Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús -Día 23

Padre Juan del Corazón de Jesús Dehon: Coronas de amor al Sagrado Corazón

Extraídas del libro

“CORONAS DE AMOR AL SAGRADO CORAZÓN”

del Reverendo Padre Juan del Corazón de Jesús (León Gustavo Dehon),

Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.






Día 23

CUARTO MISTERIO: VIDA ULTRAJADA POR LOS MALVADOS

QUINTA MEDITACIÓN: Reparación e inmolación

La reparación debe estar unida al amor, en la devoción al Sagrado Corazón. “Uno de los fines principales de la devoción al Sagrado Corazón, dice León XIII, es la reparación, que consiste en expiar por nuestros homenajes de adoración, de piedad y de amor, el crimen de ingratitud, tan común entre los hombres, y para aplacar la cólera de Dios por el Sagrado Corazón” (Carta Apostólica, 28 de Junio de 1889).

Esta reparación debe hacerse, sobre todo por el amor, que es formalmente opuesto a la ingratitud; pero Ntro. Señor pide también a algunas almas la reparación por el sufrimiento, como un holocausto a su justicia.

I. Reparación por el amor y por los méritos del Sagrado Corazón

Mi amor, decía Nuestro Señor a la Beata Margarita María, me hizo sacrificar todo por los hombres, sin que ellos me correspondan… Solo tiene frialdad y rechazos respecto a todas mis diligencias en hacerles bien; tú, por lo menos, dame este placer de suplir a su ingratitud por los méritos de mi Sagrado Corazón, en la medida en que fueras capaz”.

Para reanimar la caridad tan fría y casi extinguida en la mayor parte de los cristianos, decía la Beata al Padre Croiset, Nuestro Señor quiere darles, por esta devoción, un medio de amar a Dios por este Sagrado Corazón, tanto cuanto Él lo desea y lo merece, y reparar así sus ingratitudes”.

El culto de reparación que Nuestro Señor espera de nosotros debe, por tanto, proceder del amor, pero de un amor encendido en su Corazón y borbotando de esta divina hoguera; de un amor que no se contenta con afectos o con sentimientos, pero que pasa a los actos más generosos de las virtudes cristiana y a la paciencia en las pruebas. En el Corazón de Jesús, tenemos que tomar este precioso suplemento de la caridad, la única que le puede volver nuestras reparaciones agradables.

Ofreceremos, ante todo, el propio Sagrado Corazón de Jesús a su Padre, como víctima de reparación, y la acrecentaremos con la gota de agua de nuestras pequeñas reparaciones.

II. Reparaciones especiales

Nuestro Señor pidió a la Beata reparaciones especiales por los pecados cometidos contra la Santa Eucaristía: “No recibo, le dice, de la mayor parte de los hombres sino ingratitudes por sus irreverencias y por sus sacrilegios, por sus frialdades y por los desprecios que tienen por Mí en este sacramento del amor. Es, por eso, que te pido que se repare las indignidades que mi Corazón recibe en los altares”.

Él pidió también reparaciones por los ultrajes hechos a su Corazón por las personas consagradas a Dios: “No recibo de la mayor parte de los hombres más que ingratitud, le dice Nuestro Señor, pero a lo que soy más sensible es que son corazones que me están consagrados y ultrajan mi Cuerpo; estos atacan mi Corazón, que nunca dejó de amarlos.”

En esta ocasión, Nuestro Señor se muestra todo sangriento y cubierto de heridas. Sufre por causa de las comuniones mal hechas, sufre por causa de los actos de orgullo, sufre por la tibieza de las almas consagradas.

¡Cómo deben estimular estas llagas dolorosas de Jesús nuestra compasión!

III. Víctima de justicia

Margarita María no fue solamente una víctima de amor, Nuestro Señor le pidió aún que se ofreciese como víctima de expiación a la justicia divina.

Le propuso dos vías: una vía de amor todo consuelo y una vía de sufrimiento todo crucificada. Como la presionase a escoger, ella rehusó hacerlo y remitió la opción a Él, por deferencia a su voluntad y a sus designios, y Nuestro Señor escogió para ella la vía crucificante.

Busco para mi Corazón, le dice otra vez, una víctima, que se quiera sacrificar para el cumplimiento de mis designios, como una hostia de inmolación”.

Y ella dice: “Mi amable Salvador no me dio ningún descanso hasta que, por orden de la obediencia, fuese inmolada a todo lo que Él deseaba de mí, que era volverme una víctima inmolada a toda especie de sufrimientos, de humillaciones, de contradicciones, de dolores y de desprecios, sin otra pretensión que la de cumplir sus designios”.

Resolución. –Salvador mío, no os pido el favor de ser una víctima especial de tu justicia, esto sería temerario; pero os pido el espíritu de reparación que se manifiesta por una vida de abandono, de sacrificio y de amor.