ESTEBAN SÁNCHEZ MALAGÓN: ¿BOFETADA AL “PAPA VERDADERO”?

Misterios de iniquidad

UNA CUCHARADOTA DE SU PROPIA MEDICINA

¡Para impresionar! Con el documento bergogliano, “DESTRUCTORES DE LA TRADICIÓN”, han salido hasta por debajo de las piedras una cantidad impresionante de “tradicionalistas”, que más bien, como ya se ha dicho hasta el cansancio, son TRADIMODERNISTAS, incluida la NEO-F₪₪PX, que cabe bien en esa bolsa.

Las reflexiones aquí expuestas son de dominio público; basta un estudio serio y prolijo del tema; con todo, sólo pretendemos mover a reflexión a las personas de buena voluntad, católicos de buena fe y carentes de prejuicios, que engañados ponen su esperanza en un lobo rapaz; lo hacemos a fin de que las consideren, a la luz de la razón y del sentido común, si lo juzgan oportuno, con el fin de establecer sus propias conclusiones.

Dicho esto, aún conviene añadir que el tema a tratar es tan delicado como para esperar de antemano que su enfoque será descalificado por la mayoría de los “conservadores”, “custodios de la tradición”, que más bien, si siguen creyendo que Benedicto es el “Gran” católico, los deberíamos llamar, junto con él, DESTRUCTORES DE LA TRADICIÓN. Muchos de los cuales, seguirán apareciendo en sus respectivos canales yuotubescos defendiendo lo indefendible, stultorum infinitus est numerus, dice la Vulgata.

Todo ello debido a lo que significa la persona de Joseph Ratzinger–Benedicto XVI, unida al conjunto de su “buen” Pontificado. Todo lo malo que hay en Ratzinger y Benedicto, es un tema casi enteramente desconocido; pero, los que lo conocen hacen la vista gorda; y esto por la inmensa mayoría de los católicos tradimodernos.

Es bien conocida la aureola de “bondad”, sabiduría, “amor” a la Iglesia y a la tradición; excelencia que se fue creando en torno a su persona después de su renuncia al Papado.

Sin embargo, aun sin negar para nada la veracidad de las cualidades que se le atribuyen, estoy convencido de que mucho ha contribuido a la creación de la aureola la Propaganda del Sistema judeomasónico, bien conocedor por cierto de la naturaleza humana.

A medida que transcurría el pontificado de su sucesor, el actual, Decimejorge, y conforme aumentaba el descontento del sector de “católicos” llamados NEOtradicionalistas, así como el estupor de la inmensa mayoría restante, incluida a la vez la progresista y la neocatólica, la comparación entre uno y otro se imponía.

Decimejorge, que aparecía como único Papa legítimo para el grueso de la feligresía, aparece como Papa malo para muchos otros y como Papa desconcertante para otros tantos.

Esta concepción fue dando lugar en una gran masa de católicos un sentimiento de añoranza con respecto al Papa dimitido.

Benedicto XVI para algunos apareció como alguien encuadrado dentro de la categoría de Papa “de corazón tradicional”. Renunciado, pronto fue apareciendo otro contrapuesto, como incluido en la de menos malo; para pasar enseguida a la de bueno, e incluso pronto a la de muy bueno; para terminar en un futuro próximo en una unánime elevación a los altares. Es la psicología de las masas.

El adjetivo desconcertante puede ser tomado aquí en varios sentidos. Si para muchos ha significado admiración, para otros ha significado asombro y confusión y para pocos un “Papa” judío, masón y luciferino. No por nada cae sobre su espalda el lema de “la gloria del Olivo”. De todos modos, “Papa” para todo el mundo.

El hedonismo y la demagogia reinante en la sociedad occidental, junto al absoluto rechazo de toda Tradición cristiana, ha desembocado en esta general apostasía, ha conducido a la gran masa de católicos a pactar una opción más o menos consciente con la mentira y adoptar una actitud contraria a todo lo que suponga lo que ordinariamente se llama complicarse la vida.

Así, se ha dado lugar a que el mayor número de “católicos” haya pasado, sin plantearse el problema, a formar parte de una Nueva Iglesia, creada artificialmente y regida por los principios de la teología progresista.

Esta creación artificial no es nueva, es el fruto de la última Revolución, la Revolución satánica, que ya venía desenvolviéndose desde hace cien años. Ésta aniquiló lo último que quedaba de la civilización cristiana, la realidad, para introducirnos en un mundo virtual y artificial.

Por eso no nos debe extrañar que el mal de nuestros días, llamado “sanitario”, al igual que el novus ordo, no sean más que creaciones artificiales, “echas en laboratorio”, para someter al mundo a una satanocracia.

La “insignificante” circunstancia de que tal Neo-iglesia sea o no la fundada por Nuestro Señor Jesucristo les importa un rábano. Por otra parte, la actitud de no complicarse la vida conlleva necesariamente a la pérdida de la memoria, que es otra circunstancia que induce a que nadie recuerde para nada el desastre que supuso para la Iglesia el Pontificado del Papa Benenito o Venenote XVI, que para muchos pasará a la historia primero, por ser “un gran teólogo”, y segundo, por haber decretado Summorum Pontificum, como dijo el “cardenal” Robert Sarah, que, dicho sea de paso, tilda de diabólico a Francisco, y sin saber (o a sabiendas) se lleva entre las patas a Benedicto, con esta inmortal frase:

Eliminar o prohibir la misa tridentina y la liturgia antigua, solo puede ser por inspiración del diablo”. Eso hizo Benedicto hace catorce años, no sepultándola como rito ordinario, sino como la única forma de Rito Romano de rezar la Santa Misa.

Summorum Pontificum, de inspiración Diabólica

Un Pontificado que no fue sino la culminación del empezado por Juan XXIII, que fue luego continuado y amplificado en sus efectos por el de Pablo VI, superado después por el de Juan Pablo II, para ser por fin apuntillado por su sanidad el papa nata Francisco.

