Misterios de Iniquidad
PRIMERA POSTURA
CARTA DEL SUPERIOR GENERAL DE LA NEO-F$$PX
DON DAVIDE PAGLIARANI
Menzingen, 28 de octubre de 2019 la fiesta de los santos Simón y Judas, apóstoles

Estimados miembros de la Sociedad:
El reciente Sínodo en el Amazonas fue testigo de terribles escenas en las que se desarrollaba la abominación de los ritos idólatras dentro del santuario de Dios, a través de nuevas e impensables maneras Y luego, el documento final de esta tumultuosa asamblea atacó la santidad del sacerdocio católico, presionando tanto por la abolición del celibato eclesiástico como por el establecimiento de un diaconado femenino. Verdaderamente, las semillas de la apostasía que nuestro venerable fundador el arzobispo Marcel Lefebvre, había identificado desde los primeros días de trabajo del Concilio, continúan produciendo sus frutos podridos con renovada efectividad.
En nombre de la inculturación, los elementos paganos están cada vez más integrados en la adoración divina y podemos ver, una vez más, cómo la liturgia que siguió al Concilio Vaticano II se adapta perfectamente a esto.
En respuesta a estos eventos, pedimos a todos los miembros de la Sociedad, incluidos los miembros de la Tercera Orden, que observen un día de oración y reparación, porque no podemos permanecer indiferentes ante tal ataque sobre la santidad de la Santa Madre la Iglesia Les pedimos un día de ayuno observado en todas nuestras casas el sábado 9 de noviembre. Invitamos a todos los fieles a hacer lo mismo y también alentamos a los niños a ofrecer oraciones y penitencia
El domingo 10 de noviembre de 2019, cada sacerdote de la Sociedad celebrará una Misa de reparación, y en cada capilla, las Letanías de los Santos, tomadas de la liturgia de las Rogaciones, serán cantadas o recitadas para pedirle a Dios que proteja a la Iglesia y que la evite los castigos que tales los actos no pueden dejar de caer sobre ella. Instamos a todos los amigos sacerdotes, así como a todos los católicos que aman a la Iglesia, a hacer lo mismo.
Tales actos son por el honor de la Santa Iglesia Católica Romana fundada por Nuestro Señor Jesucristo, que no es idólatra ni panteísta.
SEGUNDA POSTURA

MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE Y VISITA DE JUAN PABLO II A LA SINAGOGA
CONFERENCIA
Martes 15 de abril de 1986 en Ecône
Queridos amigos, ¡pudieron, durante las vacaciones, reflexionar sobre el sermón del domingo de Pascua!…
(Nota: En el Sermón del Domingo de Pascua del 30 de marzo de 1986, Monseñor Lefebvre había dicho: “Nos encontramos verdaderamente frente a un dilema gravísimo, que creo no se planteó jamás en la Iglesia: que quien está sentado en la Sede de Pedro participe en cultos de falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Qué conclusión deberemos quizás sacar dentro de algunos meses ante estos actos repetidos de comunión con falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto. Pero es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa no es Papa. No quiero decirlo aún de una manera solemne y formal, pero parece, sí, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje pública y formalmente”).
Entonces querría, puesto que hay distintos ecos, distintas reacciones, querría clarificar un poco, en la medida en que es posible, porque la situación de la Iglesia es una situación tan misteriosa, que no es tan fácil clarificar las cosas…
Digamos, en primer lugar, ¿por qué esta posición adoptada, por qué hablar así de los actos del Papa, y juzgar hasta cierto punto los actos del Papa, como se podría hacerlo de los cardenales, de los obispos, de la Curia Romana?
Pienso que la respuesta es simple, ¿verdad? Estamos convencidos, y debemos estar convencidos, que lo que hay en primer lugar, lo que hay de fundamental en nuestra vida cristiana y en nuestra vida, es la fe.
¿Por qué Ecône, por qué la Fraternidad, por qué la resistencia de tantos sacerdotes y fieles?… para guardar la fe, ya que es el primer mandamiento, y la primera obediencia que debemos a Dios, por la revelación que nos hizo, la revelación de su Divino Hijo y de su Encarnación y sus Misterios: Misterio de la Redención, Misterio de la Resurrección, de glorificación. Es toda una revelación, revelación que nos es comunicada por Dios. Y ante la comunicación de esta revelación por Dios, ¿cuál debe ser nuestro primer sentimiento? … obediencia: yo creo. No puedo hacer otra cosa que creer.
Entonces, esta fe no va completamente sola. Esta fe tiene necesidad, por lo tanto, de transmitirse. Y si es necesario transmitirla, son necesarios órganos para transmitirla. Y por eso Nuestro Señor constituyó su Iglesia, constituyó sus sacerdotes, constituyó su sacerdocio.
Y al mismo tiempo que la fe, Dios participó la gracia, la santificación, y en consecuencia todos los medios de santificación. Esto es la Iglesia. Y es lo que la Iglesia hizo durante veinte siglos. Se organizó, se constituyó, se estructuró, de una determinada manera, si se puede decir, para eso.
¿Qué es el Santo Oficio si no la defensa de la fe, la protección de la fe de los fieles, por todos los medios a su disposición? El Santo Oficio de la Inquisición de fe que busca todo lo que puede ser nocivo para la fe de los fieles y debe proteger a los fieles contra los ataques del error, los ataques del espíritu astuto que quiere obviamente introducir herejías y errores dentro de la Iglesia, de la Cristiandad.
¿Qué es el Dicasterio de la Propaganda? Es el dicasterio de la difusión de la fe, de propaganda fide, es eso el título de la Propaganda. De la difusión, pues, de la fe.
¿Para qué el Dicasterio de los obispos? Porque los obispos son los sucesores de los Apóstoles, los que deben difundir la fe. ¿Por qué el Dicasterio de los Sacerdotes, del Clero? Porque el Clero está encargado de difundir la fe, y en consecuencia es necesario dar al clero las directivas, protegerlo contra las dificultades que puede tener. Y es este Dicasterio el que se encarga del Catecismo porque son los sacerdotes los que están encargados de enseñar el Catecismo, y en consecuencia es el Dicasterio del Clero el que enseña el Catecismo.
