DEVOCIONES: MES DEDICADO A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO – DÍA 5

MES DEDICADO A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

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DÍA QUINTO

(Oración para todos los días)

María, llena de gracias por la Sangre de Jesús, nos obtiene, mediante esta misma, también a nosotros gracias.

  1. Por el Verbo eterno fueron creadas todas las cosas, y por él fue todo reconciliado. Jesús, con la efusión de su Sangre, nos ha devuelto la divina amistad, y nos ha constituido hijos del Padre celestial; por consiguiente esa Sangre es para nosotros la fuente de todo bien. Por tanto es la Preciosa Sangre fundamento y manantial de todos nuestros méritos. A ella, pues debemos enderezar nuestros afectos.

  2. Si María Santísima fue concebida sin pecado original y colmada de todas las gracias desde el primer instante de su concepción; lo debió a los méritos de la Sangre preciosa. «María, dice la Santa Iglesia, por los méritos de la pasión y muerte de Jesús habría de sufrir, fue preservada de la culpa original, y llegó inmaculada a la existencia, y llena de gracias sobre todas las criaturas». (Bula dogmática de Pío IX, 8 de Diciembre de 1854). Sí, oh Virgen Santísima, disteis a Jesús cuerpo y sangre de un modo nuevo y admirable, y de un modo también nuevo y admirable gozasteis (redimida de un modo más sublime, ibídem.) de los frutos de su Sangre, que tan grande ha hecho a esta nuestra divina Madre.

     

  3. La Santísima Virgen es la dispensadora de todas las gracias, porque habiendo tenido en ella origen la Preciosa Sangre, Jesús quiere que los beneficios de ésta lleguen a nosotros por intercesión de ella, por esto nos la dio por Madre, no cuando subió al cielo, sino mientras derramaba su Sangre en la cruz, «como si hubiera dicho, escribe el doctor S. Alfonso: «Nadie puede participar de mi Sangre, sino por intermedio de mi Madre. Mis llagas son las fuentes de mis gracias, pero éstas no llegarán a las almas, sino por medio de María, es su canal». (S. Alfonso. Glorias de María p. 1, c. 5, n. 1). Quien desee, por tanto, participar de los tesoros de la Sangre divina, acérquese a María y los tendrá en abundancia. A la devoción de María junte la de la Preciosa Sangre, y las bendiciones celestiales descenderán copiosamente sobre él.

     

Ejemplo: Un día se apareció a S. Pablo de la Cruz María vestida de negra túnica, teniendo sobre el pecho escritas estas palabras
en un blanco escudo en forma de corazón: la Pasión de Jesucristo, y le habló de esta manera: «Hijo: si quieres hacer obra grata para mí funda una congregación en la cual se use este vestido y se haga continuo luto por la pasión y muerte de mi querido Hijo». Ejecutó Pablo los deseos de la divina Madre, instituyendo la Congregación de los Pasionistas, a quienes agregó, a los tres acostumbrados, un cuarto voto, de avivar en todos el recuerdo de la Pasión. Esta para él tan querida devoción trató Pablo de infundir en los demás, predicando con tanta ternura sobre los padecimientos de Jesús, que movía los más obstinados corazones a compadecerse del Dios crucificado. La Santísima Virgen, complacida de tal obra, se le apareció muchas veces durante su vida, y en punto de muerte, vino con su Hijo a tomar su alma para llevársela al cielo. (Pablo José de la Inmaculada Concepción. Vida del Santo). Si quieres, cristiano, que María sea tu refugio y tu abogada, ama a la Preciosa Sangre, lávate en ella, mediante una buena confesión, resuélvete de veras a no pisotear más esta Sangre con el pecado; y por los méritos de la misma, te obtendrá María la gracia de la perseverancia y el paraíso .

(Se medita y se pide lo que se desea conseguir).

Obsequio: Haced una visita a María Santísima, rogándole por la Sangre de su Hijo os obtenga la salvación de vuestra alma.

Jaculatoria

Por nosotros ofrece oh Virgen Madre, la Sangre de tu Hijo, ante Dios Padre.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA

Virgen Santísima, Madre del Verbo divino, volved a nosotros vuestros compasivos ojos, y a la vista de nuestras miserias y necesidades, moveos a piedad de nosotros. En vos tuvo origen la fuente de las gracias, la Sangre Preciosa; mediante ella podéis, pues, ayudarnos. Ofrecedla por nosotros al eterno Padre, y seguramente nos alcanzaréis todo lo que necesitamos. Haced que un río perenne de la Sangre de vuestro Hijo, se deslice sobre nosotros, para que robustecidos con ella podamos vivir santamente y morir en el abrazo del Señor.

(Oración final)