PADRE CERIANI: EL CAMBIO EN LA FRATERNIDAD SAN PÍO X ES EVIDENTE

LOS HECHOS HABLAN POR SÍ SOLOS

Para quienes gozan todavía de independencia para juzgar y actuar, las diversas reacciones ante las mismas circunstancias, más que probar, simplemente demuestran un cambio en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

Con ocasión de las consagraciones episcopales del 30 de junio de 1988, llevadas a cabo por Monseñor Marcel Lefebvre y Monseñor Antonio De Castro Mayer, por medio del Prefecto de la Congregación para los Obispos, Cardenal Bernardin Gantin, el 1° de julio de 1988 Roma emitió un Decreto, declarando la excomunión de los seis implicados.

He aquí el texto:

El arzobispo Marcel Lefebvre, arzobispo emérito de Tulle, a pesar de la advertencia formal del 17 de junio y de las reiteradas súplicas para que desistiera de su intención, cometió un acto cismático al proceder con la consagración episcopal de cuatro obispos, sin mandato pontificio y en contra de la voluntad del Sumo Pontífice. Por consiguiente, incurre en la pena prevista en los cánones 1364 § 1 y 1382 del Código de Derecho Canónico.

Declaro a todos que los efectos jurídicos son los siguientes: por una parte, Monseñor Lefebvre, y por otra, Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galaretta, han incurrido ipso facto en la excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica.

Declaro además que Mons. De Castro Mayer, Obispo Emérito de Campos, habiendo participado directamente en la celebración litúrgica como consagrante, y habiendo adherido públicamente al acto cismático, ha incurrido en la excomunión latae sententiae prevista en el canon 1364 § 1.

Advertimos a los sacerdotes y fieles que no se adhieran al cisma del arzobispo Lefebvre, ya que incurrirían automáticamente en la gravísima pena de excomunión.

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El pasado 13 de mayo, ante el anuncio de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X de consagraciones episcopales para el 1° de julio de este año, Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, publicó una Declaración.

Este es el texto de la misma:

Respecto a la Sociedad Sacerdotal de San Pío X, reiteramos lo ya comunicado. Las ordenaciones episcopales anunciadas por dicha sociedad carecen del correspondiente mandato pontificio. Este gesto constituirá un «acto cismático» (Juan Pablo II, Ecclesia Dei, n.º 3), y «la adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa contra Dios y conlleva la excomunión establecida por el derecho canónico» (ibíd., 5c; cf. Consejo Pontificio para los Textos Legislativos, Nota Explicativa, 24 de agosto de 1996).

El Santo Padre continúa en sus oraciones pidiendo al Espíritu Santo que ilumine a los líderes de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X para que reconsideren la gravísima decisión que han tomado.

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Como se puede comprobar, ante idénticas circunstancias las reacciones de la Roma Conciliar han sido las mismas.

¿Lo son también de parte de las autoridades de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X?

Hay que reconocer con sinceridad que no es así. Consideremos ambas.

El 14 de mayo pasado, el Superior General de la FSSPX, Padre Davide Paglariani, publicó una Declaración de Fe Católica.

El texto completo se puede ver AQUÍ

El problema no está en la Declaración de Fe, sino en la presentación y conclusión.

Muchos se quedan en esa Declaración, a la que califican de “valiente” e incluso de “heroica”.

Sin embargo, la misma ha sido presentada de esta manera (los destacados en grueso son míos):

Por medio del texto que sigue, la FSSPX se complace en expresar a Vuestra Santidad, filial y sinceramente, en las presentes circunstancias, su adhesión a la fe católica, sin ocultar nada ni a Vuestra Santidad ni a la Iglesia universal.

La Fraternidad pone esta sencilla Declaración de Fe en Vuestras manos. Nos parece corresponder al mínimo indispensable para poder estar en comunión con la Iglesia, llamarnos verdaderamente católicos y, por consiguiente, hijos Vuestros.

No tenemos otro deseo que el de vivir y ser confirmados en la fe católica romana.

Sigue la DECLARACIÓN DE FE CATÓLICA; y termina con esta frase:

Es en esta fe y en estos principios donde pedimos ser instruidos y confirmados por Aquel que ha recibido el carisma para hacerlo.

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Antes de expresar nuestras consideraciones, recordemos la respuesta de las autoridades de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X a la Declaración de Roma en 1988.

Lo hicieron el 6 de julio por medio de una Carta Abierta al Cardenal Gantin.