Todo eso es tan natural, diría, evidente. Se organizó toda la Iglesia Romana para la fe, propagar la fe, comunicar la fe, y luego, al mismo tiempo, comunicar la gracia por supuesto: Dicasterio de los Sacramentos, Dicasterio del Culto, de la Liturgia, de la adoración de Dios, de la manera de adorar a Dios. Y todo eso en función de la fe.
Es lo que han hecho los Apóstoles. Basta con citar solamente dos o tres textos de los Apóstoles… Cuando Pedro hizo ese milagro extraordinario de ese paralítico que curó; a continuación, preguntado por los príncipes de los sacerdotes que querrían impedirlos de predicar, Pedro, lleno del Espíritu, les dijo: Jefes del pueblo y ancianos de Israel, si se nos interroga hoy sobre un beneficio concedido a un enfermo para saber cómo se curó a este hombre, sabedlo bien, todos vosotros y todo el pueblo de Israel, es por el nombre de Jesús de Nazareth, a quien crucificasteis —¡a quien crucificasteis, no tiene miedo de decirlo! — y que Dios resucitó muertos. ¡Es por Él que este hombre se presenta ante vosotros, plenamente curado! Este Jesús es la piedra rechazada por vosotros los edificadores del edificio, y que se convirtió en la piedra angular. ¡Y la salvación no está en ningún otro, ya que no hay bajo el cielo otro nombre que se haya dado a los hombres por el cual podamos ser salvos!
Entonces, ¿qué van a hacer los príncipes de los sacerdotes? Porque ven la seguridad de Pedro y de Juan, reconocieron bien que había allí un milagro ante el cual no podían hacer nada. Entonces, ¿qué van a hacer?… Llamándolos, les prohibieron absolutamente hablar y enseñar en nombre de Jesús: Haced todo lo que queráis, pero no habléis más de Jesús… Pedro y Juan respondieron: Juzgad si está bien ante Dios obedecer más a vosotros que a Dios. En cuanto a nosotros, no podemos no decir esto que vimos y oímos. Debemos seguir…
Es esto. Se pueden leer todos los Hechos de los Apóstoles, es siempre la misma cosa.
Los arrestaron nuevamente: Los trajeron, pues, y los presentaron en el Sanedrín. El Sumo Sacerdote los interrogó y les dijo: “Os prohibimos severamente enseñar en ese nombre, y sin embargo vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra doctrina y queréis hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre”. Pedro y los apóstoles contestaron: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros disteis muerte colgándolo de un madero. A éste lo ha exaltado Dios con su diestra como Jefe y Salvador, para conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estas cosas, y también el Espíritu Santo que ha dado Dios a los que lo obedecen”.
Así es cómo han respondido los Apóstoles: siempre enseñando a Nuestro Señor. Y la palabra de Dios se extendía cada vez más. El número de los discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y una multitud de sacerdotes obedecían a la fe.
Es necesario hacer bien hincapié en este término: obedecían a la fe. La fe, es una obediencia. Nosotros debemos obedecer a la fe.
Y pienso que es esto lo que ahora es crucial delante de nuestros ojos: que nos encontramos delante de Obispos, e incluso del Papa, que no obedecen ya a la fe…
Por qué ir a los judíos… Son los mismos judíos, básicamente, los mismos que los que negaron Nuestro Señor. Es la misma cosa, exactamente, el mismo espíritu.
Están en contra de Nuestro Señor Jesucristo. Cantaron, al partir el Papa de la Sinagoga: Esperamos al Mesías, esperamos al Mesías, esperamos al Mesías…
Si lo esperan, es que no creen en el que vino. Queda claro.
¿Entonces? Pues no es posible rogar con gente como ésta, no es posible. Hay allí una desobediencia a la fe en Nuestro Señor Jesucristo. No se predica ya a Nuestro Señor Jesucristo como se debería hacerlo, como lo hicieron los Apóstoles.
Entonces, nos encontramos ante este hecho que los teólogos llaman la communicatio in sacris. Es un hecho: communicatio in sacris.
Tomad vuestros libros de Moral. Ved la virtud de fe, y veréis que en la virtud de la fe hay siempre un pequeño capítulo sobre la protección de la fe y la defensa de algunas cosas que se refieren a la fe.
La communicatio in sacris está, en principio, prohibida. Pero se la distingue entre activa y pasiva.
Pasiva, es el que va por curiosidad a una ceremonia no católica —es siempre no católico; ponen siempre en una misma categoría a los no católicos, por lo tanto los protestantes, los musulmanes, todos los cultos posibles e inimaginables que no son católicos— entonces hay allí la participación pasiva, por lo tanto por curiosidad o por razones de ceremonias para amigos, padres, que no son católicos, pero siempre pasivos: ninguna oración, ninguna comunicación, ningún canto en el cual participan; están allí absolutamente pasivos. Entonces esto se autoriza en algunos casos.
Pero la communicatio in sacris activa está absolutamente prohibida, absolutamente prohibida.
Entonces cuando se trata de los rezos, cantos, incluso el órgano, está prohibido, absolutamente prohibido.
Aunque las palabras de las oraciones sean palabras ortodoxas y que no sean contrarias a la fe católica. Incluso siendo así, no se tiene el derecho a rezar con los que no tienen nuestra fe, que no tienen la fe católica; es, hasta cierto punto, comulgar con ellos en su fe, en una fe que no es católica.
Entonces, implícitamente, es un acto contrario a la fe católica, y en consecuencia un acto que los pone en la situación de sospechoso de herejía. Y si se es advertido, y seis meses después se sigue, se es considerado, entonces, como hereje.
¿Qué queréis? Es un hecho. El Papa rezó con ellos.
