DOMINGO UNDÉCIMO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
En aquel tiempo, saliendo Jesús de los límites de Tiro, fue, por Sidón, al mar de Galilea, por medio de los fines de la Decápolis. Y le presentaron un sordomudo, y le rogaron que le impusiera las manos. Y, tomándole aparte de la turba, metió sus dedos en las orejas; y escupiendo tocó su lengua; y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Éfeta, que significa ¡Abríos! Y al punto se abrieron sus oídos, y se soltó el impedimento de su lengua, y habló bien. Y les ordenó que no lo dijeran a nadie. Pero, cuanto más se lo prohibió Él, más lo divulgaron ellos; y tanto más se admiraron, diciendo: Todo lo ha hecho bien: ha hecho oír a los sordos y hablar a los mudos.
Estamos en el Domingo Undécimo de Pentecostés. Dada su importancia, el domingo pasado hemos considerado la cuestión del Ofertorio de nuestra Santa Misa.
Terminamos diciendo que, en sus características específicas, el Ofertorio del Rito Romano, que siempre ha sido uno de los elementos principales para distinguir la Misa católica de la cena protestante, ha sido abolido por el nuevo desorden bugnini-montiniano.
Como ya sabemos, la verdadera ofrenda sacrificial que se hace en la Santa Misa no está en el Ofertorio, sino en la ofrenda que Jesucristo, en el momento de la Consagración, hace de sí mismo a la Santísima Trinidad. La verdadera víctima en el Sacrificio de la Misa no es el pan y el vino, ni los fieles, sino Jesucristo.
Sin embargo, la oblación que Nuestro Señor hace de sí mismo no es visible para nosotros, ya que no se muestra de una manera perceptible para nuestros sentidos; es sacramental.
Por lo tanto, es conveniente que, mediante algún elemento perceptible, sean expresadas antes de la Consagración la naturaleza del sacrificio que está por realizarse y las diversas oblaciones que se harán. Este es el objeto mismo del Ofertorio Romano.
Hay que tener en cuenta que tal simbolismo se hace efectivo sólo si el pan y el vino, en el momento de ser colocados sobre el altar, no son sólo presentados a Dios, sino verdaderamente ofrecidos con un espíritu de sacrificio. En otras palabras, los dones mencionados están consagrados a Dios.
Resumiendo: el propósito del Ofertorio siempre ha sido ofrecer la materia del sacrificio: el pan y el vino que serán transubstanciados.
En esta perspectiva, la oblación del pan y del vino debe manifestar la finalidad propiciatoria del Sacrificio de Cristo, que ella pre-significa.
Ahora bien, estos elementos desaparecieron en el nuevo ofertorio, y fueron reemplazados por una simple «presentación de los dones», que corresponde a un concepto protestante del ofertorio, fundamentalmente diferente al del Rito Romano, codificado por San Pío V.
Todo esto se hace evidente si comparamos el Ofertorio del Rito Romano con el del nuevo desorden.
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Muchos son los cambios llevados a cabo en el Ofertorio por el nuevo desorden litúrgico de 1969.
1°) La oración Suscipe Sancte Pater, tradicionalmente dicha por el celebrante durante la ofrenda del pan, no aparece en la nueva misa. Como sabemos, Lutero también suprimió esta oración en su cena.
Cabe señalar que el sacerdote ofrece la hostia por la asistencia en una declaración clara de su función jerárquica. Su supresión debilita, pues, este importante punto doctrinal.
Él ofrece por todos los fieles, vivos y difuntos, lo cual contradice el principio protestante, que dice que los frutos de la Misa no son aplicables ni a los ausentes ni a los difuntos.
Toda esta oración, en sus términos y en su estilo, lleno de unción, habla del valor propiciatorio del sacrificio.
El Misal Romano, por lo tanto, ofreciendo el pan a Dios con esta oración, indica, por anticipación, que la verdadera ofrenda del sacrificio será la de Jesús en el Sacramento, la «hostia inmaculada».
Todo esto es abominable a los ojos de los protestantes.
Lutero, en esta oración y en otras del Ofertorio católico, veía una «abominación» en la que uno «entiende y siente en todas partes la oblación”.
Los protestantes también tienen un horror particular de la ofrenda anticipada de Nuestro Señor, que esta oración realiza.
Con respecto a esta oración en particular, ella es obviamente útil, al menos para afirmar el dogma católico contra la herejía protestante.
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2°) En el nuevo ordo tampoco aparece la oración del Misal Romano Offerimus Tibi Domine, por la cual se ofrece el vino.
Al igual que la oración de la ofrenda del pan, constituye una anticipación, ya que el «Cáliz de salvación», en su significado propio, es el que contiene la Sangre de Nuestro Señor.
