SAN AGUSTIN -MEDITACIONES

Capítulo 21. LAS MISERIAS Y EL TEDIO DE ESTA VIDA

Me produce mucho tedio, Señor, esta vida y este penoso peregrinar sobre la tierra. Pues esta vida es una vida miserable y caduca, una vida incierta y trabajosa, una vida inmunda y dominada por los malos. Es una vida donde reinan los soberbios, llena de calamidades y de errores, y que más que vida es una muerte que nos puede sorprender en cualquier momento, en las diversas formas en que nosotros estamos expuestos a diversos cambios. Pues, ¿se puede llamar verdadera vida la que nosotros pasamos en este cuerpo mortal, que los humores pueden inflamar, los dolores extenuar, los calores secar, los aires enfermar, los alimentos hinchar, los ayunos agotar, los placeres debilitar, la tristeza consumir, los cuidados oprimir, la seguridad entorpecer, la riqueza llenar de orgullo, la pobreza abatir, la juventud la hace temeraria, la vejez la encorva, la enfermedad la quiebra y la tristeza la deprime? Y a estos males sucede la muerte furiosa que da fin a todas las alegrías de esta miserable vida, que son como si nunca hubieran existido, una vez que han dejado de sentirse. Y, sin embargo, esta vida mortal, o mejor esta muerte viviente, aunque tan llena de amarguras, ¡a cuántos enreda con sus atractivos y a cuántos engaña con sus falsas promesas! A pesar de no ser en sí misma más que mentira y amargura, y a pesar de que no puede ser desconocida a los que la aman con tan gran ceguera, son muchos los que se dejan seducir por sus falsas dulzuras, y los que se embriagan en la copa de oro que ella les presenta para que beban. ¡Felices, aunque infinitamente escasos, los que evitan toda comunicación con ella, los que desprecian sus gozos para no perecer con la que tan cruelmente los engaña!