ESTEBAN SÁNCHEZ MALAGÓN: APARICIONISMO Y REVELACIONES PRIVADAS

PARA LOS QUE TIENEN LA VERDADERA FE NO ES NECESARIA UNA EXPLICACIÓN

PARA AQUELLOS QUE NO LA TIENEN, NO ES POSIBLE UNA EXPLICACIÓN

JPII mimetiza en la foto el gesto de la imagen del “Jesús de la Misericordia” una devoción condenada por el Santo Oficio en tres ocasiones

El triunfo de lo irracional sobre la razón o el sano juicio bate su propio récord en nuestros días de una manera inquietante, llegando al clímax con el: “Quien soy yo para juzgar”.

Quirománticos, en todas sus vertientes, hasta llegar al satanismo, extralúcidos, adivinadores de “la buena ventura”, medicinas alternativas vinculadas al New Age, y otras filosofías que gozan hoy de un crédito sin precedentes, así como las “técnicas” espirituales de las religiones orientales.

La multiplicación de las “apariciones”, ¿no se inscribirá también en esta ola “espontánea”, que exige ser analizada con gran cuidado y sentido crítico?

La carrera armamentista, el “deterioro” del medio ambiente, la “injusticia” social, la crisis económica, y principalmente la crisis de la fe, crean a los ojos del mundo un clima de un falso apocalipsis. Los hombres, ansiosos, están ávidos de signos, son proclives a las proyecciones simbólicas subjetivas. Los tiempos turbulentos son frecuentemente tierra fértil a la proliferación de apariciones, sin duda. Claro está por obra del demonio.

En fin, los hombres, que habían puesto su esperanza en las promesas aparentemente ilimitadas del cientifismo astro-físico, están hoy decepcionados. Han comprendido que la ciencia no lo resuelve todo, ni lo resolverá jamás. Y buscan otros recursos. De ahí un despertar Pseudoreligioso que no es, ¡ay!, lamento decirlo, el despertar de la fe. Nuestro tiempo es el de una nueva religiosidad sin fe.

Parecen necesarias estas explicaciones en relación con el pecado. Porque no habría apariciones y revelaciones sin la receptividad de un sujeto, que de ninguna manera es impecable; y el pecado puede suscitar, por permisión de Dios, en hombres no tan probos apariciones ilusorias, para la ruina de los obsecuentes.

Un hecho contrario a lo que vivieron los judíos en el tiempo de Nuestro Señor, que, a pesar de los milagros tan grandes que Él había hecho delante de ellos, no creían en Él. Para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías que dijo: “Señor, ¿Quién ha creído a lo que oímos (de Ti) y el brazo del Señor, a quién ha sido manifestado?”. Ellos no podían creer, porque Isaías también dijo “Él ha cegado sus ojos y endurecido sus corazones, para que no vean con sus ojos, ni entiendan con su corazón, ni se conviertan, ni Yo los sane”. Como nos dice San Juan en su Evangelio.

Y San Pablo: “Os ruego, pues, yo, el prisionero en el Señor, que caminéis de una manera digna del llamamiento que se os ha hecho, con toda humildad de espíritu y mansedumbre, con longanimidad, sufriéndoos unos a otros con caridad, esforzándoos por guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Uno es el cuerpo y uno el Espíritu, y así también una la esperanza de la vocación a que habéis sido llamados; uno el Señor, una la fe, uno el bautismo, uno el Dios y Padre de todos, el cual es sobre todo, en todo y en todos. Pero a cada una de nosotros le ha sido dada la gracia en la medida del don de Cristo. Por esto dice: “Subiendo hacia lo alto llevó a cautivos consigo, y dio dones a los hombres”. Eso de subir, ¿qué significa sino que (antes) bajó a lo que está debajo de la tierra? El que bajó es el mismo que también subió por encima de todos los cielos, para complementarlo todo. Y Él a unos constituyó apóstoles, y a otros profetas, y a otros evangelistas, y a otros pastores y doctores a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del (pleno) conocimiento del Hijo de Dios, al estado de varón perfecto, alcanzando la estatura propia de Cristo, para que ya no seamos niños fluctuantes y llevados a la deriva por todo viento de doctrina, al antojo de la humana malicia, de la astucia que conduce engañosamente al error, sino que, andando en la verdad por el amor, en todo crezcamos hacia adentro de Aquel que es la cabeza, Cristo. De Él todo el cuerpo, bien trabado y ligado entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándole en el amor. Esto, pues, digo y testifico en el Señor, que ya no andéis como andan los gentiles, conforme a la vanidad de su propio sentir, pues tienen entenebrecido el entendimiento, enajenados de la vida de Dios por la ignorancia que los domina a causa del endurecimiento de su corazón. Efesios C. VI. 1-18

COMPENDIO DE TEOLOGÍA ASCÉTICA Y MÍSTICA

escrito por Ad. TANQUEREY

traducido de la sexta edición francesa 1930

Por la suma importancia del tema y por la multiplicación de las “apariciones” y “revelaciones” del último siglo (Bergoglio el 8 de Diciembre de 2017 autorizó las más de 40 mil “apariciones” de Medjugorje, a pesar del dictamen de algunos “obispos” que dicen Medjugorje NO ES SOBRE NATURAL), que exigen ser analizadas con gran cuidado y sentido crítico, como decíamos más arriba.

Este compendio, como se aclara en el prólogo, no es un tratado completo (y tiene más de mil páginas); de las cuales las que tratan de los Fenómenos místicos extraordinarios son las penúltimas, y son menos de cincuenta. Lo que nos da a entender la primacía que tiene la vida ascética y de perfección cristiana, antes que los fenómenos místicos.

Para los católicos perplejos que se preguntan sobre las apariciones en Medjugorje, Ámsterdam, Akita, Garabandal y et.etc.etc. Será de provecho la lectura del libro “Presencia de Satanás en el mundo moderno” Capítulo II, a partir de la página 41.

El Demonio es Padre de la mentira.

Una cosa que no podemos pasar por alto es que, el demonio puede hacer pasar nueve verdades y una mentira (en cualquier falsa aparición o revelación), que puede destruir la fe de los no pocos católicos instruidos en religión. La mentira es formalmente condenable por la falta de proporción entre el pensar y el obrar. Es esto siempre condenable, en la medida en que es conocido y buscado. Ninguna “buena intención” puede salvar lo que es malo ex genere.

Y a este respecto se repite una doctrina rica en virtualidades: para que algo sea bueno es necesario que todos sus elementos lo sean. Bonum ex integra causa, malum autem ex quocumque defectu.

El bien moral es más exigente que el mal moral, pues mientras que el primero requiere la integridad de todos los elementos que entran en juego en la acción humana (objeto, circunstancias, intención, fin, etc.), el mal aparece por el defecto de cualquiera de ellos.

La mentira es condenable porque la persona, como Eva en el paraíso, se deja seducir de manera consciente y querida, mientras el demonio busca romper la armonía, el orden entre la fe y la moral. Este desorden radical (formal) existe en cualquier clase de mentira venida del demonio e imposibilita que pueda ser considerada como buena y ordenada.

PRÓLOGO DE LA CUARTA EDICIÓN FRANCESA

Como el título mismo lo dice, la presente obra no es un tratado completo, sino un compendio que pueda servir de guía para estudios más hondos y minuciosos. Mas, para huir de la aridez propia de los compendios, no hemos podido menos de tratar con cierta extensión, no sin hacer algunas consideraciones a propósito para fomentar la piedad, los puntos esenciales que son el fundamento de la vida interior, como la morada del Espíritu Santo en el alma, nuestra incorporación a Cristo, la parte de la Virgen María en la obra de nuestra santificación, la esencia de la perfección, y la necesidad de tender a ella. Igualmente, cuando acometemos el estudio de las tres vías, hacemos especial hincapié en aquellas cosas a propósito para mover a las almas a la confianza, al amor y al ejercicio de las virtudes.

Persuadidos de ser el Dogma la base de la Teología ascética; y la declaración de lo que Dios ha hecho y sigue haciendo por nosotros, el más poderoso acicate para la verdadera devoción; hemos cuidado de traer brevemente a la consideración las verdades de la fe sobre las cuales se funda la vida interior. Por esta razón es principalmente doctrinal nuestro libro, y tiende a demostrar que la perfección cristiana procede lógicamente de los dogmas nuestros y especialmente de la Encarnación, que es el centro de todos ellos; mas no por eso deja de ser práctico, por no haber cosa más a propósito que la fe viva e ilustrada para prestar al alma las fuerzas y constantes energías necesarias para la mudanza de sí mismo y el ejercicio de las virtudes. Hemos cuidado, pues, en la primera parte, de sacar de los dogmas las conclusiones prácticas que de ellos naturalmente se derivan, deducir los medios generales de perfección, y estimular a los lectores a poner por obra lo que con atención leyeren:

“Estote factores verbi et non auditores tantum” Pero haceos ejecutores de la palabra, y no oidores solamente, engañándoos a vosotros mismos. Primera Epístola de Santiago, I, 22.