He aquí el contenido de este texto, desconocido u olvidado por muchísimos:

Eminencia, reunidos en torno a su Superior general, los Superiores de los distritos, seminarios y casas autónomas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, piensan conveniente expresarle respetuosamente las reflexiones siguientes. Usted creyó deber suyo, por su carta del 1º de julio último, hacer saber su excomunión latae sententiae a Su Excelencia Monseñor Marcel Lefebvre, a Su Excelencia Monseñor Antonio de Castro Mayer y a los cuatro obispos que ellos consagraron el 30 de junio último en Ecône. Quiera usted mismo juzgar sobre el valor de tal declaración que viene de una autoridad que, en su ejercicio, rompe con la de todos sus antecesores hasta el papa Pío XII, en el culto, enseñanzas y el Gobierno de la Iglesia.

En cuanto a nosotros, estamos en plena comunión con todos los Papas y todos los Obispos que han precedido el Concilio Vaticano II, celebrando exactamente la Misa que ellos codificaron y celebraron, enseñando al Catecismo que ellos compusieron, oponiéndonos contra los errores que ellos condenaron muchas veces en sus encíclicas y cartas pastorales. Quiera usted entonces juzgar de qué lado se encuentra la ruptura. Estamos extremadamente apenados por la ceguera de espíritu y el endurecimiento de corazón de las autoridades romanas.

En cambio, nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Creemos en un solo Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y seremos siempre fieles a su única Esposa, la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.

Unidos a estos fieles, hacemos nuestras las palabras del profeta (I Reyes 7: 3): “Poned vuestro corazón firmemente en el Señor y servidle sólo a Él, y Él os librará de las manos de vuestros enemigos. Es con todo vuestro corazón que debéis volver a Dios; quitad los dioses ajenos de entre vosotros”.

Confiados en la protección de Aquella que ha vencido todas las herejías en el mundo, le suplicamos, Su Eminencia, que acepte la seguridad de nuestra devoción a Aquel que es el único camino de salvación.

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Para quien quiera verlo, la diferencia en las respuestas es enorme.

En efecto, ¿cómo se concuerda lo declarado en julio de 1988 con lo que sigue?:

– Pedido y aceptación en 2009 del levantamiento de las excomuniones, para estar en comunión con el panteón de las religiones de Asís.

– Aceptación en 2015 de la jurisdicción para confesar, que viene de una autoridad que, en su ejercicio, rompe con la de todos sus antecesores hasta el papa Pío XII, en el culto, enseñanzas y el Gobierno de la Iglesia.

– Aceptación en 2016 de la autorización para las ordenaciones sacerdotales, que es otorgada por quienes están imbuidos del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde sesenta años.

– Aceptación en 2017 de la jurisdicción para los matrimonios, que proviene de ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar.

– Aceptación en diversas ocasiones por parte del que fuera Superior General como juez de primera y segunda instancia en juicios canónicos del Tribunal de la Rota Romana (debiendo juzgar conforme al Nuevo Código de Derecho Canónico…, promulgado por una autoridad que ha roto con la de todos sus antecesores).

– Aceptación en 2021 de la inclusión de la Fraternidad en el Anuario Pontificio, es decir, aceptar la comunión impía con los infieles, con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.

– Y en mayo de 2026 … Llamarnos verdaderamente católicos y, por consiguiente, hijos Vuestros, es decir de quien contradice en todos los puntos la misma Declaración de Fe que le envían.

– Y como si fuera poco, No tenemos otro deseo que el de ser confirmados en la fe católica romana … Es en esta fe y en estos principios donde pedimos ser instruidos y confirmados por Aquel que ha recibido el carisma para hacerlo, que no es otro que el que está al frente de ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar, y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad, es decir, una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.

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En febrero de 2099 hice pública una Apelación al Fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Monseñor Marcel Lefebvre, y a las autoridades de dicha Fraternidad en 1988.

Terminaba dicha Apelación con las siguientes palabras:

Dejo constancia de que hago mías todas las declaraciones de Monseñor Lefebvre y de las autoridades de la Fraternidad en el momento de las consagraciones episcopales, y que las suscribo.

Invito a las autoridades de la Fraternidad actualmente en vigencia a que las hagan suyas y las suscriban públicamente.

Contesto y tengo por nulos y sin valor, tanto de derecho como de hecho, las pretendidas excomuniones, el decreto que procura declararlas y el decreto que intenta levantarlas, dejando creer que no eran nulas.

Y suplico a los cuatro Obispos de la Fraternidad que reconsideren delante de Dios la situación actual y, a ejemplo de Monseñor Lefebvre, vuelvan sobre sus pasos. En circunstancias tan ambiguas, los sacerdotes y los fieles necesitan ser confirmados en el buen combate por la Roma Eterna contra la Iglesia conciliar.

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Quien tiene ojos para ver, que vea.

Quien tiene oídos para oír, que oiga.

Quien tiene inteligencia para juzgar, juzgue.

Quien tiene voluntad para actuar, que actúe.

Quien no sabe qué hice yo, puede leer mi Carta de Dimisión (Ver AQUÍ)