PADRE CASTELLANI: PREVISIÓN DE PROFETA

Conservando los restos

Ante el torrente diario de medidas, que van desde la contradicción al absurdo, con el inventado pretexto de la “pandemia”, las personas que las sufren oscilan entre el servilismo y la insubordinación.

Con el fin de proporcionar un poco de luz sobre estas cuestiones, publicaremos una serie de ensayos y artículos del Padre Leonardo Castellani, que ya hace casi ochenta años las vio venir, las sufrió y nos dejó sabios consejos para enfrentarlas.

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LA RAÍZ DE LA DECADENCIA

Directorial

JAUJA N° 4, abril 1967

Suele decirse que en la Argentina no hay “clase dirigente”. Es una media verdad. Existe una pseudo clase dirigente, que es mala: es inepta y renegada; traidora incluso, en muchos particulares della: es decir, “entregadora”.

Pereda vio este fenómeno en España y lo definió, queriendo hacerlo o no; aunque no llegó a su causa última.

Entregada a la rección de los “políticos” (que comandan a politicastros y politiqueros) España sucumbió a una decadencia de más de un siglo, que la encaminaba al descalabro. Cuando estuvo al borde del abismo, surgieron “jefes” por todos lados; es decir, los Capaces desplazados y arrinconados por los “Pseudos”; muchos de los cuales fueron (en sentido lato) “mártires”, como José Antonio, Calvo Sotelo, Ramiro de Maeztu, Muñoz Seca, sin contar los innúmeros religiosos trucidados en odio de la fe. El león español vio rojo, y el toro español también: se topetaron.

“Don Gonzalo González de la Gonzalera” no es el mejor libro de Pereda; lo cual no es decir no sea bueno. Pero tiene este valor singular entre todos sus libros, que fue una predicción cumplida.

Pereda vio microscópicamente la urdimbre de la “Revolución” —o sea de la “Subversión”— corregiría Mahieu; en una fingida aldeúca castellana de 300 habitantes, Coteruco del Valle. Vio lo que podía pasar en grande; y pasó de hecho 50 años más tarde. No del todo inconsciente de su inspiración profética, el poeta hace decir a un personaje: “El que ve a esta aldea, don Frutos, ve a toda España”. Sus personajes cobran así categoría simbólica.

Me dirán, Pereda había presenciado 10 años antes la Primera República (Revolución 1868) y la Primera Guerra Carlista; de modo que sería una “profecía post factum”, un análisis de algo pasado. Pero el caso es que el análisis (o la intuición, mejor dicho) llega a lo esencial, y por lo tanto a lo que puede reproducirse en grande; si se mantiene el “caldo” del primer fenómeno. O sea: “van dos por un camino y el tercero lo adivinó”.

La subversión total y repentina de Coteruco se produce por la acción de cuatro “pseudos” —tres bribones y un “idiota útil”— que se erigen en mandatarios por malas artes y apoyados desde afuera —es decir, desde Madrid— derrotando tan completa como inesperadamente a “los buenos”, Don Román de la Llosía, el Cura Don Frutos y Don Lope del Robledal de los Infantes de la Barca Cebollucos y la Portillera: nobleza apolillada.

Al desterrarse de Coteruco, Don Román percibe las causas: él no previo el poder del mal y el inestable equilibrio de rústicos sin doctrina y con mera rutina; él creyó que bastaba su influjo paternal y “benéfico” (es decir de “beneficencia”) para mantener en la pan y prosperidad a Coteruco; y finalmente, él no tenía “mando” ni se cuidó de eso. Cuanto al solitario Don Lope, que arrojándose violentamente a la acción le salva la vida, tenía (aptitud de) mando, pero no quería ejercitarlo. Mas el Cura, primero befado y después apuñalado, también parece simbolizar lo que había de pasar después.

En el fondo, el poder social (que es necesario en toda sociedad) estaba vacante y vacío; y la autoridad, en mano de “pseudos”, no tenía legitimación. Lo mismo que ahora en la Argentina. Peor en la Argentina; por nuevas fuerzas mundiales que han irrumpido.

