PADRE LUIS FALLETTI: NUESTROS DIFUNTOS Y EL PURGATORIO

LA ARMADURA DE DIOS

NUESTROS DIFUNTOS
Y EL PURGATORIO

PARTE CUARTA

Principales maneras de sufragar por las Almas del Purgatorio

RESPUESTA A LAS OBJECIONES DE LOS PROTESTANTES
CONTRA LA SANTA MISA

Muy grande es la eficacia de la Santa Misa en favor de las almas del Purgatorio; mas nadie ignora que no son de este parecer los protestantes, los cuales niegan la existencia de este lugar de expiación., y también la verdad de la Santa Misa y su eficacia expiatoria o propiciatoria, tanto para los vivos como para los difuntos.

Y a este propósito oponen dos objeciones principales:

La primera es que, si la Misa es un sacrificio para expiar los pecados del mundo, quita valor al Sacrificio del Calvario, puesto que de ser así aquel Sacrificio no hubiera sido suficiente para salvar a los hombres.

La segunda es que, si la Misa es tan recomendada por la Iglesia católica como medio de satisfacción por las almas del Purgatorio, es porque los sacerdotes reciben por su celebración pingües emolumentos, con los cuales acumulan inmensas riquezas. Por eso este sistema de sufragio favorece más que a nadie a los ricos, quienes de este modo pueden librar fácilmente del Purgatorio a sus queridos difuntos, lo cual redunda en perjuicio de los pobres, los cuales, no pudiendo pagar las Misas libertadoras, tienen que sufrir el inmenso dolor de saber que las queridas almas de los suyos, de sus parientes y amigos, habrán de permanecer durante largo tiempo padeciendo en el Purgatorio.

Ahora bien, estas malignas y necias objeciones merecen ser rebatidas, como vamos a hacerlo.

I

Y, primeramente, el que nosotros los cristianos quitemos valor al Sacrificio del Calvario y creamos que tal Sacrificio no sea suficiente para salvar a los hombres, es falso completamente.

El protestantismo, al lanzar contra la Iglesia tan necia acusación, parte del falso supuesto de que nosotros creemos que todas las Misas que se celebran sean otros tantos Sacrificios separados y distintos del Sacrificio del Calvario.

Pero no es ésta nuestra creencia.

En primer lugar, no dudamos lo más mínimo del valor del Sacrificio del Calvario, porque mejor que los protestantes conocemos las enseñanzas de San Pablo a este propósito; asaber: que Jesucristo, Sacerdote Sumo y Eterno, no tiene necesidad de ofrecer cada día víctimas, como lo hacían los sacerdotes de la antigua ley; sino que, ofreciéndose a Sí mismo una sola vez, satisfizo por todos los deberes de la humanidad para con Dios, y expió todos sus pecados; y que esta única oblación es suficiente para santificarnos a todos, más aún, que es suficiente para afianzarnos en la santidad eternamente.

En segundo lugar, nosotros no creemos que la Santa Misa es un Sacrificio distinto y separado del Sacrificio del Calvario, sino que, por el contrario, creemos que todas las Misas celebradas desde el principio del cristianismo, y cuantas han de celebrarse hasta el fin de los tiempos, están comprendidas junto con el Sacrificio de la Cruz, en un mismo y único sacrificio, y que, por lo tanto, el Sacrificio de la Misa no añade ni un ápice al Sacrificio de la Cruz.

Mas, aun creyendo firmemente que el Sacrificio de la Cruz bastó para redimir por sí solo al género humano, y que el Sacrificio de la Santa Misa no añade nada al primero, siendo siempre el único y el mismo sacrificio, no obstante, creemos y debemos creer, además, que Jesucristo quiere, merced al Sacrificio del Altar, estar presente entre nosotros cada día, incluso millares de veces, y que, mediante este Sacrificio de la Misa, fuesen aplicadas a los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares aquellas gracias de salvación que brotaron del Sacrificio del Calvario y, sobre todo, la gracia de la expiación de nuestras culpas.

Por consiguiente, la Santa Misa, lejos de quitar valor al sacrificio del Calvario, no hace sino aplicarlo de continuo a nuestras almas. Y así como puede aplicarlo, y lo aplica, a las almas de los vivos, así también puede aplicarlo a las almas de los difuntos, que se hallan en el Purgatorio y que, por lo tanto, tienen necesidad de la gracia expiatoria por el pecado.