En justicia, uno no debe dejar de mencionar que francisquito, pseudoprofeta, no deshizo nada, ni todo lo que Benenito hizo en “favor” de la tradición: la promulgación de su Motu Proprio Summorum Pontificum (como su principal bandera), por el que reglamentaba y “restituía” la Liturgia Romana, lo cual es una gran mentira, determinando falsamente Summorum Pontificum sólo la licitud de la Misa Tradicional como forma extraordinaria, ya que ni el concilio, ni Pablo VI, incluso con la promulgación de la misa bastarda, nunca declararon que, la Santa misa canonizada por San Pío V hubiera sido abrogada.

Que en la práctica fuera abandonada por muchos por temor a desobedecer al Papa, sí; pero en teoría seguía siendo la forma ordinaria del Rito Romano de la Santa Misa, la única expresión de la Lex Orandi del Rito Romano. En la práctica hicieron de la misa bastarda la única forma del rito romano. Añadamos a esto que San Pío V nunca hablo de que hubiera dos formas de un mismo rito, eso es obra y desgracia de Benenito XVI.

El tradi-modernismo en su clímax

Y es aquí donde surge la pregunta: ¿Por qué no esperó Decimejorge a que su antecesor muriera?

Y la respuesta es clara: Porque es un mismo hilo conductor; entre ellos no hay ninguna desavenencia y todos los sinónimos que le quieran agregar.

Pero todo esto, amén de ser lo más importante, no es sino lo que el “remante fiel” calificaría como peccata minuta. Pues la verdadera influencia de la persona de Benenito XVI radica en su pensamiento. Sus teorías inmanentistas e historicistas, la Tradición Viviente y la Hermenéutica de la Continuidad, y más que nada sus doctrinas sobre la Evolución de los Dogmas…

UNA CUCHARADOTA DE SU PROPIA MEDICINA, ya que francisquito pseudoprofeta usó esas mismas filosofías modernistas germanas ratzingerianas para la elaboración de su carta que acompaña el motu proprio Traditionis custodes:

En particular, estableció que esos principios se referían al rito romano, mientras que para los demás ritos legítimamente reconocidos, pedía que fueran «íntegramente revisados con prudencia, de acuerdo con la sana tradición, y reciban nuevo vigor, teniendo en cuenta las circunstancias y necesidades de hoy” (historicismo puro).

Por tanto, hay que considerar que el Rito Romano, adaptado varias veces a lo largo de los siglos a las necesidades de los tiempos, no sólo se ha conservado sino que se ha renovado «ateniéndose fielmente a la tradición. Quienes deseen celebrar con devoción según la forma litúrgica anterior no encontrarán dificultad en encontrar en el Misal Romano, reformado según la mente del Concilio Vaticano II, todos los elementos del Rito Romano, especialmente el canon romano, que es uno de sus elementos más característicos”.

San Pío V no adaptó el Misal Romano a las necesidades de su tiempo; tampoco reformó el Misal, sino que lo restauró.

Lo que hizo Paulo VI fue darle otra forma al misal romano según la mente del Concilio Vaticano II.

Esto no es sino un botón de muestra. Habría que hacer un recuento de la obra ratzingeriana a través de toda su re-interpretación (o más bien disolución) de las partes fundamentales de la teología católica. Gracias a cuya labor, ayudada a su vez por la de sus colaboradores próximos como Karl Rahner y Henry De Lubac, la Doctrina Católica ha sido absorbida y fagocitada por la teología progresista modernista, que es la que está sirviendo de fundamento a la Nueva Iglesia.

Ratzinger es un pensador que depende por completo de los filósofos idealistas alemanes. Estudioso y entusiasta, desde sus años de Seminario, del gnosticismo de Kant, considerado el padre del modernismo (recordemos que del gnosticismo al satanismo, sólo hay un paso), sufrió luego la influencia del idealismo de Husserl, del existencialismo de Heidegger, y de otros pensadores como Max Scheler (teoría de los valores, personalismo cristiano), Buber, etc. Aunque quizá habría que poner en primer lugar, dentro del terreno de las influencias, al historicismo de Dilthey, que ejerció una influencia capital en su pensamiento.

Por supuesto que llevar a cabo ese trabajo, siquiera resumido, de la totalidad tan extensa de su obra, supondría un extensísimo estudio que rebasaría con mucho los fines y el objeto de este trabajo.

Habremos de limitarnos, por lo tanto, a la exposición de los dos puntos principales en la obra de J. Ratzinger–Benedicto XVI que han sido decisivos en la creación de la Nueva Iglesia (que incluye, desde luego, Summorum Pontificum): su colaboración e influjo en los Documentos del Conciliábulo Vaticano II y sus tesis historicistas.

Estas últimas, determinantes, a su vez, de sus doctrinas sobre la evolución de los dogmas y su re-interpretación de las dos Fuentes de la Revelación, a saber, la relectura de la Biblia, dependiente de la circunstancia histórica y del sentimiento del hombre que interpreta la Tradición Viviente, que ya no es una Tradición fija y ultimada, sino evolutiva y que se desarrolla según el momento histórico y los sentimientos del hombre actual

Si es cierto que el camino de la Iglesia debe entenderse en el dinamismo de la Tradición, «que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo» (DV 8), el Concilio Vaticano II constituye la etapa más reciente de este dinamismo”, carta que acompaña el motu proprio Traditionis custodes.

Ratzinger difuminó la liturgia de la Santa Misa, que hasta entonces había sido considerada como tradición apostólica, el depósito de la fe, fija, inmutable, y fundamento de todo el basamento sobre el que se levanta la Roca que es la Iglesia. Con Summorum Pontificum, el edificio ya podía derrumbarse, se resquebrajó por completo al abandonar el único Rito litúrgico Romano en la Iglesia Universal. Y de hecho sucedió.