Y lo anuncian incluso todos estos últimos días —en el L’Osservatore Romano que he leído hoy: el anuncio para Asís— y bien el Papa anuncia que va a rezar con todas las religiones a Dios… ¿A qué Dios? Va a rogar a Dios…, pues, con todas las religiones por la paz, se dice…
Esto es un problema, un problema teológico, un problema que pueden consultar… El Derecho Canónico, la communicatio in sacris… En el Diccionario de Derecho Canónico, de Naz, verán lo que dice. Id a consultar todos los libros de moral, la virtud de la fe, encontraréis la communicatio in sacris. No es muy largo, es algo menos explícito que en Naz, en el Diccionario de Derecho Canónico, pero veréis allí lo que es. Veréis si no estamos ante un caso de este tipo.
Entonces me diréis: — Pero el Papa está por sobre la ley.
¡El Papa no está por sobre las leyes divinas!
Está por sobre las leyes eclesiásticas, de acuerdo. No se puede decir que, porque hizo eso, él va a ser excomulgado. Esta es una ley eclesiástica, como consecuencia de esta sospecha de herejía y esta herejía… Pero, en fin, eso es una ley a pesar de todo…; que está hecha por la Iglesia, es otra cosa.
Pero, en lo que se refiere a la sospecha de herejía y la herejía, es una consecuencia directa de una communicatio in sacris, por lo tanto, una comunión con gente que no tiene nuestra fe.
Eso, eso cae exactamente bajo la prescripción, la prohibición que San Pablo hizo a los Corintios, diciendo: — No hay que tener contacto con los infieles. ¿Qué relación hay entre Belial y Dios? ¿Qué relación entre las tinieblas y la luz?
Eso no puede quedar más claro. Pero San Juan también dice la misma cosa. Prohíbe ir precisamente con los infieles, comulgar con los infieles, encontrarse juntos… ¡y con mayor razón en el rezo!
A continuación, se plantean otros problemas. Hay otro problema. Si de verdad se comprueba que el Papa hace communicatio in sacris y que, por lo tanto, es sospechoso de herejía, y que si sigue —y de hecho hace 3-4 actos similares, y se propone hacer otro aún mucho más grave con todas las religiones de la tierra— entonces… ¿puede un Papa ser herético? Se plantea necesariamente la cuestión.
Se responderá: eso es aún otro problema, por lo tanto, no se soluciona, digamos, absolutamente…
Pero, en fin, pienso que basta con ir a consultar los teólogos, con ir a consultar a todos los que estudiaron estas cuestiones, para ver…
Es muy probable que, en su conjunto, los teólogos digan que el Papa no puede ser herético públicamente, por lo tanto, profesar públicamente una herejía.
Ahora bien, si hay algo que es público, está bien claro que es lo que hizo el Papa; es esto que hizo hace dos días. Hay quizá mil millones de hombres sobre la tierra que vieron al Papa entrar en la Sinagoga, ya que es difundido mundialmente por los satélites y que el mundo entero pudo verlo por la televisión.
Saben, cuando digo el mundo entero, yo no me equivoco, porque les garantizo que, id a Perú, id a Bolivia, id a Colombia, id a los barrios más pobres de las ciudades más miserables…, de la gente que sólo tiene cuatro paredes, y de chapas o de la paja… ¡allí está la televisión! Y bien sí, tienen un televisor. Es la primera cosa que se compran. Tienen la televisión… Id a Bombay, en los barrios más pobres, más desamparados, hay una antena de televisión. ¡Es increíble! ¡Esta televisión tiene una influencia increíble!
Entonces ver, todos pudieron ver al Santo Padre que entraba en la Sinagoga. Muchos católicos, por supuesto que hay otros que no son católicos, pero muchos católicos vieron eso… gente pobre, pequeños cristianos de la campaña, sin casi darse cuenta —ya que ahora no se tiene ya la fe, es allí lo grave del problema… no se tiene ya la fe católica, disminuyó por todas partes, se reduce de verdad a pocas cosas— entonces no ven la malicia de eso.
El Papa fue a visitar a los judíos, apretó la mano del gran rabino, hizo un acto de caridad, hizo una visita agradable de cortesía, etc. No ven. Es la reacción de la mayoría de la gente. ¿Por qué? Porque no tienen ya la fe en Nuestro Señor Jesucristo. No tienen la fe en la única salvación del mundo, en el único Salvador del mundo que es Nuestro Señor Jesucristo: ¡Oh! Uno se salva en todas partes, y tanto más… puesto que el Papa hace eso, por lo tanto, es que todas las religiones son buenas, que se sea judío, que se sea musulmán, que se sea cualquier cosa, eso no tienen importancia… Se va siempre hacia el mismo Dios… como él dice, por otra parte, desgraciadamente, el mismo Papa.
Lo tengo en un discurso en Camerún; dice explícitamente: ¡nosotros, católicos, creemos que Jesús es el único medio para ir a Dios, pero respetamos todas las vías que conducen a Dios! … Entonces, si sólo hay un único medio para conducir a Dios, ¿cómo se pueden respetar todas las vías que conducen a Dios?… pues hay otras vías que conducen a Dios… ¡según la conciencia de cada uno!…
¡Es increíble! No es eso lo que dijeron los Apóstoles. ¡Hubiesen dejado a los judíos en su buena conciencia, pero no decirles que debían convertirse!
Entonces el problema se plantea.
Primer problema: la communicatio en sacris.
Segundo problema: la cuestión de la herejía.
Tercer problema: ¿el Papa es aún Papa cuando es hereje?
¡Yo no sé, no zanjo! Pero pueden plantearse la cuestión ustedes mismos. Pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la cuestión. No sé. Entonces, ahora, ¿es urgente hablar de esto?…
Se puede no hablar, obviamente… Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes…
¿Es necesario hablar a los fieles? Muchos dicen: — No, no habléis a los fieles. Van a escandalizarse. Eso va a ser terrible, eso va a ir lejos…
Bien. Yo dije a los sacerdotes, en París, cuando los reuní, y luego a vosotros mismos, ya os había hablado, yo dije: pienso que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles…
No digo que sea necesario hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimento a los fieles para asustarlos… No. Pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión precisamente de fe. Es necesario que los fieles no pierdan la fe. Somos encargamos de guardar la fe de los fieles, de protegerla.
