Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús -Día 1

Padre Juan del Corazón de Jesús Dehon: Coronas de amor al Sagrado Corazón

Extraídas del libro

“CORONAS DE AMOR AL SAGRADO CORAZÓN”

del Reverendo Padre Juan del Corazón de Jesús (León Gustavo Dehon),

Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.

Día 1

PRIMER MISTERIO: VIDA DE AMOR DEL SAGRADO CORAZÓN EN LA EUCARISTÍA

PRIMERA MEDITACIÓN: Designio de Amor del Sagrado Corazón en la Institución de la Eucaristía

Mirad a Jesús a la mesa de la Cena, bendiciendo el Pan, que Él cambia substancialmente en su cuerpo. Vedlo elevando al cielo los ojos divinos. Todo su rostro brilla con una dulzura inefable. Está en un éxtasis de amor. Es que, en este momento, el Sagrado Corazón realiza el ideal de su vida. Él quiso ofrecernos una fuente de gracias, donde pudiésemos recoger todas las bendiciones y las alegrías. Quiso también darse a nosotros para vivir en la intimidad con cada uno de nosotros. Realiza todo esto, instituyendo la Eucaristía, y está como ebrio de alegría y de amor.

I. El Sagrado Corazón quiso instituir la Eucaristía para comunicarnos todos sus bienes

He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros” (Lc 22). Durante toda su vida, Jesús tenía hambre y sed de ver el día de esta Pascua. Quería abrirnos esta fuente de vida, quería comenzar esta intimidad con nosotros.

La Eucaristía era la fuente de todos los dones que su Corazón nos abría. No es solo un don especial, un favor particular que este Corazón liberal quiere hacer a las almas que ama; son todos los dones al mismo tiempo, son todas las gracias concentradas en un solo don. Sean cuales puedan ser las necesidades de un alma en esta vida, es aquí donde encuentra el socorro, el remedio, los recursos para todo. Es un resumen de todos sus dones que nos dejó el Dios de la misericordia, dándonos este pan de vida: Memoriam fecit mirabilium suorum misericors et miserator dominus, escam dedit timentibus se.

Almas que la tentación prueba, que las desgracias afligen, almas perturbadas y dubitativas, almas pobres, enfermas, moribundas, saben recurrir a este remedio divino.

Almas tiernas, que tienen necesidad de afecto, ven a este Amigo. Al encontrarse todo al mismo tiempo: los consejos de amistad, los ejemplos de santidad, las direcciones de la sabiduría divina. Es en este tesoro de toda especie de bienes que una infinidad de almas encontró su satisfacción. A veces, nos faltan los otros medios: la ocasión, la oportunidad, un abordaje fácil se nos recusa; pero, en este sacramento admirable, Jesús está siempre presente, está siempre preparado: está en todas partes y está para todos.

II. Él nos da más que todos los bienes dándonos la propia fuente y la despensa de estos Bienes

Todos los bienes que nos trae la Eucaristía son frutos maravillosos; pero Nuestro Señor no quiso darnos solo los frutos de su caridad infinita, quiso darnos el propio árbol que carga estos frutos. Él se da a sí mismo a nosotros, nos da su Corazón, que es la fuente de toda la misericordia. Dándose a Sí mismo, nos da todo y no se reserva nada: nos da su Humanidad Santísima con todos los méritos de su vida mortal; nos da su Divinidad, con todos los tesoros de su sabiduría, de su poder y de su infinita bondad. No coloca, en suma, otros límites al deseo que nosotros mismos tenemos de enriquecernos, a no ser aquellos que nosotros mismos ponemos por nuestra disposición y por nuestra capacidad.

Los hombres ganan nuestro corazón con pequeños presentes; ¿seremos insensibles solo respecto a Nuestro Señor, cuyo Corazón es para nosotros tan pródigo de beneficios?

III. Quiso unirse íntimamente a nosotros

En la Eucaristía, Nuestro Señor nos dio todos sus dones y su propia fuente; es el amor de benevolencia en su grado supremo. Pero no es todo; Jesús quiso testimoniarnos, también en la Eucaristía, el amor de amistad y de intimidad. Quiso permanecer con nosotros, conversar con nosotros y permitir que nos abandonemos en la más dulce familiaridad junto con Él, como permitía a sus apóstoles y, sobre todo, a San Juan. Sí, la liberalidad de su amor le llevó hasta ahí. Parece, como dice San Dionisio, que estaba fuera de Sí en su amistad por nosotros. Él mismo es este comerciante del Evangelio que vende todas sus riquezas para adquirir una perla que estimó rara y de un gran precio. Y esta perla a sus ojos es nuestro pobre corazón que nos pide. Él quiere serlo todo para nosotros, para que lo seamos todo para Él.

La razón repelería tal creencia, si la fe no la impusiese.

Resolución.- Jesús, tu amistad me confunde. Mi alma se siente turbada. ¿Que es lo que yo hice hasta el presente para responderle? ¿Cómo pude despreciar tales avances? Digo con los labios y me gustaría decir con todo mí ser: Aquí tienes mi corazón, tómalo y nunca me permitas que lo tome de vuelta o que lo comparte.