P. CERIANI: SERMÓN DEL QUINTO DOMINGO DE PASCUA

QUINTO DOMINGO DE PASCUA

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: En verdad, en verdad os digo, lo que pidiereis al Padre, Él os lo dará en mi nombre. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre. Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. Os he dicho estas cosas en parábolas; viene la hora en que no os hablaré más en parábolas, sino que abiertamente os daré noticia del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre, y no digo que Yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre os ama Él mismo, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que Yo salí de Dios. Salí del Padre, y vine al mundo; otra vez dejo el mundo, y retorno al Padre. Le dijeron los discípulos: He aquí que ahora nos hablas claramente y sin parábolas. Ahora sabemos que conoces todo, y no necesitas que nadie te interrogue. Por esto creemos que has venido de Dios.

El Evangelio de este quinto Domingo de Pascua puede considerarse como la conclusión del hermoso y profundo Sermón después de la Última Cena e Institución de la Sagrada Eucaristía.

Durante el discurso, Jesús habló a sus discípulos velando su pensamiento con alegorías e imágenes: la viña, el “un poco y ya no me veréis”, la mujer que da a luz…

Estas parábolas no eran fácilmente comprensibles para los Apóstoles; pero se acercaba ya el tiempo en que, dejando toda metáfora, les hablaría con claridad acerca de las cosas del Padre.

Este tiempo fue el que siguió a su Resurrección, cuando por espacio de 40 días les habló sobre las cosas del Reino de Dios, y también todo el trascurso posterior a la venida del Espíritu Santo.

Este anuncio o promesa del Maestro es de capital importancia para la interpretación del Evangelio.

Los Evangelistas, al reproducir con asombrosa fidelidad las palabras del Maestro, nos han transmitido su enseñanza anterior a su muerte, calificada por Él de enseñanza en parábolas.

La explicación de estas parábolas la dio el Maestro a los Apóstoles después de la Resurrección; se trata de la declaración conservada en los escritos apostólicos y en la tradición oral apostólica.

De ahí la gran regla hermenéutica de la interpretación cristiana de los Evangelios: que deben entenderse a la luz de la tradición oral y escrita de los Apóstoles.

De los muchos puntos que abarcaron las instrucciones de los cuarenta días, sólo uno especifica aquí el Maestro: os daré noticia del Padre.

Si para San Pablo el objeto predominante, y en cierta manera único y exclusivo del mensaje evangélico, es Jesucristo, para el mismo Jesús es el Padre: sus designios amorosos de misericordia, sus iniciativas en la obra de la reparación humana, el entregar su Hijo unigénito al mundo para que no pereciese… El Hijo amoroso, se desvivía por la glorificación de su Padre.

Los Apóstoles, no sólo conocerán mejor al Padre por el lenguaje abierto de Jesús, sino que podrán contar con el amor del Padre hacia ellos; amor que se manifestará especialmente en la generosidad con la cual les concederá todo lo que pidan; porque más que nunca conocerán el carácter y la fuerza del Mediador, Nuestro Señor.

Tal será la eficacia de la oración de los Apóstoles, que no habrá necesidad absoluta de que Jesús una su oración a la de ellos; no que no sea necesaria la mediación de Jesús, sin la cual ninguno puede llegarse al Padre, sino que será bastante y suficiente que ellos rueguen al Padre en Nombre suyo, y el Padre les oirá.

Será esto efecto del amor con que el Padre corresponderá al amor que ellos tuvieron a su divino Hijo y a la fe en sus enseñanzas.

Puesto que el Padre, Él mismo, os ama, y, por lo mismo, os es propicio y se siente inclinado a despachar favorablemente todas vuestras peticiones.

Es inefablemente delicada esta declaración de Jesús, de que no solamente Él ama a sus discípulos, sino también los ama el Padre celestial. Al contemplar el Padre en los hombres la representación, la imagen, la presencia, la obra del Hijo, no puede menos de amarlos entrañablemente.

En este amor de Dios estriba la esperanza de qué serán escuchadas nuestras oraciones. No es ya simplemente la omnipotencia, la sabiduría o la fidelidad de Dios la que motiva y sostiene nuestra esperanza, sino su amor paternal. Semejante esperanza es la sublimación o superación de la virtud teologal de la esperanza.

+++

El Padre os ama porque habéis creído que yo salí de Dios.

¿Por qué no dijo más claramente y habéis creído en mí?

Porque quiso explicar, a la vez, en qué consistía creer de veras en Él: esto es, creer que Jesucristo ha salido de Dios. Es decir, creer que es verdadero y natural Hijo suyo, y que descendió del Cielo a la tierra para la salvación de los hombres.

