DECIMOSEXTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Y aconteció que entrando Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos a comer pan, ellos le estaban acechando. Y he aquí un hombre hidrópico estaba delante de Él. Y Jesús dirigiendo su palabra a los doctores de la ley y a los fariseos les dijo: ¿Es lícito curar en sábado? Mas ellos callaron. Él entonces le tomó, le sanó y le despidió. Y les respondió y dijo: ¿Quién hay de vosotros, viendo su asno o su buey caído en un pozo, no le saca al instante en día de sábado? Y no le podían replicar a estas cosas. Y observando también cómo los convidados escogían los primeros asientos en la mesa, les propuso una parábola, y dijo: Cuando fueres convidado a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que haya allí otro convidado más honrado que tú, y que venga aquel que te convidó a ti y a él y te diga: Da el lugar a éste; y que entonces tengas que tomar el último lugar con vergüenza; mas cuando fueres llamado, ve y siéntate en el último puesto. Para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces serás honrado delante de los que estuvieren contigo a la mesa. Porque todo aquél que se ensalza humillado será: y el que se humilla será ensalzado.
El Evangelio de este Decimosexto Domingo de Pentecostés nos expone que Jesús entró un sábado en casa de uno de los principales fariseos…, y que ellos le estaban acechando… Y Jesús les preguntó: ¿Es lícito curar en sábado?…
He aquí, en tres pinceladas, planteada la constante disputa de los fariseos contra Nuestro Señor acerca del precepto de guardar el Sábado y cumplir los otros mandatos de la Ley.
Siete veces aparece en los Evangelios la acusación que hicieran a Jesús de no respetar el día de reposo… Y Jesucristo les respondió que el Sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el Sábado, y que el Hijo del hombre es Señor del Sábado.
Nos encontramos ante el persistente planteo del fariseísmo… Es muy importante, pues, hacer referencia en nuestros días al tema del fariseísmo, siguiendo para ello las explicaciones del Padre Leonardo Castellani, tomadas de muchas de sus obras.
+++
Ante todo, más que una definición, nos hace una descripción de este flagelo:
El fariseísmo es el gusano de la religión; y, después de la caída del primer hombre, es un gusano ineludible, pues no hay en esta vida mortal fruta sin su gusano, ni institución sin su corrupción específica.
El fariseísmo es la soberbia religiosa; es la corrupción más sutil y peligrosa de la verdad más grande, es decir, la verdad de que los valores religiosos son los primeros. Pero, en el momento en que nos los adjudicamos, los perdemos; en el momento en que hacemos nuestro lo que es de Dios, eso deviene propiedad del diablo.
El fariseísmo es un compendio de todos los vicios (avaricia, ambición, vanagloria, orgullo, obcecación, dureza de corazón, crueldad), que ha llegado a vaciar por dentro diabólicamente las tres virtudes teologales, constituyendo así el pecado contra el Espíritu Santo. Por eso Nuestro Señor les dijo: “Vosotros sois hijos del diablo y el diablo es vuestro padre”.
La ambición es una de las partes más finas del fariseísmo. Pero su flor es la crueldad: crueldad solapada, cautelosa, lenta, prudente y subterránea.
El fariseísmo es esencialmente homicida y deicida, es decir, da muerte a un hombre por lo que hay en él de Dios…; odio deicida al prójimo; odio a lo santo, a lo virtuoso.
+++
Llegamos al punto en que el Padre Castellani explica el proceso que dio a luz al fariseísmo judaico y que, puesto en marcha, produce los mismos efectos: El engreimiento religioso trajo el mesianismo político.
Los fariseos necesitaban ser vengados de sus quemantes humillaciones, de sus derrotas. La religión era humillada en ellos y el Mesías debía vindicar la religión.
Y si el Mesías había de ser político, naturalmente había que preparar su venida haciendo política.
Cuando la política entra dentro de la religión, se produce una corrupción extraña.
En esas condiciones el poder se vuelve temible, porque puede obligar en conciencia.
La corrupción llega al máximo cuando lo religioso se ha reducido a un instrumento y pretexto de lo político.
La crueldad, cuya condición y primer grado es la dureza de corazón, es infalible consecuencia de la soberbia religiosa.
Si un superior premia la virtud y castiga el vicio, es un hombre religioso.
Si no premia nada ni castiga nada, es un nulo.
Si castiga la virtud y premia el vicio, es un fariseo; si persigue la santidad, es un fariseo; si odia la verdad, es un fariseo… Y no tiene remedio…
+++
El rechazo nacional del pueblo judío del Mesías es motivado porque ellos no oyeron a los profetas y los mataron.
