ZIBALDONE: LO NUEVO DE ROMANO AMERIO

Los defensores de la Tradición reclaman la Iglesia infalible

Suplican al Papa que condene «ex cathedra» los errores del Concilio Vaticano II. Un nuevo libro de Romano Amerio volverá a dar fuerza a su pedido. Pero Benedicto XVI no está de acuerdo

por Sandro Magister

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ROMA, 12 de julio de 2010 – Desde hace algunos días está en las librerías italianas un nuevo volumen de Romano Amerio, el tercero de la «opera omnia» de este autor, que está publicando Ediciones Lindau.
Amerio, fallecido en 1997 en Lugano (Suiza) a la edad de 92 años, ha sido uno de los más grandes intelectuales cristianos del siglo XX.

Filólogo y filósofo de primer nivel, Amerio se ha vuelto conocido en todo el mundo a causa de su ensayo publicado por primera vez en 1985 y traducido a muchos idiomas, titulado: «Iota unum. Studio delle variazioni della Chiesa cattolica nel secolo XX».

Pero este mismo ensayo, justamente por las tesis que contiene, le hizo ganar a Amerio el ostracismo de la cuasi totalidad del mundo católico. Un ostracismo que sólo ha perdido vigencia desde hace poco tiempo, también gracias a la reedición de «Iota unum».

Amerio dedicó medio siglo a la redacción de «Iota unum». Y también este tercer volumen de la «opera omnia» ha sido escrito en un lapso muy amplio, desde 1935 hasta 1996. Tiene por título «Zibaldone» y – como la obra homónima del poeta Giacomo Leopardi – recoge pensamientos breves, aforismos, narraciones, citas de autores clásicos, diálogos morales y comentarios sobre hechos cotidianos.

Con sus más de setecientos pensamientos, «Zibaldone» forma una especie de autobiografía intelectual del autor. En ella están naturalmente presentes las cuestiones planteadas en «Iota unum».

Como ser, por ejemplo, en esta pequeña página fechada el 2 de mayo de 1995:

«La autodemolición de la Iglesia, deplorada por Pablo VI en el famoso discurso pronunciado el 11 de setiembre de 1974 en el Seminario Lombardo, se vuelve cada día más evidente. Ya en el Concilio el cardenal Heenan (Primado de Inglaterra) lamentó que los obispos hubiesen dejado de ejercer el oficio del Magisterio, pero se consolaba al observar que tal oficio se había conservado íntegramente en el Pontificado Romano. La observación era y es falsa. Hoy, el Magisterio episcopal ha cesado y también el papal.

Hoy, el Magisterio es ejercido por los teólogos que ahora han dado la impronta a todas las opiniones del pueblo cristiano y han descalificado el dogma de la fe. He tenido una demostración impresionante de esto al escuchar ayer al teólogo de Radio María. Él negó impávida y muy tranquilamente artículos de fe. Enseñó […] que los paganos, a quienes no les es anunciado el Evangelio, si siguen el dictamen de la justicia natural y si se deciden buscar a Dios con sinceridad, alcanzan la visión beatífica.

Esta doctrina de los modernos es antiquísima en la Iglesia, pero siempre fue condenada como un error. Pero los teólogos antiguos, mientras sostenían con firmeza el dogma de la fe, experimentaban al mismo tiempo toda la dificultad que encuentra el dogma y buscaban la forma de vencerla con razonamientos profundos. Por el contrario, los teólogos modernos no advierten las dificultades intrínsecas del dogma, sino que corren directamente a la ‘lectio facilior’, guardando en el desván los decretos doctrinales del Magisterio.