En ella también encontramos la noción de satisfacción por los pecados, expresada sobre todo en una súplica humilde, para que la Majestad divina pueda condescender y aceptar el sacrificio.
Por lo tanto, debe suponerse que las razones que llevaron a la supresión de esta magnífica oración son las mismas razones que llevaron a la eliminación de la Suscipe Sancte Pater.
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3°) Estas dos oraciones de la ofrenda del pan y del vino fueron reemplazadas por las siguientes:
Presentación del pan:
Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
Presentación del vino:
Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Notamos que, además de suprimir el signo de la Cruz con la patena y el cáliz, en estas dos oraciones no hay ninguna referencia:
— a la verdadera víctima, que es Nuestro Señor Jesucristo;
— a la ofrenda de dones por nosotros y por nuestros pecados;
— al carácter propiciatorio de la oblación;
— al sacerdocio jerárquico del celebrante;
— al principio de que el sacrificio debe ser aceptado por Dios para que sea agradable para Él.
Por el contrario, las expresiones «será para nosotros pan de vida» y «será para nosotros bebida de salvación» insinúan que el verdadero propósito esencial de la Misa es nuestro alimento espiritual, tesis que está cerca de una de las herejías condenadas por el Concilio de Trento (canon 1).
Por lo tanto, estas nuevas oraciones modifican sustancialmente el significado exacto de la ofrenda del pan y del vino.
Llegados a este punto, y comparando ambos ritos, comprobamos:
En el Rito Romano, el destinatario de la ofrenda es Dios como Padre, como Jesucristo nos enseñó a orar. La ofrenda ya es católica, porque invocamos al Dios trinitario.
En el Novus Ordo, en cambio, el destinatario de la presentación es un «Dios del universo», que podría ser el de los deístas, o el «gran arquitecto» de los masones, sin ninguna referencia sobrenatural.
En el Rito Romano el objeto de la ofrenda designa implícitamente a Jesucristo, porque Él solo puede ser realmente una Víctima inmaculada. Y de este modo se manifiesta la unión de estas dos ofrendas que sólo deben hacer una: nuestro sacrificio y el de Cristo. Nuestro sacrificio (representado por la ofrenda de pan) se ofrece en la perspectiva del sacrificio de Cristo (e incluso en el de Cristo mismo).
En el Nuevo Desorden el objeto de la presentación es sólo pan. Ciertamente que dice que este se convertirá en «el pan de vida», pero se presenta sólo como «fruto de la tierra y del trabajo del hombre», sin referencia al sacrificio de Cristo. De este modo, esta ofrenda pierde todo su significado.
En el Rito Romano el autor de la ofrenda es el sacerdote, cuya posición jerárquica se subraya.
Es cierto que esta ofrenda es también de los fieles, y que las otras oraciones del Ofertorio (especialmente la del Cáliz) se hacen en primera persona del plural; pero es importante destacar en esta primera oración la función del sacerdote (encontramos la misma idea en el Orate frates).
En el Novus Ordo el autor de la presentación es toda la asamblea, eliminando toda manifestación del carácter sacerdotal peculiar del ministro sagrado.
En el Rito Romano el propósito o finalidad de la ofrenda es la salvación y la vida eterna (objeto claramente sobrenatural), y, para esto, el perdón de los pecados (afirmación, pues, del carácter propiciatorio del sacrificio); muy importante porque este aspecto es negado por los protestantes.
En el Novus Ordo el propósito de la presentación es muy vago, ya que se trata de obtener «el pan de vida», que puede entenderse muy bien en un sentido puramente naturalista.
No se hace referencia a un sacrificio propiciatorio.
Lutero enseñaba que «La Misa no es un sacrificio ofrecido por los otros, vivos o difuntos, a fin de borrar sus pecados, sino que está destinada a ser una comunión en la que el sacerdote y los fieles reciben el sacramento … El propósito de la misa no es el propiciatorio, sino sólo la comida espiritual de los fieles”.
Conclusión: en el Rito Romano la naturaleza de la ofrenda es clara; ésta es la oblación de un sacrificio sobrenatural, realizado por un sacerdote, con un propósito propiciatorio.
En cambio, en el Novus Ordo la naturaleza de la presentación puede ser cualquier cosa, incluso una simple bendición antes de una comida ecuménica.
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4°) En el Ofertorio tradicional, antes de mezclar el agua con el vino, el sacerdote la bendice al decir la oración Deus que humanæ substantiæ.
En el desorden de 1969, esta bendición desaparece.
