AL TERMINAR ESTA SANTA SEMANA

Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, al terminar esta Semana Santa, en la cual pude seguir paso a paso las últimas etapas de vuestra misión de amor, vengo a ampararme al pie de la Cruz, cerca de María Santísima, vuestra Madre y Madre mía, junto a vuestro Apóstol amado y a las Santas mujeres.

Os contemplo, mi Divino Crucificado, y leo vuestra caridad en cada una de vuestras Santas Llagas.

Los ojos fijos sobre aquella que me abre vuestro Sagrado Corazón Sacerdotal, me consagro a Vos, suplicándoos no rechacéis el don que Os hago de mi miseria.

No soy más que un pobre pecador, muchas veces tibio y débil; y, sin embargo, Vos habéis puesto en mí el ardiente deseo de amaros.

O suplico lo intensifiquéis, de modo tal que sepa vivir embriagado de la Cruz, que me unirá a Vos; y que el día de mi muerte, mi último suspiro pueda ser el grito definitivo de mi amor y la expresión de mi alegría sobrenatural, unida a vuestro triunfo sacerdotal.