Van a perder la fe… incluso nuestros tradicionalistas. Incluso nuestros tradicionalistas no tendrán ya la fe en Nuestro Señor Jesucristo. ¡Ya que esta fe se pierde! Se pierde en los sacerdotes, se pierde en los obispos.
No se cree ya en la virtud de Nuestro Señor Jesucristo. No se cree ya en su divinidad. Es el Cardenal Ratzinger mismo quien lo dijo. Dijo en su informe: – Europa no cree ya en la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, y especialmente el clero europeo no cree ya…
Y bien, ¡es grave!, es la cosa más grave que se pueda decir. No creen ya en la virtud sobrenatural de Nuestro Señor y que Nuestro Señor es de verdad el medio de salvar las almas. Entonces ya no buscan más que medios humanos. De ahí la teología de la liberación. De ahí todos los principios revolucionarios. No se busca ya la justicia por la virtud, por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, por la conversión de las almas, por la transformación de las almas, la cristianización de las almas: cada uno de los que han sido bautizados revistieron a Jesucristo. He aquí la civilización cristiana, he aquí la transformación de las almas, he aquí la verdadera revolución que debe hacerse en las almas, para la civilización cristiana. Y no la revolución por la base, con las armas si es necesario, contra los tiranos: ¡es poner el fuego en la pólvora! Es excitar el odio en la gente.
Entonces, he aquí la situación en la cual nos encontramos y es necesario volver nuevamente siempre a eso: tengamos la fe, reavivemos nuestra fe, porque es debido a la fe que se pierde que el Concilio fue lo que fue. Porque los obispos no tienen ya la fe, y los sacerdotes no tienen ya la fe. Es por eso que abandonaron el sacerdocio, es por eso que pretendieron ser sacerdotes obreros. Pretendieron hacer cualquier cosa: congresos y congresos, reuniones, asambleas, sínodos, y todo eso… supuestamente por la fe… Pero es necesaria la gracia de Dios, es la gracia de Nuestro Señor Jesucristo. Es Él quien salvará, es Él que es todopoderoso. Es Dios. Es Él que vino adrede para eso, para salvarnos. Es Él quien debe salvar, no somos nosotros, no somos más que instrumentos…
Pienso que allí está el problema.
Y se dice: Monseñor va a hacer cisma… Pero ¿quién hace cisma? … ¡No soy yo! Para hacer cisma es necesario dejar la Iglesia. Y dejar la Iglesia, es dejar la fe, en primer lugar.
¿Quién deja la fe de la Iglesia? La autoridad está al servicio de la fe. Si ella abandona la fe, es ella quien hace cisma. Entonces no somos nosotros quienes hacemos cisma.
En cuanto a la cuestión de la consagración de un obispo, ya os hablé. Yo diría ahora que la cuestión se vuelve casi secundaria, dada la gravedad del problema ante el cual nos encontramos, en fin, que tenemos delante de los ojos, lo que hace el Papa.
Es eso ahora lo que es de verdad trágico, absolutamente trágico… y que nos llena de tristeza, y que debe llenarnos también del deseo de rezar, de sacrificarnos, de suplicar a Dios para que intervenga…
Yo no soy profeta, pero me pregunto si la guerra que ha comenzado hoy —ya que la guerra ha comenzado a la 4 de esta mañana, la guerra abierta de América contra Libia— sea la chispa que quizá que va a poner el fuego en la pólvora en el mundo.
Quizá sea la respuesta de Dios al acto que hizo el Papa el domingo. No sé nada, no soy profeta, pero en la situación actual, es necesaria poca cosa para que la deflagración estalle en todo el mundo.
Rusia tiene la intención de sostener a Libia y comienza a enviar misiles contra los aviones americanos, es la Guerra Mundial. En la radio, comentaban esta mañana: Los aviones americanos fueron a destruir cuarteles a Trípoli, han reducido los cuarteles a nada esta mañana… ¿Qué va a salir de esto?
Será necesario un buen día que Dios hable. No es posible que Dios permita ser dejado de lado por los que deben defenderlo, por los que deben ser sus partidarios… ¡No es posible que eso dure indefinidamente, no es posible eso!

SERMÓN, EN QUE ANUNCIA LA CONSAGRACIÓN DE OBISPOS
29 de junio de 1987 en Ecône
No puedo callar ni ocultar que éste ha sido un año muy grave para la Iglesia católica: para nosotros católicos y para nuestros sacerdotes católicos.
Como sabéis y consta por escrito, he tenido ocasión de decir que esperaba signos de la Providencia para cumplir los actos que creo necesarios para la continuación de la Iglesia católica.
Estoy convencido que estos signos ya se han realizado. ¿Cuáles son?
Son dos: Asís y la respuesta que nos ha dado Roma a las objeciones que habíamos planteado sobre la libertad religiosa.
Asís tuvo lugar el 27 de octubre último; y la respuesta de Roma a nuestras objeciones sobre los errores del Vaticano II relativos a la libertad religiosa nos ha llegado a principios de marzo, y en sí misma es más grave aún que Asís.
Asís es un hecho histórico, una acción. Pero la respuesta a nuestras objeciones sobre la libertad religiosa es una afirmación de principios y eso es muy grave. Una cosa es cumplir simplemente una acción grave y escandalosa, otra afirmar principios graves falsos y erróneos, que como consecuencia tienen en la práctica conclusiones desastrosas.
(…)
Resulta que en vez de magnificar la realeza de Nuestro Señor Jesucristo ¡se instituye un panteón de todas las religiones! Lo mismo que los emperadores paganos, que hicieron un panteón de todas las religiones, ¡hoy lo hacen las autoridades romanas! Es un escándalo inmenso para las almas, para los católicos, al ver cómo se pone así en duda la realeza universal de Nuestro Señor Jesucristo. Esto es precisamente lo que se llama liberalismo.