Y no se dan cuenta que niegan así el valor del Bautismo y de todo el orden sobrenatural, es decir, toda nuestra religión. También en otros puntos está difundido el rechazo del Magisterio. El infierno, la inmortalidad del alma, la resurrección de los cuerpos, la inmutabilidad de Dios, la historicidad de Cristo, la malignidad de la sodomía, el carácter sagrado e indisoluble del matrimonio, la ley natural y la primacía de lo divino son otros tantos argumentos en los que el magisterio de los teólogos ha eliminado al Magisterio de la Iglesia. Esta arrogancia de los teólogos es el fenómeno más manifiesto de la autodemolición».

*

De este análisis suyo fuertemente crítico, que él aplicaba también al Concilio Vaticano II, Amerio extrajo lo que Enrico Maria Radaelli, su fiel discípulo y editor de la publicación de las obras del maestro, llama el «gran dilema subyacente en el fondo del cristianismo actual».

El dilema es si hay continuidad o ruptura entre el Magisterio de la Iglesia previo y posterior al Vaticano II.

En el caso de una ruptura, si ésta fuese tal como para «perder la verdad», entonces también la Iglesia estaría perdida.

Amerio no llegó jamás a sostener esta postura extrema. Siempre fue un hijo obediente de la Iglesia. No sólo eso. Sabía por la fe que, no obstante todo esto, la Iglesia jamás puede perder la verdad y, en consecuencia, jamás puede perderse a sí misma, porque está asistida indefectiblemente «por las dos grandes promesas de Nuestro Señor: ‘Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella’ (Mt 16, 18) y ‘estaré con ustedes todos los días hasta el fin de los siglos’ (Mt 28, 20)».

Pero Amerio estaba convencido – y Radaelli lo explica bien en su amplio epílogo a «Zibaldone» – que ese amparo asegurado por Cristo a su Iglesia vale solamente para las definiciones dogmáticas «ex cathedra» del Magisterio, no para las enseñanzas inciertas, huidizas, opinables y «pastorales» del Concilio Vaticano II y de las décadas posteriores.

En efecto, a juicio de Amerio y Radaelli, justamente ésta es la causa de la crisis de la Iglesia conciliar y postconciliar, una crisis que la ha llevado a la más que próxima perdición, «imposible pero también casi alcanzada», como es el haber querido renunciar a un magisterio imperativo, con definiciones dogmáticas «inequívocas en el lenguaje, ciertas en el contenido, obligantes en la forma, como se espera sean al menos las enseñanzas de un Concilio».

La consecuencia, según Amerio y Radaelli, es que el Concilio Vaticano II está lleno de aserciones vagas, interpretables en modos deformes, algunas de las cuales están también en abierto contraste con el anterior magisterio de la Iglesia.

Este ambiguo lenguaje pastoral es el que habría abierto el camino a una Iglesia hoy «recorrida por miles de doctrinas y cientos de miles de nefastas costumbres», inclusive en el arte, en la música y en la liturgia.

¿Qué hacer para poner remedio a esta calamidad? La propuesta que hace Radaelli va más allá de la hecha recientemente – a partir de juicios críticos por demás duros – por otro estimado cultor de la tradición católica, el teólogo tomista Brunero Gherardini, de 85 años de edad, canónico de la basílica de San Pedro, profesor emérito de la Pontificia Universidad Lateranense y director de la revista «Divinitas».

*

Monseñor Gherardini ha anticipado su propuesta en un libro publicado en Roma el año pasado, con el título: «Concilio Ecumenico Vaticano II. Un discorso da fare».

El libro concluye con una «Súplica al Santo Padre», a quien se le pide que someta a un nuevo examen los documentos del Concilio, para aclarar una vez por todas «si, en qué sentido y hasta que punto» el Vaticano II está o no en continuidad con el anterior magisterio de la Iglesia.

El libro de Gherardini tiene al comienzo dos prefacios: uno de Albert Malcolm Ranjith, arzobispo de Colombo y ex secretario de la Congregación vaticana para el Culto Divino, y el otro de Mario Olivieri, obispo de Savona. Éste último afirma que se une «toto corde» a la súplica al Santo Padre.