Summorum Pontificum y Traditionis Custodes son dos creaciones puramente artificiales; el Rito Romano de la Iglesia sólo tiene una forma, constituye una sola expresión de la fe; y esto tiene un trasfondo teológico muy serio, porque lo que hicieron con el Misal de San Pío V es una ruptura en el desarrollo del Rito Romano.

El Culto Católico, bajo cualquiera de sus Ritos, incluyendo al Romano, es un desarrollo, homogéneo y legítimo, de la prístina forma que la Iglesia recibió de Nuestro Señor Jesucristo y de los Apóstoles.

De ella se desarrolló una primera costumbre litúrgica; y esa costumbre general fue sancionada por los Apóstoles y sus primeros sucesores; a partir de ahí aparece un depósito litúrgico, que después se fue perfeccionando y diferenciando, incluso hasta nacer varios ritos (oriental y latino, con sus ritos colaterales, copto, melquita, lionés, ambrosiano, mozárabe, etc.); y cada rito fue desarrollándose orgánicamente.

De esta realidad histórica, teológica, canónica y litúrgica, de estos “pequeños detalles” surgen varias consecuencias, por ejemplo:

– un rito no puede ser recreado enteramente, porque si así fuera, dejaría de ser un rito apostólico,

– tampoco puede en su desarrollo dejar de tener en cuenta la atemporalidad del rito, no es un rito para una época determinada, es para toda la historia de la Iglesia; por lo tanto, no puede haber ruptura con la Tradición, pues sería interrumpir el curso del río por medio de una bifurcación y comenzar otro río,

– no se pueden intercambiar elementos entre los diferentes ritos, cada uno tiene su historia propia, su estructura particular, y, por lo tanto, no se puede sacar de uno para ponerle al otro,

– si los elementos esenciales son modificados, eso significaría la destrucción del rito.

De ahí resulta que lo esencial del Rito de la Santa Misa no puede ser cambiado; y no hay ningún documento, en dos mil años de la Iglesia, que haya declarado que el Papa tendría el poder de abolir el Rito Tradicional, en cualquiera de sus variantes. Puede y debe restaurarlo, pero dejando intactas las partes esenciales, como lo hizo San Pío V.}

En caso contrario, sería como disolver la Iglesia y volver a establecer otra iglesia, nueva; derogar el Rito Tradicional equivaldría, litúrgicamente hablando, constituir una nueva iglesia, que es lo que en la realidad ha sucedido = LA CONTRAIGLESIA DEL ANTICRISTO.

Por eso Juan Pablo II, después de haber dado un Insulto (al que llaman Indulto), convocó una comisión de ocho Cardenales para preguntarles si el rito tradicional había sido derogado por Paulo VI, la conclusión unánime de la comisión resultó que no fue derogado y que no podía ser derogado, a tal punto que el cardenal Stickler, miembro de la comisión, declaró a la revista “The Latín Mass” que ningún obispo tenía el derecho de prohibir a un Sacerdote Católico el celebrar la misa tridentina, porque nunca fue derogada.

Traditionis custodes autoriza a los “obispos” a prohibir la celebración antigua (que fue de hecho sepultada por Benedicto XVI con Summorum pontificum), lo que en el fondo implica en la práctica una supresión; lo cual es falso, pero así lo ven los tradi-modernistas.

Por otra parte, Monseñor Rifan (traidor y mentiroso) de su propia boca a dicho: “el Papa Benedicto XVI quiere que se mezclen los ritos, el rito antiguo y el rito moderno”, el “cardenal” Roberto Sarah quería que se mezclen los ritos, por el bien del pueblo, porque la misa tridentina no es para un grupito…

¡Esto es claro!, porque la Misa Católica, llamada tridentina, es la misa normal, ordinaria, para toda la Iglesia de Rito Romano, per Saecula Saeculorum. Y por eso es falso que se le puedan agregar ritos espurios, bastardos…

Como es lógico, y según tantas veces hemos repetido, todo esto pasa desapercibido para el férreo defensor de “su santidad”. Como tampoco se dan cuenta que, es tan malo el pinto como el colorado, y aceptan al dimitido y rechazan al reinante, que en realidad no existe absolutamente ninguna diferencia ideológica entre uno y otro; es más, Ratzinger podríamos decir que es más perverso que Decimejorge, es una Serpiente, por lo sigiloso y astuto.

Son los sobrevivientes del abuso litúrgico, se reunen para su asamblea anual

En el “inquietante” discurso que pronunció en la ceremonia de erección de los nuevos “cardenales” (14, febrero, 2015), Francisco, manejando una original interpretación de los textos evangélicos, delimitó claramente las dos facciones distintas que las decisiones que el Sínodo de la Familia de octubre 2015 previsiblemente provocarían en la iglesia conciliar.

Del discurso parece desprenderse que Francisco, incluso conociendo el peligro de la situación, según algunos deducen de sus palabras, está decidido a establecer una, no nueva doctrina, sino lo que le sigue, que nada tiene que ver con la Ley divina ni con la Tradición.

El llamado Papa Emérito Benedicto XVI estuvo presente en la ceremonia y escuchó el discurso. Pero nadie fue capaz de percibir en su persona, ni en ese momento ni tampoco después, el menor gesto de disconformidad o la más mínima palabra de recusación.

De manera que los hechos están ahí, hay una concordancia entre ambos, como para hacer pensar a los defensores del “Papa verdadero”.

La bondad de J. Ratzinger

Son muchos los que ponderan sus esfuerzos por poner a tono el Concilio y presentarlo como en continuidad con la Tradición; tarea para la cual elaboró su teoría de la hermenéutica de la continuidad; si bien esto último está en flagrante contradicción con todos sus escritos anteriores (nunca rectificados) y con la continuidad de sus actuaciones, ratificando la continuidad en la reforma.

