P. CERIANI: SERMÓN DEL CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

En aquel tiempo, las turbas irrumpieron sobre Jesús para oír la palabra de Dios. Y Él estaba junto al lago de Genesaret. Y vio dos naves, que estaban cerca del lago, y los pescadores habían bajado, y lavaban las redes. Y, subiendo a una de las naves, que era de Simón, rogó a éste que la apartara un poco de tierra. Y, sentándose, enseñó desde la nave a las turbas. Y, cuando cesó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro, y lanzad vuestras redes para pescar. Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, hemos estado trabajando toda la noche, y no hemos pescado nada: pero, confiado en tu palabra, lanzaré la red. Y habiendo hecho esto pescaron una gran cantidad de peces: y se rompía la red. E hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra nave, para que vinieran, y les ayudaran. Y vinieron, y llenaron las dos naves de tal modo, que casi se sumergían. Viendo lo cual Simón Pedro, se arrojó a las rodillas de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador. Porque el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él en la pesca de los peces que habían capturado: y también de Santiago y de Juan, hijos del Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y dijo Jesús a Simón: No temas: desde hoy serás ya pescador de hombres. Y, llegadas a tierra las naves, dejándolo todo, le siguieron a Él.

La Epístola de este Cuarto Domingo de Pentecostés, tomada de la Carta de San Pablo a los Romanos, presenta los sufrimientos del tiempo presente y la expectación de la criatura que espera la manifestación de los hijos de Dios.

La expresión la creación gime, explica cómo el pecado original desordenó la naturaleza, y cómo el mundo actual (marcado por la apostasía) sufre las consecuencias de haberse alejado de Dios.

La solución no es el ecologismo naturalista, sino la restauración de todas las cosas en Cristo y por Cristo.

Profundizar en la expresión la creación gime explica el estado actual del universo y nos introduce en uno de los puntos más profundos de la escatología.

En cuanto al Origen del Gemido, tenemos la solidaridad de la naturaleza con el Hombre.

Dios creó el universo físico sometido al hombre; el orden natural era un espejo de la armonía original, que reinaba en el alma del hombre.

Cuando Adán pecó, no solo se dañó a sí mismo, sino que arrastró consigo a toda la creación material. Dios le dijo: «maldita sea la tierra por tu causa; con fatiga sacarás de ella el alimento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.»

La creación material (los animales, las plantas, los elementos) quedó sujeta a las leyes del desorden y la violencia de la que originalmente estaba exenta en el Edén.

La naturaleza gime porque fue «esclavizada» por culpa de un pecado que ella no cometió.

Esto nos lleva a considerar el “sufrimiento moral» de la creación cuando el hombre la utiliza para ofender a Dios.

Las cosas materiales fueron creadas para ser peldaños que eleven al hombre hacia el Creador.

Cuando el hombre utiliza sus facultades y los bienes naturales para promover el pecado, la apostasía o la destrucción de la ley natural, la creación sufre violencia, y gime al verse obligada a servir al pecado en lugar de servir a la gloria de Dios.

San Pablo aclara que la creación gime y sufre dolores de parto.

El gemido de la naturaleza no es un grito de desesperación o de agonía final, sino el dolor de un alumbramiento.

La naturaleza irracional espera ansiosamente que los hombres alcancen la santidad y la salvación.

¿Por qué? Porque el día en que se manifieste la gloria de los elegidos (en la resurrección final), la creación material también será liberada de su esclavitud y luego renovada.

El sufrimiento actual del mundo físico tiene una fecha de caducidad. El desorden que vemos hoy (catástrofes, enfermedades) es el preludio doloroso de la restauración final que Cristo obrará al fin de los tiempos.

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Fieles a nuestra línea de resistencia y de combate doctrinal, debemos contrastar la verdadera teología de la Carta a los Romanos contra las corrientes modernistas contemporáneas, como Laudato si o la bendición ridícula de un cubo de hielo… y otras paparruchadas…

Según la visión Teológica Tradicional, el gemido de la naturaleza es consecuencia del Pecado Original y de la pérdida de la Gracia.

Según la visión naturalista y modernista el gemido es consecuencia de la crisis climática y la mala gestión ecológica.

Según la visión Teológica Tradicional, la solución es la conversión espiritual y el retorno a la fe verdadera.