Ahora bien, en su epílogo a «Zibaldone» de Romano Amerio, el profesor Radaelli recoge la propuesta de monseñor Gherardini, pero «sólo como una primera instancia para limpiar el corral de muchos, de demasiados malentendidos».

En efecto, a juicio de Radaelli no es suficiente aclarar el sentido de los documentos conciliares, si tal clarificación es luego ofrecida también a la Iglesia con el mismísimo estilo ineficaz de enseñanza «pastoral» que se ha hecho costumbre con el Concilio, propositivo más que impositivo.

Si el abandono del principio de autoridad y el «discusionismo» son la enfermedad de la Iglesia conciliar y postconciliar, para salir de allí – afirma Radaelli – es necesario obrar en forma contraria. La máxima jerarquía de la Iglesia debe cerrar la discusión con un pronunciamiento dogmático «ex cathedra», infalible y obligante. Debe golpear con el anatema a quienes no obedezcan y debe bendecir a los que obedecen.

¿Qué es lo que Radaelli espera que decrete la cátedra suprema de la Iglesia? Al igual que Amerio, él está convencido que en al menos tres casos se ha dado «una ruptura abismal de la continuidad» entre el Vaticano II y el magisterio anterior: allí donde el Concilio afirma que la Iglesia de Cristo «subsiste en la» Iglesia Católica, en vez de decir que «es» la Iglesia Católica; allí donde asevera que «los cristianos adoran al mismo Dios adorado por los judíos y los islámicos»; y en la Declaración «Dignitatis humanæ» sobre la libertad religiosa.

*

Tanto Gherardini como Amerio-Radaelli reconocen en Benedicto XVI a un Papa amigo. Pero hay que descartar que él acceda a sus ruegos.

Más aún, tanto en el conjunto como en algunos puntos controvertidos el papa Joseph Ratzinger ya ha hecho saber que no comparte en absoluto sus posiciones.

Por ejemplo, respecto a la continuidad de significado entre las fórmulas «es» y «subsiste en la» ya se ha expresado la Congregación para la Doctrina de la Fe en el verano del año 2007, al afirmar que «el Concilio Ecuménico Vaticano II no ha querido cambiar ni de hecho ha cambiado la anterior doctrina sobre la Iglesia, sino que sólo ha querido desarrollarla, profundizarla y exponerla más ampliamente».

En cuanto a la Declaración «Dignitatis humanæ» sobre la libertad religiosa, Benedicto XVI ha explicado personalmente que si ella está separada de anteriores indicaciones «contingentes» del Magisterio, lo ha hecho precisamente para «retomar nuevamente el patrimonio más profundo de la Iglesia».

El discurso en el que Benedicto XVI ha defendido la ortodoxia de la «Dignitatis humanæ» es el que dirigió a la curia vaticana en la vigilia de la primera Navidad de su pontificado, el 22 de diciembre de 2005, precisamente para sostener que entre el Concilio Vaticano II y el anterior magisterio de la Iglesia no hay ruptura sino «reforma en la continuidad».

El papa Ratzinger no ha convencido hasta ahora a los lefebvristas, que se mantienen en estado de cisma justamente en este punto crucial.

Pero no ha convencido – acorde a lo que escriben Radaelli y Gherardini – ni siquiera a algunos de sus hijos «obedientísimos en Cristo».

4 comentarios sobre “ZIBALDONE: LO NUEVO DE ROMANO AMERIO

  1. Salve Maria..!

    La difusion del texto Zibaldone es importante para que toda persona pueda comprender la crisis en la Iglesia.

    Elevemos una oración a Nuestra Señora la Virgen María, para que por su intercesión, Dios solucione este cautiverio por el que pasa la Tradición en su Iglesia.

    Un abrazo in Jesu et Maria,

  2. ES DE LLAMAR LA ATENCIÓN

    Toda la «pequeña página fechada el 2 de mayo de 1995» se resuelve con la sola palabra: apocatástasis; la herejía de que, finalmente todos alcanzan la salvación, hasta Judas Iscariote.