En la segunda parte, eminentemente práctica, fundamos de continuo nuestras conclusiones en los dogmas en la parte primera expuestos, especialmente en la incorporación a Cristo y en la morada del Espíritu Santo en el alma. No se alcanza del todo la purificación del alma, sino incorporándonos a Cristo, que es la fuente de donde mana la pureza; ni es tan fácil y hacedero el ejercicio positivo de las virtudes cristianas, sino luego de conseguir que more en nosotros Aquel que las posee con toda plenitud, y con tan grandes ansias quiere comunicárnoslas. Por lo que toca a la unión íntima y habitual con Dios, no se lleva enteramente al cabo, sino cuando vivimos en la presencia de Dios, y gobernados por la Trinidad Santísima que en nosotros mora. De esta manera, nuestro adelantamiento a lo largo de las tres grandes jornadas de la vida espiritual corre parejas con nuestra progresiva incorporación a Jesucristo, y con la posesión, más perfecta cada vez, que de nosotros toma el Espíritu Santificador.

Dicho acercamiento y unión con el Verbo encarnado y con el Espíritu suyo no excluye, sino, por el contrario, supone una ascesis muy activa. San Pablo, que con tanta luz declara nuestra incorporación a Cristo y unión con Dios, no insiste menos acerca de la necesidad de pelear contra las inclinaciones del hombre viejo, contra el mundo y el demonio. Por esta razón, al exponer las tres vías, hablamos hartas veces del combate espiritual, de enérgicos esfuerzos, de mortificación, de tentaciones, caídas y resurgimientos, no solamente con los incipientes, sino también con las almas que van adelante. Se ha de atender siempre a la realidad (hoy más que nunca que se vive en lo virtual), y, aun en el momento de declarar la unión íntima con Dios y la paz que pone en el alma, advertir, como hace Santa Teresa, que no acaba, sino con la vida, el combate espiritual.

Mas tales luchas incesantes, y alternativas de pruebas y de consolaciones, no han de robar ánimos a las almas denodadas, que unidas están con Dios así en la tempestad como en la calma. Para los seminaristas y los sacerdotes hemos compuesto el presente libro; más tenemos por seguro que ha de aprovechar también para las comunidades y aun para los laicos que en nuestros tiempos cuidan de su vida interior para mejor ejercer el apostolado. (Por esta razón hemos puesto en lengua vulgar los textos de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres). Expondremos principalmente la doctrina cierta o comúnmente admitida, y no diremos, sino como de pasada, de los puntos controvertidos. Muchas y diversas son, en verdad, las escuelas espiritualistas; pero los hombres discretos de ellas convienen en toda cosa de verdadera importancia que se refiera a la dirección de las almas. La doctrina común de ellos será la que expondremos nosotros intentando, de paso, ordenarla lógica y psicológicamente cuanto podamos. Si alguna vez mostramos cierta predilección por las doctrinas espiritualistas de la Escuela francesa del siglo XVII, fundada sobre las enseñanzas de San Pablo y de San Juan, y que tan justamente se aviene con la doctrina clásica de Santo Tomás; desde ahora declaramos sinceramente que hacemos grandísima estima de las otras escuelas, y que tomaremos mucho de ellas, mirando más bien a poner en claro aquello en que parecen convenir, que aquello otro en que discrepen.

Al Verbo encarnado y a su Santísima Madre, sede de la Divina Sabiduría, dedicamos humildemente nuestro modesto trabajo, teniéndonos por muy dichosos con que, bajo su amparo, sirva para gloria de la Santísima y adorable Trinidad: Ut in omnibus honorificetur Deus per Jesum Christum! para pasar lo que resta que vivir en carne, no ya según las concupiscencias humanas, sino según la voluntad de Dios; 1 Pedro IV, 2.

Algunas mudanzas hemos introducido, en esta cuarta edición siguiendo cariñosas advertencias que algunos nos han hecho; más ninguna de ellas toca al fondo; de todo corazón damos las gracias a los que nos las hicieron.

Desierto de Issy (Sena), en la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen Santísima, a ocho de Diciembre de 1924.

Ad. Tanquerey.

Nota: se conservan los números de los ítems de original, así como también las notas; los comentarios precedidos de un asterisco (*) son nuestros.

CAPÍTULO III

Fenómenos místicos extraordinarios

Al hablar de la contemplación, hemos dejado aparte los fenómenos extraordinarios que, especialmente desde la unión extática, suelen ir juntos con ella, y son visiones, revelaciones, etc.

Y, porque el demonio es a la manera de un mono que imita las obras de Dios, ocurren a veces, en los verdaderos y en los falsos místicos, fenómenos diabólicos. Diremos, por su orden, de los fenómenos divinos y de los fenómenos diabólicos.

Artículo I. Fenómenos místicos

EXTRAORDINARIOS DIVINOS. (Fuentes consultadas para este capítulo) Santa Teresa, Vida, cap. XXV -XXX; Castillo interior, moradas sextas et alibi passim; San Juan de la Cruz, 1.II, cap. XXI-XXX et alibi passim; Álvarez de Paz, op. cit., t. III, lib. V, p. IV, de discretione spirituum; M. Godínez, Praxis theol. myst., lib. X; Bene­dictus XIV, De beatificat., lib. IV, I; Ribet, La Mystique divine, t. II; A. Poulain, Grdces d’oraison, cap. XX -XXIII; A. Saudreau, L’état mystique, ed. 1921, cap. XVII-XXI; P. Garrigou-Lagrange, Perfect. Et contemplation, t. II, p. 53 6 -56 2; Mons. A. FARGES, Phéti. Tnystiques, P. II.

Distínguense dos clases de fenómenos de este género: los del orden intelectual, y los del orden Psico-fisiológico.

I. fenómenos divinos intelectuales

Redúcense a dos principales; las revelaciones privadas, y las gracias gratuitamente dadas.

I. Revelaciones privadas

Expondremos: su naturaleza; las reglas para distinguir las revelaciones verdaderas de las falsas.

NATURALEZA DE LAS REVELACIONES PRIVADAS

1490. A) Diferencia entre las revelaciones privadas y las públicas

Revelación divina en general es la manifestación sobrenatural hecha por Dios de una verdad oculta. Cuando esta manifestación es para el bien de la Iglesia entera, es revelación pública; cuando tiene por fin el provecho particular de los que la reciben, se llama revelación privada. Aquí no hablamos sino de la última. En todos los tiempos hubo revelaciones privadas: la Escritura y los procesos de canonización refieren muchos casos. Estas revelaciones no constituyen parte del objeto de la fe católica, que únicamente versa acerca del depósito que se contiene en la Escritura y la Tradición, y que fué confiado a la interpretación de la Santa Madre Iglesia. Nadie obliga a los fieles a creer en ellas; al aprobarlas, la Iglesia no nos impone la obligación de creerlas, sino solamente permite, dice Benedicto XIV, que puedan publicarse para enseñanza y edificación de los fieles: el asentimiento que se les ha de dar, no es, pues, un acto de fe católica, sino de fe humana fundada en que las revelaciones son probables y piadosamente creíbles. No pueden publicarse las revelaciones privadas sin la aprobación de la autoridad eclesiástica2.*

Sin embargo, muchos teólogos opinan que las personas a quienes se hacen estas revelaciones, y aquellas a quienes Dios manda indicar cuál es su voluntad, pueden creer en ellas con fe verdadera, puesto que tienen pruebas ciertas de su autenticidad.

 2. De serv. Dei beati/. 1, II, cap. 32, n.11: “Siquidem hisce revelationibus taliter approbatis, licet non debeatur nec possit adhiberi assensus fidei catholica, debetur tamen assensus fidei humana, juxta prudentiae regulas, juxta quas nempe tales revelationes sunt probabiles pieque credibiles. Decreto de Urbano VIII, 13 marzo 1625; de Clemente IX, 23 mayo 1668.

Se abre un paréntesis:

*(Esto es fundamental, porque Pablo VI por decreto derogó los cánones que se refieren al tema)

Decreto Papal Irrevocable de S.S. Paulo VI referente a las Revelaciones Privadas

Suscitado a raíz de las Apariciones en Garabandal España y aplicable a todas las revelaciones privadas que cumplan lo requisitado en dicho decreto.

DECRETO

(Fué aprobado por S.S. Pablo VI, el 14 de Octubre 1966, y publicad el 15 de Noviembre de 1966, en A. A. S. 58/16a 29 de diciembre 1966, entrando en vigor el 29 de Marzo de 1967.)

«El Canon 1399 prohibía por derecho la publicación de ciertos libros tales como aquellos que tratan de revelaciones, visiones, profecías y milagros. Este Canon ha sido derogado. … Esto significa que se permite a los católicos publicar sucesos de revelaciones, visiones, profecías y milagros, sin necesidad de Imprimatur o de Nihil Obstat, o cualquier otro permiso. Por supuesto estas publicaciones no deben poner en peligro la Fe y la Moral. … De aquí que no hay ninguna prohibición relativa a Apariciones, sean ellas reconocidas o no por la Autoridad Eclesiástica.

Por la misma razón se permite a los católicos frecuentar lugares de Apariciones, aún aquéllas no reconocidas por los Ordinarios de la Diócesis o por el Santo Padre. Los católicos que frecuenten estos lugares deben respetar la Fe y la Moral. …

Se requiere permiso tan solo para la celebración de la Santa Misa o cualquier otro servicio religioso. El Canon 2318 disponía penas contra los que violasen las leyes de censura y prohibición. Este Canon ha sido derogado a partir de 1966.

Nadie puede incurrir en censura eclesiástica por frecuentar lugares de apariciones, aún aquéllas no reconocidas por los Ordinarios de la Diócesis, o por el Santo Padre. También aquéllos que hubieran incurrido en las prohibiciones tratadas en el Canon 2318 serán igualmente absueltos por el mismo hecho de la abrogación de este canon.»

