Reflexiones apocalípticas
desde la inhóspita trinchera
EL GALLO DE GIBSON
Habría que preguntarse por qué el gallo de Mel Gibson no cantó en su película «La Pasión de Cristo», así como por qué Nuestro Señor le dijo a Pedro que lo negaría TRES veces y no cuatro, cinco o dos, antes que cante el gallo; y por qué utiliza esta figura y no otra cualquiera.
Será porque el canto de un gallo anuncia una nueva aurora, un nuevo amanecer, la renovada salida del sol iluminando y dando su calor a todos los rincones expuestos y dispuestos a recibir su acción gratuita; no, por supuesto, a todos aquellos ocultos tras algún muro u obstáculo material, natural o ficticio; por ejemplo un calabozo húmedo y frío a donde nunca llegan los rayos del sol, un camino rocoso que hace infértil la tierra, una dracma perdida en algún rincón de la casa.
Si el canto de un gallo anuncia eso, un nuevo amanecer, en la película de Gibson este nuevo amanecer no estuvo previsto, ya que el mismo pasó inadvertido, queriendo o sin querer.
Por lo tanto, lo que estaría anunciando Gibson en su película, es la continuidad de las tinieblas, de una noche prolongada tras la «última negación» de Pedro, no un amanecer, como sucedió efectivamente en la historia, cual fue la formación de la Ciudad Cristiana tras la Pasión y muerte de Nuestro Señor.
De ahí el canto efectivo del gallo anunciando el triunfo de Su Iglesia, que a partir de ese momento iniciaría su trayectoria como militante en la tierra. No así sucederá en su pasión, en la muerte, por decir así, de su militancia.
No habría AMANECER posible de un cuerpo que debe morir para dar paso al mismo que le dio el nacer. La Iglesia militante daría paso a la triunfante, pero el triunfo será de Nuestro Señor Jesucristo en su Parusía.
Supongamos, a modo de hipótesis, que los siete reyes del apocalipsis (que también son siete montes), son los últimos siete papas (entiéndase el dominio (y el demonio) que el poder político ejerce sobre éstos).
Los tres últimos (sin contar el «UNO ES», que sería el rey oculto, que no figura históricamente y que es en donde se concreta la ruptura de «Iglesia pre y pos conciliar), o sea, el sexto, séptimo y octavo, serían los ejecutores prácticos del Concilio Vaticano II. Aunque su ejecución fue llevada a cabo en realidad por el séptimo y el octavo, ya que el sexto «duró poco».
Su cerebro (el rey oculto) fue el que ocupó el sexto lugar (proféticamente) en las sombras, es por lo mismo que históricamente no se dio a conocer y sería el mismo que luego, con el correr de los años, ocuparía el octavo lugar, de ahí que éste «es de los siete».
Este octavo sería el rey que va a la PERDICIÓN, y a la PERDICIÓN la ocuparía el rey número nueve, el cual no figura como rey, más sí como «La Perdición».
Ya que el sexto rey «duró poco», los concretamente reyes Pos-Conciliares, serían el séptimo, el octavo, y «LA PERDICIÓN» (y tan es así, que no quiere hacerse llamar rey, y ¡¡MUCHO MENOS PAPA, NI QUE HABLAR!!).
Estos tres podrían simbolizar las TRES NEGACIONES de Pedro ya que son los «tres papas» o «Pedros» del pos-concilio. Ellos son los que, tras su pragmatismo, concretaron los proyectos siniestros del poder político, cual era la destrucción efectiva de la Iglesia CATÓLICA ROMANA.
Más allá del accionar de sus predecesores, quienes sentaron las bases «renovadoras», se les podría conceder a éstos la confusión, la presión, la traición (como la de Judas), más no la NEGACIÓN lisa y llana, que plasmaron abiertamente los tres últimos «Pedros».
Sin duda, «LA PERDICIÓN», que sería la tercera negación, no puede traernos ningún AMANECER promisorio.
¿Habrá sabido esto Mel cuando hizo rodar la película, y por eso suprimió el canto del gallo?
Si esto fuera así, teniendo en cuenta el tipo y el anti-tipo, ¿podríamos deducir qué tiempos estaríamos viviendo?
Estaríamos ante la última negación de Pedro (o de la perdición); ante un AMANECER que no anuncian ¡ni los gallos!; ante la presencia de Anás y Caifás; ante el juicio próximo de Poncio Pilatos y su lavatorio cobarde; ante la «libertad» inminente, injusta y promiscua de Barrabás, simbolizando la «liberación del crimen organizado»; ante el grito perverso de los judíos y sus obsecuentes; ante el ejército pagano de los romanos, ávidos de sangre y poder; ante la flagelación ejecutada por éstos por órdenes de los judíos; ante el sorteo de la Túnica de Cristo…; ante la burla de una corona fallida; ante la Cruz y su Víctima, ante una MADRE que llora, ante un JUAN que lo sigue en su calvario…
En fin, estaríamos ante la próxima Crucifixión, no ya de Cristo, no ya de Su Iglesia que huyó al desierto tras la apertura y clausura del Concilio Vaticano II, y volverá ataviada como una novia; estaríamos ante la Crucifixión de la última negación de Pedro, ante la Crucifixión de una ramera que tuvo por pecado el vestir como Señora; ante la Crucifixión de un mundo que no cesa de revolcarse y arrastrarse por el mismo polvo que lo ciega sin permitirle ver más allá de las nubes; ante la Crucifixión de una religión totalitaria conducida por la PERDICIÓN, llamada falsamente universal o CATÓLICA.
Estaríamos así próximos, quizás, a meses, días u horas del acontecimiento más sublime, imponente, extraordinario y trascendente de la historia; estaríamos próximos a presenciar el final, el desenlace del Plan Divino: los condenados, sus escogidos, su dilación, sus perdones y sus castigos.
Si estuviésemos viviendo la Crucifixión, aunque el mundo y los sentidos nos dijesen lo contrario, no podríamos dejar de ver la realidad de una vida y una historia gastada, envejecida y hastiada, cansada de esperar una felicidad plena inherente al hombre que sólo se logra en la contemplación del bien, la belleza y la VERDAD, de la que sólo un vestigio de la misma este mundo puede darnos.
Gibson con su omisión, más allá de la hipótesis de los reyes, nos alerta, a sabiendas o no, que después de la última negación no habrá AMANECER posible de una iglesia militante en éste mundo tal cual se entiende como la ÚNICA VERDAD: La Iglesia CATÓLICA APOSTÓLICA Y ROMANA.
Quien así no lo entienda, seguirá a la oscuridad, a la tiniebla, a la confusión o a la PERDICIÓN… que es lo mismo, tras el silencio del gallo de Gibson.
Una resistente