    Esta herejía que podríamos llamar la apoteosis y resumen del modernismo llegó a tener, hasta en el por lo demás un extraordinario Giovanni Pappini un exponente eximio. Según Pappini hasta el Diablo, finalmente, alcanzaría el perdón.

    Pocas ideas hay que puedan ser más blasfemas y anticristianas, al grado de hacer a los que desprecian la Sangre de Cristo tan dignos de ella como los demás. Al grado de hacer del odio químicamente puro, Satanás, digno de entrar en la gloria ¡blasfemia pura! Por ser injusticia pura, por hacer del don supremos de la libertad una ficción sin consecuencias definitivas, ¡y del Honor de Dios por su Justicia un estropajo!

    Dijo Amerio: «También en otros puntos está difundido el rechazo del Magisterio. El infierno, la inmortalidad del alma, la resurrección de los cuerpos, la inmutabilidad de Dios, la historicidad de Cristo, la malignidad de la sodomía, el carácter sagrado e indisoluble del matrimonio, la ley natural y la primacía de lo divino son otros tantos argumentos en los que el magisterio de los teólogos ha eliminado al Magisterio de la Iglesia. Esta arrogancia de los teólogos es el fenómeno más manifiesto de la autodemolición”.

    Busquémosle ahora lo estraño cuando dada la apocatástasis es lo único a esperar. Si la justicia se disuelver finalmente en la injusticia de un perdón incondicional por medio del cual cualquiera puede hacer de su vida bofetadas a Dios sin límite, negar la existencia misma de Dios resulta tan lógico como trivial. ¿QUÉ DIOS SERÍA ESE?

    Pero el error de Amerio tiene EL PROBLEMA de una raiz muy difundida: la de una religión que para descartar sus dogmas tuvo que descartar primero sus profecías. Romano Amerio era un ciego más, porque sin La Salette culminando una serie de profecías NO HAY CATECISMO QUE VALGA. . .

    Ni teólogo dotado de razón que no se diluya en lo intrascendente. En la apocatástasis. En el vicio intelectual del infeliz de Juan Pablo II expuesto de manera exhaustiva por el P. Johannes Dörmann en tres volúmenes dedicados a tres de sus encíclicas.

    Lo que demuestra la pseudo teología modernista es una urgencia evasiva al castigo. La pseudo teología modernista es una teología evasiva, y por ese solo hecho anticristiana. La esencia de la fe está fundada en la Cruz; Cruz que no fue evadida; Cruz implacable tormento de todo un Dios que predicó como incentivo la Gloria eterna o el Infierno eterno, padeciendo un tormento tal como para compararlo con el Infierno para salvarnos del Infierno. Ante tal argumento la apocatástasis es triplemente blasfema.

    Recordando que el bautismo no es menos sacramental cunado es de sangre o de deseo, lo que pone a flote el destino de miles de millones que no han recibido el Evangelio; pasemos a recordar que se te puede perdonar lo que haces, pero no se te puede perdonar lo que eres. Si eliges NO SER imagen de Cristo sino su antítesis: homosexual, homicida, abortista, lujurioso, ladrón, falsario, etc.; tu destino irrevocable e implacablemente eterno es el Infierno.

    Es cierto que la mente humana retrocede horrorizada ante un tormento sin fin. Pero también es cierto que, equilbrada con la gloria eterna, sirvió para edificar la civilización; como que el hombre que no teme a Dios ya lo hizo igual a él, y hasta menos que él. El Santo temor de Dios es uno de los siete dones del Espíritu Santo. Y este don es el que más ataques viene sufriendo de los modernistas.

    El Infierno es parte medular del Mensaje de Fátima COMO LO ES DEL EVANGELIO.

    ¡ QUIEN COMO DIOS !

