DOCTORA CAROL BYRNE: MISA DIALOGADA

Misa dialogada –  I

Un llamado a la participación silenciosa en la Liturgia

Fuente: https://traditioninaction.org/HotTopics/f073_Dialogue_1.htm

Algunos sacerdotes de movimientos tradicionalistas han comenzando a introducir «misas dialogadas» para sus feligreses. Para esclarecer lo inapropiado de esta mala costumbre de «participación activa de los fieles», resulta sumamente útil esta serie de artículos de la Doctora Carol Byrne, que Tradition in Action ha publicado desde febrero del Año del Señor 2014. Esperamos que nuestros lectores aprovechen los sólidos argumentos de este minucioso estudio.

Introducción

Por consenso general, la Jerarquía de la Iglesia posterior al Concilio Vaticano II sostiene que la “participación activa” de todos los fieles en la liturgia es “el objetivo que debe considerarse por encima de todo lo demás”;([1]) incluso, como se vio después, por encima del respeto a la Tradición, de la reverencia al Santísimo Sacramento, del sentido de lo trascendente y del decoro y la modestia en la casa de Dios.

¿Cómo llegaron los obispos a esta sorprendente conclusión? Presentando, falsamente, las reformas que han implementado como una continuación de la obra del Papa San Pío X, cuyo motu proprio, Tra le Sollecitudini (TLS), contenía por primera vez la palabra “activa” en su versión italiana (aunque no, significativamente, en su versión en latín) para describir la participación de los laicos en la Misa.

Orar en silencio durante la Misa, una tradición que se remonta a siglos atrás

Es pertinente preguntarse cómo una palabra así, peligrosamente imprecisa en su alcance, pudo haber llegado a formar parte de un código jurídico de música sacra, destinado a aplicar las instrucciones del Papa sobre la liturgia, con fuerza de ley y por su propia Autoridad Apostólica.

La «actividad» nunca había sido una característica definitoria de la participación de los laicos en la Misa a lo largo de la historia de la Iglesia. Por lo tanto, se necesita alguna explicación de por qué adquirió repentinamente una importancia abrumadora a principios del siglo XX, y cómo llegó a tener un efecto de gran alcance en el Movimiento Litúrgico.

La historia ha demostrado que la palabra «activa», por sí sola, creó una ola mexicana([2]) que se extendió por todo el siglo XX, cobrando impulso a medida que avanzaba, hasta que envolvió a toda la Iglesia con la bendición de la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Liturgia del Concilio Vaticano II (1963). Desde entonces, la «participación activa» ha cobrado vida propia y continúa reforzándose con un fervor sólo superado por la hostilidad de los reformadores hacia la Misa tradicional en latín.

Sabemos, gracias a uno de los Padres progresistas del Concilio Vaticano II —el cardenal Godfried Danneels de Bélgica, quien participó en la redacción de la Constitución sobre la Liturgia— que el objetivo de la «participación activa» era democratizar la liturgia difuminando la distinción entre los roles sacerdotal y laical:

«Desde sus inicios, el objetivo del movimiento litúrgico, originado en Bélgica en 1909, fue cerrar la brecha entre la liturgia oficial del sacerdote y la del pueblo. El término “participación activa” nació de este movimiento y desde entonces se ha incorporado a nuestro uso común».([3])

La participación activa equipara a los laicos con los sacerdotes

Su uso se ha vuelto tan común que casi nadie se escandaliza ante la sugerencia de que los laicos puedan ser «empoderados» para ejercer un papel oficial en la liturgia mediante su «participación activa». Este concepto fue promovido por el Concilio Vaticano II, pero la enseñanza tradicional de la Iglesia, como explicó el Papa Pío XII en Mediator Dei, es diferente.([4])

De esto aprendemos que el sacerdote, mediante el Sacramento del Orden, actúa en nombre de la Iglesia en un acto oficial de la liturgia. Los laicos, sin embargo, en virtud de su Bautismo, simplemente se asocian a la liturgia oficial mediante la participación interna (por la fe y la oración).

