Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús -Día 20

Padre Juan del Corazón de Jesús Dehon: Coronas de amor al Sagrado Corazón

Extraídas del libro

“CORONAS DE AMOR AL SAGRADO CORAZÓN”

del Reverendo Padre Juan del Corazón de Jesús (León Gustavo Dehon),

Fundador de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.

Día 20

CUARTO MISTERIO: VIDA ULTRAJADA POR LOS MALVADOS

SEGUNDA MEDITACIÓN: La Herejía

La herejía niega al Sagrado Corazón de Jesús en algunos de sus atributos o en algunas de sus doctrinas. Las herejías antiguas hacían imposible la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Arrio negaba la divinidad del Verbo y el Sagrado Corazón de Jesús es el Corazón del Verbo Encarnado. Si se admite el Arrianismo, este Corazón no merece ninguna adoración ni ninguna confianza real. Nestorio, al establecer la dualidad de las personas, hace del Corazón de Jesús un Corazón simplemente humano. Eutiques, al confundir las naturalezas, destruye la vida propia del Corazón de Jesús. El Monotelismo, al negar la voluntad humana, niega, por eso mismo, el amor humano del Sagrado Corazón.

Las herejías modernas:

I. El Protestantismo

Pero fijémonos en las tres grandes herejías modernas: el Protestantismo, el Jansenismo y el Liberalismo o galicanismo. Su aire pestilente hizo perecer una multitud de almas. Pero aún lo respiramos, y contra nuestra voluntad, sufrimos, muchas veces, sus miasmas.

¡Cuántos dardos dolorosos lanzados contra la Iglesia de Cristo van a dar al Sagrado Corazón de Jesús hasta en el sacramento de su amor!

El Protestantismo es la opera prima del Diablo. Ataca el Sagrado Corazón de Jesús simultáneamente en su doctrina, que rechaza, en su Iglesia, que mina en sus bases, y en los sacramentos, de los cuales retira la influencia necesaria a los fieles. ¿Y qué sacramento negaron estos impíos como el sacramento de la Eucaristía? El mismo diablo vino a pedir a Lutero la abolición de la Misa: sus discípulos y sus émulos en errores, Zwinglio y Calvino, atacan al Señor que se inmola en el altar o que reside en el sagrario, como los judíos antes atacaron a su Santa Humanidad que vivía sobre la tierra. Además de eso, hay un no sé qué de odioso en la apostasía sacrílega de estos herejes orgullosos; el amor que nos testimonia el Sagrado Corazón de Jesús los arrebata de furor. ¿Quién podría contar las profanaciones y los sacrilegios de los que se hacen culpables hacia el Santísimo Sacramento estos monjes y estos sacerdotes renegados?

Pero hay algo más triste aún. Su doctrina deposita en el fondo de los corazones que apestaron con su funesto fermento un germen de impenitencia. Los que niegan los prodigios de amor del Sagrado Corazón de Jesús por nosotros no tardan en dar el ejemplo de un prodigioso orgullo.

Tal es la causa de la dificultad que se experimenta en convertir a los herejes y los países infestados de herejía. Ahora, ¿quién podrá alguna vez triunfar sobre este espíritu infernal sino la devoción al Divino Corazón de Jesús con el espíritu de reparación con que ella está enriquecida? Solamente ella podrá hacer de nuevo descender la lluvia de la gracia sobre estas tierras resecas como el Sahara, por el viento abrasador de una soberbia inveterada.

II. El Jansenismo

El Jansenismo nos hace tal vez más mal que el propio Protestantismo. Esta herejía, que afectaba al rigorismo más exagerado, propugna como fin destruir la confianza en el corazón de los fieles y los aparta de la recepción del sacramento de la Eucaristía, a fuerza de exagerar las disposiciones que los hipócritas exigían para su recepción. Ellos querían matar el amor a fuerza de respeto exterior. Contemporáneos, por otra parte, de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, lucharon contra ella con toda la rabia que el infierno les inspiraba. Hoy, los gérmenes de este espíritu aún subsisten. Incluso ¡por cuántos sacerdotes fue mal conocida, durante largo tiempo, la verdadera doctrina de la Iglesia romana sobre la santa Eucaristía! La confianza y, por consiguiente, el amor no existían sino en un pequeño número de almas, y la santa Eucaristía se encontraba abandonada y despreciada. Los corazones enfriados ya no pueden comprender el amor del Corazón Eucarístico de Jesús por nosotros. Hay aquí una misión reparadora de las más fecundas y de las más difíciles de emprender. Debemos imbuirnos de amor por el Corazón de Jesús, admitir su culto tal como nos enseña Santa Gertrudis y la Beata Margarita María. Y después, llenos de este amor, llenos de compasión por los ultrajes que los hijos ingratos, infieles, apartados, le hacen sufrir, nos es necesario arrancar en las almas las espinas de la falsa doctrina y combatir, por la simplicidad de nuestro amor, las astucias de Satán.

Catalina Emmerich nos da un ejemplo notable de esta especie de reparación. ¡Como que el amor se dislocaba espiritualmente en socorro de la casa de las nupcias atacada por el enemigo! Ahí recogía enfermedades y dolores místicos, manifestados exteriormente por señales sensibles. Los amigos del Sagrado Corazón de Jesús deben heredar el espíritu, la vocación y los dolores de esta santa alma.

III. El Liberalismo

Pero Catalina Emmerich nos señala ya la herejía contemporánea salida del Protestantismo y del Jansenismo y aún más peligrosa; representa el Liberalismo como un hijo insolente que, desde la infancia, no tiene, por otra parte, sino el exterior, aliado con los enemigos de Dios y lleno de desprecios por todo lo que lleva el nombre de autoridad divina o humana.

¿No es este el espíritu que nos anima hoy? Hay católicos liberales; estos niegan o atenúan lo sobrenatural y no admiten el Sagrado Corazón de Jesús sino en la punta de los labios. Hacen de Él una abstracción metafísica y rechazan, sobre todo, el Corazón material; bajo el pretexto de combatir el amor sensible, destruyen el propio amor. Estos corazones todos ulcerados de orgullo no pueden comprender que un alma se embriague de amor al Sagrado Corazón de Jesús y que este amor sea más fuerte que todas las locuras de amor humano y carnal que, en realidad, hacen triunfar.

Otra doctrina de esta cátedra de pestilencia es la pretensión odiosa de aliar el espíritu del mundo con el espíritu de Dios, Baal con Jesucristo, las tinieblas con la luz. ¡Qué abundancia de amor simple, conmovedor, ingenuo y ciego de humildad nos es preciso, para reparar estos ultrajes del que el Corazón de Jesús es colmado por sus propios amigos! ¿Dónde ven, de facto, esta debilidad desesperante, esta indiferencia para el Sagrado Corazón de Nuestro Señor, sobre todo en la Eucaristía, sino de este espíritu mundano y liberal que apestó a un grandísimo número de almas y por el cual nosotros mismos fuimos afectados hasta cierto grado?

Es para combatir a este hijo infernal del que habla Catalina Emmerich que queremos emplear los medios que ella misma indica: un amor simple, primero, al mismo tiempo que fuerte y generoso; después, la instrucción cristiana muy simple dada a los hijos que, hoy, se apartan del Sagrado Corazón.

Resolución. – Buen Maestro, quiero ir hasta ti con simplicidad y rectitud. Dame esta simplicidad de niño que tanto gustas ver reinar en nuestros corazones.