(…)
El liberalismo ha llegado a ser el ídolo de nuestros tiempos modernos, un ídolo hoy adorado en la mayoría de los países del mundo, incluso en los católicos. Esta libertad del hombre frente a Dios, a quien desafía y que quiere hacer su propia religión, y de los Derechos del Hombre sus propios mandamientos, con sus asociaciones laicas, y con Estados y enseñanza laicos y sin Dios. Este es el liberalismo.
¿Cómo puede ser que las autoridades romanas favorezcan y profesen este liberalismo en la Declaración sobre la libertad religiosa del Vaticano II? Esto, a mi entender, es muy grave. Roma está en las tinieblas del error. No podernos negarlo.
¿Cómo podemos soportar, con nuestros ojos de católicos y con mayor razón con nuestros ojos de sacerdotes, el espectáculo que se pudo ver en la iglesia de San Pedro en Asís, dada a los budistas para que celebrasen su culto pagano? ¿Puede pensarse que se les vio cómo hacían su ceremonia pagana ante el sagrario de Nuestro Señor Jesucristo, sin duda vacío, pero tapado por su ídolo, por Buda y eso en una iglesia católica? No podemos pensar en un error más grave.
(…)
Hace 20 años que voy a Roma, que escribo, que hablo y que envío documentos para decir: “¡Seguid la Tradición! ¡Volved a la Tradición, si no la Iglesia va a su perdición! Vosotros, que tenéis la sucesión de los que construyeron la Iglesia, tenéis que seguir construyéndola y no destruirla”. ¡Pero son sordos a nuestros llamamientos!

MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE Y EL ESPÍRITU DE ASÍS
CARTA DE MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE
enviada a ocho cardenales para condenar públicamente el trágico suceso
Êcone, 27 de agosto de 1986
Eminencia:
Ante los acontecimientos que están sucediendo en la Iglesia y de los que Juan Pablo II es autor, y frente a los que se propone realizar en Taizé y en Asís en el mes de octubre, no puedo dejar de dirigirme a ustedes para suplicarles, en nombre de muchos sacerdotes y fieles, que salven el honor de la Iglesia, humillada de forma antes nunca vista en toda su historia.
El discurso y los actos de Juan Pablo II en Togo, en Marruecos, en la India y en la sinagoga de Roma, provocan en nuestros corazones una santa indignación. ¿Qué pensarían de esto los santos y santas del Antiguo y del Nuevo Testamento? ¿Qué haría la Santa Inquisición si aún existiera?
El que está sentado en la Sede de Pedro se mofa públicamente del primer artículo de Credo y del primer mandamiento del Decálogo. Es incalculable el escándalo en las almas de los católicos. La Iglesia se tambalea desde sus cimientos.
Si desaparece la fe en la Iglesia, única arca de salvación, desaparecerá la propia Iglesia. Toda su fuerza y toda su actividad sobrenatural tiene como base este artículo de fe.
¿Juan Pablo II seguirá destruyendo la fe católica públicamente, en particular en Asís, con el desfile de las religiones previsto por las calles de la ciudad de San Francisco, y con el reparto de las religiones en las diferentes capillas de la basílica para que celebren allí sus cultos a favor de la paz tal como la concibe la ONU? Eso es lo que anunció el Cardenal Etchegaray, encargado de ese abominable Congreso de las Religiones.
¿Es posible que no se eleve ninguna voz en la Iglesia para condenar estos pecados públicos? ¿Dónde están los Macabeos?
Eminencia, por el honor del único Dios verdadero, de Nuestro Señor Jesucristo, proteste públicamente, venga en socorro de los Obispos, sacerdotes y fieles que siguen siendo católicos.
Eminencia, si me he permitido intervenir ante Usted, es porque no puedo dudar de sus sentimientos sobre este tema.
Este llamamiento también lo dirijo a los demás Cardenales cuyos nombres encontrará más abajo, para que en dado caso pueda obrar de común acuerdo con ellos.
Que el Espíritu Santo venga en su ayuda, Eminencia. Le ruego que acepte la expresión de mis sentimientos fraternalmente sinceros in Christo et Maria.
+Marcel Lefebvre
Arzobispo – Obispo emérito de Tulle

DECLARACIÓN CONJUNTA
de Monseñor Lefebvre y Monseñor de Castro-Mayer sobre Asís
2 de diciembre de 1986
Roma nos ha hecho preguntar si teníamos la intención de proclamar nuestra ruptura con el Vaticano, en ocasión del Congreso de Asís.
Nos parece que la pregunta tendría más bien que ser la siguiente: ¿Cree Ud. y tiene la intención de proclamar que el Congreso de Asís consuma la ruptura de las autoridades romanas con la Iglesia Católica?
Pues, por cierto, es esto lo que preocupa a aquellos que aún permanecen católicos.
Es bien evidente, en efecto, que desde el Concilio Vaticano II, el Papa y los episcopados se alejan cada vez más netamente de sus predecesores.
Todo aquello que fue realizado por la Iglesia para defender la Fe en los siglos pasados, y todo lo que fue realizado por los misioneros para difundirla, hasta el martirio inclusive, es considerado de ahora en más como una falta de la cual la Iglesia debería acusarse y hacerse perdonar.
La actitud de los once Papas que, desde 1789 hasta 1958, en sus documentos oficiales, han condenado la Revolución liberal, es considerado hoy como una falta de comprensión del espíritu cristiano que ha inspirado la Revolución.
De allí el giro completo de Roma a partir del Concilio Vaticano II, que nos hace repetir las palabras de Nuestro Señor a aquellos que venían a arrestarle: “Hæx est hora vestra et potestas tenebrarum”, Luc. 22: 52-53.