Según la visión naturalista y modernista, la solución pasa por cumbres climáticas, políticas verdes y el cambio de hábitos de consumo.

Según la visión Teológica Tradicional, la creación será restaurada por un acto divino al final de los tiempos.

Según la visión naturalista y modernista, la creación debe ser “salvada” mediante el esfuerzo puramente humano e inmanente.

Lamentarse y llorar por la contaminación de la tierra, del aire y del agua, mientras se calla ante la contaminación de las almas por el pecado y la pérdida de la fe es una inversión total de las prioridades católicas.

La tierra sufre porque el hombre ya no dobla las rodillas ante su Creador; por lo tanto, sanar la relación del hombre con Dios a través de la Fe verdadera es la única manera real de aliviar, espiritualmente, el gemido de la creación.

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Este Combate Espiritual se relaciona con el Boga mar adentro (Duc in altum)… del Evangelio.

El mandato de Jesús a Pedro a ir a las aguas profundas es una exigencia de la espiritualidad católica; es un llamado contra la tibieza. No basta con quedarse en la orilla (una fe superficial o de costumbres). Se exige una vida de gracia profunda, contemplación, oración mental y combate contra el pecado.

Esta noche de trabajo infecundo no es simplemente un dato cronológico del relato evangélico, sino una profunda alegoría de la situación histórica, teológica y espiritual que vive el católico en la actualidad.

Esta Noche simboliza la apostasía generalizada actual. La noche espiritual del mundo actual es la pérdida de la luz de la fe.

No se trata de una crisis económica o política ordinaria, sino de una oscuridad espiritual.

Es el eclipse de la Verdad; oscuridad de una sociedad que ha legislado contra la ley natural (relativismo moral, divorcio, destrucción de la familia, aborto, eutanasia), y que ha expulsado a Dios de la vida pública.

La oscuridad ha penetrado incluso en las estructuras visibles de la Iglesia a través del modernismo. Es el eclipse de la Iglesia, del cual ya hemos hablado hace cuatro domingos.

Cuando los pastores ya no enseñan el dogma católico con claridad o cuando la liturgia se seculariza, los fieles se encuentran caminando en una noche doctrinal, donde es difícil distinguir el error de la verdad.

La exclamación de San Pedro (Hemos estado trabajando toda la noche y nada hemos pescado) refleja el estado de alma de muchos católicos tradicionales…, se trata del cansancio y desaliento del pescador…

Esto se traduce por una sensación de esterilidad, el sentimiento de que, a pesar de los esfuerzos por educar a los hijos en la Fe y mantener los Sacramentos, el mundo que los rodea se vuelve cada vez más hostil y pagano, y los frutos parecen nulos.

Entonces aparecen los diablillos rojos del cansancio acumulado tras décadas de resistencia espiritual, el desaliento, la amargura o la inacción.

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¿Cómo se debe trabajar cuando no hay luz y no se ve el fruto?

Tres son las actitudes fundamentales extraídas del texto evangélico:

1ª) La obediencia ciega a la Tradición (In verbo tuo).

Cuando Pedro echa la red, no lo hace porque humanamente tenga lógica (los peces se pescan de noche, no de día, y ellos ya habían fracasado). Lo hace únicamente por fidelidad a la palabra de Cristo.

Esto significa que el católico de hoy debe aferrarse a lo que la Iglesia siempre ha enseñado y hecho (la Misa de siempre, el Catecismo de siempre…).

2ª) El valor del deber de estado

Trabajar en la noche significa cumplir con el deber diario (como padres, hijos, profesionales o sacerdotes) por puro amor a Dios, sin buscar el aplauso, el reconocimiento o el éxito estadístico. El valor de la acción no lo mide el éxito, sino el grado de gracia y fidelidad con que se realiza.

3ª) La Esperanza Teologal

La noche es el tiempo donde la fe se purifica. Quien trabaja de día, ve lo que hace y se apoya en su propia vista; quien trabaja de noche, sólo puede apoyarse en la confianza en Dios.

Las épocas de aparente abandono divino han sido y son, en realidad, los momentos donde Dios prepara los mayores milagros de la gracia.

Por otra parte, la noche no es eterna. El amanecer del relato evangélico trajo la presencia de Jesucristo en la orilla y luego las redes rompiéndose de tantos peces.