II

Dicen, en segundo lugar, los protestantes que la Iglesia Católica recomienda tanto la Santa Misa por las Benditas Almas del Purgatorio, porque de este modo sus sacerdotes reciben grandes estipendios, mediante los cuales acumulan riquezas inmensas.

¿Es esto verdad? Lo cierto es que, cuando un cristiano desea que un sacerdote celebre la Santa Misa a su intención, ya para obtener gracias para sí o para su familia, o para sus amigos y conocidos, o en sufragio de las almas del Purgatorio, da al sacerdote una limosna conveniente (y nótese que digo limosna y no paga, porque la paga se da por lo que se vende, y la Santa Misa jamás podrá venderse); y el cristiano, dando al sacerdote la limosna en compensación por la celebración de la Santa Misa según su intención, no hace ni más ni menos que lo que es conforme a justicia.

Porque estando admitida y debiéndose admitir la religión, y no pudiendo haber religión sin sacerdote, a fin de que el sacerdote pueda vivir conforme a su estado y ejercer los ministerios sacerdotales, debe disponer de los medios necesarios.

Esto es tan claro como el sol y constituye para el sacerdote un derecho indiscutible.

Y el Apóstol San Pablo, al que con tanta frecuencia, oportuna o inoportunamente, aluden los protestantes, apoyándose en el derecho de gentes, en la razón natural y en la costumbre de la antigua Sinagoga de los judíos, dice explícitamente que el sacerdote debe vivir de su ministerio (I Corintios, IX, 4 y 14 = ¿No tenemos acaso derecho a comer y beber? … Así también ha ordenado el Señor, que los que anuncian el Evangelio, vivan del Evangelio).

Y ¿acaso los ministros protestantes, los pastores evangélicos, no se valen de este derecho? ¿Acaso rehúsan las hermosas libras esterlinas que se les da como paga de la simple lectura e interpretación de la Biblia?

Por tanto, la limosna que recibe el sacerdote por la celebración de la Santa Misa es una justa y necesaria retribución que se le debe a fin de que tenga este medio honesto de vivir.

Esta limosna, según las posibilidades de quien la da, puede ser mayor, evidentemente, que la prescrita por justas razones como mínima por el prelado de la diócesis, y servir, juntamente con otros medios inherentes a la condición, al oficio de sacerdote, de ayuda para su honesta sustentación.

Bueno, pues, admitido todo esto, que es completamente razonable, pregunto yo: ¿Se propone la Iglesia precisamente este fin cuando tanto recomienda a los fieles que manden celebrar Misas por las almas del Purgatorio?

De ninguna manera; la verdadera y principalísima razón por que la Iglesia católica encarece a los fieles esta recomendación es que sabe que entre todos los medios que el Señor ha proporcionado a los hombres para hacer bien a las almas de los difuntos, el mejor y más eficaz es el de la Santa Misa.

Y los fieles que, teniendo medios, secundan esta recomendación y dan con este fin limosna al sacerdote hacen que también disfruten más directamente las santas almas de las ventajas que provienen de la Santa Misa, celebrada expresamente por ellas, yal mismo tiempo practican una hermosa obra de justicia y de caridad para con el sacerdote.

Por otra parte, no es verdad que los otros cristianos que carecen de medios para hacer celebrar Misas por las almas de sus difuntos, deban soportar el dolor de no poderlas sacar del Purgatorio, porque Dios, que es sumamente justo y bueno, no exige de ellos lo que les es completamente imposible, y si no pueden hacer celebrar Misas, pueden socorrerlas asistiendo a ellas devotamente o con otros medios que Dios pone a nuestra disposición para proporcionar alivio a aquellas almas.

Y hasta puede ocurrir muy bien que el Señor, no obstante el valor intrínseco de la Santa Misa, tenga más en cuenta una buena obra cualquiera de un cristiano que carece de medios para hacer celebrar Misas, que muchas Misas mandadas celebrar por quien, al fin, se ve absolutamente obligado, por razón de sus riquezas y de sus obligaciones, a mandarlas celebrar.

Por lo demás, nunca faltará un sacerdote que rece la Santa Misa sin recibir el estipendio. Y la Santa Iglesia permite a los sacerdotes rezar tres Misas el día de la Conmemoración de los Difuntos, y una de ellas ha de ser obligatoriamente por todas las Benditas Almas del Purgatorio, y sin estipendio.

Por donde puede deducirse cuán pérfidas y malignas son las calumnias de los protestantes.