De apóstatas, apostasías y otros asuntos

WANDERER y el «Comopuedeserismo»
Primero que nada, que quede claro que nos parece siempre recomendable el contenido del blog de WANDERER, más allá de que él tiene una posición muy distinta que la nuestra, y de lo cual no tiene sentido que hablemos para evitar alargar este artículo.
Es por eso que invitamos a leer… a ambos. Así, un poco de «autobombo» para nosotros, y la recomendación ya dicha de lo que publica Wanderer.
También es cierto que, como escribe muy bien (mejor que nosotros) y lo hace con mucho sentido del humor y bastante desenfado, Wanderer nos provoca más de una sonrisa. Esto último se configura como el principal motivo para recomendarlo. Sobre todo hoy, que se nos recomienda desde tan encumbrados sitiales no ser «tristes pelagianos».
El asunto es que el artículo que vamos a comentar nos ha gustado también; pero, como no compartimos la posición desde la que se realizan algunas de las afirmaciones que contiene, nos arriesgamos a efectuar nuestra crítica, que en todos los casos se pretende constructiva. Esperamos que el amigo Wanderer así también lo entienda.
Lo que más nos preocupa es la vigencia que mantiene desde hace varias décadas del «COMOPUEDESERSISMO», modalidad, y/o, estado de quejumbroso reclamo crónico y persistente, de muy difícil erradicación.
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No soy Émile Zola y tampoco acuso para defender a Dreyfus o a algún otro miembro de la colectividad. Acuso porque es un medio más para tratar de entender y para desahogarse por el inconmensurable daño que está produciendo en la Iglesia la palabra y la obra del Papa Francisco.
Amigos en general, y amigo Wanderer en particular: La Iglesia no sufre daño alguno por estas situaciones. La Iglesia ha sido apartada y llevada a resguardo del aliento del Dragón. Es precisamente por desconocer las Profecías y por una falta de conocimiento apocalíptico que se llega a creer en ese error. No hay sufrimiento EN la Iglesia, como se sugiere; eso en sentido estricto. Ahora, en sentido más amplio concedemos que hay muchos sufrientes por las palabras y hechos de Bergoglio; Bergoglio…, no «EL PAPA FRANCISCO».
Hace apenas unos días hablaba con un religioso, miembro de una antiquísima orden mendicante, y me decía que su comunidad vivía en continuo azoramiento, tristeza y depresión por lo que estaba ocurriendo a nivel de la fe. Y me ponía como ejemplo que, después del «¿Quién soy yo para juzgar?», se habían acercado a la misa parroquial muchos homosexuales que comulgaban con sus «parejas» sin ningún cargo de conciencia.
¿Y qué se esperaba que ocurriese «a nivel de la fe»? Es tan obvio y evidente lo que iba a quedar como saldo, que asombra que se azoren, se entristezcan y se depriman. Lo deprimente es que caigan en esos lamentables procesos. No sufrirían de ese modo si comprendieran dónde estamos en realidad, y, por sobre todas las cosas, dónde está la Iglesia en realidad.
Pero no nos vayamos tan lejos. Veamos nomás lo que ha ocurrido y ocurrirá esta semana. El Sumo Pontífice le habla por teléfono a la Jakelin para decirle que no hace nada malo al comulgar, más allá de que viva en estado de adulterio. Por supuesto, la Jaki y su concubino publican alborozados la noticia que reproducen todos los medios de prensa de mundo. La Santa Sede admite que el llamado existió pero que se trató de un consejo «privado» y que tal enseñanza pontificia no puede universalizarse. Dos días después, el papa Francisco les recuerda a los obispos de Botswana que el matrimonio es indisoluble, noticia que pocos medios publican y nadie lee.
Otra obviedad. El asunto de la Jaki y de su concubino no es diferente del asunto de Mons. RICCA y de la frase posteriormente expresada por Bergoglio: «Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo?», que algunos traducen (por ejemplo el apesadumbrado pero «actionless» religioso que menciona Wanderer) «¿Quién soy yo para juzgar?» y que nosotros traduciremos del siguiente modo:
Bergoglio: ¿QUIÉN SOY YO…?
Nosotros: VOS SOS UN APÓSTATA, y por tanto, UN USURPADOR.
No es fácil tomar cabal conciencia del enorme disparate, y del enorme daño colateral, que todo esto supone. ¿Cómo es posible que un señor, por más papa que sea, dispense telefónicamente a un bautizado de uno o dos mandamientos de la Ley? ¿Cómo es posible que un papa cometa tamaña imprudencia, siendo plenamente consciente de la difusión que tendría su «consejo» y el efecto que provocaría en el contexto actual? ¿Cómo es posible que ese señor papa no tenga ningún reparo de conciencia en cometer semejante escándalo? No quisiera estar en su pellejo cuando en el día del juicio.