El deber del católico no es inventar una nueva luz ni cambiar las redes por unas modernas; su único deber es seguir pescando, en la oscuridad o de día, según la voluntad divina lo determine, sosteniendo la red de la Tradición.

Así como los apóstoles estaban cansados y frustrados, hoy muchos fieles sienten desaliento ante la demolición de la Doctrina y de la Liturgia.

El Evangelio del día actúa como un bálsamo de esperanza teologal: Dios permite la prueba para manifestar su poder.

La actitud de San Pedro nos enseña el reconocimiento de la propia miseria: Al ver el milagro, Pedro cae de rodillas y dice: Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.

Es una exhortación a no perder la esperanza en medio de la tempestad eclesial, a confiar ciegamente en la Tradición (echar las redes en su palabra), a aceptar los sufrimientos presentes con miras a la eternidad, y a mantener la fidelidad a la Iglesia de siempre frente a las corrientes del progresismo y del modernismo.

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Para cerrar toda la enseñanza, cabe destacar que la figura de la Santísima Virgen María, aunque no aparezca explícitamente, no es un elemento decorativo o meramente devocional, sino la clave de bóveda que sostiene al católico en medio de esa noche del mundo moderno.

La Mariología o Teología Mariana se relaciona con la pesca milagrosa y el gemido de la creación mediante tres títulos y funciones precisas de la Virgen Santísima:

1ª) María Santísima como la Estrella del Mar (Stella Maris) en la noche eclesial.

Si el mundo y la situación actual de la Iglesia se comparan con una noche cerrada y tormentosa en el mar de Genesaret, el cristiano necesita un punto de referencia para no naufragar.

La guía en la oscuridad es Nuestra Señora. San Bernardo de Claraval nos recuerda que, cuando las olas de la apostasía, la confusión doctrinal y el desaliento amenazan con hundir la barca de nuestra fe, María es la Estrella que indica el norte exacto, es decir, su Hijo, la Verdad inmutable.

2ª) La devoción del Santísimo Rosario, que intervendrá como la Red, que no se rompe.

El Santísimo Rosario es la red espiritual de la resistencia católica.

En un contexto donde los faros de la jerarquía eclesiástica se han apagado o, peor aún, confunden a los fieles al indicar un falso recorrido, mirar a la Virgen a través del rezo del Santo Rosario es la garantía de permanecer en la doctrina de siempre.

Conforme a las advertencias de la Virgen Santísima en Lourdes, La Salette y Fátima, Dios ha concedido el último remedio para el mundo: el Santo Rosario.

Parece un método sencillo e inútil para los sabios del mundo, pero es el único que contiene la promesa del fruto divino.

3ª) El Corazón Doloroso e Inmaculado de María y el Fin de los Dolores de Parto.

La conexión Nuestra Señora con la imagen de la creación que gime con dolores de parto, nos ofrece una instrucción profundamente esperanzadora ligada a la intervención mariana en los últimos tiempos.

El dolor, la persecución y la aparente esterilidad que sufren los fieles en la actualidad no son la última palabra. Así como los dolores de parto anuncian un nacimiento, la actual noche del mundo y de la Iglesia es el preludio del triunfo de Dios, por medio de su Madre Santísima.

En efecto, la victoria final de y por Cristo sobre la apostasía moderna pasará por la mediación de la Corredentora y Mediadora.

El sufrimiento actual es la etapa final del combate histórico entre el linaje de la Virgen y el linaje de la serpiente. Por lo tanto, trabajar en la noche bajo el amparo de María Santísima es trabajar con la certeza absoluta de la victoria, pues Ella misma profetizó Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará.

La consigna es clara y terminante: no se puede sobrevivir en la barca de Pedro durante la noche, ni se puede soportar el gemido de la creación, si no es embarcando en ella a la Virgen María, Estrella del Mar.

La fidelidad a la Tradición y la devoción filial a María Santísima son una misma y única actitud de la resistencia católica y una certeza y confianza del triunfo final.

Mientras tanto, hacemos nuestra la Oración Colecta de la Misa de hoy:

Te suplicamos, Señor, hagas que el mundo siga, por orden tuya, un curso pacífico para nosotros; y que tu Iglesia se alegre con tranquila devoción.