Firmado:

– Alfredo Cardenal Ottaviani, Pro-Prefecto.

– P. Parente, Secretario.

En 1963 (tres años antes de la firma del decreto), la revista alemana “Neues Europa” reveló lo que podría ser parte del contenido del “Tercer Secreto de Fátima”: La afirmación sigue siendo más sorprendente precisamente porque viene del cardenal Ottaviani, un hombre de personalidad fría y controlada y que siempre fue bastante escéptico de la mayoría de las apariciones. Dice Franco Adessa en “Chiesa viva”, entonces surge la pregunta: ¿la intención del Cardenal Ottaviani, era entre líneas dar a conocer el tercer secreto de Fátima? O más bien sentar las bases para hacer rehabilitar las DIABÓLICAS Y FALSAS APARICIONES DE ÁMSTERDAM POR MEDIO DE AKITA.

Copia en caché, ya que no se pudo tener acceso al documento original

Si no, ¿Por qué firmar un documento que va a favorecer la charlatanería diabólica?, ojo, que este documento fue firmado AÑOS (7) ANTES DE LAS APARICIONES DE AKITA.

El padre Mastrocola, director de una hoja religiosa de Santa Rita, pidió el permiso del cardenal Ottaviani para retomar lo publicado por “Neues Europa”. La respuesta fue alentadora: “Hazlo, solo hazlo – respondió el cardenal “guardián” del Tercer Secreto: publique tantas copias como desee, porque la Santísima Virgen quería que se anunciara desde 1960”.

El cardenal Alfredo Ottaviani fue el autor de la versión diplomática del “Tercer Secreto” de Fátima, enviado para información a las autoridades en Washington, Londres y Moscú, luego publicado en 1963 por la revista alemana de Stuttgart, “Neues Europa”, con autorización del mismo Ottaviani. No cabe duda que aquí hay algo extraño, porque seis meses antes la REVOLUCIÓN MUNDIAL había hecho escribir a Juan XXIII la “Pacem in Terris” cuyo objetivo principal era establecer el bien común universal tanto nacional como internacional, esto se logrará uniendo la justicia con el amor. Tiene que haber una sola autoridad pública a nivel mundial para promover el bien común universal: en este caso el instrumento sería la Organización de las Naciones Unidas (esto ya se hablaba en la década del 60).

El Papa Juan XXIII definió al bien común universal como “el conjunto de las condiciones sociales que permiten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de su persona” (Encíclica Mater et Magistra).

Se cierra el paréntesis

1491. B) Cómo hace Dios las revelaciones

De tres diferentes maneras: por medio de visiones, de locuciones sobrenaturales, y de toques divinos.

a) Las visiones son percepciones sobrenaturales de un objeto naturalmente invisible para el hombre. No son revelaciones, sino cuando manifiestan alguna verdad oculta. Son de tres especies: Sensibles, imaginativas o puramente intelectivas.

1) Las visiones sensibles o corporales, que también se llaman apariciones, son aquellas en las que los sentidos perciben una realidad objetiva naturalmente invisible para el hombre. No es necesario que el objeto que se percibe, sea un cuerpo humano en carne y hueso; basta con que sea una forma sensible o luminosa. Por eso se admite comúnmente, con Santo Tomás, que Nuestro Señor, después de la Ascensión, no se apareció personalmente sino raras veces; se aparecía de ordinario en una forma sensible que no era su verdadero cuerpo. Cómo se aparece en la Eucaristía explicase de dos maneras, dice Santo Tomás : o por una impresión milagrosa en los órganos de la visión (cuando no es visto sino por uno solo); o por la formación en el aire ambiente de una forma sensible real, pero distinta del cuerpo mismo del Señor; porque, añade el Santo, el cuerpo del Salvador no puede ser visto en su forma propia sino en un solo lugar: “ Corpus Christi non potest in propriá specie videri nisi in uno loco, in quo definitive continetur1 Lo mismo que se dice de Nuestro Señor, ha de decirse también de la Santísima Virgen; (por cierto, lo único sensato que ha dicho decíme Jorge es que la Santísima Virgen no es el “cartero” del cielo) por esto, cuando se apareció en Lourdes, su cuerpo no se movió del cielo, y, en el lugar de la aparición, no había sino una forma sensible que la representaba. Por esto se explica que ora se apareciese en una forma, ora en otra.

1 Sum. theol., III, q. 76, a. 8. — Lo mismo se deduce del testimonio de Santa Teresa, Relación XIII:Entendí, por ciertas cosas que me dijo, que, desde que subió a los cielos, no bajó más a la tierra para comunicar con los hombres, sino en el Santísimo Sacramento“.

1492. 2) Las visiones imaginarias o imaginativas son aquellas que son producidas en la imaginación por Dios o por los ángeles en el estado de vigilia o durante el sueño (San Juan Bosco). Así se apareció varias veces un ángel a San José en sueños, y Santa Teresa cuenta muchas visiones imaginativas de la humanidad de Nuestro Señor estando ella despierta, a menudo estas visiones van acompañadas de una visión intelectiva que explica la significación de aquellas. A veces recorre el alma, en la visión, países lejanos: éstas casi por entero son visiones imaginativas.

1493. 3) Visiones intelectivas son aquellas en las que el espíritu percibe una verdad espiritual sin formas sensibles: tal fué la visión de la Santísima Trinidad que tuvo Santa Teresa, y de la que hicimos mención, n. 1473. Estas visiones son, ya por medio de ideas antes adquiridas, ya de especies infusas, que representan las cosas divinas mejor que las ideas adquiridas. A veces son oscuras, y no manifiestan sino la presencia del objeto; otras son claras, mas no duran sino un instante: son a manera de intuiciones que dejan profunda impresión; Hay visiones que reúnen dos o tres caracteres al mismo tiempo. Así la visión de S. Pablo en el camino de Damasco fué a la vez sensible, cuando vio la luz resplandeciente; imaginativa, cuando se le manifestaron los rasgos distintivos de Ananías en la imaginación; e intelectiva, cuando entendió lo que Dios quería de él.

1494. b) Las locuciones sobrenaturales son ciertas hablas o manifestaciones del divino entendimiento que hace Dios perciban los sentidos exteriores, los interiores o, directamente, el entendimiento, Llámanse auriculares, cuando son vibraciones milagrosamente formadas que suenan en los oídos; imaginativas, cuando escúchalas sola la imaginación; intelectivas, cuando directamente se encaminan al entendimiento.1

1 San Juan de la Cruz trata por lo largo de las tres clases de locaciones sobrenaturales.: sucesivas, formales, y sustanciales, Subida del Monte Carmelo, \. II, cap. XXVI-XXX.

1495. c) Los toques divinos son sensaciones espirituales deliciosas, impresas en la voluntad por una especie de contacto divino, y que van acompañadas de viva luz en el entendimiento.

Distínguense dos clases de ellos: los toques divinos ordinarios, y los toques divinos sustanciales, que, aunque tocan en la voluntad, son tan hondos, que parecen llegar hasta lo más profundo de la sustancia misma del alma; ésta es la razón de aquellos modos de hablar de los místicos, cuando declaran haber experimentado un contacto de sustancia a sustancia. En realidad estos toques ocurren en la parte más sutil de la voluntad y del entendimiento, en la que estas facultades tocan con la sustancia misma del alma; pero son las potencias, y no la sustancia, según la doctrina de Santo Tomás, las que reciben estas impresiones.2 Esta parte sutil de la voluntad llámanla los místicos la cumbre del espíritu o la cumbre de la voluntad, y también el fondo del alma.

2 Sum. Thom Ia IIae, q. 113, a. 8; De Veritate, q. 28, a. 3; cfr. GARRIGOU-LAGRANGE, op. cit., t. II, p. 560.

1496. C) Cómo hemos de habernos con respecto a estas gracias extraordinarias. Los grandes místicos enseñan a una que no se han de desear ni pedir estos dones extraordinarios. Ciertamente no son de necesidad para llegar a la unión divina; y aun a veces, por causa de nuestras bajas inclinaciones, son más bien obstáculos para la divina unión. Demuéstralo particularmente S. Juan de la Cruz; afirma que el deseo de revelaciones roba la pureza de la fe, engendra una curiosidad maligna que es origen de ilusiones, ocupa el espíritu con vanos fantasmas, descubre de ordinario falta de humildad y de obediencia a Nuestro Señor, el cual, por medio de la Revelación pública, nos ha procurado TODO lo que hemos menester para ir al cielo.*

* Este punto también es importante, porque es otro candado que abrió el demonio, después de los que ya había abierto veinte años antes, para avalar falsas revelaciones como por ejemplo las del P. S. Gobbi el cual la “virgen” habría levantado como gran “profeta”. Pidiéndole (la “virgen”) que comenzara “el movimiento sacerdotal mariano” (y como su movimiento es mariano, seguramente le pidió la “virgen” que “monjas” y laicas distribuyan la “comunión”, y de paso la “virgen “aprobando el rito bastardo montiniano) recibiendo mensajes por casi treinta años, para perfeccionar la revelación pública, por medio de la revelación privada. Por su parte Luisa Picarreta su principal herejía es que viola claramente la noción católica de Revelación Divina y además el papel de la revelación privada en la Iglesia. Ella afirma claramente que lo que ha recibido es una “nueva revelación”, disponible únicamente a través de sus escritos.