El resultado del nuevo énfasis en la «participación activa» fue que los fieles, que generalmente habían participado en las ceremonias del rito romano en silencio, se transformaron en rivales en una guerra litúrgica con el clero por el derecho a oficiar en la oración pública de la Iglesia.

Las intenciones de San Pío X

El tema central de Tra le Sollecitudini era la restauración de la música sacra, en particular el canto gregoriano, en la liturgia de la Iglesia. Su propósito era establecer los verdaderos principios de la música litúrgica, tanto vocal como instrumental, para su difusión por todo el mundo.

Es de suma importancia para nuestro estudio precisar que este motu proprio no se refería al canto congregacional en la liturgia, sino al clero y al coro como los únicos ejecutores legítimos del canto litúrgico. No imponía ninguna obligación a la congregación de participar en el canto ni exigía que los laicos (aparte de algunos miembros seleccionados para el coro) recibieran formación en canto litúrgico. Tampoco afirmaba ni implicaba que el silencio de la congregación indicara una ausencia o deficiencia en su plena participación en la liturgia.

Algunos puntos de cuidado

El motu proprio se publicó por primera vez en italiano el 22 de noviembre de 1903, en las Acta Sanctæ Sedis, órgano oficial de la Santa Sede por aquél entonces, pero la versión latina —originada en la misma fecha— no vio la luz hasta mucho después, tras numerosos documentos intermedios. Ambos textos pueden consultarse aquí.([5])

El objetivo del Papa San Pío X era reformar el canto gregoriano, no la participación activa

Esta amplia divergencia entre los textos supone una desviación del protocolo observado por los compiladores de las Acta Sanctæ Sedis, quienes normalmente publicaban los textos en lengua vernácula y en latín de forma consecutiva, para garantizar la transparencia y facilitar la consulta. Además, era inusual en la política de la Santa Sede publicar un documento legislativo de tal peso y solemnidad —que afectaba a todo el mundo católico— en lengua vernácula, y sólo bastante más adelante en la lengua universal de la Iglesia.

Otra anomalía notable reside en la forma en que está fechada la versión latina. En lugar del formato habitual de las Acta Sanctæ Sedis desde 1865, se escribió según el método de cálculo de los antiguos romanos como X Kalendas Decembris.([6]) De este modo, se da la impresión de que el texto latino se compuso mucho después del TLS, como si fuera una adición posterior y de relativa poca importancia. Sólo quienes conocen el antiguo sistema de datación se darían cuenta de que X Kalendas Decembris equivale, de hecho, al 22 de noviembre, la misma fecha que el TLS.([7])

Esto ha llevado a algunos a suponer que la versión italiana, simplemente porque apareció primero, es el texto papal oficial.([8]) TLS en su versión italiana, puede ser “oficial” en el sentido de haber sido publicado por funcionarios de la burocracia vaticana, pero el hecho sigue siendo que el latín es invariablemente la única versión autorizada y oficial de los documentos papales, incluso si sucede que este texto sólo está disponible a posteriori en la publicación.

Ojos que no ven, corazón que no siente

Por lo visto en el punto anterior, es lamentable que la versión latina haya sido ocultada de la vista inmediata, y relegada a una posición inconveniente. Para aumentar las dificultades para localizar el texto latino, los números de algunas páginas en Acta Sanctæ Sedis se numeraron erróneamente (ver el ejemplo en la nota 5), desorientando así al investigador.

¿Por qué tal ceguera en torno a la única versión del motu proprio (es decir, en latín) que transmite en términos indiscutibles la mente del Papa? La respuesta se aclarará cuando examinemos las importantes discrepancias entre los dos documentos.

¿Qué versión seguir: la italiana o la latina?

Dado que la Iglesia consideraba el uso del latín en la redacción de documentos como la máxima garantía de objetividad, esa lengua resulta de vital importancia para la transmisión fiel y fluida de la verdad. Las generaciones posteriores de católicos pueden reconocer en las palabras latinas el significado exacto que pretendían los Papas. De este modo, se evitaba el riesgo de confundir a los fieles mediante fórmulas imprecisas o por los cambios frecuentes de significado, propios de las lenguas vernáculas.