  3. «…Vaticano II es el triunfo de una corriente hereje, llamada “católicos liberales” (siglo XIX), después “modernistas” (siglo XX). Las enseñanzas de Vaticano II son contrarias a la fe. Quien quiera adhiera a él, se separa de la Iglesia católica.

    Se puede establecer el razonamiento siguiente:

    § 1. Un concilio general es infalible (Vaticano I: Dei Filius, c. 3), a condición de que sea confirmado por el pontífice romano (Codex iuri canonici de 1917, canon 227).
    § 2. Ahora bien Vaticano II fue un concilio general. Pero se equivoca
    § 3. Luego, el hombre que confirma Vaticano II no fue un pontífice romano…»

    «…Un concilio con el papa está al abrigo del error. Si Vaticano II se equivoca, esto prueba que Montini no era papa. Este razonamiento simple y claro debería bastar.

    Ciertos pensadores intentan por lo tanto evitar la conclusión de este razonamiento (que prueba que Montini es un impostor). Ellos proceden así:

    § 1. Recusan el dogma de la infalibilidad de los concilios generales (imitando así a Martín Lutero).
    § 2. Dicen, además, que Vaticano II no habría puesto en juego la infalibilidad. Según ellos, esta asamblea habría tenido “un carácter pastoral, pero no dogmático”. En consecuencia, no habría ninguna decisión infalible.
    § 3. Su conclusión: como Vaticano II no habría comprometido su infalibilidad, no se podría probar que Montini no era papa. Luego, sería papa.

    3.3.1 VATICANO II: ¿PASTORAL O DOGMÁTICO?

    ¿Qué se entiende por pastoral? ¿Sería sinónimo de “disciplinario”? Pero entonces el carácter “disciplinario” no excluye el carácter dogmático, y viceversa, pues desde Nicea a Vaticano I, todos los concilios ecuménicos se ocuparon de la fe y todos (salvo II y III de Constantinopla) se ocuparon igualmente de la disciplina.

    El adjetivo “pastoral” deriva del sustantivo “pastor”. Los pastores son los ministros del culto que tienen cargo de almas. ¿Y la carga de almas no requiere que el pastor hable de dogmas a creer y de la moral a observar? El “carácter pastoral de Vaticano II” está luego lejos de excluir la doctrina, bien al contrario: “para satisfacer su carga pastoral, nuestros predecesores han trabajado infatigablemente en la propagación de la doctrina” (Vaticano I: Pastor aeternus, cap. 4). “Nos hemos considerado como un deber de nuestra carga pastoral exponer a todo el pueblo cristiano en esta carta encíclica la doctrina…” (Pío XII: Mystici corporis, junio 29 de 1943). “La carga pastoral está así ordenada a velar para que el pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera. Para cumplir este servicio, Cristo ha dotado a los pastores del carisma de la infalibilidad” (Catecismo de la Iglesia católica, París, 1992, nº 890; ADVERTENCIA: este catecismo es herético en muchos aspectos; citamos no obstante esta frase, pues es verdadera).

    Es verdad que Montini habla del “carácter pastoral” de Vaticano II, pero Wojtyla le atribuye un carácter doctrinal: “…la continuidad del concilio con la Tradición, especialmente sobre los puntos de doctrina que…” (motu proprio Ecclesia Dei, julio 2 de 1988). Roncalli, también le atribuye un carácter doctrinal, porque había asignado al conciliábulo “como tarea principal mejor guardar y mejor explicar el depósito precioso de la doctrina cristiana” (Wojtyla: constitución apostólica Fidei depositum, octubre 11 de 1992). El carácter pastoral va a la par con el aspecto doctrinal: “Los Padres conciliares han podido elaborar, a lo largo de cuatro años de trabajo, un conjunto considerable de exposiciones doctrinales y de directivas pastorales” (ibídem).