Por si quedaba alguna duda, añadamos otra cita del pensamiento de Ratzinger: “Ciertos textos de religión parecen sugerir que la fe cristiana en la cruz representa a un Dios cuya justicia inexorable ha reclamado un sacrificio humano, cual es el de su propio hijo. Ante lo que no cabe sino apartarse, con horror, de una justicia cuya sombría cólera resta toda credibilidad al mensaje del amor”.

Esto impide que se den “puntos en favor” de Benedicto XVI…

La Neo F₪₪PX, echándose la soga al cuello…

El Tradimodernista dijo: En justicia no debe dejar de mencionarse, en plan de sincero agradecimiento en este caso, la promulgación de su Motu Proprio Summorum Pontificum, por el que reglamentaba y restituía la Liturgia Romana que había estado en vigor hasta el año 1962, declarando la licitud de la Misa Tradicional que Pablo VI había declarado como que hubiera sido abrogada. Es decir, liberó la Misa Tradicional, después de cuarenta años de haber permanecido ilícitamente prohibida. Desgraciadamente el Motu Proprio apenas si tuvo consecuencias prácticas, por la resistencia de los Obispos y la debilidad del Papa para imponerlo. Además, levantó las dudosas excomuniones que habían sido lanzadas contra los cuatro Obispos de la Sociedad de San Pío X. Y ordenó hacer las pertinentes correcciones de los errores contenidos en las traducciones vernáculas de la Misa del Novus Ordo. En particular el que se refiere a la traducción del “pro multis” el 17 de octubre de 2006. Y después de su renuncia hizo algunas declaraciones en contra del intento de administrar la “Sagrada Comunión” a los divorciados y vueltos a casar.

Cuando, en realidad, el Pontificado de Benedicto XVI agravó la crisis que sufría la Iglesia, que ya había comenzado desde el Concilio y que luego alcanzó su culminación con Francisco. Hablar de crisis dentro de la Iglesia no deja de ser un eufemismo. Lo que ha ocurrido en realidad es la sustitución de la Iglesia Católica por otra iglesia nueva.

”misa” novus ordo, en latín y ad orientem

El común de los fieles suele leer muy poco y no anda muy avezado en la búsqueda de la verdad, por lo que desconoce el pensamiento de los que realmente hicieron el Concilio (y de todo el conjunto de sus padres en la fe desviada, los filósofos idealistas alemanes). Tampoco es muy profundo su conocimiento acerca de la influencia que el pensamiento filosófico ejerce en la vida de la sociedad (en realidad es lo que la determina), por lo que no tiene constancia del papel decisivo que el pensamiento idealista-inmanentista de J. Ratzinger ha desempeñado como concausante de los presentes problemas que sufre la Iglesia.

Nadie es más atrevido que quien ignora; y el sistema lo sabe bien, como buen experto que es en el arte de manejar la mentira y de conducir a las masas.

Lo que no impide que existan bastantes puntos que anotar en favor de Benedicto XVI.

Conclusión

Queda claro que esta nueva jugada bergogliana no es, sino otra astucia más de la Serpiente (Ratzinger), para ridiculizar y denigrar a la neofraternidad.

Cuando Decimejorge promulgó su “burla” Misericordiae Vultus, la Neo F₪₪PX mordió un anzuelo; esta vez es la misma treta, la “Frater” no va a ser molestada por francisquito Pseudoprofeta y Traditiones Custodes; ¿por qué?, porque la Neo F₪₪PX ya hace rato que aceptó el Artículo 3 del motu proprio de francisco: El obispo, en las diócesis en las que hasta ahora hay presencia de uno o más grupos que celebran según el misal anterior a la reforma de 1970 debe: § 1. Comprobar que estos grupos no excluyan la validez y la legitimidad de la reforma litúrgica, de los dictados del Concilio Vaticano II y del Magisterio de los Sumos Pontífices.

Basta tener dos dedos de frente para darse cuenta que el meollo del asunto está en la NEO fraternité: “Son evidentes para todos las razones que movieron a san Juan Pablo II y a Benedicto XVI a conceder la posibilidad de utilizar el Misal Romano promulgado por san Pío V, editado por san Juan XXIII en 1962, para la celebración del Sacrificio Eucarístico. La facultad, concedida por un indulto de la Congregación para el Culto Divino en 1984 [2] y confirmada por San Juan Pablo II en el Motu proprio Ecclesia Dei de 1988 [3], estaba motivada sobre todo por el deseo de favorecer la recomposición del cisma con el movimiento guiado por Mons. Lefebvre”.

Al reconocer la Neo F₪₪PX el 95% del concilio, la legitimidad y validez del novus ordo y de los nuevos sacramentos, el magisterio de los papas conciliares y posconciliares, francisco les ha otorgado facultades, de confesar, de celebrar matrimonios, de ordenar etc., etc.

Pero, como decimos, esa facultad ya se vislumbraba desde 1984; y se confirmó, según Bergoglio, por San Juan Pablo II en el Motu proprio Ecclesia Dei de 1988 y el Motu de Ratzinger. ¿Y, a qué estaba motivada?, estaba motivada sobre todo por el deseo de favorecer la recomposición del cisma con el movimiento guiado por Mons. Lefebvre.

Muchos dirán: Pero la Fraternidad nunca se ha pronunciado en favor de reconocer la legitimidad de la reforma litúrgica. ¡Muy bien!, tal vez explícitamente no lo haya hecho, pero implícitamente , y con eso basta para el que está disfrazado de blanco. Pongámonos en la mente podrida de francisquito, ¿qué pensaría cuando se enteró de la celebración, en la fiesta de Pentecostés en un seminario de la fraternité, de un pseudobispo modernista ligado a él? Se los dejo a reflexión.