Aquí discrepamos con Wanderer. Es fácil tomar cabal conciencia del enorme disparate y del daño colateral que se sigue al hecho de Bergoglio instalado fraudulentamente y de manera oronda y obscena en el Trono Vaticano. Interesante que Wanderer se refiera a Bergoglio como «un señor» (¿será un primer paso en aquello de tomar conciencia?), claro que luego dice: «por más papa que sea». Y se pregunta… ¿Cómo es posible que este señor papa,
no tenga ningún reparo… » etc. etc.… es decir: ¿Como puede se que Bergoglio haga lo que hace?…
Pues… desde hace como 50 años hay un montón de personas que, como Wanderer, se hacen la misma pregunta; siempre es la misma: ¿CÓMO PUEDE SER? (he aquí el «comopuedeserismo»).
Y bueno…, solamente hay un modo de explicarlo; pero es un modo que habría que discutir y que pasa por aceptar la existencia de cierta posibilidad.
Si dijo oportunamente Mons. Lefebvre que: «Il est possible que nous soyons dans l`obligación de croire que ce pape n`est pas pape«, nos parece que esa es una posibilidad que ahora parece impostergable que sea, por lo menos, considerada.
En cuanto a aquello de no estar en el pellejo de Bergoglio…, ahí sí que coincidimos, amigo Wanderer. Absolutamente.
Porque, seamos sinceros, el mal ya está hecho. El hombre de hoy, como apuntábamos hace un tiempo, se mueve por titulares periodísticos. Y el titular ya fue leído: «El papa autoriza a una divorciada a comulgar». Aun cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe emitiera dentro de un mes un documento aclarando la situación y reafirmando con todos los argumentos que conocemos que tal situación es imposible, nadie lo leerá y nadie le hará caso, ni siquiera los obispos. Ya hemos visto que ningún obispo salió, si no a desmentir, al menos a exponer claramente la doctrina a sus fieles y evitar, en lo posible, la confusión y el escándalo. Nuestros prelados se encuentran ocupados redactando decretos de entredicho a los católicos que critican al papa Francisco y a ellos mismos.
Estos son los buenos momentos que propone Wanderer. Se refiere al «obispo» de Mendoza en su ridículo ataque contra don Antonio Capponetto. Por lo demás, la descripción que hace de los tipos que hacen de cuenta que son obispos y curas en la Iglesia Conciliar (que, debemos resaltar, ES UNA IGLESIA APÓSTATA), es perfecta. Después vamos a poder apreciar el mismo diagnóstico, pero ya tratándose de los «cardenales» de la misma Iglesia Apóstata.
Y luego tenemos el obsceno espectáculo de este fin de semana que la prensa ha denominado el «domingo de los cuatro papas»: dos papas vivos que canonizan a sus predecesores, luego de un trámite express y excepcional. Nuevamente, llamo a tomar consciencia de la gravedad del hecho: una institución que canoniza sistemáticamente a sus líderes. Esto implica que, de aquí en más, todos los cardenales que sean elegidos papas serán, necesariamente, santos, y santas serán sus palabras, acciones y decisiones. Una institución con estas prácticas despierta en cualquier persona sensata muchas reservas y sospechas. No hay mucha diferencia, por ejemplo, con cualquier régimen populista: Perón canoniza a Eva; Cámpora canoniza a Perón; Kircher canoniza a Cámpora y Cristina canoniza a Kircher. O con muchas sectas: Plinio Correa «canoniza» a su madre, Joao Cla «canoniza» a Plinio Correa, y ya están redactadas las letanías a Joao Cla.
Genial. Estupenda descripción del «trámite express» que conducirá (sin dudas), y también «express and ultra-speed», a Bergoglio algún día a los altares (bah… a las mesas de la sinaxis conciliar).
Wanderer, amigo, cuando eso ocurra ya no quisiéramos leer un artículo tuyo que incluya la pregunta «¿CÓMO PUEDE SER…?». Por favor… evítanos ese disgusto.
Por todo esto, yo acuso a los culpables:
En primer término, al papa Benedicto XVI. Jamás debería haber renunciado. No me cabe duda que fue extorsionado e, incluso, amenazado de muerte, tal como lo afirmó recientemente un importante cardenal de su Curia. ¿Tuvo miedo? Es posible, pero debería haber intentado otras maniobras antes de abandonar su puesto: un putsch de palacio que desplazara a Bertone de la Secretaría de Estado y colocara a alguien de su absoluta confianza, como Mons. Gänswein; resistir solo algunos meses más, lo que hubiera provocado la exclusión del cónclave de los nefastos cardenales Kasper, Daneels y Hummes; apartar de Bergoglio de la sede porteña lo cual hubiera dificultado mucho su probable elección o, cuando el cónclave se aproximaba y se la veía venir, alguna operación de inteligencia que lo retratara tal cual es entre los cardenales, tal como sucedió cuando lo eligieron a él mismo.
