RAFAEL GAMBRA CIUDAD: «DEMOCRATIZACIÓN»

LA DEMOCRACIA COMO PSICOPATOLOGÍA COLECTIVA

Todo el mundo parece estar de acuerdo en que nos encaminamos, en un proceso rápido e irreversible, hacia la democracia. Hacia el sufragio universal o democracia plena. Todos conformes, lo mismo el Rey que Roque. Políticos desconocidos salidos de nadie sabe dónde, o jubilados contra su gusto en la administración franquista, se apresuran a inventar partidos y a combinar siglas en las que no falta nunca la profesión de democracia. Declararse hoy contra la democracia sería algo así como blasfemar en un cenobio de cartujos.

La democracia no sólo es el mejor de los objetivos, sino el único posible, en el mundo actual y en el futuro. Es «Europa» y es la civilización. Como ha dicho recientemente un viejo político, maduro en las lides del franquismo, la democracia es la «normalidad política y prosperidad económica».

Parecía natural, ante juicio tan unánime, que el solo anuncio cierto de que nos encaminamos hacia la democracia y el sufragio universal provocara una distensión en los problemas, un mejoramiento de los ánimos, un entendimiento económico, una risueña esperanza en el ambiente general.

Sin embargo, parece que no es así:

—Las huelgas se multiplican.

—Terrorismo y disturbios se prodigan.

—Las empresas se cierran o procuran reducirse.

—El paro aumenta.

—La moneda se devalúa.

—El capital se evade al extranjero.

—La Bolsa baja sin cesar.

—Los precios aumentan cada día.

—La inseguridad se hace general.

—El turismo se retrae.

—La industria entra en recesión.

—La agricultura se declara en ruina.

—La inflación crece.

—Atracos y secuestros se hacen habituales.

—Se eleva el déficit exterior.

—El descrédito y la hostilidad exterior aumentan.

—Los separatismos arraigan y se multiplican.

—Partidismos y viejos odios se enconan.

—La pornografía lo invade todo.

—Manifestaciones y motines se hacen diarios.

—La incertidumbre y el desaliento se extienden.

Estos efectos, que nadie se atrevería a negar, responden al solo anuncio de la «democratización».

¿Qué será cuando ésta sea una realidad? Yo aconsejaría al que tenga chaleco, que se lo abroche; y al que tenga puerta, que instale uno de esos cerrojos largos de acero inoxidable.

Por supuesto, al que en estos treinta y cinco años de opresión haya cambiado las alpargatas por un buen Seat, que vuelva a informarse del precio de las alpargatas. Y al que no conserve memoria de tan lejanos tiempos que tome alguna información, por ejemplo, en el término municipal de Paracuellos de Jarama (Madrid).

Sin embargo, como Júpiter ciega a los que quiere perder, ¡adelante con el proceso hacia la democracia! Que los augurios se presentan buenos…