Como veremos, la tergiversación fue precisamente lo que ocurrió cuando la TLS cayó en manos de los reformadores litúrgicos. Un examen de este documento revelará que contiene varias palabras y frases clave para las que no existen equivalentes entre las traducciones vernáculas, y el texto original de la versión latina.

En otras palabras, se insertaron en la TLS ideas que favorecían los objetivos de quienes deseaban modificar la liturgia de maneras no previstas por el Papa San Pío X. Incluso se logró incluir la palabra «attiva » («activa») en el texto de la TLS para describir la participación de los laicos, un término completamente ausente en la versión latina.

Cabe destacar que los reformadores no pudieron haber malinterpretado las palabras del Papa en la versión latina, ya que ésta fue redactada con una precisión infalible, diseñada para transmitir el significado claro del Papa y evitar cualquier ambigüedad a los intervencionistas litúrgicos. Sin embargo, a pesar de su estatus oficial, la versión italiana, como todos los documentos en lengua vernácula, no podía ofrecer tales garantías. De hecho, cuanto más se traducía a otras lenguas vernáculas, mayor era la confusión y el error que se transmitían.

Continuará.


[1]  Sacrosanctum Concilium, Constitución sobre la Liturgia (1963), § 14.

[2]  Expresión que refiere al movimiento coordinado de la multitud en los estadios de fútbol desde el Campeonato mundial de 1986, celebrado en la nación norteamericana, que crea un efecto de onda visual.

[3]  Godfried Danneels, citado por Keith Pecklers S.J., Liturgia en un mundo posmoderno, Continuum International Publishing Group Ltd, 2006, página 7.

[4] «El sacerdocio visible y externo de Jesucristo no se transmite indiscriminadamente a todos los miembros de la Iglesia en general, sino que se confiere a hombres designados, mediante lo que puede llamarse la generación espiritual del Orden Sagrado» (§ 41), «Por lo tanto, él [el sacerdote] va al altar como ministro de Cristo, inferior a Cristo pero superior al pueblo» (§ 84). Cuando «habla del pueblo que ofrece con el sacerdote», la Iglesia se refiere únicamente a que el pueblo «une sus corazones en alabanza, imprecación, expiación y acción de gracias, con las oraciones y la intención del sacerdote, incluso del Sumo Sacerdote mismo» (§ 93).

[5]  Acta Sanctæ Sedis, volumen XXXVI, 1903-1904, página 331(erróneamente numerada como 531) para la versión italiana, donde se lee:

“… per attingere tale spirito dalla sua prima ed indispensabile fonte, che è la partecipazione attiva ai sacrosanti misteri e alla preghiera pubblica e solenne della Chiesa”; “… extraer este espíritu de su primera e indispensable fuente, que es la participación activa en los santísimos misterios y en la oración pública y solemne de la Iglesia”.

Página 388 para la versión latina, donde leemos:

“… ut hoc virtutis spiritu ex priore fonte fruantur, quæ est participatio divinorum mysteriorum atque Ecclesiæ communium et solemnium precum”; “… extraer este espíritu de su primera e indispensable fuente, que es la participación en los santísimos misterios y en la oración pública y solemne de la Iglesia.

[6]  Página 395.

[7] Los antiguos romanos calculaban sus fechas hacia atrás restando el número de días indicado en la fecha a un punto fijo de cada mes. Como las Calendas designaban el primer día de cada mes, si contamos hacia atrás 10 días (inclusive) desde el 1 de diciembre, llegamos al 22 de noviembre. Por lo tanto, X Kalendas Decembris = 22 de noviembre.

[8] Un motu proprio significa que el Papa actúa por iniciativa propia al crear nueva legislación, en lugar de simplemente ratificar un decreto emitido por un departamento de la Curia. La redacción de la TLS fue en gran parte obra del Padre Angelo de Santi, S.J., fundador del Instituto Pontificio de Música Sacra, quien había estado estrechamente vinculado a las reformas musicales del Papa cuando éste era obispo de Mantua y patriarca de Venecia. (Véase Robert Hayburn, Papal Legislation on Sacred Music: 95 AD to 1977 AD, Collegeville: Liturgical Press, 1979, página 220).