PADRE LEONARDO CASTELLANI: UN RELENTE DE ROSAS

Conservando los restos

QUINTO MISTERIO GLORIOSO

LA CORONACIÓN DE MARÍA COMO REINA DE TODO LO CREADO

La Coronación de María significa simplemente que Ella es Madre de Dios, y por tanto tiene una dignidad que está por encima de todos los Santos y todos los Ángeles: es Reina de todos los Ángeles y Abogada de todos los hombres.

Ningún poeta se le ha atrevido a este misterio.

Conocemos varios poemas a la Asunción de María Santísima, ninguno a su Coronación; pero es lo mismo, la Asunción y la Coronación son la continuación de un mismo acto.

Cuando subió a los cielos en cuerpo y alma, subió derecho al Trono de Dios y fue colocada al lado de su hijo Jesucristo.

¿Y dónde queda eso? No lo sabemos desde que los rusos mandaron un cohete al cielo, y el astronauta cuando descendió dijo que había buscado a Dios y no lo había encontrado por ningún lado. Pero puede que al diablo, si se descuida, lo encuentre sin buscarlo.

Desde que San Pablo dijo que el cielo era superior a todo lo que puede imaginar el hombre, los poetas han dejado que cada cual se lo imagine como pueda.

Dante Alighieri escribió su “Paraíso”; pero todos dicen que no le salió tan bien como el “Infierno”.

“Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre puede soñar, lo que Dios tiene preparado a los que lo aman”.

Todas las cosas que tienen relación directa con Dios son en alguna manera infinitas, dice Santo Tomas de Aquino; como el Infierno, el Pecado, y la Humanidad de Cristo. Y así es María, Madre de Dios; y el cielo, que es la asimilación viviente con el mismo Dios.

Imaginemos, por tanto, a falta de cosa mejor, la Jerusalén Celestial que describe San Juan al final de su Apokalypsis: es una ciudad portentosa descendida del cielo; en realidad de verdad es un símbolo un poco extraño del mundo de los Resucitados.

Es una ciudad altísima hecha de cristal, de oro y de piedras preciosas. Hay en ella fuentes de aguas vivas, está el árbol de la Vida, muchos árboles que dan un fruto diferente cada mes; y supongo que no faltarán parrales; y una multitud innumerable de moradores gozosos.

No hay en ella dolores ni luto ni pena ni zozobra ni aflicción de espíritu; porque “Todas esas cosas ya pasaron, dice Dios, y la muerte ya no es: enjugaré de sus ojos toda lagrima”.

Su sol es Dios mismo y su luna es María Santísima, y sus estrellas son los Ángeles. En medio della está el Trono de Dios sostenido por cuatro querubines, y alrededor veinticuatro tronos con los Doce Apóstoles y los Doce Patriarcas de Israel; al pie del trono, sentada, una mujer majestuosa, sobre cuya cabeza depositan una corona de oro el Padre y el Hijo mientras sobre su frente se cierne una paloma luminosa.

Así pinto Velázquez la Coronación de María, que es uno de los mejores cuadros del mundo; porque Velázquez es el mayor pintor que ha existido, según nosotros; aunque según los italianos, el mas grande es el Ticiano; y según los alemanes, Rembrandt.

Pero éste, con ser hermoso, no es el mejor cuadro de Velázquez, que pintaba mejor las cosas deste mundo, incluso los borrachos y los bufones; como nos pasa a todos.

Alguien ha dicho que este cielo del Evangelista San Juan “es demasiado mineral”. En realidad, San Juan está pensando en los colores, y no en la frialdad o la dureza de las piedras preciosas, que prodiga a manos llenas en su descripción de la Ciudad de Dios; está pensando en flores. Él había visto las llanuras de Sennaar, que en primavera se tapan literalmente de un tupido tapiz de flores, como un mosaico ondulante, rojo, verde, azul, amarillo, violeta. Las matas llegan al pecho de los bueyes y al pretal de los caballos, las ovejas y las cabras se pierden en ellas, y los perros que vuelven de cazar salen pintados de todos colores con el polen de las flores.

Quiere decir que Dios transformará la tierra en un jardín de maravillas, porque el vencedor del Pecado, Cristo, se debe a sí mismo la restauración del Paraíso Terrenal, que perdieron nuestros primeros padres por el Pecado; conforme esta prometido por Isaías y San Juan: “He aquí que Yo hago, dice el Señor, nuevos cielos y nueva tierra”.

La hermosísima María de Nazaret, Virgen sin pecado, es el comienzo de la restauración del Edén.

Solamente verla a ella será un gozo.

Un gran fisiólogo ha escrito que, si el poder de nuestra vista fuese aumentado un tercio, descubriríamos nuevos mundos maravillosos, sin que la naturaleza variase un punto: como se ve un poco cuando a uno mucho tiempo cegatón, le ponen de golpe anteojos; que ve como un nuevo mundo fresco y delicioso, y cualquier cosa que mira le parece un paisaje o un cuadro.