Adoptando la religión liberal, del protestantismo y de la Revolución, los principios naturalistas de J. J. Rousseau, las libertades ateas de la Constitución de los Derechos del Hombre, el principio de la dignidad humana carente de relación con la verdad y la dignidad moral, las autoridades romanas vuelven la espalda a sus predecesores y rompen con la Iglesia Católica, poniéndose al servicio de los destructores de la Cristiandad y del Reinado universal de Nuestro Señor Jesucristo.
Los recientes actos de Juan Pablo II y de los episcopados nacionales ilustran este cambio radical de la concepción de la Fe, de la Iglesia, del sacerdocio, del mundo, de la salvación por la Gracia.
El colmo de esta ruptura con el magisterio anterior de la Iglesia se realizó en Asís, luego de la visita a la Sinagoga. El pecado público contra la unicidad de Dios, contra el Verbo encarnado y Su Iglesia, hace estremecer de horror: Juan Pablo II alentando a las falsas religiones a rezar a sus falsos dioses: escándalo sin medida y sin precedente.
Podríamos retomar aquí nuestra Declaración del 21 de noviembre de 1974, que permanece más actual que nunca.
Para nosotros, permaneciendo indefectiblemente adheridos a la Iglesia Católica y Romana de siempre, estamos obligados a constatar que esta religión modernista y liberal de la Roma moderna y conciliar, se aleja cada vez más de nosotros, que profesamos la fe católica de los once Papas que han condenado esta falsa religión.
Por lo tanto, la ruptura no viene de nosotros, sino de Pablo VI y de Juan Pablo II, que rompen con sus predecesores.
Este renegar de todo el pasado de la Iglesia por estos dos Papas y los Obispos que los imitan, es una impiedad inconcebible y una humillación insoportable para aquellos que permanecen católicos, en la fidelidad a veinte siglos de profesión de la misma fe.
Por lo tanto, consideramos como nulo todo aquello que ha sido inspirado por este espíritu de negación: todas las reformas postconciliares y todos los actos de Roma que se han realizado según esta impiedad.
Contamos con la gracia de Dios y el sufragio de la Virgen Fiel, de todos los mártires, de todos los Papas hasta el Concilio, de todos los Santos y Santas fundadores de Órdenes contemplativas y misioneras, para que vengan en nuestra ayuda para la renovación de la Iglesia por la fidelidad integral a la Tradición.

ENTREVISTA
Respondiendo a las preguntas formuladas por el periódico Pacte, en 1987, Monseñor Marcel Lefebvre expresó sus opiniones sobre el encuentro interreligioso convocado por Juan Pablo II en Asís, el 27 de octubre de 1986.
Monseñor, su última declaración pública es una protesta violenta contra el encuentro de oración en Asís… ¿No cree que está confundiendo el ecumenismo del Papa Wojtyla con la ideología distorsionada del diálogo interreligioso -tan de moda en los últimos años- que niega la singularidad histórica de la salvación cristiana?
Monseñor Lefebvre: Yo sólo veo un tipo de ecumenismo, el que promueve el Concilio, y que recalca el respeto hacia y la colaboración con las falsas religiones, que son colocadas en un plano de igualdad. Esto es un nuevo concepto, que contradice a la Tradición. En lugar de la Iglesia “misionera” aparece la nueva Iglesia “ecuménica”. El encuentro de Asís canoniza esta nueva Iglesia, y eso es un escándalo gigantesco.
Por otra parte, esta iniciativa tiene un precedente importante: hace casi un siglo, en 1894, en Chicago, se realizó un congreso espectacular con las distintas religiones del mundo, y en el cual participaron algunos obispos católicos estadounidenses. Si se comparan los discursos que dieron en ese entonces con lo que el Papa dijo a los cardenales el pasado mes de diciembre sobre el “espíritu de Asís”, se pueden encontrar analogías impresionantes.
Pero hace un siglo, el Papa León XIII condenó incondicionalmente la participación de los obispos de Estados Unidos en el Congreso de Chicago. No, esto es un escándalo, una blasfemia pública. Piense en los misioneros católicos de África que vieron en la televisión a los representantes de las religiones animistas rezar en Asís por invitación del Papa… ¿Cómo podrán continuar su ardua labor de evangelización entre las poblaciones que siguen esos rituales paganos? Si la salvación es posible incluso sin tener que convertirse a Cristo en la Iglesia, y mientras se continúa adorando a los propios dioses falsos, ¿qué sentido tiene la labor misionera? Al fin y al cabo, todas las religiones son iguales y buenas…
Si este Papa hubiera vivido en la época de las persecuciones romanas en los primeros siglos, quizá el cristianismo habría encontrado un lugar respetable en el Panteón de las religiones.

ESTÁN EN CAMINO DE INSTALAR UNA SUPERRELIGIÓN
Conferencia pronunciada por Monseñor Marcel Lefebvre
el 21 de noviembre de 1986
en el Priorato de Buenos Aires de la Fraternidad San Pío X
Estoy contento de tener esta oportunidad de hablarles nuevamente, desgraciadamente, en este tiempo, muchas cosas han sucedido y nada ha mejorado.
Trataré de explicar la situación actual para saber qué hacer como verdaderos hijos de la Iglesia Católica.
Les hablaré, rápidamente, de lo que parece ser el complot urdido contra la Iglesia, en contra de Nuestro Señor Jesucristo, de Dios Padre y, luego, cómo fue posible que esos autores —de los cuales el principal es el mismo Satanás— hayan logrado introducirse en la Iglesia y servirse de sus hombres para concretar sus planes.
Nos encontramos, sin duda, en una situación trágica, por lo tanto, debemos tomar resoluciones firmes; somos los herederos de Dios que vivimos en esta época, en esta situación de la Iglesia en la que el mismo Papa está comprometido en el camino de la Revolución, por eso hemos de obrar en consecuencia, para defender a todo precio la Fe católica y la Santa Iglesia.
Ustedes conocen el libro de Sardá y Salvany: «El liberalismo es pecado», este libro fue escrito ya hace casi un siglo y aprobado por San Pío X, aprobado por la Santa Sede.