Por eso se alza con furia contra los directores imprudentes que fomentan el deseo de visiones: “Les dan mano a que pongan mucho los ojos en alguna manera en ellas (en las visiones), que es causa de no caminar por el puro y perfecto espíritu de Fe, y no les edifican la Fe, ni fortalecen en ella, poniéndose a hacer muchos lenguajes de aquellas cosas. En lo cual las dan a sentir que hacen ellos alguna presa o mucho caso de aquello, y por el consiguiente, le hacen ellas, y quédanseles las almas puestas en aquellas aprensiones, y no edificadas en Fe, y vacías y desnudas y desasidas de aquellas cosas, para volar en alteza de oscura Fe… El alma ya no queda tan humilde, pensando que aquello es algo y que tiene algo bueno, y que Dios hace caso de ella, y anda contenta y algo satisfecha de sí, lo cual es contra humildad… Ellos mismos (los confesores), como ven que las dichas almas tienen» tales cosas de Dios, les piden que pidan a Dios les revele o diga tales o tales cosas tocantes a ellos o a otros, y las bobas almas lo hacen… y a la verdad, ni Dios gusta ni lo quiere ”1. Además las visiones están sujetas a mil ilusiones; de aquí la necesidad de dar reglas para discernir las verdaderas de las falsas.

1 Subida del Monte Carmelo, LII, cap. XVI.

El Padre Gobbi en Perú 1997… Entretanto, la rebelión de Lutero, la Revolución Protestante ha sido ante todo una revolución laicista… anti sacerdotal.

2 ° REGLAS PARA EL DISCERNIMIENTO DE LAS REVELACIONES.

1497. Para discernir bien las verdaderas revelaciones, y saber descubrir lo humano que en ellas pudiera tener parte, conviene mucho señalar reglas lo más determinadas que sean posibles. Estas reglas se refieren a la persona que recibe las revelaciones, al objeto acerca del cual versan, a los efectos que causan, y a las señales que las acompañan.

A) Reglas concernientes a la persona que recibe las revelaciones.

1498. Verdad es que Dios puede hacer revelaciones a quien le plazca, aún a los mismos pecadores; pero de ordinario no las concede sino a las almas, no solamente fervorosas, sino elevadas ya al estado místico. Por lo demás, aun para interpretar las revelaciones verdaderas es necesario conocer las buenas dotes y defectos de quienes creen haber sido regalados con revelaciones. Es menester, pues, examinar sus dotes naturales y sobrenaturales.

a) Dotes naturales:

1) En cuanto al temperamento, ¿son gente bien equilibrada; o tocada de psico-neurosis o de histerismo? Claro está que, en el último caso, hay razón para poner en cuarentena las pretendidas revelaciones, porque tales temperamentos padecen frecuentes alucinaciones.

2) Por lo que toca al estado mental, ¿es persona discreta, de rectitud de juicio; o de imaginación exaltada, y de excesiva sensibilidad? ¿Es persona instruida, o ignorante? ¿Dónde aprendió lo que sabe? ¿No habrá quedado enflaquecido su espíritu por alguna enfermedad o por largos ayunos?

3) En cuanto a la moral, ¿es persona de verdad sincera; o acostumbra a exagerar la verdad, y a veces a inventar lo que no pasó? ¿Es de temple sosegado, o apasionado?

La respuesta a estas preguntas no probará ciertamente la existencia o no existencia de una revelación, pero servirá mucho para juzgar del valor del testimonio que dan los videntes.

1499. b) Con respecto a las cualidades sobrenaturales habrá de mirarse si la persona:

1) es de sólida virtud, largamente probada, o sólo de fervor más o menos sensible;

2) Si tiene sincera humildad y profunda, o, por el contrario, le gusta figurar y contar a todos los favores espirituales que dice recibir; la verdadera humildad es la piedra de toque de la santidad; y, cuando falta, es ésta muy mala señal;

3) Si manifiesta a su director las revelaciones, en vez de andarlas contando a los demás, y si dócilmente sigue los consejos del director;

4) Si ha pasado ya por las pruebas pasivas y los primeros grados de la contemplación; especialmente si tuvo éxtasis alguna vez en su vida, o sea, si practica en grado heroico las virtudes: de ordinario guarda Dios las visiones para las almas perfectas.

1 500. Téngase muy presente que el darse estas dotes no prueba la existencia de una revelación, sino que sólo hace más creíble el testimonio del vidente; y que la falta de ellas, sin probar la no existencia, la hace poco probable. Además, tales averiguaciones servirán para más pronto descubrir las mentiras y las ilusiones de los pretendidos videntes. Hay ciertamente quienes por soberbia, o para darse importancia, fingen voluntariamente éxtasis y visiones.1 Otros, muchos más en número, padecen ilusión, por ser de imaginación muy viva, y toman sus propios pensamientos por visiones o locuciones interiores2.

1 Tal aconteció con Magdalena de la Cruz, franciscana de Córdoba, en el siglo XVI, la cual, habiendo hecho pacto con el demonio ya en su niñez, entró en el convento a la edad de diez y siete años, y fue por tres veces abadesa de su monasterio. Con la ayuda del demonio, fingió todos los fenómenos místicos, éxtasis, elevación en el aire, llagas, revelaciones y profecías cumplidas muchas de ellas. Creyéndose estar para morir, hizo confesión de todo, que después retractó; fuéronle leídos los exorcismos y encerrada ella en otro convento de su orden. Cfr. Poulaín, Gráces d’ oraison, cap. XXI, n. 36.

2 Santa Teresa lo dice muchas veces: ” Acaece a algunas personas, y sé que es verdad, que lo han tratado conmigo, y no tres o cuatro, sino muchas, ser de tan flaca imaginación, o el entendimiento tan eficaz, o no sé qué es, que se embeben de manera en la imaginación, que todo lo que piensan, claramente les parece que lo ven”. (Castillo, moradas Sextas, cap. IX, n, 9).

B) Reglas concernientes a la materia de las revelaciones.

1501. En esto es donde debemos poner mayor atención; porque toda revelación, que fuere contraria a la fe o a las buenas costumbres, debe rechazarse sin compasión, según la doctrina unánime de los Doctores, fundada en aquellas palabras de S. Pablo (Galat., I, 8.): “Aun cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo os predique un Evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema” 1. Dios no puede contradecirse, ni revelar cosas contrarias a lo que nos enseña por medio de su Iglesia. De aquí dimanan unas cuantas reglas que vamos a exponer.

a) Se ha de tener por falsa toda revelación privada que se hallare en contradicción con cualquiera verdad de fe: tales son, por ejemplo, las pretendidas revelaciones espiritistas, que niegan muchos de nuestros dogmas, en particular la eternidad de las penas del infierno. — Igualmente, si fueren opuestas al sentir unánime de los Santos Padres y Teólogos, que constituyen una de las formas del magisterio ordinario de la Iglesia. Cuando se tratare de una opinión controvertida entre teólogos, se ha de tener por sospechosa cualquier revelación que intentara dar la solución de ella, por ejemplo, que terminara la controversia entre tomistas y molinistas; porque no suele Dios intervenir en cuestiones de esa clase en favor de Unos o de otros.

1502. b) También debe rechazarse cualquier visión que fuere contraria a las leyes de la moral o de la decencia: por ejemplo, las apariciones de formas humanas desnudas, el lenguaje trivial o inmodesto, descripciones minuciosas, y con muchos pormenores, de vicios vergonzosos que no pueden menos de ofender al pudor 1. Dios no hace revelaciones sino para el bien de las almas, y por eso no puede ser jamás autor de las que por su naturaleza inclinan al vicio.

1 A mediados del siglo XIX, una vidente, llamada Caninilla, sorprendió la buena fe de un piadoso obispo, el cual publicó una revelación falsa que contenía una descripción horrible de las costumbres de los sacerdotes de su diócesis; obligáronle a presentar inmediatamente la dimisión. (Poulain, op. Cit. cap. XXII). Quizá por esa misma razón se haya prohibido la publicación del Secreto de Melania.

Por razón de este mismo principio son sospechosas las apariciones que se muestran sin dignidad, o sin recato, y, con mayor razón, todas las evidentemente ridículas; ésta última es la marca de las imitaciones humanas o diabólicas: así fueron las del cementerio de Saint-Médard.*

* ¿Y la del centro turístico de Mediuogorie?, la “vidente” y sus acompañantas empantalonadas y sin velo, los que visitan el cristo diabólico, que emana “aceite milagroso” en pantalones cortos y con gorras.

C) Tampoco pueden admitirse como de Dios los mandatos imposibles de realizar, teniendo en cuenta las leyes providenciales y los milagros que Dios ha solido hacer: Dios no manda cosas imposibles.1

1 Cuéntase en la vida de Santa Catalina de Bolonia, que se le aparecía a veces el demonio en figura de Cristo crucificado, y le mandaba, bajo pretexto de perfección, cosas imposibles, para desesperarla (Vita altera, cap. II, 10-13 en los Bolandistas, 9 de marzo).

Reglas tocantes a los efectos causados por las revelaciones.

1503. Por los frutos se conoce el árbol; las Revelaciones pueden, pues, conocerse por los efectos que causan en el alma.

a) Según S. Ignacio y Santa Teresa, la visión divina produce al principio un sentimiento de asombro y de temor, que muy pronto se cambia en un sentimiento profundo y durable de paz, de gozo y de seguridad. Lo contrario acontece con las visiones diabólicas; aunque al principio causen alegría, presto producen turbación, tristeza y desaliento; por aquí el demonio suele derribar a las almas.

