catecismo del Concilio de Trento lo explica de la siguiente manera:

Este Sacramento uno, no por la sucesión de partes indivisibles, sino por su perfección, como lo son los demás que constan de varios elementos. Porque, así como una casa, que se compone de varios y diversos departamentos, se perfecciona con una sola forma, de igual modo este Sacramento, aunque se compone de muchas cosas y palabras, es, sin embargo, un solo signo, y tiene virtud eficaz de la cosa única que significa (Parte Segunda, c. VI, n.4).

Continuará…

Padre Juan Carlos Ceriani