El liberalismo es pecado. ¿Y qué es ese pecado de liberalismo? Es la Revolución del hombre en contra de Dios; el deseo de independencia: el hombre quiso liberarse de Dios, o la libertad del hombre que quiso alejarse de Dios.
¿De qué hizo la libertad el hombre? ¿Para qué la hizo? Hizo la libertad de pecar, de ser libre para poder pecar, para obrar según su conciencia: libertad de conciencia, libertad de prensa, libertad de pensamiento…
Antes de producirse esto el hombre dependía de Dios y sentía esa dependencia de la Autoridad Suprema, la Verdad perfecta, la Ley misma
Ahora festejan la independencia, los países festejan su independencia, no sería nada si se tratara de una independencia de orden político o de un hecho simplemente histórico, lo hacen festejando la de Dios.
Podríamos preguntarnos ¿qué es ese liberalismo, cuál es su definición? Y diremos que el Liberalismo es una religión; una que quiere reemplazar a la Católica; que tiene sus propios sacerdotes: los dirigentes de la Masonería. Ellos son sus sagrados pontífices, ellos enseñaron esta religión en sus logias y desde allí dirigen la operación de destrucción de la Iglesia y de la Cristiandad.
Esa religión-liberal tiene su culto, laico, el de la Diosa Razón, que fuera adorada en la Catedral de París en la Revolución Francesa. El culto a la libertad; ese culto que hace imágenes que reemplazan a las de la Santísima Virgen María y a la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.
Esta nueva religión tiene su calendario, sus gestas laicas, reemplazando a las de Dios con sus mitos: el hombre, la razón, la libertad.
El hombre es tratado como todopoderoso, como centro de la Creación, sin deberle nada a Dios.
Y tiene también su decálogo reemplazando al de Nuestro Señor, este es el de los derechos del hombre.
No más derechos para Dios. No más obligaciones para el hombre, sino los derechos para poder pecar, para elegir lo que quiera, para que todos respeten su conciencia.
Jesús en cambio, no dijo eso a sus apóstoles cuando les enseñó a predicar: «quien crea, y se convierta, se salvará, quien no crea se condenará».
No les dijo que cada uno siguiera su conciencia, les dijo que enseñaran la Verdad y por esto ellos murieron mártires de la Verdad. No para que cada uno obrara según su conciencia, no para que les dijeran «hagan lo que quieran».
Y, sin embargo, por desgracia… ese es el espíritu que domina hoy aún en el interior de la Iglesia católica.
Esta religión de liberalismo tiene también su política su organización: La Democracia.
El poder ya no procede de Dios sino del hombre, es él quien hace la ley.
La democracia se transforma rápidamente en socialismo y en comunismo; la mayor parte de las naciones que son democráticas se encuentran en esta situación, dirigidas por un poder socialista.
Más aún, se llega a la supresión de la propiedad privada, de la iniciativa privada. De ahora en más todo está en función del Estado, todo queda esclavizado: peor en los países comunistas donde esto se realiza por el imperio de la fuerza.
Todo esto procede de esta religión liberal; ella tiene, además, sus fuerzas. Sin duda ustedes lo saben mejor que yo, ya que no estoy enterado de los asuntos secretos de las bandas, pero es un hecho que tienen poder más o menos oculto, en las finanzas. ¿Qué o quién?, no se sabe, pero tienen todo el dinero del mundo y dominan las finanzas en todos los sectores de las ciudades; ese poder enorme que puede tranquilamente aniquilar una nación suprimiéndole los créditos —tienen el ejemplo aquí en los países de América— y a cambio de esos créditos exigen que, en estos países, se aplique la religión liberal.
Tienen así una fuerza asombrosa y un poder indudablemente diabólico.
Tienen también sus medios de comunicación que están todos en manos de la masonería. En Europa ya no existen periódicos católicos, no los hay ni en Italia ni en Francia ni en Suiza, todos están en manos de los poderes internacionales.
Ahora, finalmente, están en camino de instalar una Superreligión; tienen ustedes conocimiento de la reunión realizada en Asís el 27 de octubre pasado. Pues bien, no se trata de ésta como punto de partida de tal instalación, sino de una que la precediera, realizada el 29 de septiembre.
Yo mismo no lo sabía, para enterarme tuve que viajar a Roma en octubre pasado.
Es decir, un mes antes de la reunión de Asís que presidiera Juan Pablo II, se realizó otra reunión, también allí, presidida por el príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la reina de Inglaterra, en la cual se hallaban las cinco grandes religiones de la tierra, dentro de la misma Basílica.
Salió esto en varios diarios italianos; allí figura el discurso pronunciado por el citado príncipe en aquella ocasión, dijo él: «Así se obtiene la gracia de tener unidas aquí las cinco grandes religiones de la tierra, al fin ya no hay tapujos, al fin se acaba una sola y única verdad religiosa y al fin se suprime el escándalo cristiano de aquel hombre que vivió hace 20 siglos y pretendió decir de sí mismo: soy el camino, la verdad y la vida».
Y bien, ¿es o no una declaración contra Nuestro Señor Jesucristo?
Esto sucedió un mes antes en el mismo lugar en el que se realizaría el encuentro del Papa.
Podríamos decir que Roma no sabía de aquel encuentro; sin embargo, bien que lo sabía. Así, ante el príncipe de Edimburgo, los jefes de las religiones y el Superior General de los Franciscanos, una bailarina hindú danzó a favor de la naturaleza, puesto que el encuentro era —justamente— en defensa de la naturaleza. El padre Superior dudó un momento ante esta realización de la danza pagana dentro de la Basílica y ante el altar de San Francisco y se remitió a Roma; y dicen los diarios que Roma un poco después respondió que «no tiene importancia», que se haga».
Esto no es más que una etapa para llegar a la formación de esa SUPER RELIGIÓN; ya saben que el Papa fue invitado para el año próximo a Japón para la realización de lo que se llamará el parlamento de las religiones.