1504. b) Las revelaciones verdaderas confirman al alma en las virtudes de la humildad, de la obediencia, la paciencia, la conformidad con la voluntad de Dios; las falsas engendran soberbia, presunción y desobediencia.*

*El 23 de abril de 2020, el Charlatán. Michel Rodríguez informó que su obispo, “mons”. Gilles Lemay, no apoya los mensajes de Michel; le dijo al falso Profeta Michel, por escrito, que no apoya la idea del Aviso, los castigos, la Tercera Guerra Mundial, la Era de la Paz, cualquier construcción de refugios, etcétera”. Michel, deseando seguir siendo obediente, ha pedido a Countdown to the Kingdom (sitio oficial) que elimine cualquier mención en este sitio web del apoyo de su obispo a sus mensajes, lo cual han hecho, pero hasta la fecha sigue difundiendo sus mensajes.

Tengan en cuenta que, aunque ahora sabemos que el “obispo” Lemay no apoya, los mensajes, estos siguen siendo ciertos, y no están condenados dicen. ¡Claro! Con el decreto de Paulo VI nada está condenado. Esto es en cuanto la obediencia, en cuanto a la presunción y la soberbia este charlatán se dice hijo predilecto del Padre (él recibe directamente de “Dios Padre” todo). Etimológicamente hablando Predilecto tiene dos significados de peso “el que es amado delante de cualquier otro” y “el que es elegido separadamente, más que el grupo de elegidos o amados”, entonces tiene sentido lo que dice este pobre idiota, que él es el hijo predilecto del Padre, Jesús le comunicó que quien recibe a él recibe a Jesucristo, esto en el contexto de su charla a las claras da a entender que él es como dios, incluso por delante de Jesucristo, hijo muy amado del Padre. Todos deben saber que él no respalda los mensajes de otros supuestos videntes (por ejemplo, John Leary, o los mensajes de “la Divina Misericordia”). En su diario Faustina escribe en el numeral 1546: “El señor me dijo me deleito en tu amor, tu amor sincero es tan grato a mi corazón como la fragancia de un capullo de rosa a primera hora de la mañana cuando el sol no le ha secado todavía el rocío, el frescor de tu corazón me encanta por eso ME UNO A TI TAN ESTRECHAMENTE COMO A NINGUNA OTRA CREATURA”. El lobo rapaz Michel y la ilusa Kowalska se creen más que Dios y que la Santísima Virgen María.

Oigamos qué dice Santa Teresa: “Es merced del Señor, que trae grandísima confusión con sigo y humildad. Cuando fuese del demonio, todo sería al contrario. Y como es cosa que notablemente se entiende ser dada de Dios…, en ninguna manera puede pensar quien lo tiene que es bien suyo, sino dado de la mano de Dios… Estos efectos con que anda el alma, podrá advertir cualquiera de vosotras a quien el Señor llevare por este camino, para entender que no es engaño ni tampoco antojo; porque, como he dicho, no tengo que es posible durar tanto siendo demonio, haciendo un notable provecho al alma, y trayéndola con tanta paz interior, que no es de su costumbre, ni puede aunque quiere, cosa tan mala, hacer tanto bien”. (Castillo, moradas sextas, cap. V III).

1505. e) Muévese aquí cuestión acerca de si se pueden pedir señales o pruebas en confirmación de las revelaciones privadas,

1) Si la cosa fuere de importancia, podrían pedirse, más con humildad y condicionalmente; porque no está obligado Dios a hacer milagros para probar la verdad de esa clase de visiones.

2) Cuando se pidieren, conviene dejar a Dios que elija cuáles hayan de ser. El bueno del cura párroco de Lourdes mandó pedir a la aparición que hiciera florecer un rosal silvestre en pleno invierno; no se otorgó este prodigio, pero la Virgen inmaculada hizo brotar una fuente milagrosa para salud de los cuerpos y de las almas.

3) Cuando el milagro pedido queda bien comprobado, así como su relación con la aparición, constituye una prueba de mucho peso que llega hasta la convicción.

D) Reglas para discernir lo verdadero de lo falso en las revelaciones privadas.

1506. Puede haber revelaciones verdaderas en cuanto a la sustancia, pero mezcladas, sin embargo, con errores accidentales. No multiplica Dios los milagros sin necesidad, y no corrige los prejuicios o los errores que pudiere haber en la mente de los videntes; busca el bien espiritual de éstos, y no la formación intelectual. Entenderemos lo mejor luego que analicemos las principales causas de los errores que a veces hallamos en las revelaciones privadas.

a) La causa primera es la mezcla de la actividad humana con la acción sobrenatural de Dios, especialmente cuando la imaginación y el espíritu tienen mucha viveza.

1) Por eso encontramos en las revelaciones privadas los errores contemporáneos a ellas acerca de las ciencias físicas o históricas. Santa Francisca Romana asegura haber visto un cielo de cristal entre el cielo de las estrellas y el empíreo, y dice ser azul el cielo de las estrellas.

A la Venerable Agreda parecióle saber, por revelación, que los once cielos (de Tolomeo) se abrieron, en el instante de la Encarnación, por respeto al Verbo que iba a encarnarse1

2) Hállanse también en ellas las ideas y, a veces, los prejuicios y sistemas de los directores de los videntes. Fundándose en el testimonio de sus directores parecióle a Santa Coleta ver cómo Santa Ana fue casada tres veces, y venía a visitarla con su numerosa familia 2. A veces los santos dominicos o franciscanos hablan, en sus visiones, conforme al sistema doctrinal de su orden .3

1 Mística ciudad de Dios, parte II, n. 128; este pasaje fue suprimido en la edición francesa.

2 BOLANDISTAS, 25 de mayo.

3 Benedicto XIV (De beatific L III, cap. LIII, a.16) discute un Éxtasis de Santa Catalina de Siena, en el que decía haberle dicho la Virgen no ser inmaculada. (En las falsas revelaciones a Renato Barón fundador del MOVIMIENTO DE ORACIÓN EN SCHIO diócesis de Vicenza. El 25 de Marzo de 1985 La “virgen” se reveló a él como “Reina del Amor” y “La Madre abandonada”, le confió frecuentes mensajes, desde el 3 de abril de 1985: él tenía la idea de que la “virgen” deseaba una modificación del Avemaría: «el fruto de tu corazón» y no « el fruto de tu vientre».

3) También errores históricos se deslizan a veces en las revelaciones: no acostumbra Dios a revelar pormenores precisos acerca de la vida de Nuestro Señor o de la Santísima Virgen, cuando no tienen apenas interés para la piedad; pero hay muchos videntes que confunden sus meditaciones piadosas con las revelaciones, y dan pormenores, cifras y datos que están en contradicción con los documentos históricos o con otras revelaciones. A sí, en los diversos relatos acerca de la Pasión, muchos de los menudos pormenores que se cuentan en las visiones, son contradictorios (por ejemplo, a cerca del número de azotes que recibió el Señor en la flagelación), o se hallan en oposición con los mejores historiadores (O la Sábana Santa)4.

4 Bolandistas, 13 de enero, prefacio de la vida de la Beata Verónica de Binasco; S. Alfonso de Ligorio, Reloj de la Pasión.

1507. b) Las revelaciones divinas pueden ser mal interpretadas. Por ejemplo, habiendo preguntado Santa Juana de Arco a sus voces si sería quemada, le respondieron que acudiera a Nuestro Señor, el cual la socorrería y quedaría libre por medio de una gran victoria; ella creyó que esa victoria sería su libertad de la prisión; pero en realidad fué su martirio y su entrada en el cielo. Manifestó S. Norberto saber por revelación, de modo certísimo, que no pasaría su generación (S. XI) sin que viniera el anticristo; apurado por S. Bernardo, dijo que no moriría sin haber visto una persecución general de la Iglesia. 5

5 Sn. Bernardo, Cartas, LVI.

San Vicente Ferrer anunció como próximo el juicio final, y pareció confirmar su predicción con milagros1.

1 El P. Fages, O.P., en su Historia de S. V. Ferrer, explícalo diciendo haber sido una profecía condicional, como la de Jonás acerca de Nínive, y que el mundo se salvó precisamente por las muchas conversiones que hizo el Santo.

1508. C) Las revelaciones pueden ser inconscientemente alteradas por los videntes mismos cuando intentan explicarlas, o, con mayor frecuencia aún, por sus secretarios. La misma Santa Brígida confesaba que a veces corregía sus revelaciones para explicarlas mejor2; mas sus explicaciones no siempre están exentas de error. Confiésase hoy que los secretarios, que escribieron las revelaciones de Sor María de Agreda, de Catalina Emmerich y de María Lataste las arreglaron de tal manera que no hay quien las conozca 3. Por todas estas razones nunca se pondrá harta prudencia en el examen de las revelaciones privadas.

2 Revelaciones suplementarias, cap. XLIX.

3 En las Obras de María Lataste se han hallado, entre sus revelaciones, pasajes enteros traducidos literalmente de la Suma de Santo Tomás.

Conclusión: cómo nos hemos de haber con respecto a las revelaciones privadas.

1509 a) Lo mejor que podemos hacer es imitar la prudente reserva de la Iglesia y de los Santos.