Además, la oración tradicional decía:
Oh Dios, que maravillosamente formaste la naturaleza humana y más maravillosamente la reformaste: concédenos, por el misterio de esta agua y vino, que seamos participantes de la divinidad de Aquel que se dignó hacerse partícipe de nuestra humanidad, Jesucristo, tu Hijo Señor Nuestro, que, Dios como es, contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Así sea.
Ahora se ha transformado de este modo:
El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana.
Vayamos de menor a mayor:
La oración se ha abreviado considerablemente.
Notemos la supresión de la solicitud explícita “concédenos”. Como aparece en el nuevo texto, la oración sólo indica un deseo; por lo tanto, es menos expresivo que el texto de petición del Ordo tradicional.
Además de la eliminación de la bendición del agua y de la alusión a la Santísima Trinidad, debe tenerse en cuenta que la referencia a la Redención, el fin esencial de la Encarnación, ha desaparecido. Una modificación más, que tiende a debilitar el dogma, lo que hace que la nueva misa sea aceptable por los no católicos.
En efecto, se han suprimido tanto la mención de la caída de Adán, como la restauración por el Salvador (que es indispensable para entender la naturaleza de la Misa), así como también la invocación final a Nuestro Señor Jesucristo.
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5°) La oración In spiritu humilitatis se ha conservado.
Sin embargo, esta conservación no suple a todas las otras supresiones de oraciones tan llenas de sentido. Las palabras «espíritu humilde» (o de humildad) y «corazón contrito», tomadas del profeta Daniel (III, 39), no son suficientes para expresar los principios católicos del perdón de los pecados para diferenciarnos de los protestantes.
Además, el término «sacrificio» aparece aquí en un contexto donde no está claro que se trata de un sacrificio propiciatorio.
Sabemos que los protestantes están de acuerdo en que la Misa es un sacrificio de alabanza y de acción de gracias, pero no un sacrificio propiciatorio.
Por lo tanto, esta oración sola, sin las ideas y las precisiones aportadas por las demás, sigue siendo insuficiente.
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6°) Otra oración eliminada… El Veni Sanctificator…
Ven, oh Dios santificador, omnipotente y eterno, y bendice este sacrificio preparado para gloria de tu santo nombre.
Esta invocación del Espíritu Santo es, sin embargo, muy importante.
Cabe señalar que el pedido a Dios de bendecir este sacrificio no parece estar de acuerdo con la idea modernista por la cual «no pedimos la bendición de Dios sobre el pan»; se trata, pues, de una idea protestantizante que preside la preparación del nuevo ofertorio.
Invocar particularmente al Espíritu Santo al ofrecer el sacrificio es un rasgo común a todas las liturgias católicas, tanto latinas como orientales. Una prueba más de que el nuevo desorden no es católico.
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7°) Todas las oraciones que acompañan la Misa Solemne en el Rito Romano, la incensación de las ofrendas y del altar, han sido eliminadas.
Por lo tanto, el sacerdote ya no bendice el incienso, como tampoco invoca a San Miguel Arcángel y a todos los elegidos, como tampoco ofrece el incienso a Dios, etc. Todo cae en desuso…
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8°) En el lavabo, los versículos del Salmo XXV son reemplazados por la siguiente invocación del Salmo L, 4:
Lava del todo mi delito, Señor, y limpia mi pecado.
En sí misma, esta modificación no parece tener consecuencias doctrinales; sin embargo, es un paso más para romper con la tradición litúrgica.
Como sabemos, en la cena luterana hay varias referencias al pecado; pero, evidentemente, en el sentido protestante.
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9°) Se elimina la oración a la Santísima Trinidad Suscipe, sancta Trinitas…
Esta oración insiste en el hecho de que el Sacrificio de la Misa se ofrece a la Santísima Trinidad.
Si, además de esta eliminación, consideramos la reducción de numerosas invocaciones a la Santísima Trinidad, podemos afirmar claramente que el nuevo desorden conduce a debilitar la fe en el principal dogma de la religión católica.
Esta oración es muy importante:
— Ella habla de oblación, y la conecta explícitamente con la Pasión.
— Ella resume toda la historia de la salvación de los hombres, la importancia de la Resurrección y la Ascensión.
— Ella pide la intercesión de la Santísima Virgen (cuya perpetua virginidad enfatiza) y de todos los Santos, manifestando así la verdadera dimensión de la Misa.
— Sobre todo, ella manifiesta el propósito final de la Misa: la gloria de la Santísima Trinidad.
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10°) El nuevo ofertorio ha conservado el Orate, frates…
Esta oración habla de sacrificio, pero en ninguna parte indica que se trate de un sacrificio propiciatorio. Recordemos que los protestantes admiten que en la Misa se realiza un sacrificio, pero sin carácter propiciatorio.