Esto no es más que la religión del liberalismo, esa religión que instala su voluntad, que instala su programa para reemplazar el de la verdadera religión católica, eso es algo abominable.
Tiene también, esta religión del liberalismo, sus condecoraciones. El mismo presidente Alfonsín salió en los diarios de Europa recibiendo de un grupo de judíos una condecoración de la libertad religiosa, por propender a la realización de las ideas liberales. Esa misma condecoración la recibió el cardenal Bea, aquel que insistió durante el Concilio para introducir la «libertad religiosa», la libertad, no de Dios, sino de los derechos del hombre, de manos de la misma secta.
Es toda una organización, un verdadero complot, meditado, pensado punto por punto para destruir toda la cristiandad. Lo dijo bien S.S. León XIII, que el fin que interesaba a estas asociaciones era destruir las instituciones cristianas y particularmente, una contra la cual se encaminan: la familia.
Cada vez hay menos matrimonios en todo el mundo, inclusive en las mismas legislaciones se sostiene la unión libre; en muchos países son menores los impuestos a los concubinos que para quienes sostienen y tienen un verdadero matrimonio. Es el desorden completo.
Y ahora llegamos al momento principal, es el golpe maestro pensado por Satanás; introducir en la Iglesia esta falsa religión, sirviéndose de sus hombres —sobre todo los episcopados— para establecer la revolución liberal.
Aquí mismo en Argentina, tienen un ejemplo: lo supe al llegar, algunos obispos hicieron un esfuerzo en contra del divorcio declarando, acerca de los diputados que habían votado la ley favorablemente, que no podrían recibir la Comunión, pues bien, se los ha obligado a retractarse. ¿Qué hacían esos obispos? No hacían más que aplicar lo que está indicado en el Derecho Canónico.
Podrían preguntarse cuál es el espíritu que domina en Roma para que sea Roma quien obligue a los obispos a desdecirse. Es una situación verdaderamente asombrosa., inverosímil.
Esa infiltración en el seno de la Iglesia se realizó sobre todo después del Concilio Vaticano II; el mismo Cardenal Ratzinger en su libro «Teoría del principio teológico», dice claramente que luego de los años sesenta hubo algo que cambió en el seno de la Iglesia católica, reconociendo ahora, principios que le son ajenos, que vienen de 1789, de la Revolución Francesa.
Esto dice abiertamente; inclusive, que el Vaticano II fue el golpe final, que a partir de él no se nombran más que obispos favorables a la revolución liberal. Vean por ejemplo en Chile, Brasil, Alemania, Suiza, Francia, Italia, todos esos obispos son liberales, pro-socialistas y hasta marxistas.
La revolución estaba instalada fuera y en contra de la Iglesia; ahora, por medio de sus hombres, se halla adentro y asistimos a su crucifixión. Ella sufre una verdadera pasión. Lo dijo el mismo Paulo VI, que asistimos a la autodemolición de la Iglesia. ¿Qué quería decir? La destrucción por los mismos hombres de la Iglesia.
Es clarísimo, como en Francia, Mitterrand pudo llegar al gobierno gracias a los obispos que entusiasmaron a los fieles para votarlo, para votar al socialismo. En cuanto fue nombrado presidente atacó con todas sus fuerzas las escuelas católicas, para estatizarlas, y no fueron los obispos quienes presentaron oposición, sino los fieles, que en número de dos millones llegaron a París para protestar contra la enseñanza libre. Los obispos no hicieron nada.
Ustedes deben tener en cuenta el encuentro de Asís del Papa, para nosotros, que tratamos de permanecer unidos a la Iglesia y a la Tradición, es indignante. Yo mismo le escribí a ocho cardenales para que por el amor de Dios, trataran de impedir que el Papa realizara el escándalo de Asís, ubicándose a un mismo nivel con las falsas religiones inventadas por el diablo, eso no es más que un horror y una abominación, y nosotros renegaríamos de nuestra fe católica si no nos indignáramos ante este nuevo escándalo.
Ni siquiera un cardenal levantó la voz en contra; sólo uno me respondió: «Yo no puedo hacer nada ya no me queda nada que hacer, que el Papa haga lo que quiera».
El Cardenal Arzobispo de Burdeos, Monseñor González, cuando yo estaba en España a comienzos de este mes, publicó un artículo en que sostenía que el «encuentro» era una cosa muy buena. Esto es enceguecimiento, como dice la Escritura: «Tienen ojos y no ven».
Ante esto nos encontramos. Debemos, entonces, reagruparnos, como verdaderos católicos, en torno a los altares. Altares católicos y no esas mesas de comunión. Altares del verdadero Sacrificio, junto a los verdaderos sacerdotes, verdaderos obispos, verdadera doctrina, verdadera Religión, para asistir a la verdadera Misa católica.
Es el altar el tesoro de la Iglesia. El sacrificio de Nuestro Señor es lo más hermoso, lo más grande, lo más sublime que Él nos dejara. Debemos reencontrarnos ahí, en esos altares, para reconstruir la Cristiandad.
Todas las gracias proceden de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Gracias que han hecho muchos mártires por Dios, que le han dado a la Cristiandad el espíritu misionero. Si queremos entonces, decía, reconstruir la Cristiandad, debemos Adorarle en esos altares y para tenerlos, necesitamos sacerdotes.
Debemos hacer familias cristianas, es a través de ellas de donde proceden las vocaciones. Familias numerosas, unidas, donde se reza en común, donde se dan ejemplos, donde reina la modestia y las virtudes cristianas.
Nosotros queremos volver a proclamar a Nuestro Señor como Rey; no queremos otro Rey más que Él. El Reino Universal, no solamente en nuestras familias sino también en nuestras ciudades; el Reino de Nuestro Señor como fue predicado durante siglos. Que podamos decir: «Más vale morir que traicionarlo”.
Gracias por vuestra atención.
¡Viva Cristo Rey!