El destino del pueblo judío es una cosa actual. Es una de las tragedias más grandes de la historia; Cristo mismo lo dijo, comparándolo con el Diluvio y con la situación de los últimos tiempos, o sea con la Gran Apostasía.
La tragedia del pueblo hebreo es, en suma, la siguiente: he aquí un pueblo que durante 2000 años giró en torno de la esperanza del Mesías; y cuando viene el Mesías, lo desconoce, lo rechaza y lo mata.
Toda la razón de ser de ese pueblo elegido está en la esperanza religiosa del Gran Rey Salvador. Y con toda esa esperanza, que inspiraba toda la vida del pueblo hebreo, cayó en el error de matar al Mesías: una especie de suicidio.
La causa de ese error horrible es una corrupción horrible, una corrupción de la religión, el fariseísmo.
Esta situación del pueblo hebreo debe movernos a una gran compasión; pero, de ninguna manera, no debe movernos a la judaización del cristianismo; lo cual vemos hoy día.
Un cristiano que se judaíza deja de ser cristiano sin llegar a ser judío; es, simplemente, una corrupción, una apostasía.
+++
¡Atención!
El fariseo es el hombre religioso que se engaña con la verdad, que es la peor manera de engañarse.
Un fariseo, que no tiene conciencia de pecado sino de santidad, no puede arrepentirse, y es peor.
De modo que engaña a los demás comenzando por engañarse a sí mismo; una hipocresía mucho más profunda y peligrosa que la otra.
Es una actitud radicalmente irreligiosa, e incluso antirreligiosa, que aparece como religiosa.
Lo encontramos en dos formas: teórico y práctico.
El fariseísmo teórico se continuó con la religión judía, la cual actualmente se funda mucho más en el Talmud que en la Escritura.
El fariseísmo práctico existe en la Iglesia. El poner el acento en lo exterior de la religión, ahogando poco a poco lo interior, es el primer paso.
+++
Luego de señalar el fondo del morbo farisaico y sus dos formas, el Padre Castellani detalla los diversos grados del fariseísmo:
El fariseísmo tiene siete grados:
1°) la religión se vuelve exterior y ostentadora.
2°) la religión se vuelve rutina, oficio y profesión, medio de ganar la vida.
3°) la religión se vuelve negocio, instrumento de ganancia de honores, de poder o de dinero.
4°) la religión se vuelve pasivamente dura, insensible, desencarnada; se vuelve poder o influencia, medio de dominar al prójimo.
Hasta aquí el fariseísmo se muestra corruptor de la fe y de la piedad, convertidas en carrera, artimaña, política, negocio.
Pero la soberbia religiosa va más allá del uso de la religión para instalarse en el mundo y quedarse con los bienes de la tierra.
Es como la esclerotización de lo religioso, un endurecimiento o decaimiento progresivo. Y después una falsificación, hipocresía, dureza hasta la crueldad…
Los otros grados son ya diabólicos. El corazón del fariseo primero se vuelve corcho, después piedra, después se vacía por dentro, después lo ocupa el demonio. Entonces, el fariseísmo se muestra claramente como el pecado contra el Espíritu Santo pues lleva a cabo los siguientes pasos:
5°) aversión a los que son auténticamente religiosos. La religión se vuelve hipocresía: el “santo” hipócrita empieza a despreciar y aborrecer a los que tienen religión verdadera, a los que son auténticamente religiosos.
6°) persecución de los verdaderamente religiosos. El corazón de piedra se vuelve cruel, activamente duro.
7°) sacrilegio y homicidio. El falso creyente persigue de muerte a los verdaderos creyentes, con saña ciega, con fanatismo implacable… y no se calma ni siquiera ante la cruz ni después de la cruz.
El fariseo es esencialmente homicida, aunque tenga las manos enteramente limpias de sangre.
Y éste es el grado supremo del fariseísmo, los sacrificios humanos; no a Dios, que no los quiere, sino a un Diablo disfrazado y llamado con distintos nombres.
“Llegará un tiempo en que os matarán, creyendo hacer servicio a Dios.”
Esta es una de las señales que dio Cristo de la Parusía; y en efecto, eso hizo Caifás exactamente con Él.
Dar muerte a un hombre por religión… Y la religión, dando la muerte a un hombre, no por sus vicios, sino por sus virtudes, es la señal siniestra.
+++
El fariseísmo abarca, pues, desde la simple exterioridad hasta la crueldad, pasando por todos los escalones del fanatismo y de la hipocresía.