    Es cierto que muchos textos conciliares son “constituciones pastorales” ¡Pero existen igualmente dos textos conciliares que llevan justamente el título: “constitución DOGMÁTICA Lumen Gentium” y “constitución DOGMÁTICA Dei Verbum”! ¿¿¿Cómo las “constituciones dogmáticas” podrían provenir de un conciliábulo sedicente “no dogmático”???

    Además, en Dignitatis humanae figuran palabras que indican un carácter dogmático, tales “doctrina, verdad, palabra de Dios, Revelación divina”.

    Vaticano II no fue solamente pastoral, sino también dogmático. Vaticano II fue pastoral y dogmático a la vez.

    Vaticano II fue también dogmático, pues el dogma, según la acepción corriente del término, son las verdades de la fe a creer, extraídas de la revelación. Ahora bien, en Vaticano II, la libertad de cultos y de prensa fue presentada como estando contenida en la Escritura Santa, luego como siendo de fe divina. “Este concilio de Vaticano escruta la tradición sagrada y la santa doctrina de la Iglesia” (Dignitatis humanae, § 1); la libertad religiosa tiene su fundamento en la “palabra de Dios” (§ 2); ella corresponde “al orden mismo establecido por Dios” (§ 3); ella es necesaria a la sociedad preocupada “de la fidelidad de los hombres hacia Dios y su santa voluntad” (§ 6); actuar contra ella sería “actuar contra la voluntad de Dios” (§ 6); “esta doctrina de la libertad tiene sus raíces en la Revelación divina, lo que, para los cristianos, es un título de más para serle fiel” (§ 9); ella corresponde a la palabra y el ejemplo de Cristo” y “los apóstoles siguieron la misma vía” (§ 11); es por esto que “la Iglesia, luego, fiel a la verdad del Evangelio, sigue la vía que han seguido Cristo y los apóstoles cuando ella reconoce el principio de la libertad religiosa como conforme a la dignidad del hombre y a la Revelación divina (…). Esta doctrina, recibida de Cristo y de los apóstoles, ella, en el curso de los tiempos, la ha guardado y transmitido” (§ 12)…»

    «…Por otra parte, Montini mismo ha establecido muy claramente que comprometía su infalibilidad para certificar la ortodoxia de Vaticano II: “Nada de lo que ha sido decretado en este concilio, como en las reformas que Nos hemos decidido para ponerlo en obra, es opuesto a lo que la Tradición bimilenaria de la Iglesia comporta de fundamental e inmutable. De esto, nosotros somos garantes, en virtud, no de nuestras cualidades personales, sino de la carga que el Señor nos ha conferido como sucesor legítimo de Pedro y de la asistencia especial que nos ha prometido como a Pedro: “Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca” (Lucas XXII, 32). Con nosotros es garante el episcopado universal.

    Y tú no puedes invocar la distinción entre dogmático y pastoral para aceptar ciertos textos de este concilio y rehusar otros. Cierto, todo lo que es dicho en un concilio no demanda asentimiento de la misma naturaleza: sólo lo que es afirmado como objeto de fe o verdad anexa a la fe, por los actos “definitivos”, requiere un asentimiento de fe. Pero el resto hace también parte del magisterio solemne de la Iglesia al cual todo fiel debe un acatamiento confiado y una puesta en aplicación sincera.

    Queda aun que en conciencia, dices tú, no siempre veis cómo acordar ciertos textos del concilio (…) con la sana tradición de la Iglesia (…) ¿Pero cómo una dificultad personal interior permitiría que te erijas públicamente en juez de lo que ha sido adoptado legítimamente y prácticamente por unanimidad, y de arrastrar conscientemente una multitud de fieles en vuestro rechazo? Si las justificaciones son útiles para facilitar intelectualmente la adhesión (…) ellas no son por ellas mismas necesarias al asentimiento de obediencia que es debido al concilio ecuménico y a las decisiones del papa. Es el sentido eclesial que está en causa (…).

