Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús -Día 22

Padre Juan del Corazón de Jesús Dehon: Coronas de amor al Sagrado Corazón

Extraídas del libro

“CORONAS DE AMOR AL SAGRADO CORAZÓN”

del Reverendo Padre Juan del Corazón de Jesús (León Gustavo Dehon),

Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.






Día 22

CUARTO MISTERIO: VIDA ULTRAJADA POR LOS MALVADOS

CUARTA MEDITACIÓN: Del espíritu de la reparación eucarística

Hay tres especies principales de reparaciones. Una consiste en reparar detenidamente por tal persona, practicando tales o cuales actos de virtudes contrarias a los vicios de esta persona. Esta especie de reparación está sujeta a la ilusión y, por regla general, no puede ser aconsejada. Sin embargo, el Sagrado Corazón de Jesús puede pedirla a algunas almas altamente favorecidas por Él.

La segunda especie de reparación consiste en las mortificaciones y en las penitencias exteriores. Es siempre necesaria en una cierta medida, pero no es el fin principal de la devoción al Sagrado Corazón. Es por el corazón como es, sobre todo, preciso reparar las heridas del corazón. Sin embargo, el Sagrado Corazón de Jesús podría pedir penitencias exteriores mayores a algunas almas consagradas a su Corazón; sus directores podrían autorizarlas, si tuviesen una prueba manifiesta de la voluntad divina y de que estas prácticas no ofreciesen ningún peligro, el del orgullo, por ejemplo, o el de la singularidad.

I. La reparación eucarística

Pero la reparación que, sobre todo, nos es pedida y para donde el Espíritu Santo impele, hoy a las almas, es la reparación eucarística propiamente dicha. Ella se apoya en dos principios:

1°. En la Santa Eucaristía, el Sagrado Corazón de Jesús es el Único Verdadero Reparador, del mismo modo que Él es el único órgano verdadero del amor y de la acción de gracias.

2°. Nosotros nos asociamos al Divino Corazón de Jesús para este gran oficio de la reparación, considerando bien que nos cabe a nosotros, ayudados por la gracia, presentar el agua de nuestras disposiciones en nuestros corazones y que cabe a su amor transformarlos en actos de amor generoso, como el vino milagroso de Caná.

Las disposiciones que debemos tener para cumplir bien nuestra misión de reparadores son negativas, esto es, alejan los obstáculos; y positivas, esto es, forman actos reales. Las disposiciones negativas consisten en alejar el apego a las criaturas, por la renuncia, y el amor propio, por la abnegación y por la humildad. Todo el afecto viciado, todo el acto voluntario procedente de este afecto, nos impedirían corresponder a nuestra vocación.

Pero, a fin de facilitar estas renuncias, que son la muerte a la naturaleza y a nosotros mismos, meditemos con frecuencia en las amabilidades y en los beneficios del buen Maestro, para comenzar a hacer actos de amor ardientes al Sagrado Corazón de Jesús y a regular nuestro interior por su amor.

Las disposiciones positivas consisten: 1°, en el acto de abandono a este Sagrado Corazón de Jesús, por el cual estamos dispuestos a recibir todo lo que Él nos envía para su mayor gloria y por su amor; 2°, en el ejercicio de la contemplación, por el cual nos unimos a Él, para cumplir toda su voluntad y ser sus instrumentos dóciles. Estas disposiciones deben estar siempre en nuestro corazón y perfeccionarse con Él, en cuanto cumplimos los actos propios de la reparación eucarística de la que hablaremos.

II. La Santísima Misa

Ya hablamos de la dignidad y del mérito infinito de la santísima Misa. El Sacrificio Eucarístico es el acto soberano de amor, de reparación y de acción de gracias, al mismo tiempo que es un acto de oración.

Formulemos la intención de ofrecer siempre la Santa Misa para la mayor gloria y el mayor amor del Sagrado Corazón de Jesús, juntamente con la intención especial de cada día.

Asociémonos de todo corazón al Sagrado Corazón de Jesús que se ofrece y se inmola a su Padre. Por el resto, el Sagrado Corazón de Jesús no es más que el amor, la reparación y la acción de gracias vivas y encarnadas. Esta asociación se hace de un modo más o menos perfecto, conforme lo quisimos, con más o menos fuerza, más o menos amor.

Todo nuestro corazón debería abismarse en esta unión sacerdotal al Sagrado Corazón de Jesús, sacerdote y víctima. Es el ejercicio más sublime, más fecundo, lo que nos sustrae más a nosotros mismos y las criaturas, y que obtiene siempre su efecto, desde que estamos en estado de gracia.

La unión al sacerdocio del Sagrado Corazón de Jesús, la ofrenda sacerdotal que de Él hacemos y de nosotros mismos con Él, es hecha con un amor real y una gran confianza, apaga en un instante todos nuestros pecados veniales, porque es un acto de amor perfecto; paraliza nuestras malas disposiciones y nos dispone a prestar, de hecho, una enorme gloria, un enorme amor y una eficacísima reparación al Sagrado Corazón de Jesús.

Ex opere operato, toda la Misa, igual que fuese celebrada por un padre indigno, es esencialmente un acto infinito de amor, de reparación y de acción de gracias de parte de Nuestro Señor; pero cuando nosotros nos asociamos a estas disposiciones sacerdotales del Sagrado Corazón de Jesús, a través de un acto positivo y personal, obtenemos ex opere operantis, gracias incalculables destinadas a formar el Corazón místico de Jesús en la Iglesia.

Como dijimos, hagamos que la Santísima Misa sea nuestra devoción especial y nuestro instrumento de reparación. ¿Tal vez tengamos mucha negligencia para reprobarnos a este respecto?

Estemos convencidos de que su corrección será uno de los frutos más excelentes de este retiro. Pero para volver muy real a nuestra unión al Corazón sacerdotal de Jesús, es necesario que estemos unidos a Él por el ejercicio de la contemplación continua.

III. La Hora Santa y la adoración

El ejercicio de la Hora Santa, recomendado por el mismo Nuestro Señor a la Beata Margarita María, debe hacerse en la intención de reparar las faltas, los olvidos, las indiferencias y las ingratitudes de las almas cristianas. Por el ejercicio de la Hora Santa, nos vuelve realmente ángeles consoladores del Sagrado Corazón de Jesús. ¡Ah! ¡Si nosotros pudiésemos transformar todo nuestro corazón en amor compasivo por el Sagrado Corazón de Jesús! ¡Que sea éste todo nuestro deseo! Y durante este santo ejercicio, unámonos a la Santa Virgen, a S. Juan, a la Beata Margarita María y al Sagrado Corazón de Jesús, llorando y gimiendo por causa de nuestros crímenes, y esta unión nos atrae las mejores gracias reparadoras.

La adoración del Sagrado Corazón de Jesús en su Sacramento expuesto es también uno de los principales ejercicios de reparación. En nuestro tiempo, el Espíritu Santo impele con una fuerza totalmente divina a la Iglesia a tomar frecuentemente como objeto de contemplación del Santísimo Sacramento expuesto en nuestros tabernáculos.

Roma, que es la directora de la verdadera piedad, adoptó este ejercicio con tal esplendor que prima sobre todos los otros. Y de allí se expande a todo el universo. Las exposiciones del Santo Sacramento se multiplicarán hasta el infinito. Varios institutos religiosos tienen al Santo Sacramento expuesto todos los días; otros, todas las semanas.

La Divina Víctima es el objeto de sus contemplaciones más frecuentes.

En cuanto a los amigos del Sagrado Corazón de Jesús, estos no olvidan de contemplarlo, sobre todo, en la Humanidad Santa del Salvador, la fuente y el fundamento de todo lo demás, el amor, el mismo Corazón de Jesús. Después de la Santa Misa, no hay ejercicio que lo supere en mérito y en eficacia.

En el Santísimo Sacramento, la oración del Corazón de Jesús, esta oración que es todo amor, reparación, acción de gracias, dura siempre, ardiente, abrasadora, todopoderosa, capaz de repararlo todo. Sepamos, por tanto, unirnos a ella, tomarla, colocarla en nuestro corazón, para que viva de esta vida de amor y de inmolación, y que ahí se consuma como la lámpara del santuario.

Tales son los sentimientos que nos deben inspirar, cuando nos presentamos a la adoración del Sagrado Corazón de Jesús en el Santo Sacramento.

Nuestra adoración no siempre reclama muchas palabras; hay también momentos de silencio que por sí mismos son elocuentes. Nada más bello y más conmovedor que la unión a este Corazón siempre silencioso y siempre actuante por nosotros. San Alfonso de Ligorio dice que esta oración al Divino Sacramento produce, a veces, gracias sensibles como la propia Santa Comunión. En esta adoración, es el amigo que habla a su amigo sobre los intereses de su amor y de su gloria.

En fin, no nos podemos olvidar de que esta devoción al Sagrado Corazón de Jesús nació en medio de una adoración al Santísimo Sacramento. Es por medio de este ejercicio que ella se esparcirá, se fortificará y se volverá el órgano todopoderoso del amor, de la reparación y de la acción de gracias.

Resolución. – Buen Maestro, comprendo que los ejercicios cumplidos con tibieza no son una reparación, sino una nueva ofensa a tu Divino Corazón; cambia mi corazón, hazlo fervoroso, te lo pido con todas mis fuerzas.