Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús -Día 30

Padre Juan del Corazón de Jesús Dehon: Coronas de amor al Sagrado Corazón

Extraídas del libro

“CORONAS DE AMOR AL SAGRADO CORAZÓN”

del Reverendo Padre Juan del Corazón de Jesús (León Gustavo Dehon),

Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.






Día 30

QUINTO MISTERIO: VIDA DE ACCIÓN DE GRACIAS

SEXTA MEDITACIÓN: Conclusión de toda la corona del Sagrado Corazón

Lo que debe ser la vida de un amigo del Sagrado Corazón de Jesús sobre la tierra y lo que será en el cielo

Por estos tres retiros, que acabamos de meditar, vemos muy bien que un amigo del Sagrado Corazón de Jesús debe hacer revivir completamente en sí al Sagrado Corazón de su amigo y de su hermano, y debe también volverse una misa permanente por su vida de amor y de inmolación. ¡Que él mismo sea el rosario del Sagrado Corazón de Jesús, como dijimos que era el Corazón de María!

I. Un amigo del Sagrado Corazón debe hacer revivir en él el Sagrado Corazón

Cada uno de los amigos del Sagrado Corazón debe reproducir este Divino Corazón de una manera especial y distinta, según su inclinación y el grado al que la gracia lo llama; pero el Sagrado Corazón de Jesús debe vivir en todos; este Corazón que ama siempre y que se inmola siempre; este Corazón que se olvida sin cesar; este Corazón que no se cansa de darse; este Corazón que es, es verdad, el Corazón de un hombre, pero que es también el Corazón de un Dios; este Corazón que no dejó de ofrecerse y de consagrarse por nosotros y a nosotros, y que es el primero, el más bello y el mayor de los corazones de oblatos y de las víctimas de amor.

Por tanto, ¿qué es lo que la vida terrestre vendría a hacer en nosotros? ¿Qué tenemos nosotros en común con el mundo, sus placeres y sus atracciones? Él debe estar tan alejado de nosotros que ya no lo veamos. ¿Habrá, por ventura, un mundo para aquel que no vive sino del Corazón de Jesús, que no piensa sino en el Corazón de Jesús y que puede decir: el Corazón de Jesús es mi corazón?

Nosotros poseemos el Corazón Sagrado de Jesús, nos unimos a Él de una manera mística y real. Es preciso, y es fácil, que nuestro fervor nunca afloje, para que el fuego del Sagrado Corazón de Jesús no disminuya ni jamás se extinga.

II. Confianza, caridad, humildad

Pero lo que sostiene el fervor es la confianza. Lo llevamos con nosotros, este Divino Corazón, y él nos lleva y está siempre preparado para asegurar nuestra debilidad con todas sus gracias. No temamos que él alguna vez nos falte, a menos que no le seamos fieles. Nuestro Señor quiere nuestra confianza: ¿cómo no confiarnos a su Corazón, cuando Él es todopoderoso y todo misericordioso? La desconfianza y el desaliento deberían sernos absolutamente desconocidos, y lo serán si nos expandimos en la acción de gracias y en la docilidad a nuestros superiores.

La caridad mutua debe también informar nuestra vida, tal como la llevamos con nuestros hermanos. Recordemos las palabras del Señor: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como Yo os amé. Todos conocerán que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos para con los otros”. ¡Ah! Amándonos tiernamente, amamos al Sagrado Corazón de Jesús que vive en nosotros. ¡Que este amor sea también totalmente sobrenatural! Nos amamos para que el Sagrado Corazón de Jesús, viviendo en nosotros, viva también en todos sus miembros.

Entre nosotros, el egoísmo no debe existir; todo debe ser amor y dilección, porque debemos olvidarnos de nosotros mismos para no vivir sino por el Corazón de Jesús, y el Corazón de Jesús no es sino suavidad y misericordia. Con la caridad bien establecida en nuestros corazones, no pensaremos sino en una cosa: en expandirnos en perfumes de gratitud y de acción de gracias. Todo nuestro deseo será convertirnos en Eucaristía viva del Sagrado Corazón de Jesús, tal como este Divino Corazón es la nuestra.

En fin, estamos confusos; ¡estamos sumidos bajo el peso de las gracias y tan mal nos aprovechamos de ellas! ¡Ah!¡Qué grande es nuestra ingratitud! Ciertamente, Corazón misericordioso de Jesús, si examinases nuestras iniquidades y nuestras ingratitudes, no podríamos resistir; pero tú mismo eres la fuente inagotable, de toda la misericordia y de toda la redención. Te derramabas sobre nosotros en torrentes abundantes. No te acuerdes de nuestra miseria, sino de tu bondad que nada puede cansar; sí, tú lo harás, a partir de que nosotros nos acordemos de nuestra indignidad, que nada puede igualar, porque tú eres un Corazón pródigo para con los humildes, pero que resistes a los soberbios.

III. Los amigos del Sagrado Corazón de Jesús en el cielo

Pero cuando un amigo del Sagrado Corazón sea elevado al cielo, ¿qué hará allí? Si persevera en su vocación, será colocado muy cerca de este Corazón sagrado, sumergido por el torrente de sus delicias inefables; si fue fiel al ejercicio de la contemplación, contemplará durante toda la eternidad este Corazón que es la fuente de la alegría de los ángeles y de los santos. Será entonces como, unido a la Santísima Virgen, a S. José, a los santos, repetirá el himno de acción de gracias que ya se ejercita a entonar sobre la tierra: “Occisus es, o Cor Jesu, et redemisti nos Deus in sanguine tuo… et fecisti nos Deo nostro regnum et sacerdotes: Has sufrido la muerte, oh Divino Corazón de Jesús, y nos rescataste con tu Sangre para hacer de nosotros príncipes y sacerdotes de tu reino”.

Sí, este cántico de acción de gracias hay de convencernos aún más que los otros, porque hemos amado más al Sagrado Corazón de Jesús. Pero, ¿qué pasaría si nos faltase la generosidad, si privásemos al Divino Corazón de Jesús de la gloria que Él espera de nosotros?

¡Ah! Sursum corda! Elevemos nuestros corazones a lo alto. Elevémoslos al Corazón de Jesús el cual, para mejor tomarlos, reside en la Santa Eucaristía y repitamos con todo nuestro corazón y con todo nuestro amor nuestro Ecce venio. Amén.

Resolución. – Renuevo la consagración de todo mi ser y de toda mi vida al Sagrado Corazón. Yo te amo, mi buen Maestro, esto lo resume todo. Ecce venio. Te pertenezco.