Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús -Día 15

Padre Juan del Corazón de Jesús Dehon: Coronas de amor al Sagrado Corazón

Extraídas del libro

“CORONAS DE AMOR AL SAGRADO CORAZÓN”

del Reverendo Padre Juan del Corazón de Jesús (León Gustavo Dehon),

Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.

Día 15

TERCER MISTERIO: VIDA DE SACRIFICIO

TERCERA MEDITACIÓN: Lecciones de pobreza y desprendimiento que nos da Jesús-Hostia

La pobreza eucarística fue llevada hasta los últimos límites de lo posible en nuestra Santa Víctima del altar.

I. Pobreza exterior

¿Dónde está la gloria de Jesús en la santa Hostia? ¿Dónde están los ricos vestidos?

¿Dónde están las satisfacciones sensibles?

Sin duda, damos a la Divina Hostia vasos de oro, sagrarios de mármol precioso, pero todo esto fuera de Él, todo esto es exterior y como extraño.

Él no tomó para Sí sino las apariencias más vulgares y más frágiles. Se contenta tanto con un sagrario de madera, como con un sagrario de mármol. Está expuesto a todo, también a la profanación, al abandono, a los desprecios, a los ultrajes. Prefiere el sagrario de madera del misionero al altar de mármol de las ciudades, donde es muchas veces olvidado. Permanece incluso bajo la pequeña partícula que cae y se pierde en el suelo polvoriento de la iglesia.

Con esta pobreza nos enriquece Dios: Jesús se hizo pobre, dice San Pablo a los Corintios, para que seáis enriquecidos con su pobreza. El apóstol hace alusión a la pobreza de Belén, de Nazareth, y al desprendimiento del Calvario. Los desprendimientos de la Eucaristía son más sublimes aún. ¡Y son tan desconocidos y olvidados!

II. Pobreza interior

La pobreza exterior abre un bello camino para la pobreza interior que constituye el fondo de la virtud de la pobreza.

Jesús practicó esta última con una perfección que sólo Él podría alcanzar, porque fue solamente en Él en quien Dios reinó plenamente. El reino de Dios no se establece sino en el verdadero pobre que se desnudó de sí mismo y de las criaturas, que no se busca a sí mismo en los dones de Dios, que muere incesantemente a todas las cosas sensibles, que ya no tiene deseos, pensamientos, movimientos que le sean propios, que no vive sino del espíritu de Dios, que de nada quiere saber sino de Dios, que nada busca fuera de Él, que permanece en su pequeñez y en su dependencia. Va derecho al puro amor.

¿No es todo esto el Corazón de Jesús? Un pobre religioso tiene aún algún cuidado con el vestido y con el pan, y su corazón está ocupado con estas cosas. Jesús-Eucaristía no tiene ningún cuidado por los vestidos que lo cubren. ¡Son tan poca cosa para Él! ¡Oh adorable Jesús! El único pobre y el único donde Dios plenamente reinó y sin resistencia, ¿quién podrá comprender el prodigio de tu pobreza eucarística? Esta pobreza única da una gloria infinita a Dios tu Padre.

III. Nuestra pobreza

La pobreza eucarística de Jesús no ofrece, como su pobreza de Nazareth, un ejemplo sensible y fácil para imitar, pero inspira un espíritu de pobreza que ha de encontrar su realización en nuestra vida, según la vocación de cada uno de nosotros.

Está en nosotros, ahora, buscar qué grado de pobreza exterior, la voluntad divina nos pide. Y si nuestro estado de vida no pide la pobreza exterior absoluta, queda practicar la pobreza espiritual, el desprendimiento, que forma la primera bienaventuranza promulgada por Nuestro Señor: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque el Reino de Dios les pertenece”. Queda también la pobreza interior, el desprendimiento de sí, de la voluntad propia, del amor propio, del don total de nosotros mismos a Nuestro Señor, su voluntad, su dirección, manifestada por nuestra regla de vida y por su Providencia.

¡Oh feliz pobreza! ¡Bendito sea el día en que, viéndonos perfectamente desprendidos de todo lo que es terrestre, estaremos ricos de Nuestro Señor y de su vida en nosotros, de su Corazón Divino, viviendo y reinando en nuestros corazones!

La Beata Margarita María nos dice, bajo la inspiración del Sagrado Corazón, que el alma más desnuda y más despojada de todo más poseerá el Corazón de Jesús. “No es sino el perfecto despojamiento de vosotros mismos y de todo lo que no es Dios, escribe, como encontraréis la verdadera paz y la perfecta felicidad; porque no teniendo nada, tendréis todo en el Sagrado Corazón de Jesús. Sed pobres y el Sagrado Corazón os enriquecerá. Desembarazaos de todo y Él os colmará. Olvidaos de vosotros mismos y abandonaos a Él, y Él pensará en vosotros y cuidará de vosotros. No os puedo decir otra cosa, sino que el desprendimiento de vosotros mismo os llevará a la unión con vuestro soberano Bien. Olvidándoos de vosotros mismos, lo poseeréis y, abandonándoos en Él, Él os poseerá. ¿Y qué mayor bien que no ser nada para el mundo ni para nosotros mismos, para ser poseído por Dios y nada poseer sino a Él?” (Lettres et avis, t. II).

En la santa Eucaristía, decía aún la Beata, mi Jesús se hace pobre. Él está allí en un desnudamiento de todo, que se colocó en estado de recibir de sus criaturas todo lo que ellas le quisieran dar y prestarle. Para ganar su Corazón todo amable, es preciso imitarlo por nuestro voto de pobreza: dejándonos dar o tirar las cosas, como si estuviésemos muertos o insensibles a todo; mirándonos como pobres a quien todo se da por caridad, y pensando que se nos despojase de todo, no cometerían ninguna injusticia a nuestro respecto (Sa vie, p. 94. Avis 15).

Resolución.- Ayúdame, Divino Corazón de Jesús. Toma mi voluntad, toma mi corazón. Establece tu Reino absoluto en mi pobre alma. ¿No sería suficientemente rico, si tuviese la felicidad de estar unido a Tí?