La Iglesia no admite revelación alguna, si no ha sido muy comprobada y debidamente, y, aun así, nunca obliga a los fieles a la fe en ellas. Además, cuando se trata de la institución de alguna festividad o de alguna fundación externa, espera muchos años antes de pronunciar fallo definitivo, y no se decide a ello, sino después de haber examinado maduramente la cosa en sí y en sus relaciones con el Dogma y la Liturgia. Así la Beata Juliana de Lieja, escogida por Dios para hacer que se instituyera la fiesta del Santísimo Sacramento, no sometió su proyecto a los teólogos sino veintidós años después de sus primeras visiones; y no, sino luego que pasaron diez y seis, instituyó la fiesta en su diócesis el obispo de Lieja, y, hasta los seis años de la muerte de la Beata, no Instituyó el Papa Urbano IV la festividad para toda la Iglesia (1264). Asimismo la fiesta del Sagrado Corazón no fue aprobada sino mucho tiempo después de las revelaciones hechas a Santa Margarita María, y por razones independientes de las revelaciones. Lección es ésta de la que podemos sacar mucho provecho.

1510 b) No habremos, pues, de pronunciarnos con certeza acerca de la existencia de una revelación privada, sino cuando tengamos pruebas convincentes de ella: las tan acertadamente indicadas por Benedicto XIV en su libro de la Canonización de los Santos. De ordinario no habremos de contentarnos con sola una prueba, sino que exigiremos muchas; y luego habremos de ver si son cumulativas o convergentes, y si mutuamente se confirman. Cuantas más sean, tanto mayor será la seguridad.*

* El jefe de la oficina de constataciones médicas del Santuario de Lourdes decía: “Es mejor quitar a la Virgen cien milagros que, atribuirle uno que no sea verdadero milagro”

1511. c) Cuando un director recibiere noticia acerca de revelaciones, se guardará mucho de manifestar admiración de ello; porque esto animaría a los videntes a tener por verdaderas las dichas visiones, y quizá a tener soberbia por ellas. Se ha de dar a entender, por el contrario, que son cosas mucho menos importantes que el ejercicio de las virtudes; que es muy fácil padecer ilusión; que no se han de fiar de ellas, y, en los comienzos, las deben rechazar más bien que hacer caso de ellas.

Ésa es la regla que dan los Santos. Véase lo que escribe Santa Teresa: “A enfermas y a sanas, siempre de estas cosas hay que temer, hasta ir entendiendo el espíritu. Y digo que siempre es mejor a los principios deshacérsele: porque si es de Dios, es más ayuda para ir adelante, y antes crece cuando es probado. Esto es así, mas no sea apretando mucho el alma e inquietándola, porque verdaderamente ella no puede más”. (Castillo, moradas sextas, cap. 131, n. 3)

San Juan de la Cruz es aún más duro; después de indicar los seis inconvenientes que hay para admitir las visiones, añade: “El demonio gusta mucho cuando un alma quisiere admitir revelaciones, y la ve inclinada a ellas, porque tiene él entonces mucha ocasión y mano para ingerir errores y derogar en lo que pudiere a la Fe; porque grande rudeza se pone en el alma que las quiere, acerca de ella, y aun a veces hartas tentaciones e impertinencias”. (Subida del Monte Carmelo, 1. II, cap. X; merece leerse todo el capítulo.)

1512. d) Sin embargo debe tratar el director con dulzura a las personas a quienes pareciere tener

Revelaciones; así les ganará la confianza, y podrá averiguar mejor los pormenores con los cuales, después de madura reflexión, podrá emitir juicio. Si padecieren ilusión, tendrá mayor autoridad para hacérselo ver y traerlos a la verdad. Tal es el consejo que da S. Juan de la Cruz, tan severo por lo demás para con las visiones: “No porque habernos puesto tanto rigor en que las tales cosas se desechen, y que no pongan los confesores a las almas en el lenguaje de ellas, convendrá que les muestren desabrimiento los padres espirituales acerca de ellas, ni de tal manera las hagan desvíos y desprecio de ellas, que les den ocasión a que se encojan y no se atrevan a manifestarlas, y que sean ocasión de dar en muchos inconvenientes, si le cerrasen la puerta para decirlas” (Subida del Monte Carmelo, 1. II, cap. XX.)

1513. e) Cuando se tratare de alguna institución o fundación externa, se guardará mucho el director de dar ánimos sin haber antes examinado cuidadosamente las razones en pro y en contra a la luz de la prudencia sobrenatural. Así lo hicieron los Santos: Santa Teresa, que tuvo tantas revelaciones, nunca quiso que sus directores se movieran a decidir solamente por las visiones que ella recibía. Por eso, cuando Nuestro Señor le reveló que fundara el monasterio reformado de Ávila, sometió humildemente sus intentos a su director, y, como éste dudara, tomó parecer a S. Pedro de Alcántara, a S. Francisco de Borja y a S. Luis Beltrán (Historia de Santa Teresa por una carmelita, cap. XII. ). Por lo que toca a los mismos videntes, no han de seguir éstos sino una sola regla, y es declarar sus revelaciones a un sabio director, y seguir en todo lo que les dijere; éste es el medio más seguro de no engañarse.

II. Las gracias gratuitamente dadas

Gustará leer el artículo en el que Santo Tomás sintetiza todas esas gracias (Ia IIae, q, III. a. 4), demostrando cuán útiles sean al predicador de la fe: 1) para comunicarle entero conocimiento de las cosas divinas; 2) confirmar su predicación con milagros; 3) predicar la palabra de Dios con mayor eficacia.

1514. Las revelaciones de que hemos dicho, son concedidas especialmente para el propio provecho de quien las recibe; las gracias gratuitamente dadas lo son principalmente para el provecho de los demás. Son dones gratuitos, extraordinarios y transitorios, conferidos directamente para el bien de los demás, aunque indirectamente puedan servir para la santificación del mismo que los recibe. Enuméralos S. Pablo con el nombre de carismas; en la Epístola a los Corintios distingue nueve, los cuales todos proceden del mismo Espíritu:

1515. 1) El habla de sabiduría, sermo sapientia, que nos ayuda a sacar de las verdades de fe, consideradas como principios, conclusiones que acrecientan los tesoros del dogma.

2) El habla de ciencia, sermo scientia, por el que nos valemos de las ciencias humanas para explicar las verdades de la fe.

3) El don de fe, no la virtud, sino una certidumbre especial capaz de producir prodigios.

4) La gracia de curar enfermedades, gratia sanitatum, que no es otra cosa que el poder de sanar a los enfermos.

5) El don de hacer milagros; para confirmar la revelación divina.

6) E l don de profecía, o sea el don de enseñar en el nombre del Señor, y, si fuere menester, de confirmar la doctrina con profecías.

7) El discernimiento de espíritus, o sea el don de leer los secretos del corazón y de discernir el bueno del mal espíritu.

8) El don de lenguas, que, en S. Pablo, es el don de orar en lengua extraña con cierta exaltación, y, según los teólogos, el de hablar varias lenguas.

9) El don de interpretación, o el de interpretar las palabras extrañas de que se tratare.

Según advierten oportunamente S. Pablo y Santo Tomás, todos estos carismas están muy por bajo de la caridad y de la gracia santificante.

II. Fenómenos psico-fisiológicos.

1516. Dase este nombre a los fenómenos que obran a la vez en el alma y en el cuerpo, y que se refieren más o menos al éxtasis, del que ya hemos hablado, n. 1454. Los principales son:

la elevación en el aire;

los efluvios luminosos;

los efluvios olorosos;

4 ° la abstinencia o inedia;

la estigmatización.

I. La elevación en el aire.

1517. Es un fenómeno en virtud del cual el cuerpo se mantiene elevado sin tocar en el suelo, y así se está sin apoyarse en cosa alguna natural; llámasele éxtasis ascensional. A veces elévase el cuerpo a grandes alturas: Llámase entonces vuelo extático. Otras parecen correr velozmente a ras del suelo sin tocar en él, es lo que se llama marcha extática.

Numerosos casos de elevación en el aire se leen en la vida de muchos santos, ya en los Bolandistas, ya en el Breviario; por ejemplo: S. Pablo de la Cruz, 28 de abril; S. Felipe Neri, 26 de mayo; S. Esteban de Hungría, 2 de septiembre; S. José de Cupertino, 18 de septiembre; S. Pedro de Alcántara, 19 de octubre; S. Francisco Xavier, 3 de diciembre, etc. Uno de los más célebres es S. José de Cupertino, que, al ver un día a unos obreros que no atinaban a levantar una pesada cruz de misión, voló por los aires, tomó la cruz y la colocó sin trabajo alguno en el hoyo que habían hecho para ella. A este fenómeno se refiere también el de pesantes extraordinaria, que hace no pueda ser movido del suelo el extático por mucha fuerza que se emplee.

1518. Los racionalistas han intentado explicar este fenómeno de un modo natural, ya por la aspiración profunda del aire en los pulmones, ya por una fuerza física desconocida, ya por la intervención de espíritus o de almas separadas: quiere esto decir que no han hallado explicación seria de ello, ¡Cuánto más prudente es Benedicto XIV! Exige primeramente que el hecho sea bien comprobado, para evitar toda clase de superchería. Luego declara: 1) que la elevación en el aire, bien comprobada, no puede explicarse naturalmente; 2) que no supera, sin embargo, las fuerzas del ángel ni del demonio, los cuales pueden levantar en vilo los cuerpos; 3) que, en los santos, ese fenómeno es una posesión anticipada del don de agilidad propia de los cuerpos gloriosos. (De beatificat. , 1. III, c. XLI)

II. Efluvios luminosos (Ribet, La Mystique, P. II, cap. XXIX; Mons. Farges, op. cit., P. II, cap. III, a. 3)

1519. El éxtasis va a veces acompañado de fenómenos luminosos: ya es una aureola de luz que ciñe la frente, ya todo el cuerpo que se viste de luz.