    Nosotros os decimos, hermano, que tú estáis en el error. Y con todo el ardor de nuestro amor fraternal, COMO CON TODO EL PESO DE NUESTRA AUTORIDAD DE SUCESOR DE PEDRO, os invitamos a retractarte, a reaccionar y a cesar de infligir heridas a la Iglesia de Cristo.

    (Nosotros exigimos de ti una retractación pública de vuestro rechazo de Vaticano II). Esta declaración deberá pues afirmar que tú adhieres francamente al concilio ecuménico Vaticano II y a todos sus textos –sensu obvio- que han sido adoptados por los Padres del concilio, aprobados y promulgados por nuestra autoridad. Pues una tal adhesión ha sido siempre la regla, en la Iglesia, desde los orígenes, en lo que concierne a los concilios ecuménicos” (Montini: Carta a Mons. Lefebvre, octubre 11 de 1976)…»

  4. ESTIMADO HERMANO. EL ESPÍRITU SANTO NO PUEDE CONTRADECIRSE. «DEL ARBOL MALO SOLO OBTENDREIS FRUTOS MALOS» QUE CASUALIDAD QUE POS-CONCILIARMENTE LA CONFUSIÓN DE LOS FIELES HA GANADO SUS CONCIENCIAS AL PUNTO DE CREER QUE NUESTRO DIOS UNO Y TRINO ES EL MISMO DIOS QUE ADORAN MUSULMANES Y JUDÍOS; PERMITIR LA PROFANACIÓN DE NUESTROS TEMPLOS SAGRADOS NIVELANDO A JESUCRISTO CON LAS ABLUCIONES DE QUIENES RESPONSABLES DE SU CRUCIFICCIÓN , CADA DÍA LE ODIAN MÁS; CONTEMPLAR EL INNUMERABLE SHOW DE LAS MISAS MODERNAS; LA IRRESPETUOSA VESTIMENTAS DE LOS SACERDOTES, RESPONSABLES ÉSTOS DE DAR PERMANENTE TESTIMONIO DEL SEÑOR Y SU PALABRA; EL ABANDONO DE LA ORACIÓN Y EL CONFESIONARIO PARA HACER DE DIRIGENTES COMUNITARIOS Y PREDICAR EL AMOR A DIOS COMO MERO SENTIMIENTO Y ALGUNOS PECADOS MORTALES COMO DERECHOS HUMANOS….ETC…ETC. NO HACE FALTA TANTAS CITAS CANÓNICAS PARA CONTRADECIR TUS FRASES HERÉTICAS COMO ESO DE QUE LA LIBERTAD RELIGIOSA ES UN DESEO DE CRISTO COMPATIBLE A LA DIGNIDAD DEL HOMBRE.TE DARÁS CUENTA QUE DESDE TU POSICIÓN DE SACERDOTE, LA INCONSISTENCIA DE TUS POSTULADOS LOS PUEDE REBATIR CUALQUIER LEGO COMO YO. TE CITO SOLO UNA: ANTE LA UNICA, SANTA Y VERDADERA RELIGIÓN LA LIBERTAD RELIGIOSA Y LA LIBERTAD DE CONCIENCA ES NO SOLO UN ERROR ABSTRACTO ABSURDO Y CONTRADICTORIO DE LA SABIDURÍA DIVINA , SINO UNA IRREDENTA BLASFEMIA QUE PRETENDE HERIR LA SANTIDAD , LA PUREZA Y EL VALOR SACRIFICIAL CUANTO REDENTOR DE LA SANGRE DE CRISTO, LOS DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA Y EL SUFRIMIENTO DE LOS MÁRTIRES. TE PONDRÉ EN MIS SUPLICAS DE MISERIDORDIA, PERO TE RECOMIENDO MUCHA, MUCHÍSIMAS Y DEVOCIONALES ORACIONES, POR VOS , LOS FIELES Y EL ALMA DE LOS ÚLTIMOS CUATRO PAPAS.
    EN X. RAMIRO

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