Don Román no tenía capacidad de mando y hacía el bien limitado y doméstico que estaba a su alcance, como aquí A. G. Don Lope tenía capacidad de mando, pero la desdeñaba, huraño y decepcionado por algunos crueles golpes que le dio la vida, como aquí J. M. En cuanto al Cura no es un contemplativo, y en realidad es por ende un dependiente de entrambos. No es propiamente “bueno” (porque no está a la altura) sino “buenudo”.

Y aquí tocamos la raíz del mal: en España, lo mismo que en todo el mundo moderno, la contemplación ha sido puesta por debajo de la acción; que es como decir ha sido suprimida o pervertida.

La explicación desto no me cabe aquí; pueden verla en R. Guenón “La Crisis del Mundo Moderno” (Huemul 1966).

Cuando Francisco Suárez en el siglo XVII opuso el intelecto práctico al especulativo y lo puso por encima, llevó el cuchillo a la garganta de la tradición occidental. Muy pronto la filosofía de Suárez devino la filosofía del Imperio, e influyó en toda Europa, y en España hasta nuestros días. Créase o no, Unamuno y Ortega dependen de Suárez.

Sospecho que la actual decadencia de la Compañía de Jesús (o si quieren sus trastornos, que son innegables) comenzó cuando se puso en práctica la idea de Suárez en la elección de superiores, prefiriendo para ello a los “prácticos”, o sea a los “briosos y sin letras”, que dice airadamente el P. Mariana.

Ese “axioma” de los jesuitas actuales: “los sabios no sirven para gobernar” yo he oído cien” veces; con revulsión al principio, pues Aristóteles y Santo Tomás enseñaron exactamente lo contrario: “intelligentis est ordinare”: el ordenar pertenece a la inteligencia; por la cual palabra entendían los antiguos no la razón ni el discurso (que en el hombre de acción puede darse muy vigente) sino la intuición de los principios, y por ende la síntesis sistemática de la doctrina. Es el SABER COMPLETO de las causas ÚLTIMAS.

También la causa del fracaso de Rosas puede hallarse por el lado de la falta de verdadera contemplación en el país. El clero, a quien principalmente ella atañe, es quien falló más que nadie. Sin admitir de ningún modo lo que dice J. Mambrú: “Todos los curas de Buenos Aires son incultos” (él usó otra palabra no imprimible) —pues nos consta que algunos leen JAUJA, además de ESQUIU—, la verdad es que la formación intelectual del clero es deficiente; y no orientada a la contemplación. Lo dije hace 30 años a quienes correspondía, y lo repetí incansablemente; pero el mal fue creciendo, si cabe. Estos son hechos.

Para no meternos en honduras, volvamos a Pereda: en su obra última, “Peñas Arriba, Pereda intentó definir el remedio: hombres ilustrados e íntegros que tomen prácticamente el mando de toda la comunidad grande o chica (él no veía más allá de las chicas) al margen de los “pseudos” (o sea autoridades legales oficiales e ilegítimas) que cultificasen y orientasen los pueblos (o sea la creación de una nobleza parafeudal); los cuales “próceres de hecho” se reunirían todos instintivamente en el caso de una conmoción. Como de hecho sucedió.

Sin embargo, se le escapa todavía a Pereda el último principio unitivo, que es la contemplación. Bien es verdad que él fue suplido en la explosión bélica de 1935 por la ardiente fe religiosa del pueblo español.

Dios nos dé algo parecido.

Pereda es un genio: cosa necesaria de decir aquí, donde se amengua (maliciosamente o no) su talla de gigante. Me bastaría para verlo el que sus predicciones (inconscientes) se cumplieron. Comparar las predicciones (conscientes) de Pérez Galdós (en Fortunata y Jacinta, p. ej.) que marraron en forma risible.

Pereda es un genio; y Pérez Galdós es un talento.

Sobre esto debo escribir algún día.