Una alusión a la función ministerial del celebrante permanece aquí en la distinción entre «este sacrificio, mío y vuestro». Por esta razón hemos dicho que el nuevo ofertorio debilita la afirmación de este principio doctrinal al suprimir la oración Suscipe Sancte Pater, pero que no la ha eliminado por completo.
Lo mismo sucede con el principio de la aceptación del sacrificio por parte de Dios, de modo que le resulte agradable: los pedidos en este sentido han sido eliminados de varias oraciones (la Suscipe Sancte Pater, la Offerimus y la Suscipe Sancta Trinitas), pero permanecieron en la oración In spiritu humilitatis y en el Orate, fratres.
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Esta transformación y desnaturalización del Ofertorio es de una capital importancia; especialmente cuando uno recuerda el odio con que Lutero lo combatía. El monje maldito veía en él una «abominación» en la que uno «entiende y siente en todas partes la oblación”.
Lutero rechazaba, pues, el Ofertorio por la razón expresamente invocada de que éste manifiesta el valor de sacrificio propiciatorio de la Misa.
Pero hay algo más… las oraciones del Ofertorio han sido reemplazadas en el Nuevo Ordo por una oración judía:
Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Esto lo admiten incluso los neo-liturgistas: se trata de la transcripción de una oración judía; no de una oración de sacrificio del Antiguo Testamento, anunciando el sacrificio perfecto, sino de una simple oración de bendición de la mesa, extraída del Talmud…
La presentación de los dones del rito de Pablo VI está compuesta a partir de dos bendiciones talmúdicas que se encuentran en el tratado de Berakoth, término utilizado para describir las oraciones y fórmulas de alabanza y gratitud dirigidas a Dios en los textos del judaísmo.
Estas oraciones se utilizan en particular para la bendición de la mesa, durante la comida del Seder, durante la Pascua de los herejes talmúdicos.
El servicio del Seder comienza con la recitación del Kadesh, es decir, las oraciones de bendiciones; las que se introdujeron en el rito de la nueva misa.
Estas oraciones se utilizan para bendecir cuatro copas de vino y los panes llamados matzá. Después de eso, el servicio continúa con el ritual Urchatz, es decir, el lavado de manos.
La cuarta parte del servicio consiste en romper el pan o matzá, que se come luego, en el llamado Motzi, bendición tradicional judía que se recita sobre el pan antes de comenzar una comida; traducida como «que haces brotar el pan de la tierra».
No hay duda de que los arquitectos del abominable rito de Pablo VI introdujeron a sabiendas estas oraciones para significar aún mejor su desprecio por el sacrificio propiciatorio de la Santa Misa.
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Estas dos oraciones del “ofertorio” del rito montiniano, la presentación, tienen otra referencia, igualmente herética. En efecto, esta extraña mención del “pan de vida” como “obra de manos de hombres” conduce a otra fuente, no talmúdica, sino puramente modernista, pues provienen de los escritos de Teilhard de Chardin.
En el libro Una misa en el mundo, Teilhard presenta un ritual de ofertorio de su composición, en el que podemos leer:
Pondré en mi patena, oh Dios, la mies que se obtendrá con esta obra renovada. En tu cáliz verteré todo el jugo que se exprima de los frutos de la tierra en ese día. Mi patena y mi cáliz son el fondo de un alma extendida y abierta a todas las fuerzas que, en un instante, surgirán de todos los rincones de la tierra y convergerán en el Espíritu. […] Sobre todos los seres vivos que van a eclosionar, florecer y ser cosechados durante este día, repite estas palabras: este es mi cuerpo. Y sobre toda fuerza de la muerte, que espera y se prepara para corroer, marchitarse, ser segada, habla todavía tus palabras imponentes, que expresan el misterio supremo de la fe: esta es mi sangre.
Para terminar con tanta inmundicia, según la revista Einsicht, este nuevo “ofertorio”, extraído de la cábala judía, habría sido utilizado en Inglaterra desde 1955 por las sectas masónicas para misas-orgías, comúnmente llamadas misas negras. (cfr. Einsicht, octubre 1984).
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La evaluación es obvia: mientras que el Ofertorio tradicional es una exposición perfecta de la doctrina católica romana del Santo Sacrificio de la Misa, la nueva presentación es una oración judaica, masónica, modernista, teilhardiana y ecuménica, que ya no expresa la verdadera doctrina.
Todos estos cambios en el Ofertorio, una verdadera desnaturalización del mismo, son muy graves…
Es la misma diferencia que existe entre el Sacrificio del justo Abel y el sacrificio del impío Caín…
Un sacerdote no puede celebrar esta caricatura de misa, y un feligrés no puede asistir a tal abominación.

