SERMONES SOBRE EL SANTO PATRIARCA

Conservando los restos

SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ

Esposo de la Bienaventurada Virgen María

Y Patrono de la Iglesia universal

Cuarto Día

Sábado de la segunda semana

después de la Octava de Pascua

Sermón de San Juan Crisóstomo

“José, hijo de David, no vaciles en recibir a María tu esposa”.

¿Qué significa esta palabra: “Recibir”?

Significa, sin duda: guardarla en su morada, porque, en su intención, José la había ya despedido.

“Recibe —dice el Ángel — a la que habías despedido y se te ha dado por esposa, no por sus padres, sino por Dios mismo. Te la da, no por un contrato solemne de matrimonio, sino para que comparta tu suerte en una morada común, y te asocia a ella por el ministerio de mi palabra”.

Como Jesucristo confió después María a su discípulo, así el Ángel la confía ahora a un esposo, para que halle en él consuelo, sin la unión nupcial.

Al exponer a continuación, a José, con gran respeto y gran dignidad, la causa de la maternidad de María, le quita directamente todo motivo de sospecha.

No sólo — le dice — es pura de todo comercio ilícito, sino que su fecundidad está por encima de las leyes de la naturaleza. No tengas, pues, pena alguna por la concepción tan dichosa de tu esposa; por lo contrario, entrégate a una gran alegría, “porque lo que en ella ha nacido, es obra del Espíritu Santo”.

“Dará a luz un Hijo, y le llamarás Jesús”. No porque sea obra del Espíritu Santo, has de juzgarte dispensado de prestar tu concurso a esta obra providencial. Pues, aunque eres extraño a esta concepción, ya que la Virgen ha permanecido intacta, yo te permito de buen grado lo que es oficio propio del padre y no rebaja la dignidad de la Virgen, a saber: que impongas un nombre al Nino. Así tú serás el primero en llamarle por su nombre; y aunque el que ha de nacer no sea tu hijo, le dedicarás la solicitud cariñosa del padre, y por esta razón, desde que le impusieres el nombre te uniré a Él con lazo familiar.

Después, a fin de que nadie creyese que era su padre, dice: “dará a luz un Hijo”.

No dijo dará a luz para ti, sino que se expresó en forma general e indeterminada.

Y a la verdad, no dio a luz a Cristo para José solamente, sino para todo el orbe.

Hace constar, además, el Evangelista que un Ángel vino del cielo a traernos el nombre de Jesús; lo hace para que, partiendo de lo que nos enseña (a saber, que este nombre fue revelado a José por un Ángel, y por un Ángel enviado de Dios), veamos cuán digno de asombro y de admiración es este nacimiento.

El mismo nombre no fue elegido sin motivo, puesto que encierra abundancia de preciosos bienes. Así lo interpreta el mismo Ángel cuando suscita las más dulces esperanzas en el ánimo de José, lleno entonces de tristeza, y le invita de esta manera a creer en sus palabras.

En efecto, nos sentimos dispuestos a admitir con facilidad la perspectiva de acontecimientos dichosos, y prestamos prontamente fe a circunstancias favorables.

“Porque el salvará a su pueblo —dice— de sus pecados”. Esta promesa entraña una especie enteramente nueva de beneficio: el pueblo se verá libre, no de una guerra visible, ni de la espada de los bárbaros, sino de sus prevaricaciones; beneficio que supera en mucho a los precedentes, y que jamás fue posible a ningún hombre el concederlo.

Homilía de San Ambrosio

Nadie debe asombrarse de leer en la Escritura estas palabras: “Creían que Jesús era hijo de José”.

La palabra “creían” está bien escogida, porque no lo era por naturaleza.

Ahora bien, lo creían así porque María lo había concebido siendo Esposa de José.

Leemos, además: “¿Por ventura, no es este el hijo del artesano?” Ya hemos dicha más arriba por que razón Nuestro Señor y Salvador quiso nacer de una Virgen desposada, y por qué en los días en que tenía lugar el censo.

No parecerá ahora fuera de propósito que declaremos por qué motivo tuvo por padre un artesano.

Por esta elección figurativa, muestra Jesucristo que tiene por Padre al gran artífice de todas las cosas: al que creo el mundo. Si bien las cosas humanas no pueden compararse con las divinas, esta imagen es, con todo, exacta, porque el Padre de Jesucristo trabaja con el fuego y el espíritu; y como hábil artífice de nuestra alma, aparta cuidadosamente de ella los vicios, aplica sin tardanza la segur a los arboles infructuosos, corta con prudencia las ramitas inútiles, conserva las más elevadas, ablanda con el fuego de su espíritu la dureza de las almas, y por último, dispone al género humano para las diversas circunstancias mediante cualidades diversas adaptadas a las funciones correspondientes.

Mas, ¿por qué se relata en el Evangelio la genealogía de José con preferencia a la de María, ya que ella concibió del Espíritu Santo a Jesucristo, apareciendo José extraño a la generación del Señor? Tendríamos derecho a asombrarnos de ello, si no supiéramos ya que es práctica constante de las Sagradas Escrituras buscar el origen del esposo.

En efecto, sólo del esposo debe tratarse, puesto que, tanto en el Senado como en las otras asambleas de las ciudades, es el varón quien vela por la dignidad de la raza.

¡Cómo se faltaría a las normas si, prescindiendo del origen del esposo, sólo se describiese el de la esposa, como si Aquel que debía ser predicado a los pueblos del orbe entero hubiese carecido de padre! Veréis en todas partes establecer la sucesión de una familia por las generaciones de varones.

No os extrañéis, pues, si el Evangelio describe la historia de la familia de José, porque Aquél que quiso nacer revestido de la naturaleza humana, debió someterse a las costumbres de los hombres; Aquél que venía al mundo, debió ser designado según la costumbre del mundo, y esto con mayor motivo por cuanto en la genealogía de José hállase la de María.

Pero también conviene explicar por qué San Mateo empezó su enumeración genealógica de los antepasados de Jesucristo descendiendo desde Abrahán, en tanto que San Lucas se remonta de Jesucristo hasta Dios.

San Lucas creyó que debía remontar su origen a Dios, porque Dios engendró verdaderamente a Jesucristo; es Padre de Jesucristo, ya según la generación verdadera, ya también con referencia a la regeneración del bautismo, pues es autor del beneficio de esta adopción mística.

Por eso San Lucas no empezó, desde el principio de su Evangelio, a describir la genealogía de Jesucristo, sino que lo hizo solamente después de referir su bautismo, proponiéndose demostrar que Dios es padre de todos por el bautismo.

También afirma que Jesucristo salió de Dios según el orden de sucesión que consigna una genealogía, reuniendo todos estos asertos para sentar que es el Hijo de Dios, ya según la naturaleza, ya según la gracia, ya según la carne.

Con tanta mayor evidencia puede indicar el Evangelista la generación divina del Salvador, cuando teniendo que hablar de su genealogía, empieza por hacer oír al mismo Padre, que dice: “Este es mi Hijo muy amado, en quien he puesto mis complacencias”.