El objeto característico de la fe que aquí se destaca es que Jesús salió de Dios.

Esta expresión puede entenderse, ya sea de la generación eterna del Hijo de Dios, ya sea de la misión temporal del mismo como Mesías, por medio de la Encarnación.

De todos modos, la misión temporal presupone la generación eterna.

Recuérdese que el objeto del Evangelio de San Juan es que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios… Y el mismo Maestro, al proferir estas palabras, no podía olvidar la magnífica confesión de Simón Pedro: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.

El origen divino y la divina misión de Jesucristo, Hijo de Dios enviado al mundo como Mesías, tal es el objeto característico y preponderante de la fe apostólica y cristiana.

San Hilario lo explica de este modo: «Esto lo dice de su nacimiento y de su venida, y así añade: «Salí del Padre y vine al mundo». Lo uno se refiere a su naturaleza divina, y lo otro a su encarnación. Porque el salir del Padre y venir del Padre no significa lo mismo; pues una cosa es salir de Dios en la substancia de su origen, y otra venir del Padre al mundo para consumar los misterios de nuestra redención. Y como el salir de Dios es poseer la sustancia de su nacimiento, ¿qué otro puede ser, sino Dios?”

+++

La expresión salí de Dios da lugar a la magnífica declaración o ampliación del versículo siguiente, síntesis luminosa de la vida divina y humana del Hijo de Dios hecho hombre: Salí del Padre y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.

Como antes dijo habéis creído que salí de Dios, compendio de las verdades de la fe, ahora declara y confirma que los Apóstoles habían creído con razón y sin temeridad, pues verdaderamente había salido Cristo de Dios y venido a este mundo. Por lo cual dejaba ahora al mundo y volvía a Dios.

A Nicodemo había afirmado el Salvador que nadie sube al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el Cielo.

Esta frase consta de dos extremos, que indican dos caminos en sentido inverso: un descenso y un ascenso. Desciende del Padre al mundo, asciende del mundo al Padre.

Con estas palabras Jesús reúne de un modo rápido, solemne y profundo todo su ser y existir, como Dios y como Hombre.

Salí del Padre, porque de Él procedo por generación eterna y porque de su seno fui enviado a la tierra, sin abandonar este seno paterno.

Vine al mundo, tomando carne de una Virgen, y apareciendo con esta carne como hombre mortal entre los hombres…

In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum. Hoc erat in principio apud Deum … Et Verbum caro factum est, et habitavit in nobis; et vidimus gloriam ejus, gloriam quasi unigeniti a Patre plenum gratiӕ et veritatis

Otra vez dejo el mundo, porque muero en cuanto al cuerpo que tomé; y, después de resucitado, voy al Padre, sentándome a su diestra como hombre, aunque sin dejar de estar presente entre los hombres como Dios y también, delicadamente, en la Sagrada Eucaristía

Primero dijo salí de Dios; ahora no repite lo mismo, sino salí del Padre y voy al Padre, para enseñarnos que Aquel de quien dijo que había salido es verdadero Dios y verdadero Padre suyo.

San Agustín resume de manera hermosa y magistral: Hemos creído absolutamente, pues a nadie debe parecer increíble que de tal manera vino al mundo saliendo del Padre sin abandonarle, y asimismo vuelva al Padre dejando el mundo sin dejarlo. Pues salió del Padre porque del Padre es; y vino al mundo, porque al mundo enseñó su cuerpo, tomado de la Virgen. Dejó el mundo con ausencia corporal, pero no dejó al mundo sin el gobierno de su presencia.

Como vimos el Jueves Santo, cuando el Hijo de Dios salió del seno de su Padre para hacerse hombre y habitar entre los hombres, realizó una maravilla digna de su divina sabiduría, saliendo de su gloria sin abandonarla… De semejante manera, llegado el momento de volver a su Padre, realiza otro milagro de su amor, y abandona la sociedad de los hombres sin dejar de residir entre ellos… Lejos de abandonarlos, instituye en su favor un Sacramento en el que se hace presente hasta el fin de los tiempos.

+++

Retomemos pausadamente…

Salí del Padre, significa tanto la procesión o generación eterna, como la misión temporal.

En cuanto significa la generación eterna, se dice de la Segunda Persona divina, subsistente en la divina naturaleza; en cuanto significa la misión temporal (en su fase inicial o punto de partida), se dice de la Segunda Persona divina en cuanto connota la naturaleza humana que va a asumir y unir consigo hipostáticamente.

He venido al mundo, significa la misión temporal pasivamente considerada en su fase terminal; y se dice de la misma Segunda Persona divina en su naturaleza humana asumida, que, por razón de la encarnación, comienza a estar en el mundo de un modo nuevo y visible.