También aquí hemos de dar compendiada la doctrina de Benedicto XIV (De beatific 1. IV, P. I, cap. XXVI, 11. 8-30). Lo primero que se ha de hacer es estudiar el caso con todas sus circunstancias para ver si es verdad que la luz no puede explicarse naturalmente. Se examinará en particular: 1) si el fenómeno se produjo en pleno día o durante la noche, y, en este último caso, si la luz es más brillante que otra alguna; 2) si es sólo una centella brevísima a la manera de la chispa eléctrica, o si se prolonga el fenómeno por tiempo notable, o se repite muchas veces; 3) si se produce durante un acto religioso, un éxtasis, un sermón, una oración ; 4) si es resultado de los efectos de la gracia, de conversiones duraderas, etc.; 5) si la persona de la que salen los rayos, es virtuosa y santa.

Solamente después de examinados todos estos pormenores, se podrá deducir el carácter sobrenatural de tales hechos. También esto es un disfrute anticipado de la claridad de los cuerpos gloriosos.

III. Efluvios olorosos.

1520. Permite a veces Dios que el cuerpo de los santos, mientras viven o después de muertos, exhale deliciosos aromas, símbolo del buen olor de las virtudes que practicaron.

Así ocurrió con las llagas de S. Francisco de Asís, que exhalaban a veces gratos perfumes; durante nueve meses salía un perfume misterioso de su sepulcro, y, cuando se exhumó su cuerpo, escurríase de sus restos un óleo perfumado1. Cuéntense otros muchos hechos análogos.

1 Ese milagro fué cuidadosamente examinado en el proceso de beatificación, y los examinadores dictaminaron que no podía explicarse naturalmente (Bolandistas, 15 de octubre, t. LV, p. 368, n. 1132).

Benedicto XIV indica cómo se ha de proceder para comprobar el milagro; se mirará: 1) si el olor es suave y persistente; 2) si ni junto al cuerpo, ni en la tierra, hay algo que pueda explicarlo; 3) si se han obrado milagros al hacer uso del agua o del óleo que se tomó del santo cuerpo (De beatific., 1. IV, p. I, cap. XXXI, n. 19-28).

IV. Abstinencia prolongada.

1521. Ha habido santos, especialmente de los estigmatizados, que vivieron, sin otro alimento que la sagrada comunión, durante muchos años. El doctor Imbert-Goubeyre cita, en particular, algunos casos asombrosos (La stigmatisation, L II, p. 183): “La Beata Ángela de Foligno estuvo doce años sin tomar alimento alguno; Santa Catalina de Siena, unos ocho años; la Beata Isabel de Rento, más de quince años; Santa Litwina, veintiocho; la Beata Catalina de Racconigi, diez años…; en nuestros días, Rosa Andriani veintiocho años…; y Luisa Lateau, catorce años”.*

*…A partir de entonces se multiplicaron las visiones de Jesús y Luisa Picarreta compartía diferentes penas de la Pasión, especialmente la coronación de espinas, cuyos dolores y espasmos le impedían comer. El vómito era siempre inevitable y así desde los 16 años, Luisa vivió en total inedia, excepto en muy pocas ocasiones, hasta su muerte. Su alimento por 66 años fue la S. Eucaristía y, como para Jesús, la Voluntad del Padre.

La Iglesia se muestra muy severa en las investigaciones de los hechos de ese género, y exige exquisita y permanente vigilancia en todos los momentos durante mucho tiempo, y testigos hábiles en descubrir los fraudes (Bened. XIV, op. cit., 1. IV, P. I, cap. XXVII). Estos han de examinar si la abstinencia es total, que comprenda el alimento líquido y el sólido, si es duradera, y si la persona sigue ocupándose en sus quehaceres.

A este fenómeno se reduce también la abstinencia de sueño; S. Pedro de Alcántara, durante cuarenta años, no durmió más de hora y media cada día; Santa Catalina de Ricci no dormía más de una hora por semana.

V. La estigmatización

1522. Naturaleza y origen. Este fenómeno consiste en una especie de impresión de las santas llagas del Señor en los pies, las manos, y el costado: aparecen espontáneamente, sin ser provocadas por herida alguna exterior, y manan periódicamente sangre limpia.

El primer estigmatizado de que se tenga noticia fue S. Francisco de Asís: en un éxtasis sublime que tuvo en el monte Alvernia, el 17 de septiembre de 1222, vio a un serafín que figuraba a Jesús crucificado, y que le imprimió los sagrados estigmas; conservó hasta su muerte aquellas llagas de las que manaba sangre roja. Intentó ocultar el milagro, pero no lo consiguió del todo, y al morir, el 11 de octubre de 1226, el prodigio se hizo público.

Después de él se han multiplicado los casos. El doctor Imbert cuenta trescientos veintiuno, de los cuales cuarenta fueron en hombres. Sesenta y dos estigmatizados fueron canonizados.

Padre Pío último estigmatizado del S. XX.

1523. Parece estar comprobado que la estigmatización no se da sino en los extáticos, y que va precedida y acompañada de muy fuertes tormentos físicos y morales, que hacen al sujeto muy semejante a Jesús crucificado. La ausencia de tales padecimientos sería muy mala señal; porque los estigmas no son sino el símbolo de la unión con el divino Crucificado, y de la participación en sus tormentos.

La existencia de la estigmatización se halla probada con tantos testimonios, que aun los mismos incrédulos admiten generalmente la existencia; pero intentan explicarla de un modo natural. Afirman que, en algunos sujetos dotados de excepcional sensibilidad, pudieran ocurrir, por sobreexcitación de la imaginación, sudores de sangre parecidos a los estigmas. Pero, en la realidad, algunos resultados que se han conseguido, son muy distintos de lo que se observa en los estigmatizados.

1524. Señales para discernir los estigmas. Por esa razón, para distinguir claramente la estigmatización, de los fenómenos artificiales que se provocan en algunos individuos, es menester poner mucha atención en las circunstancias que caracterizan los verdaderos estigmas.

1) Los estigmas están localizados en las mismas partes del cuerpo en que Nuestro Señor recibió las cinco llagas, mientras que la exudación sanguínea de los estigmatizados no está igualmente localizada.

2) En general, la renovación de las llagas y de los dolores de los estigmatizados ocurre en los días o en los tiempos que traen a la memoria el recuerdo de la Pasión del Salvador, como son el viernes o alguna fiesta de Nuestro Señor.

3) Las llagas, éstas no supuran jamás; la sangre que de ellas mana es pura y limpia, mientras que la más pequeña lesión natural, en cualquiera otra parte del cuerpo, produce supuración, aún en los mismos estigmatizados. No se curan nunca, por más remedios ordinarios que se les apliquen, y duran a veces treinta o cuarenta años.

4) Producen abundantes hemorragias; esto podría parecer natural en el primer día de presentarse, pero es inexplicable en los días siguientes. La abundancia de las hemorragias tampoco tiene explicación; los estigmas se hallan generalmente a flor de piel, lejos de los grandes vasos sanguíneos, y, a pesar de eso, ¡manan de ellos chorros de sangre!

5) Por último, y es lo más importante, los estigmas no se encuentran sino en personas que practican las virtudes más heroicas y tienen particular amor a la cruz.

El estudio de todas estas circunstancias muestra bien a las claras no ser los estigmas un caso patológico ordinario, sino que en ellos interviene una causa inteligente y libre que obra en los estigmatizados para conformarlos más al divino Crucificado.

Giorgio Bongiovanni, promotor de la New Age, estigmatización diabólica 1990-2021

Conclusión: Diferencias entre estos Fenómenos y los Morbosos.

1525. Los fenómenos que se refieren al éxtasis, se hallan tan enteramente probados, que no pueden negarlos los positivistas; lo único que intentan, es asimilarlos a ciertos fenómenos morbosos que provienen de la psiconeurosis y, especialmente, del histerismo; algunos hay que pretenden ver en ellos una especie de demencia. — Ciertamente los Santos están tan sujetos a las enfermedades como los demás hombres; pero no es ésta la cuestión; importa saber si, a pesar de todas sus enfermedades, están sanos y equilibrados en lo mental. Más precisamente en esto se encuentran diferencias tan esenciales entre los fenómenos místicos y los psiconeurosos, que todo hombre de buena fe no puede menos de comprobarlas, y deducir que no puede haber entre ellos semejanza1. Las diferencias se deducen especialmente: del sujeto; de la diversidad de los fenómenos; de los resultados.

1 Esa diferencia la han hecho ver los incrédulos como M. de Montmorand, Psychologie des Mystiques, 1920, aunque atribuya esos fenómenos a la alucinación. — Para la refutación de esas teorías, cfr. A. Huc, Névrose et mysticisme, Rev. de Philosophie (P. Peillaube, julio-agosto, 1912, pp. 5 -128; Mons. A. Farges, op.cit., p. 322-585.