Es una hipótesis. No es improbable, pero… hipótesis nada más. Ratzinger es un hereje público; y si bien no negamos que pudiera existir una puja de poder entre sectores (uno «conservador» y el otro «progresista») ambos son apóstatas de la Fe Católica. Claro que algunos son peores que los otros, pero el hecho indiscutible de que Ratzinger y otros como él aparezcan como cuidadosos de ciertas formas y ciertos modos más circunspectos y más «tradicionales» en cuanto a las APARIENCIAS, los convierte en elementos MUCHO MÁS PELIGROSOS que los escandalosamente progresistas como el mismo Bergoglio, o Kasper, Daneels y Hummes.
Porque lo que peligra es LA FE.
El OBJETIVO principal del «enemigo de la salvación de las almas», es DESTRUIR LA FE, y podemos asegurar que en atención a ese objetivo, es más peligroso RATZINGER que BERGOGLIO. Repudiables ambos, eso está más que claro.
En segundo término, yo acuso a los cardenales. Ciertamente, al pequeño grupo de gerontes progresistas, último núcleo duro que terminó imponiendo su candidato. Pero, sobre todo, a la marea púrpura de cardenales juanpablistas y ratzingerianos, bobalicones e irresponsables, y no me refiero solamente a los africanos o asiáticos, que no entendían nada, sino también a los americanos que se tragaron sin chistar el sapo de Bergoglio y arrastraron con ellos muchísimos votos. ¿Cómo es posible que habiendo sido creados exclusivamente para elegir al papa comentan semejante error? Ahora se están lamentando y llorando su equivocación, pero ya es tarde. El daño está hecho. La Iglesia, y los fieles, lo sufrimos y lo peor es que ninguna luz aparece en el horizonte.
«Gerontes progresistas»…, paradójica expresión, en cierto modo; además de graciosa.
Sin embargo, estamos seguros de que la relación de fuerzas que describe Wanderer obedece más a una expresión de deseos del mismo autor que a la realidad.
En efecto, todos esos pseudo-cardenales que menciona Wanderer son tan apóstatas como los «duros». Esos «bobalicones e irresponsables» «juanpablistas y ratzingerianos», son la otra cara de una misma moneda. No hay moneda que no la tenga. Es la parte blanda, la parte quejumbrosa, la parte COBARDE y CÓMPLICE… En el SANEDRIN había los DUROS, como Kaifas y Anas, pero había muchos (quizás, los más) que integraban el partido de los BLANDOS; pues bien, TODOS fueron globalmente culpables y DEICIDAS, salvo las excepciones que la misma Escritura Sagrada relata.
Ahora es igual. Globalmente, SON TODOS APÓSTATAS. Si en medio de toda esa crápula púrpura o colorada hay excepciones, sabrá Dios.
A nosotros nos toca, entre tanto, ver, comprender y PONER LA MAYOR DISTANCIA POSIBLE entre estos apóstatas y nosotros; con los cuales nunca debiéramos cansarnos de repetir NULLAM PARTEM HABEMUS (ya sabemos lo que les ocurre a los que se cansan de esa frase).
Significativo es que Wanderer crea que Bergoglio tiene apoyado su apóstata trasero en el Sillón de Pedro por culpa de que los pseudo-cardenales ELIGIERON MAL… En todo caso, Wanderer parece ver en todo esto una interminable CADENA DE ERRORES, a lo que debe sumarse el mínimo y maligno aporte de un «puñadote» de «gerontes progresistas».
Uno ve a esos pseudo-cardenales; los ve en los medios, bailando y cantando, y no… no parece que estén lamentándose, y menos LLORANDO por su «elección»… En fin.
Eso sí, casi que coincidimos con la última frase de Wanderer: «…ninguna luz aparece en el horizonte». Coincidimos porque la oscuridad es evidente y no hace más que aumentar a cada instante. Pero, y por eso mismo, decimos que CASI, porque la Luz de Cristo se ve como el despuntar del alba.
Termina el autor del artículo con esta poesía:
But long ago he rode away,
and where he dwelleth none can say;
for into darkness fell his star
in Mordor where the shadows are.
En ella se hace referencia a Mordor…
Mordor significa País Negro. Es un país ficticio, que aparece en la novela El Señor de los Anillos del escritor británico J. R. R. Tolkien. Fue la región de la Tierra Media que constituyó el feudo del Señor Oscuro, Sauron, hasta la conclusión de la Guerra del Anillo. Es la tierra del mal por excelencia en la obra de Tolkien.
En esta región, principalmente volcánica, situada al este de Gondor, Sauron forjó el Anillo Único en las fraguas del Monte del Destino, con el objetivo de dominar por completo a los pueblos de la Tierra Media. Miles de años después, Mordor se convirtió en el escenario de las últimas aventuras de los miembros de la Comunidad del Anillo en su afán por destruir el Anillo Único, durante la Guerra del Anillo.
Es cierto. Estamos en MORDOR.
De la perplejidad y del «COMOPUEDESERISMO»… Líbranos Señor.
