«DE TODOS», MENOS DE CRISTO
Sin duda será para ustedes familiar el logotipo de una institución humanitaria o filantrópica llamada MANOS UNIDAS. Se trata de dos manos enlazadas, una blanca y otra negra, que sostienen entre sí una esfera terrestre. Al no aportar dato alguno sobre su origen e intenciones, puede suponerse que se tratara de una de tantas ONGs o de alguna filial de UNICEF para luchar contra el hambre en el mundo.
Días atrás, la tal MANOS UNIDAS ha iniciado una campaña por un día de ayuno voluntario en solidaridad con quienes han de ayunar por necesidad. Con este motivo, aclara un poco en sus imágenes el mundo que esas manos pretenden construir. Nos ofrece un globo terráqueo de mayor tamaño, cruzado en su ecuador por la leyenda: «HAGAMOS DEL MUNDO LA TIERRA DE TODOS». Y el fondo de la imagen está formado por una serie de fotografías que representan ese ideal de un mundo solidario y compartido. En una de sus zonas aparece un templo hindú con sus vacas sagradas; en otro, unos negritos; en otro, un templo griego pagano, etc.. Sólo falta una imagen cristiana: parece que sólo el cristianismo no cabe en esa «tierra de todos».
Después de contemplar bien este extraño designio planetario para el que nos piden dinero, les convendrá saber que no es una ONG laica ni un brazo del UNICEF, sino una fundación de la Iglesia Católica. Por el camino del progresismo y del ecumenismo se ha llegado ya a la antítesis misma de lo que Cristo, nuestro divino Salvador, encargó a sus discípulos (y a la Iglesia que fundaba): «Id e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a observar cuanto Yo os he mandado» (Mt. 19, 20).
Diríase que la Iglesia postconciliar del año 2000 ha retenido este otro mensaje contradictorio: «Id y eliminad de la Tierra cuanto Yo os he enseñado y fundado para vuestra eterna salvación».