Por su parte la Neo F₪₪PX, lo deja celebrar porque creen que es un obispo, y ahí están reconociendo la validez de los nuevos sacramentos, incluida la misa bastarda, porque en ella se “confecciona” el sacramento de la eucaristía; y ese rito bastardo es el que venía celebrando su flamante obispo, un triunfo de la fraternidad atrayendo modernistas a la tradición.

Por su parte, Monseñor Lefebvre les preguntaba a sus sacerdotes: ¿De quiénes recibirán los verdaderos sacramentos, los pobres fieles que no aceptaron la validez y la legitimidad de la reforma litúrgica? De ustedes.

Monseñor habló de verdaderos sacramentos, Creo que no es necesario decir cuáles son los falsos sacramentos.

Decimejorge remata: Trece años después, encargué a la Congregación para la Doctrina de la Fe que os enviara un cuestionario sobre la aplicación del Motu proprio Summorum Pontificum. Las respuestas recibidas revelaron una situación que me apena y preocupa, confirmando la necesidad de intervenir. Desgraciadamente, la intención pastoral de mis predecesores, que pretendían «hacer todos los esfuerzos para que a todos aquellos que tienen verdaderamente el deseo de la unidad se les haga posible permanecer en esta unidad o reencontrarla de nuevo».

Para terminar, un extracto de una de las entrevistas que dio el laico S-atanasius Schneider (“ordenado sacerdote” el 25 de marzo de 1990 y “consagrado obispo” 2 de junio de 2006), que confirma lo dicho y debería hacer reflexionar seriamente a los miembros y fieles de la Neo F₪₪PX.

¿Qué es lo bueno y lo malo de estas nuevas normas o reglas promulgadas por el Papa Francisco?

Lo bueno que resulta de las normas del nuevo Motu Proprio del Papa Francisco es que la Misa tradicional se ha vuelta aún más conocida. Muchos se preguntarán por qué su celebración ha sido ahora tan drásticamente restringida e incluso prohibida, a pesar de que esta liturgia siempre ha sido altamente estimada por tantos santos y papas y ha nutrido de manera tan fructífera la vida espiritual de muchas generaciones de católicos, incluidos nuestros antepasados. Hay que señalar de nuevo y en profundidad que la introducción de la nueva Misa por parte del Papa Pablo VI y el nuevo Motu Proprio del Papa Francisco son una ruptura con una tradición de la Iglesia que se remonta no solo a siglos sino también a milenios. Es evidente para todos que no hay una continuidad entre la nueva Misa y la Misa tradicional, sino una ruptura. Una ruptura de un tamaño tan radical con una tradición litúrgica centenaria de la Iglesia Romana no fue hecha ni aprobada por ninguno de los papas antes de Pablo VI. Uno prohíbe solo lo que es intrínsecamente malo y dañino para la fe y la vida espiritual de los fieles. Los hechos de los siglos pasados y de la experiencia actual de tantos fieles, sacerdotes jóvenes e incluso la juventud muestran claramente que la misa tradicional es un gran tesoro teológico, litúrgico y espiritual de la Iglesia. El nuevo Motu Proprio del Papa Francisco tampoco puede refutar estos hechos. Este documento pone el dedo en la llaga en la vida de la Iglesia hoy, obligando a todos a examinar con toda honestidad las verdaderas razones del contraste entre estas dos formas litúrgicas.

¿Cuál será el impacto para la FSSP y otros grupos cuya misión es promover la forma antigua de la misa?

Sin duda, será muy difícil para la FSSP y las demás comunidades que tienen como su propio carisma promover la Misa tradicional. El nuevo Motu Proprio del Papa Francisco ha colocado a estas comunidades en una situación intrínsecamente contradictoria. La Misa tradicional es esa forma litúrgica para la cual estas comunidades fueron especialmente establecidas por la Iglesia. Al mismo tiempo, sin embargo, el Papa Francisco declara que la forma tradicional de la Misa no es una expresión de la Lex Orandi de la Iglesia Romana, porque el afirma en su documento que la Misa de Pablo VI es la única forma de la Lex Orandi de la Iglesia Romana. Entonces, ¿qué forma de Lex Orandi celebra la FSSP y las otras comunidades establecidas anteriormente por la Comisión Pontificia Ecclesia Dei? Hay que decir entonces que la Misa tradicional es una forma litúrgica condenada a la extinción, sobre todo porque el Papa Francisco decreta en su Motu Proprio y en la carta acompañante que en el futuro no se podrán erigir nuevos grupos o lugares para la celebración de la Misa tradicional. El Papa Francisco también dice que todos los fieles que ahora asisten a la Misa tradicional deberían, con el tiempo, ser llevados a asistir a la nueva Misa. Uno de los objetivos del nuevo Motu Proprio es dar tiempo a estos fieles para volver al nuevo rito, como lo dice el papa en la carta acompañante. Por tanto, la situación psicológica de la FSSP y de otras Comunidades afines se puede comparar en cierto sentido con la situación de aquellas personas que han sido condenadas a muerte, pero que tienen que esperar, quizás unos años, a la ejecución de la sentencia, porque no le han comunicado la hora exacta de la muerte. En Estados Unidos esta situación se llama «el corredor de la muerte» (“Death row”), donde los reclusos esperan ser ejecutados.

Sin embargo, esta situación no debe desanimar a estas comunidades. Porque la liturgia tradicional es un tesoro tan grande de la Iglesia que ni siquiera un Papa Francisco puede borrarlo. Este pontificado no es eterno y Dios intervendrá y luego la FSSP y Comunidades afines y cada vez más sacerdotes volverán a celebrar la Misa tradicional en plena libertad y ella volverá a ser la forma predominante de la liturgia de la Santa Madre Iglesia. En este caso, el Papa Francisco hizo la cuenta sin Dios.

