CONTEMPLATIVOS EN ACCIÓN

Cuando la infamia se adueña
del corazón de los pueblos
que, seducidos, aceptan
ceñirse el dogal al cuello;
cuando honrosas tradiciones
son execradas por esos
que menosprecian las glorias
logradas por sus ancestros;
cuando las pasiones bullen
y los diálogos abiertos
se reemplazan por consignas,
argucias y vituperios
y las turbas, imbuidas
de un ruin y laicista celo
contra lo virtuoso y sacro,
embisten cruces y templos;
cuando salvajes instintos
fungen de nobles ejemplos
y se hace mofa de todo
lo puro, honorable y bueno
y, cual si fueran virtudes
capaces de engrandecernos,
en su lugar se entronizan
el vicio, el crimen y el sexo;
cuando millones de Judas
se alzan contra el Nazareno
y exigen, empoderados,
crucificarlo de nuevo;
cuando el ojo del malvado
contempla en cada hijo ajeno
una presa a la medida
de sus instintos perversos;
cuando las madres exigen
el homicida derecho
de transformar en cadalsos
sus propios claustros maternos;
cuando la plebe, instigada
por líderes deshonestos,
sale a la caza de justos
llenas de resentimiento;
cuando el hombre, en fin, engríe
su barro contra los cielos
sin aceptar que mañana
será un túmulo de huesos,
es cuando más el cristiano
debe salir al encuentro
de los hijos de las sombras
y denunciar el cortejo
de diabólica factura,
de adversarios de lo eterno
y réprobos que hacen gala
de su inmundo estercolero.
Es hora de despertarnos,
que es el tiempo de los tiempos
y la negra epifanía
del Anticristo es un hecho.
Defendamos, pues, la patria,
la familia, Dios y el Credo,
que para brazos caídos
el yugo será el tormento.