La religión suprimiendo la misericordia y la justicia; ¿puede darse algo más monstruoso?
Finalmente, el Padre Castellani desarrolla la tragedia farisaica hasta las últimas consecuencias:
Es el drama de Cristo y de su Iglesia. Si en el curso de los siglos una masa enorme de dolores y de sangre no hubiese sido rendida por otros cristos en la resistencia al fariseo, la Iglesia hoy no subsistiría.
Y al final será peor. En los últimos tiempos, el fariseísmo triunfante exigirá para su remedio la conflagración total del universo y el descenso en Persona del Hijo del Hombre, después de haber devorado insaciablemente innúmeras vidas de hombres.
La última corrupción de la Iglesia, es decir, el fariseísmo generalizado y entronizado, traerá consigo lo que San Pablo llama la Gran Apostasía y la Gran Tribulación.
San Pablo cuando habla del Anticristo, da como señal el sacrilegio religioso, y no otra cosa: “Se sentará en el Templo de Dios haciéndose dios”, es decir, se apoderará en forma aún más nefanda de la religión para sus fines, como habían hecho los fariseos.
Conforme a la predicho por Jesucristo y San Pablo, en los últimos tiempos habrá una gran apostasía y que no habrá ya casi fe en la tierra… Sólo el fariseísmo es capaz de producir ese fenómeno.
Solo el fariseísmo puede devastar la religión por dentro; sin lo cual ninguna persecución externa le haría mella. Si la Iglesia está pura y limpia, es hermosa y atrae, no repele. Solamente cuando la Iglesia tenga la apariencia de un sepulcro blanqueado, y los que manden en ella tengan la apariencia de víboras, y lo sean, el mundo entero se asqueará de Ella y serán poquísimos los que puedan mantener, no obstante, su fe firme, un puñado heroico de escogidos que, si no se abreviara el tiempo, ni ellos resistirían.
+++
Lo grave y lo actual del asunto es que, así como los judíos erraron respecto a la Primera Venida, los cristianos pueden errar respecto a la Segunda Venida…
Y está predicho que van a errar, porque antes de la Parusía vendrá primero la Gran Apostasía, profetizada por San Pablo.
Ya lo vemos, porque la Nueva Teología:
1°) No recuerda nunca la Gran Apostasía
2°) No tiene en cuenta la Segunda Venida
3°) Tiene como un dogma inconcuso que la Iglesia y el Mundo tienen que ir adelante, ir adelante, ir adelante siempre, lo menos durante millones de años…
Y esto no es solamente un error en la fe, sino un disparate ante la razón.
Antes del fin del mundo vendrá una gran apostasía. Una apostasía general no es posible si la Iglesia estuviera vigente, llena de pureza, de justicia, de caridad y de luz.
Siempre ha existido contaminación, y existirá hasta el tiempo de la siega. Y hacia el tiempo de la siega es cuando la cizaña se parece más al trigo.
La condición del mundo cuando vuelva Cristo será análoga a la que tenía cuando lo dejó. De modo que entrará a reinar el fariseísmo en la Iglesia, como antaño en la Sinagoga.
El fariseísmo no se acabó ni se acabará. Lo que puede producir la Magna Tribulación, la peor prueba, es el Magno Pecado, que efectivamente infirió la muerte al que es la Resurrección y la Vida.
El fariseísmo, siendo la corrupción especifica de la religión, ha existido y existirá siempre; y de vez en cuando demanda víctimas humanas, que Dios le concede, no se sabe por qué.
En el principio de la Iglesia, el fariseísmo había plagado de tal manera la Sinagoga, que Jesucristo se dio como misión principal de su vida el combatirlo, y fue su víctima.
Al fin de la Iglesia, el fariseísmo se volveré de nuevo tan espeso, que demandará para su remedio la segunda Venida de Cristo.
La única solución teórica a la presencia del fariseísmo en la Iglesia está en la parábola del trigo y la cizaña y en el dogma de la Parusía.
Llegará un tiempo en que el trigo y la cizaña, mezclados siempre durante el curso de las edades, llegarán a la lucha suprema, la que no conoce piedad; y la cizaña crecida oprimirá al trigo de Dios de un modo insoportable, rodeándolo por todas partes como sin esperanza y sin respiro; tiempo en que la persecución, prometida a todo creyente, se hará interna a más de externa; y en que gemirá su carne a punto de aniquilarse.
Para ese tiempo se escribieron las últimas y más terribles profecías…; pero también las más consoladoras…
Que Nuestra Señora del Apocalipsis nos conceda la gracia de la perseverancia final.