¿Cuál es el estatus de la Fraternidad San Pío X? ¿Están en comunión con Roma?

La FSSPX no está en cisma, ya que reconoce todos los dogmas sobre la Primacía Papal y reconoce también al Papa reinante actual. La FSSPX aún no cuenta con el reconocimiento canónico de la Santa Sede. Sin embargo, se puede decir que tiene un reconocimiento parcialmente canónico, porque los sacerdotes de la FSSPX obtuvieron del Papa Francisco la facultad ordinaria para escuchar confesiones y la Santa Sede hizo posible que los sacerdotes de la FSPPX puedan recibir la facultad del párroco o del obispo local para asistir canónicamente a los matrimonios. El estatuto canónico aún no regularizado de la FSSPX se debe no en primer lugar a la desobediencia u obstinación de la FSSPX, sino a la extraordinaria crisis de la Iglesia. Me recibieron como un obispo, con respeto. Vi hasta una fotografía del papa Francisco colgada en la pared. En la sacristía había inscripciones con el nombre del papa Francisco y el del obispo diocesano local. Creo que la mayoría de la gente no podría imaginar que la FSSPX tuviera esas cosas en sus sacristías, ni un cuadro del Papa actual colgado en la pared de las casas que visite. Un peligro de la FSSPX es, que, con el tiempo, puede generar un espíritu de autosuficiencia eclesiástica y una especie de mentalidad de “gueto”. Les sugerí que pidiesen a la Santa Sede el reconocimiento canónico. Procuré no emplear la palabra “reconciliación”, sino que les hablé más bien de reconocimiento, asegurándoles: «Ustedes tienen derecho a ser reconocidos por la Iglesia», porque están formando sacerdotes, predicando y enseñando el catecismo y celebrando los sacramentos tal como la Iglesia siempre lo ha hecho. Creo que la Fraternidad de San Pío X puede ser de gran ayuda y hacer un aporte constructivo con respecto de algunos puntos controvertidos de los textos del Concilio Vaticano II que llevan casi sesenta años bajo discusión. Todos somos conscientes de que hay unas cuantas expresiones que se deben aclarar.

Puede que en algunas posiciones la Fraternidad de San Pío X sea demasiado parcial; como también ella tiene que reconocer que la mayor parte de los textos del Concilio están en continuidad doctrinal con el Magisterio previo. Sin embargo, en última instancia, el Magisterio de la Iglesia tiene que aclarar, de una manera convincente, los puntos controvertidos de algunas expresiones que aparecen en los textos del Concilio. Si fuera necesario, un papa o un futuro Concilio Ecuménico tendría que publicar unas explicaciones (una especie de notae explicativae posteriores), o incluso enmiendas y correcciones a aquellas expresiones controvertidas, ya que no fueron presentadas por el Concilio como una enseñanza definitiva.

Con la creciente crisis de la Iglesia, y especialmente a raíz de la situación creada después de los dos Sínodos sobre la familia, la publicación de Amoris Laetitia, la aprobación por parte del Papa Francisco de las pautas pastorales de los obispos de la región bonaerense (que prevén entre otras cosas la readmisión a la Sagrada Comunión de adúlteros impenitentes) y la declaración acerca de la diversidad de religiones que el mismo Papa firmó en Abu Dabi, el nuevo Motu Proprio “Traditionis custodes”, que trágicamente suprime la Misa tradicional, me doy cuenta de que hay que tomar mucho más en serio los argumentos de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X.

¿La Fraternidad San Pío X ofrece misas por el Papa Francisco? ¿Son sedevacantistas?

La FSSPX siempre rechazó estrictamente la teoría y la práctica del sedevacantismo. El arzobispo Marcel Lefebvre se mostró intransigente aquí. La FSSPX menciona en el Canon de la Misa el nombre del Papa reinante actual y el nombre del obispo de la diócesis donde se celebra la Misa. La FSSPX además ora pública y solemnemente por el Papa reinante, como p. ej. en la oración en el canto «Oremus pro Pontifice nostro …».

Vuestra Excelencia ha sido uno de los eclesiásticos enviados por el Vaticano para visitar los seminarios y prioratos de la FSSPX. ¿Qué soluciones cree que son posible para resolver su posición?

En el transcurso de muchos años de negociaciones con la FSSPX, la Santa Sede había propuesto la forma canónica de una Prelatura personal e incluso se elaboró una propuesta para el estatuto de dicha Prelatura. Esta forma canónica es una especie de diócesis personal a nivel mundial, en la que el prelado es un obispo designado por el Papa a partir de una lista de candidatos hecha por la FSSPX. Como con cualquier diócesis, una Prelatura personal puede solicitar uno o más obispos auxiliares si es necesario. Para el establecimiento de tal Prelatura, la Santa Sede lamentablemente hizo demandas excesivas a la FSSPX, a saber, que la FSSPX reconozca que todo el Concilio Vaticano II es parte de la tradición de la Iglesia y que la Nueva Misa es legítima, es decir, buena.

Pero, según las propias palabras del Papa Juan XXIII, el Concilio Vaticano II tiene la característica específica de no presentar sus propias nuevas doctrinas vinculantes, sino más bien explicar las verdades inmutables en un nuevo método, de una manera nueva: “La tarea principal de este Concilio no es, por lo tanto, la discusión de este o aquel tema de la doctrina fundamental de la Iglesia. … Una cosa es la substancia de la antigua doctrina, del «depositum fidei», y otra la manera de formular su expresión; y de ello ha de tenerse gran cuenta —con paciencia, si necesario fuese— ateniéndose a las normas y exigencias de un magisterio de carácter predominantemente pastoral” (Discurso en la Solemne Apertura del Concilio Vaticano II, 11 de octubre de 1962).