Otra vez dejo el mundo, se dice de la Segunda Persona divina en su naturaleza humana, y significa la muerte, resurrección y ascensión, por razón de las cuales, bajo diferentes aspectos, deja de estar visiblemente en el mundo.

Me voy al Padre se dice, asimismo, de la Segunda Persona divina en la naturaleza humana, y significa su glorificación, que será la recuperación del esplendor externo de su gloria divina, y la extensión de esta gloria a la naturaleza humana; es decir, que comenzará a estar, como hombre, en la gloria del Padre, como estuvo eternamente, en cuanto Dios.

Toda la vida y todos los misterios de Jesucristo se encierran en estos dos viajes del Hijo de Dios: el de su salida del Padre, para venir al mundo, y el de su salida del mundo, para volver al Padre.

Eternamente presente ante el Padre (In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum. Hoc erat in principio apud Deum), el Hijo divino, para cumplir con el designio de la misericordia de Dios, hizo su viaje a la tierra, presentándose ante los hombres con el ropaje de su carne mortal (Et Verbum caro factum est, et habitavit in nobis; et vidimus gloriam ejus, gloriam quasi unigeniti a Patre plenum gratiae et veritatis).

Con los hombres vivió y por los hombres murió. Su vida se consumó en un solo anhelo, de llevar consigo a los hombres a Dios; dejó la semilla y se volvió al Padre.

Toda la eficacia del viaje de Jesús está en que los hombres suban al Padre con Él, en este viaje de retorno.

Bajó para levantar a muchos, dice San Agustín; se hizo hombre para que el hombre llegase hasta Dios.

No frustremos el penosísimo viaje de Nuestro Señor Jesucristo, que ha venido a la tierra a buscarnos; seamos dóciles y dejémonos llevar de su mano divina hacia Dios.

+++

Quien desee ahondar más todavía en la contemplación de tan divinos misterios, confronte las palabras del Maestro con el conocido pasaje cristológico de la Epístola a los Filipenses (2, 5-11), que hemos meditado durante el tiempo de Pasión, y es tal vez su comentario más cumplido, el más sublime y autorizado; en el cual describe el Apóstol el descenso y el ascenso de Cristo, señalando en cada una de ellos la doble fase, inicial y terminal.

Dice así:

Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se anonadó a sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre.

Aunque sin tanta precisión de contornos, las expresiones de San Pablo corresponden sustancialmente a los cuatro incisos de la frase que consideramos. La correspondencia de ambos pasajes podría expresarse de esta manera:

Salí del Padre = Cristo, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se anonadó a sí mismo.

He venido al mundo = Tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo.

Dejo el mundo = Obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó.

Me voy al Padre = Y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre.

+++

Los Apóstoles han entendido claramente lo que acaba de decirles Jesús sobre la oración y el amor del Padre, y creen, quizás, que ha llegado la hora de que les hable sin metáforas; y por eso le dicen he aquí que ahora hablas claramente [de tu salida del mundo], y no dices ningún proverbio, no ocultas con imágenes tu pensamiento.

Y añaden, ahora conocemos que sabes todas las cosas y que no es menester que nadie te pregunte; y porque penetras lo oculto del corazón y del pensamiento de los hombres, en esto creemos que has venido de Dios…, que eres Dios…

Porque les adivinó su pensamiento, creyeron los Apóstoles que Jesús sabía todas las cosas… ¡Cuánto más ha hecho Jesús para con el mundo!, y el mundo no cree en Él o tiene en Él una fe confusa o muy débil.

Porque Jesús ha sido el gran Doctor, que ha enseñado a la humanidad más que todos los sabios; ha sido el Profeta Magno, que ha abierto a las inteligencias de los hombres los horizontes del tiempo y de la eternidad.

Él es quien, por el Espíritu Santo y poniendo a contribución la inteligencia de los grandes hombres de la iglesia, ha logrado este cuerpo doctrinal que llamamos la teología católica; monumento máximo de la verdad divina, que ilumina todas las cosas humanas.

Él esclarece las conciencias de los suyos con estas claridades características de la gracia, que guían a los hombres en su ruta a Dios.

En verdad, Jesús lo sabe todo; en verdad, los hombres han sido mezquinos en no rendir pleitesía a la divina ciencia de Jesús…

No seamos de estos innobles …

Digámosle: creemos que saliste del Padre, y viniste al mundo; creemos que has dejado el mundo, y retornaste al Padre … Creemos que has venido de Dios…

Y seamos coherentes con lo que decimos…

Digámosle como San Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú solo tienes palabras de vida eterna; y hemos conocido y creemos que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios…