SAN ANECTO

MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA

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 Hoy nos encomendamos a:

San Anecto, mártir.

Reinando el emperador Diocleciano, y estando de gobernador en Cesarea de Palestina un tal Urbano, fue presentado a éste un cristiano llamado Anecto, hombre venerable por su edad, ‘por su ciencia y por el género de vida que hacia tiempo llevaba. Después de un cruel diálogo, fue competido a adorar a los ídolos; pero manteniéndose constante e invencible, fue atado sobre cuatro palos, y azotado tan inhumanamente que todo su cuerpo quedo hecho una llaga. En seguida lo suspendieron del ecúleo y le desgarraron con garfios todas las carnes; pero apareciéndosele entonces un ángel del cielo, le consolo y le curo todas las heridas. Al día siguiente le ataron por el cuello a un palo de hierro, y colgándole de sus pies enormes pesos, y oprimiéndole el pecho y espaldas entre dos planchas de hierro candentes, lo metieron en esta postura otra vez en la cárcel, dejándole así abandonado. El ángel del Señor volvió á visitarle y le libro de las ataduras. Después lo metieron en una caldera de pez hirviendo, y le hicieren beber plomo derretido, y le colocaron en la cabeza una corona de llamas. Habiendo salido siempre ileso de tantas y tan grandes tormentos, muchos infieles, a esta vista, creyeron en Dios y derramaron su sangre por la fe. San Anecio fue por fin condenado a ser decapitado, y al momento de separarle la cabeza del tronco, mano leche en vez de sangre, y con la cabeza en las manos anduvo unos cuantos pasos, hasta que su alma voló a gozar de Dios.

Leer el Santo Evangelio del día  y catena aurea