La Santa Sede comete el gran error de dar al método, a la pastoral el carácter casi dogmático, porque exige que la FSSPX acepte el nuevo método y la pastoral del Concilio Vaticano II como requisito indispensable. El mismo Papa Pablo VI dijo: “Hay quien se pregunta cuál es la autoridad, la calificación teológica, que el Concilio quiso atribuir a sus enseñanzas, sabiendo que ha evitado dar definiciones dogmáticas solemnes, no empleando la infalibilidad del magisterio eclesiástico. Y la respuesta la conocen quienes recuerdan la declaración conciliar del 6 de marzo de 1964, repetida el 16 de noviembre de 1964: dado el carácter pastoral del Concilio, el evitó pronunciar de manera extraordinaria dogmas dotados de la nota de infalibilidad” (Alocución en la Audiencia General, 12 de enero de 1966). Para una perfecta unidad y comunión con ella, la Iglesia no ha exigido generalmente la aceptación de declaraciones de carácter pastoral como requisito previo indispensable. En el pasado la Iglesia se ha contentado con presentar una Professio Fidei detallada, que se refería a aquellos puntos específicos de la fe y de la práctica de los sacramentos que eran presentados solemne y definitivamente por el Magisterio.

¿Cuáles son algunas de las objeciones de la Fraternidad San Pío X contra los documentos y reformas postconciliares? ¿Son válidas estas objeciones?

El problema doctrinal más grave para la FSSPX es la nueva enseñanza sobre la libertad religiosa que el Concilio Vaticano II propone en la declaración “Dignitatis humanae”, donde el Concilio habla que no se debe impedir la persona humana que actúe de acuerdo con su conciencia en asuntos religiosos.

Esta afirmación es verdadera cuando se refiere a los católicos, porque la fe católica es la única fe verdadera. Esta afirmación es equivoca cuando se refiere a los adeptos de las religiones falsas. Entonces, por ejemplo: si la conciencia de alguien le dice que debe seguir su religión que le pide que blasfema Jesucristo, se le debe impedir que lo haga. No debemos confundir el dominio del ser y el del actuar; el libre albedrío está en el dominio del ser, la libertad de acción está en el dominio del actuar, y en este dominio del actuar se encuentra el bien y el mal, lo verdadero y lo erróneo. La persona pierde su dignidad en proporción a su adherencia al error o al mal. Tal es la enseñanza constante de la Magisterio, por ejemplo en la encíclica «Inmortale Dei» del Papa León XIII, quien dice : «Si la inteligencia se adhiere a las ideas falsas, si la voluntad elige el mal y se adhiere a él, ni una ni otra alcanza su perfección, ambos pierden su dignidad nativa y se corrompen, por lo que no es lícito sacar a la luz y exponer a los ojos de los hombres lo que es contrario a la virtud y a la verdad, y mucho menos poner esta licencia bajo la tutela de la protección de las leyes.» Por lo tanto, el derecho a no ser impedido en asuntos de la religión se aplica solo a los católicos, y no se puede decir que esta libertad de coacción está enraizada en la naturaleza del hombre mismo en el caso de las religiones falsas. No hay otro derecho que el bien y la verdad; para el mal y el error puede haber, sólo en ciertos casos, cierta tolerancia.

Otro problema doctrinal es la declaración en Lumen Gentium 8 de que la Iglesia de Dios subsiste en la Iglesia Católica. La declaración “Dominus Iesus” infelizmente dice también de que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica y entonces no ofrece una enseñanza tan clara como antes del Concilio. El documento “Dominus Iesus”, en su mayor parte es muy clara y tenemos que dar gracias a Dios de tener este documento, especialmente en lo concerniente a otras religiones. Sin embargo, la afirmación de que “la Iglesia de Jesucristo subsiste en la Iglesia católica”, que es de Lumen Gentium, es insuficiente. Esta afirmación no está directamente equivocada, pero es insuficiente. Sería mucho más claro afirmar, por ejemplo: «que la única Iglesia de Cristo es la Iglesia católica, y solo en ella se ha realizado y subsiste la totalidad de todas las verdades y de todos los medios de salvación de la Iglesia de Cristo». Incluso ahora, muchos obispos afirman que puedes continuar siendo musulmán o luterano. Estas afirmaciones promueven el relativismo, en el sentido de que cada religión es relativa, incluyendo la religión católica. Ciertamente estamos debilitando la doctrina de extra Ecclesia nulla salus.

Otro problema es la afirmación de Lumen Gentium 16, que dice, que los musulmanes adoran junto con nosotros al Dios único (nobiscum Deum adorant), es teológicamente una afirmación altamente ambigua. Que nosotros como católicos adoremos con los musulmanes al Dios único no es cierto. No adoramos como ellos. En el acto de adoración, siempre adoramos a la Santísima Trinidad, no adoramos simplemente al “Dios único”, sino a la Trinidad de modo consciente, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cuando adoran los musulmanes, no adoran con la fe sobrenatural. Hasta nuestro acto de adoración es radicalmente diferente. Es esencialmente diferente. Es distinto, precisamente, porque nosotros nos dirigimos a Dios y le adoramos como hijos constituidos en la inefable dignidad de la adopción filial divina, y hacemos esto con fe sobrenatural. Sin embargo, los musulmanes no tienen una fe sobrenatural. Repito: tienen un conocimiento natural de Dios. El Corán no es la Revelación de Dios, sino una especie de antirrevelación de Dios, porque el Corán niega expresamente la Revelación divina de la Encarnación, de la divinidad eterna del Hijo de Dios, del sacrificio redentor de Cristo en la Cruz, y por ende, niega la verdad de Dios, la Santísima Trinidad. Esta afirmación ambigua del Concilio Vaticano II debe ser corregida. Esta declaración no es infalible y no fue la intención del Concilio que fuera entendida así. De alguna manera, podemos aceptar la afirmación de Lumen Gentium, pero luego nos toca dar una explicación exhaustiva. Por supuesto, cuando alguien adora sinceramente a Dios Creador —y doy por supuesto que la mayoría de los musulmanes sencillos lo hacen así— adora a Dios con un acto de culto natural, basado en el conocimiento natural de Dios Creador. Todos los no cristianos, todas las personas no bautizadas, incluido un musulmán, pueden adorar a Dios desde el conocimiento natural de la existencia de Dios. Lo hacen con un acto natural de adoración al mismo Dios, a quien nosotros adoramos con un acto sobrenatural y con fe sobrenatural en la Santísima Trinidad. Pero estos son dos actos de adoración esencialmente distintos: el uno es un acto de conocimiento natural y el otro es un acto de fe sobrenatural.

