Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús -Día 25

Padre Juan del Corazón de Jesús Dehon: Coronas de amor al Sagrado Corazón

Extraídas del libro

“CORONAS DE AMOR AL SAGRADO CORAZÓN”

del Reverendo Padre Juan del Corazón de Jesús (León Gustavo Dehon),

Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.






Día 25

QUINTO MISTERIO: VIDA DE ACCIÓN DE GRACIAS

PRIMERA MEDITACIÓN: Carácter de la acción de gracias en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús comprende, sobre todo, los tres grandes actos que forman la vida misma de este Corazón Divino: el amor, la reparación y la acción de gracias. Al terminar el curso de estas meditaciones, es bueno volver a las consideraciones fundamentales y hacer la síntesis después de haberlas meditado tal como ellas se presentaban en la Corona del Sagrado Corazón.

Los cuatro actos principales, que constituyen el fin del Sacrificio, son: la adoración, la súplica, la reparación y la acción de gracias.

I. Todo se resume en el amor

En el Sagrado Corazón de Jesús, estos actos son, no solamente el fin, sino la propia esencia del Sacrificio. En los misterios de la Encarnación y de la Pasión, se unirán necesariamente actos exteriores a estos actos interiores; pero, en la Eucaristía, solamente la vida interior subsiste, y los cuatro actos en cuestión constituyen toda la vida de sacrificio de este Divino Corazón y son como la esencia de la Santísima Misa.

Nosotros reproducimos estos mismos actos en nosotros mismos, y los dirigimos inmediatamente al Sagrado Corazón de Jesús. En el fondo, todos estos actos se resumen en el amor. Del mismo modo que Dios es todo amor, se puede decir que Jesús-Hostia es todo amor; y en este sentido también, toda la vida cristiana, toda la vida reparadora en unión con el Corazón de Jesús, se refiere a la caridad: Caritas est vinculum perfectionis.

La reparación, la acción de gracias, la propia oración son formas diferentes de caridad.

La oración por nosotros mismos es aún un acto de caridad, cuando la hacemos según las intenciones de Nuestro Señor y nos abandonamos a su Providencia.

La acción de gracias debe terminar esta oración que la oblación comenzó; en la tierra, ella es inicial, pero debe prolongarse en el cielo. En cuanto a la reparación, incluso en el cielo durará, mientras haya hombres en la tierra, pero sin expiación. La acción de gracias corresponde directamente a los misterios de la Eucaristía, porque la palabra griega Eucaristía significa acción de gracias. Vemos a Nuestro Señor Jesucristo dar gracias a Dios en todos sus misterios principales males, sobre todo, en el momento en que instituyó la Eucaristía: Gratias egit. Su mismo Corazón es una permanente acción de gracias que se expandió como un perfume en este Sacramento de amor. Así, cuando celebramos la santa Misa, elevamos las manos y los ojos al cielo para decir: Gratias agamus Domino Deo nostro: Demos gracias al Señor nuestro Dios; ofrezcámosle aquello que Él espera de nosotros, el amor del Corazón de su Hijo que es la permanente acción de gracias.

II. La acción de gracias en el Corazón de Jesús

Pero, ¿en qué consiste este acto tan importante, primero en el Corazón de Jesús y, después, en nosotros?

En el Sagrado Corazón de Jesús, la acción de gracias es un acto de amor dado a Dios por el amor que testimonió a su Divino Hijo y a nosotros, dándole, sobre todo, un Corazón capaz de dar a su Padre una gloria infinita y de asegurar a los hombres la participación en la Divinidad por la adopción divina que recibimos, especialmente, comulgando en el Sacramento del amor. Encontramos la fórmula divina de esta acción de gracias del Sagrado Corazón de Jesús en la oración de Nuestro Señor después de la Cena, de la cual sacamos los pasajes siguientes:

Et pro eis sanctifico meipsum ut sint ipsi sanctificati in veritate, esto es: me ofrezco, me inmolo por amor, a fin de unirlos a la santa oblación de mi Corazón.

Non pro eis rogo tantum, sed et pro eis qui credituri sunt per verbum eorum in me; ut omnes unum sint, sicut tu, Pater, in me, et ego in te, ut et ipsi in nobis unum sint… No rezo sólo por ellos, sino también por todos los creyentes del futuro, para que sean uno solo, como Tú, Padre mío, eres en mí y yo en Ti, para que sean uno solo en nosotros.

Yo estoy en ellos y Tú en Mí, para que ellos sean consumados en la unidad, y que el mundo reconozca que me enviaste y que los amaste como me amaste a Mí.”

Estas palabras divinas, a las cuales no se presta atención suficiente, nos revelan alguna cosa del cántico de acción de gracias del Sagrado Corazón de Jesús. Él se alegra por ver su amor vivo en nuestros corazones, se alegra con nuestra unión, por el amor de su Corazón, con el mismo Dios, con nuestra santificación, por la Encarnación y por la Pasión, y con su consumación por la Eucaristía.

Así es como Él se vuelve, en el augusto Sacramento, la acción de gracias viva y perpetua que ama, repara y santifica.

III. La acción de gracias en nuestros corazones

Pero, ¿cuál debe ser la acción de gracias en nuestros corazones? La Iglesia nos traza a su fórmula exacta en el Gloria in excelsis Deo: Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam: Nosotros te damos gracias por tu inmensa gloria. Ahora, la inmensa gloria de Dios sobre la tierra es el Corazón Sagrado de Jesús, es el amor con el cual Nuestro Señor ama a su Padre, es también el amor con el cual nos ama, es su glorificación producida en nosotros; son los misterios inefables de la Encarnación, de la Pasión y de la Eucaristía. La gloria de Dios es el sacrificio del Divino Corazón de Jesús, junto al cual cualquier otra glorificación divina sobre la tierra es accesoria y accidental.

Debemos, aquí, observar la íntima unión de la acción de gracias con la reparación.

¿Cuál es el objeto propio de la reparación? ¿No es la ingratitud? Ahora, ¿que es la ingratitud, sino la falta de reconocimiento y de acción de gracias? Por consiguiente, la acción de gracias trabaja, a su vez, para arrancar las espinas que penetran en el Corazón de Jesús y es, por sí misma, esencialmente reparadora.

Y como es el mismo Corazón de Jesús el que está presente en la Santa Eucaristía, que es el órgano de este acto verdaderamente divino, nos unimos a Él para repetir con la Santa Iglesia: Gratias agamus Domino Deo nostro per Cor Jesu et in Corde Jesu et cum Corde Jesu: Damos gracias al Señor Dios nuestro, por el Corazón de Jesús, en el Corazón de Jesús y con el Corazón de Jesús.

Resolución. – Corazón de Jesús, sé Tú mismo mi acción de gracias. ¿Qué daré al Señor por todos sus beneficios? “Tomaré el cáliz y ofreceré a Dios la sangre del Corazón de Jesús”.