Pero nuestros cinco sentidos serán perfeccionados en la resurrección, de acuerdo a la transformación angélica de nuestros cuerpos; y nuestros cuerpos transformados han de ser inmunes al daño y a toda dolencia, rejuvenecidos, hermosos, resplandecientes y portentosamente agiles; como lo fue el cuerpo de Cristo en la Transfiguración y en los cuarenta días que resucitado anduvo en la tierra.

Todos los astros nos serán accesibles; y no nos aburriremos jamás porque la felicidad no aburre y quisiéramos siempre prolongarla indefinidamente, aun estas pobres felicidades deste mundo; lo malo es que no podemos.

Inmensas y prodigiosas empresas serán nuestra ocupación; porque no sabemos lo que Dios quiere crear todavía, “nuevos cielos y nueva tierra”; y lo que Dios puede es infinito.

Escribió el Dante Alighieri:

Luce intelettual piena d’amore

Amor del Vero Ben pien di letizia

Letizia che irascende ogni dolore

O, sea, más o menos:

Luz intelectual llena de amores

Amores santos llenos de dulzor

Dulzor que anula todos los dolores

Un humano sinfín de vida en flor.

Imaginar todo esto nos cuesta.

Cuentan de un chico a quien la madre le describía la gloria del cielo, diciéndole estaremos allí con palmas en las manos y tocando la guitarra, cosa difícil de hacer a la vez; y el chico dijo: “Y, mami: si nos portamos bien toda la semana; — los Domingos, ¿podremos ir al infierno a divertimos un poco?”

Y yo me acuerdo de un cura alemán que nos predicaba sobre el Purgatorio y nos decía: “¡El Purgatogguio, amatos hermanos, es teguipbe! ¡No se poete comer, no se poete chupar, no se poete tormir la siestai”

Que cada cual imagine lo más que pueda y se quedará corto.

Las glorias y riquezas de María Santísima, que son las glorias del cielo, son inefables; y todas ellas, y más todavía, están sin embargo cifradas en esa breve Salutación del Ángel, que repetimos hoy cincuenta veces; el Avemaria.

ORACIÓN A MARÍA REINA DEL PAPA PÍO XII

Desde lo profundo de esta tierra de lágrimas, en que la humanidad dolorida se arrastra trabajosamente; en medio de las olas de este nuestro mar perennemente agitado por los vientos de las pasiones, elevamos los ojos a Ti, Madre amadísima, para reanimarnos contemplando tu gloria y para saludarte como Reina y Señora de los cielos y de la tierra, como Reina y Señora nuestra.

Con legítimo orgullo de hijos, queremos exaltar ésta tu realeza y reconocerla como debida por la excelencia suma de todo tu ser, dulcísima y verdadera Madre de Aquel que es Rey por derecho propio, por herencia y por conquista.

Reina e impera, Madre y Señora, señalándonos el camino de la santidad, dirigiéndonos y asistiéndonos, a fin de que nunca nos apartemos de él.

Lo mismo que ejercitas en lo alto del cielo tu primacía sobre las milicias angélicas, que Te aclaman por su Soberana, y sobre las legiones de los santos, que se deleitan con la contemplación de tu refulgente belleza, así también reina sobre el género humano, particularmente abriendo las sendas de la fe a cuantos todavía no conocen a tu divino Hijo.

Reina sobre la Iglesia, que profesa y celebra tu suave dominio y acude a Ti como refugio seguro en medio de las adversidades de nuestros tiempos. Mas reina especialmente sobre aquella parte de la Iglesia que está perseguida y oprimida dándole fortaleza para soportar las contrariedades, constancia para no ceder a injustas presiones, luz para no caer en las asechanzas del enemigo, firmeza para resistir a los ataques manifiestos, y en todo momento, fidelidad inquebrantable a tu reino.

Reina sobre las inteligencias, a fin de que busquen solamente la verdad; sobre las voluntades, a fin de que persigan solamente el bien; sobre los corazones, a fin de que amen únicamente lo que Tú misma amas.

Reina sobre los individuos y sobre las familias, al igual que sobre las sociedades y naciones; sobre las asambleas de los poderosos, sobre los consejos de los sabios, lo mismo que sobre las sencillas aspiraciones de los humildes.

Reina en las calles y en las plazas, en las ciudades y en las aldeas, en los valles y en las montañas, en el aire, en la tierra y en el mar, y acoge la piadosa oración de cuantos saben que tu reino es reino de misericordia, donde toda súplica encuentra acogida, todo dolor consuelo, alivio toda desgracia, toda enfermedad salud, y donde, como a una simple señal de tus suavísimas manos, de la muerte misma brota alegre vida.

Concede que quienes ahora te aclaman en todas las partes del mundo y reconocen como Reina y Señora, puedan un día en el cielo gozar de la plenitud de tu reino, en la visión de tu Hijo divino, el cual, con el Padre y el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.