Los problemas doctrinales mencionados en algunas declaraciones del Concilio Vaticano II se pueden resumir en el hecho de que proporcionan un avance para una relativización de la verdad inmutable de la fe sobre la unicidad y exclusividad del camino de salvación traído por nuestro Señor Jesucristo y su única Iglesia que es la Iglesia Católica. Las mencionadas declaraciones del Concilio Vaticano II no pretendían ser declaraciones definitivas del Magisterio, sino formas pastorales de explicar la verdad de la fe. Las formas pastorales de explicación no son intrínsecamente infalibles y ciertamente pueden corregirse más adelante después de una discusión y un examen exhaustivos.

¿Pueden los católicos cumplir con su obligación de asistir el domingo al sacrificio de la Santa Misa en una de las Parroquias de la FSSPX?

Según las palabras de la Santa Sede no es pecado asistir a las Misas de los sacerdotes de la FSSPX, siempre y cuando no se haga con la intención de «separarse de la comunión con el Romano Pontífice y de los que están en comunión con él» (cf. Carta de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, de 18 de enero de 2003, reafirmando lo dicho ya por el Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, en su Nota Explicativa de 24 de agosto de 1996, n. 7).

Si alguna Misa celebrada de acuerdo con la «forma ordinaria» del rito romano fuera peligrosa para la Fe y contuviera elementos rituales protestantizantes y doctrinales (por ejemplo, abusos litúrgicos, herejías dichas en homilías, etc.) y la Comunión en la lengua negado y no hubiese otras alternativas, sería moralmente lícito que un católico asistiera a las misas celebradas por sacerdotes de la FSSPX. Si un fiel concreto experimenta personalmente una profunda vida espiritual católica y una fructífera práctica sacramental en una capilla atendida por sacerdotes de la FSSPX, no se debe considerar esta situación como un pecado y no se debe obligar a esta persona a unirse a una comunidad con una Misa tradicional reconocida. Se debe tener en este caso un enfoque pastoral más amplio, considerando también la extraordinaria crisis grave en la Iglesia y teniendo en cuenta también el hecho de que la FSSPX no es una comunidad cismática, ni en su propia intención ni en una estricta formalidad canónica, porque la FSSPX siempre y públicamente reza por el Papa y el obispo local y muchos sacerdotes de la FSSPX buscan contacto con los obispos diocesanos.

¿Puede un feligrés de una de las parroquias de la FSSPX asistir a Misa y recibir la Sagrada Comunión en una parroquia de la Diócesis en comunión con Roma?

Sin duda, un feligrés de una de las parroquias de la FSSPX puede asistir a Misa y recibir la Sagrada Comunión en una parroquia de la Diócesis, porque la FSSPX está en comunión con la Sede Apostólica por el hecho que cree en el primado del Papa, reza por él en el Canon de la Misa, reza por el obispo local en el Canon de la Misa y rechaza el sedevacantismo. La FSSPX como tal no está excomulgada, excomulgados son ordinariamente personas individuales. En 2009 el Papa Benedicto XVI levantó la excomunión de los cuatro obispos de la FSSPX. Los sacerdotes y fieles de la FSSPX nunca fueron excomulgados formalmente. Los católicos que realizan un acto consciente de cisma incurren en una excomunicación automática. El cismático está eligiendo, mediante un acto consciente y deliberado, separarse de la Iglesia rechazando Su cabeza el Papa o Su cuerpo, los otros obispos y fieles. Los sacerdotes y los fieles de la FSSPX no tienen esta actitud y no han emitido conscientemente un tal acto de rechazo del Papa y del obispo local. En una ocasión, me encontré con un grupo de familias del apostolado de la FSSPX y los padres me contaron que sus hijos rezaban el rosario por el Papa Francisco. ¿Cómo se pueden calificar semejantes actitudes y comportamientos de cismáticos?

Hace un par de años, el Papa Francisco amplió la posibilidad para los fieles de confesarse en penitencia sacramental con los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X más allá de los límites del Año de la Misericordia. ¿Le parece esto una decisión importante?

Estas facultades, que el Papa Francisco otorgó a la FSSPX, son sin duda un paso importante hacia la normalización de la situación eclesiástica y canónica de la FSSPX. Se puede esperar que sigan otros pasos por parte de la Santa Sede. Creo, que sería necesario que la Santa Sede otorgase a los sacerdotes de la FSSPX el permiso para celebrar legítimamente la Santa Misa. Sería un gesto de verdadera solicitud pastoral por el bien espiritual de los numerosos fieles que asisten a las misas celebradas por los sacerdotes de la FSSPX. Si estos fieles pueden recibir válida y legítimamente el sacramento de la confesión de los sacerdotes de la FSSPX, ¿por qué se les debe negar a los mismos fieles asistir legítimamente a la Santa Misa del sacerdote que legítimamente les impartió la absolución sacramental? Creo que el futuro nos mostrará siempre más que la obra que fundó Mons. Marcel Lefebvre hace más de 50 años fue una obra importante de la Divina Providencia, sobre todo para la preservación de la liturgia de la Santa Misa y de la fe de todos los tiempos.