Lope de Vega-POESIA

A CRISTO EN LA CRUZ

¿Quién es aquel Caballero

herido por tantas partes,

que está de expirar tan cerca,

y no le socorre nadie?

***

«Jesús Nazareno» dice

aquel rétulo notable.

¡Ay Dios, que tan dulce nombre

no promete muerte infame!

***
Después del nombre y la patria,

Rey dice más adelante

pues si es rey, ¿cuándo de espinas

han usado coronarse?

***
Dos cetros tiene en las manos,

mas nunca he visto que claven

a los reyes en los cetros

los vasallos desleales.

***

Unos dicen que si es Rey,

de la cruz descienda y baje;

y otros, que salvando a muchos,

a sí no puede salvarse.

***

De luto se cubre el cielo,

y el sol de sangriento esmalte,

o padece Dios, o el mundo

se disuelve y se deshace.

***

Al pie de la cruz, María

está en dolor constante,

mirando al Sol que se pone

entre arreboles de sangre.

***

Con ella su amado primo

haciendo sus ojos mares,

Cristo los pone en los dos,

más tierno porque se parte.

***

¡Oh lo que sienten los tres!

Juan, como primo y amante,

como madre la de Dios,

y lo que Dios, Dios lo sabe.

***

Alma, mirad cómo Cristo,

para partirse a su Padre,

viendo que a su Madre deja,

le dice palabras tales:


Mujer, ves ahí a tu hijo

y a Juan: Ves ahí tu Madre.

Juan queda en lugar de Cristo,

¡ay Dios, qué favor tan grande!

***

Viendo, pues, Jesús que todo

ya comenzaba a acabarse,

Sed tengo, dijo, que tiene

sed de que el hombre se salve.

***

Corrió un hombre y puso luego

a sus labios celestiales

en una caña una esponja

llena de hiel y vinagre.

***

¿En la boca de Jesús

pones hiel?, hombre, ¿qué haces?

Mira que por ese cielo

de Dios las palabras salen.

***

Advierte que en ella puso

con sus pechos virginales

una ave su blanca leche

a cuya dulzura sabe.

***

Alma, sus labios divinos,

cuando vamos a rogarle,

¿cómo con vinagre y hiel

darán respuesta suave?

***

Llegad a la Virgen bella,

y decirle con el ángel:

«Ave, quitad su amargura,

pues que de gracia sois Ave»

***.

Sepa al vientre el fruto santo,

y a la dulce palma el dátil;

si tiene el alma a la puerta

no tengan hiel los umbrales.

***

Y si dais leche a Bernardo,

porque de madre os alabe,

mejor Jesús la merece,

pues Madre de Dios os hace.

***

Dulcísimo Cristo mío,

aunque esos labios se bañen

en hiel de mis graves culpas,

Dios sois, como Dios habladme.

***

Habladme, dulce Jesús,

antes que la lengua os falte,

no os desciendan de la cruz

sin hablarme y perdonarme.