PADRE CERIANI: DECIMEJORGE Y ALVERSO FERNÁNDEZ… CAMBALACHE

Misterios de iniquidad

EL REGALITO DE DECIMEJORGE

El jueves 13 de mayo Decimejorge recibió en una audiencia privada que duró 25 minutos a su compatriota y “compañero” Alverso Fernández.

Tras la entrevista hubo un intercambio de regalos.

Alverso le llevó a Decimejorge una medalla por el aniversario de la Guerra de Malvinas, una estola de la Basílica de San José de Flores y estatuilla de San José (réplica de la que está en la basílica) con una estampita de Luján. Además, le entregó una colección de la Divina Comedia traducida y un libro biográfico del músico Enrique Santos Discépolo.

Por su parte, Decimejorge le obsequió a su “compañero trabajador” un mosaico que, según dicen fuentes vaticanas, “representa al hombre y la mujer que responden a la invitación del Señor en Génesis y cultivan la tierra, cuidándola”.

La escritura junto al mosaico dice: Il frutto della terra e del lavoro dell’uomo diventi per noi cibo di vita eterna; es decir: “El fruto de la tierra y del trabajo del hombre se transforma para nosotros en alimento de la vida eterna”.

Inmediatamente uno recuerda la “presentación de los dones” en la misa bastarda montiniana…, y reflexiona sobre diversos temas…

Por una parte, sabemos que Lutero suprimió el Ofertorio, porque, ¿para qué ofrecer la Hostia pura y sin mancha, si ya no hay sacrificio?

En el Novus Ordo Missae el ofertorio prácticamente ya no existe; además, ni siquiera se llama así.

La fórmula que se utiliza hace pensar más que nada en una acción de gracias por los frutos de la tierra.

¿Qué queda de las hermosas y precisas oraciones del Ofertorio Católico en la Nueva Misa? Lo siguiente:

“Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida”.

El regalito bergogliano dice: Il frutto della terra e del lavoro dell’uomo diventi per noi cibo di vita eterna.

Por otra parte, esta fórmula es la transcripción de una oración judía; no de una oración de sacrificio del Antiguo Testamento, anunciando el sacrificio perfecto, sino de una simple oración de bendición de la mesa, extraída del Talmud…

Por lo tanto, la presentación de los dones del rito de Pablo VI está compuesta a partir de dos bendiciones talmúdicas que se encuentran en el tratado de Berakoth.

Estas oraciones se utilizan en particular para la bendición de la mesa, durante la comida del Seder, durante la Pascua de los herejes talmúdicos.

El servicio del Seder comienza con la recitación del Kadesh, es decir, las oraciones de bendiciones; las que se introdujeron en el rito de la nueva misa.

Estas oraciones se utilizan para bendecir cuatro copas de vino y los panes llamados matzá. Después de eso, el servicio continúa con el ritual Urchatz, es decir, el lavado de manos.

La cuarta parte del servicio consiste en romper el pan o matzá, que se come en luego, en el llamado Motzi Matzah.

No hay duda de que los arquitectos del abominable rito de Pablo VI introdujeron a sabiendas estas oraciones para significar aún mejor su desprecio por el sacrificio propiciatorio de la Santa Misa.

Pero estas dos oraciones del “ofertorio” del rito montiniano tienen otra fuente, igualmente herética. En efecto, esta extraña mención del “pan de vida” como “obra de manos de hombres” conduce a otra fuente, no talmúdica, sino puramente modernista, pues provienen de los escritos del Teilhard de Chardin.

En el libro Una misa en el mundo, Chardin presenta un ritual de ofertorio de su composición, en el que podemos leer:

Pondré en mi patena, oh Dios, la mies que se obtendrá con esta obra renovada. En tu cáliz verteré todo el jugo que se exprima de los frutos de la tierra en ese día. Mi patena y mi cáliz son el fondo de un alma extendida y abierta a todas las fuerzas que, en un instante, surgirán de todos los rincones de la tierra y convergerán en el Espíritu. […] Sobre todos los seres vivos que van a eclosionar, florecer y ser cosechados durante este día, repite estas palabras: este es mi cuerpo. Y sobre toda fuerza de la muerte, que espera y se prepara para corroer, marchitarse, ser segada, habla todavía tus palabras imponentes, que expresan el misterio supremo de la fe: esta es mi sangre.

Por último, este nuevo “ofertorio”, extraído de la cábala judía, ha sido utilizado en Inglaterra, desde 1955, por las sectas masónicas para misas-orgías, comúnmente llamadas misas negras.

Fuentes vaticanas comentan que Decimejorge notó con sorpresa que los libros recibidos estaban especialmente marcados, como para llamar la atención…

En el ejemplar de La Divina Comedia estaba señalada la página del Canto Noveno, Círculo sexto, consagrado a la región de los heresiarcas y sus secuaces, donde se lee:

“Como en Arles, do el Ródano se encaña,

y en Pola de Quarnaro, se relevan,

en el confín que a Italia cierra y baña,

viejos sepulcros, que el terreno elevan,

tal en ella sepulcros se elevaban;

pero de más crueldad señales llevan.

Las llamas, de uno a otro serpenteaban,

y en fuegos más intensos abrasados,

que los que el hierro funden, se inflamaban.

Los sepulcros estaban destapados,

y del fondo salían, clamorosos,

los lamentos de tristes torturados.

Pregunté: «¿Quiénes son los dolorosos,

que sepultados en ardientes arcas,

hacen oir gemidos tan penosos?»

Y me dijo: «ahí están los heresiarcas,

y turba de secuaces blasfemante,

y que son más de los que en mente abarcas.

«Ahí están, semejante y semejante;

sus tumbas más o menos son ardientes.»

Y girando a la diestra, fue adelante

entre muros y tristes penitentes”.

La biografía de Discepolín señalaba unas estrofas y resaltada una palabra del conocido tango Cambalache:

“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor

Ignorante, sabio o chorro, pretencioso estafador

Todo es igual, nada es mejor

Lo mismo un burro que un gran profesor.

No hay aplaza’os, ¿qué va a haber? Ni escalafón

Los inmorales nos han iguala’o

Si uno vive en la impostura y otro afana en su ambición

Da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos

Caradura o polizón”.

A lo cual, dicen que Decimejorge musitó con una sonrisita socarrona:

¿Acaso no sabe éste que ni siquiera soy sacerdote? Pero él irá a parar el séptimo círculo, tercer giro del infierno del Dante… ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Si vivimos revolca’os en un merengue y, en el mismo lodo, todos manosea’os… Dale nomás, dale que va…, que allá en el horno se vamo’ a encontrar…

Pero, ¡eso, sí! ¡Sin barbijos!