1526. Diferencias por parte del sujeto.

Si comparamos los enfermos tocados de psiconeurosis con los extáticos, los primeros son unos desequilibrados en lo físico y en lo moral, mientras que los segundos se hallan, por lo menos en lo moral, perfectamente equilibrados.

A) Los primeros son desequilibrados, tanto en lo mental como en lo físico. Compruébase en ellos una disminución de la actividad intelectual y del poder de la voluntad: la conciencia queda alterada o suspensa; la atención se enfría; la inteligencia se aminora; la memoria se disgrega hasta parecer que hay un desdoblamiento de la personalidad; pronto no quedan en el espíritu más de unas pocas ideas fijas; de aquí proviene un cierto monoideísmo cercano a la locura. Juntamente la voluntad se debilita; sobrepónense a ella las emociones; el paciente es juguete de sus caprichos, o de las sugestiones de una voluntad superior a él; ya nunca es dueño de sí. Es, pues, una debilitación, una disminución de la personalidad, de las fuerzas intelectivas y morales.1

1 Son, en resumen, los caracteres indicados por P. Janet, L’automatisme Psychologie, P. II, cap. III-IV,

1527. B) Todo lo contrario acaece en los místicos: su entendimiento se ensancha; su voluntad se fortalece; y tórnanse capaces de concebir y de llevar a cabo las más grandes empresas. Y a hemos visto, realmente, cómo adquieren mayor conocimiento acerca de Dios, de sus atributos, de los dogmas de la fe, acerca de sí mismos. Cierto que no pueden expresar todo lo que ven; pero declaran con toda sinceridad haber aprendido, en unos pocos instantes de contemplación, mucho más que con el trato prolongado de los libros; y este convencimiento se traduce en un progreso real en la práctica de las más heroicas virtudes. Véselos realmente ser más humildes, más caritativos, más sumisos a la divina voluntad, aun en medio de las más duras tribulaciones, y gozan de un sosiego, una paz y una serenidad inalterables. ¡Cuán lejos se hallan de los desasosiegos y de los movimientos apasionados de los histéricos!

1528. 2° Diferencias por parte de los fenómenos. No menores son las diferencias en el modo como se manifiestan los fenómenos en unos y en otros.

A) No hay cosa más triste ni más desdichada que las crisis histéricas:

1) La fase primera de ellas se parece a un ligero ataque de epilepsia, pero luego se distingue de ésta por la sensación de una bola que sube hasta la garganta, y que en sí no es sino un inflarse la garganta con sensación de ahogo, y una especie de silbido o zumbido que se siente en los oídos.

2) La segunda consiste en gestos desordenados, en contorsiones de todo el cuerpo, precisamente en arco de círculo.

3) La tercera es la de las actitudes pasionales de terror, de celos, de lubricidad en relación con la imagen o la idea que obsesiona.

4) Todo acaba en un acceso de llanto o de risa; es el estallido. — Pasada la crisis, el paciente se halla fatigado, sin fuerzas, y padece diversas indisposiciones.

B) ¡Cuán diferentes son, también en esto, los extáticos! Nada de convulsiones ni de agitaciones violentas; sino tranquila calma, arrebatamiento del alma íntimamente unida con Dios, tanto que los testigos del éxtasis, por ejemplo, los que vieron a Bernardita en los momentos de tener las visiones en la gruta de Massabielle, no podían dominar el asombro. Por eso, como lo declara Santa Teresa, n. 1456, en vez de quedar rendido el cuerpo, cobra en el éxtasis nuevas fuerzas.

1529. 3° Diferencias por parte de los efectos. Por lo que toca a los efectos, son éstos muy diferentes en uno y en otro caso.

A) En los histéricos, cuanto más se repiten las escenas descritas, tanto más crece el desequilibrio de las facultades: la disimulación, la mentira y la lubricidad es el resultado de las experiencias hechas en tan desdichadas víctimas.

B) Por el contrario, en los místicos, prodúcese un acrecentamiento constante del entender, de amor de Dios y de abnegación para con el prójimo. Cuando tienen ocasión de emprender obras o fundaciones, muestran tanto sentido, y un ánimo tan natural y firme, una voluntad tan enérgica, que salen adelante con todo.

Santa Teresa, en vida, fundó, a pesar de tanta guerra como le hicieron, diez y seis conventos de mujeres y catorce de hombres; Santa Coleta fundó trece monasterios y levantó la disciplina en muchos otros; Madama Acaria, extática desde la edad de diez y seis años, estuvo casada treinta años, crio y educó a seis hijos, salvó la hacienda de su familia, puesta en peligro por los desaciertos de su marido, y, cuando viuda, ayudó a fundar el Carmelo en Francia; Santa Catalina de Siena, que murió de treinta y dos años y estuvo mucho tiempo sin saber leer ni escribir, representó tan importante papel en los negocios públicos de su tiempo, especialmente en la vuelta de los Papas a Roma, que un escritor moderno la llama hombre de estado y muy grande hombre de estado1. Claramente se echa de ver, pues, haber tales diferencias entre los histéricos y los estigmatizados que pretender igualarlos, es ir en contra de todas las reglas de la observación científica.

1 Em. Gebhart, Rev. Hebdomadaire, 16 marzo 1907

1530. 4° Objeción. Queda, sin embargo, una dificultad por resolver: hay algunos que, con Ribot, dicen del éxtasis ser un estrechamiento progresivo del campo de la conciencia que acaba en un monoideísmo afectivo, puesto que los místicos no piensan sino en la unión íntima con Dios. — Para responder a esta dificultad engañosa, debemos distinguir dos clases de monoideísmo: desorganizador el uno, y que disgrega poco a poco la personalidad, al falsear el juicio; tal es la idea fija del suicida, que procura la nada como el bien supremo; mas hay, por el contrario, un monoideísmo coordinador, que cierto es, hace que predomine dentro del alma una idea principal, y refiere a ésta todas las demás, pero sin falsearlas.

Este postrero, lejos de disgregar la personalidad, la fortalece; porque los grandes políticos tuvieron una idea fija y redujeron a ella todos sus intentos, pudieron llevar a cabo grandes cosas, siempre que su idea fuera según justicia. Muy otro acontece en los místicos. Tienen una idea predominante, una idea fija: la de procurar ante todo el fin último, que es la unión íntima con Dios, fuente de toda felicidad y perfección; y a esto enderezan todos sus pensamientos, sus afectos, sus energías. Tal idea es enteramente de justicia, no disgrega nada; coordina, por el contrario, todos los pensamientos y todas las obras encaminándolas hacia el único fin que puede darnos la perfección y la felicidad. Por esta razón, aun considerando las cosas a lo humano, fueron los Santos los más activos, discretos, enérgicos y constantes de los hombres, que concibieron y llevaron a buen término grandes empresas. A sí lo han hecho notar los mismos incrédulos, como ya dijimos, n. 43. Seamos justos, pues, y confesemos ser los místicos unos hombres superiores a los demás, precisamente por ser santos.

Artículo II. Fenómenos diabólicos

1531. Celoso de imitar la acción divina en el alma de los Santos, esfuérzase el demonio para ejercer él también su imperio, o, mejor, su tiranía sobre los hombres. Ora asedia, pudiéramos decir, al alma por de fuera, moviendo horribles tentaciones; ora se aposenta dentro del cuerpo, y le mueve a su antojo, como si fuera el dueño de él, para poner turbación en el alma. E l primer caso es la obsesión, y el segundo la posesión. Con respecto a la acción del demonio se han de evitar dos extremos: hay quienes le inculpan todos los males que nos acaecen, sin tener presente que hay en nosotros estados morbosos que no suponen intervención alguna diabólica, las malas inclinaciones que provienen de la triple concupiscencia, y que basta con las causas naturales para explicar cumplidamente las tentaciones. Y hay otros, por el contrario, que no se acuerdan de lo que los Libros Sagrados y la Tradición cuenta acerca de la acción del demonio, y de ninguna manera quieren conceder que intervenga. Para guardar el justo medio, se ha de seguir la regla de no recibir como fenómenos diabólicos sino aquellos que, por su carácter extraordinario o por el conjunto de circunstancias, indiquen claramente la acción del espíritu maligno.

Conclusión

1549. Estos fenómenos extraordinarios, tanto los divinos como los diabólicos, muestran, por una parte o la bondad misericordiosa de Dios para con sus amigos predilectos, a los cuales concede, junto con dolores inenarrables, como ocurre en la estigmatización, insignes favores que son a manera de presagio y preludio de la gloria que les ha de dar en el cielo; y, por otra, la envidia y la rabia del demonio, que quiere también ejercer su tiránico poder sobre los hombres, solicitándolos para el mal valiéndose de medios extraordinarios, persiguiéndolos, cuando se resisten y escuchan la voz del reino de Dios, y atormentando por medio de la posesión a algunas de sus víctimas.

Existen, pues, en la tierra las dos ciudades descritas a maravilla por S. Agustín; los dos campos y las dos banderas de que habla S. Ignacio. Los buenos cristianos no pueden vacilar; cuanto más se den a Dios, tanto más se librarán del imperio del demonio; si alguna vez permite Dios que sean probados, no es sino para el bien suyo, y, aun en medio de sus tribulaciones, pueden decir con toda confianza: Y a esto ¿qué diremos ahora? Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? ¿Si Deus pro nobis, quis contra nos? Rom. VIII-31. “¿Quis ut Deus?”