GRACE: ECÔNE, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2020

UN TRIBUTO A MONSEÑOR LEFEBVRE

(y un homenaje a la verdad)

El 24 de septiembre de 2020, fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes, con una ceremonia solemne, los restos de Monseñor Marcel Lefebvre han sido trasladados del cementerio a la cripta de la iglesia del Seminario de Ecône.

Publicamos algunas imágenes de la Misa Pontifical celebrada por Monseñor Fellay, con el añadido de un homenaje especial: se trata del audio de una conferencia pronunciada en italiano por Monseñor Lefebvre, en Turín el 11 de junio de 1989, titulada “Continuar la tradición para salvar el alma” (Continuare la Tradizione per salvare l’anima).

Ahora que el mensaje de Monseñor Lefebvre está siendo manipulado y explotado a voluntad (así como censurado…), queremos honrar la verdad, reportando las palabras que él mismo pronunció sobre la validez de la nueva misa y de los nuevos sacramentos.

El vídeo en traducido al español es el siguiente:

Traducción del audio de la conferencia al español:

“[…] Se dice que el hombre es un “animal racional”, pero creo que esta definición del hombre no es perfecta. La verdadera definición del hombre es que el hombre es un “animal religioso”. La oración, la unión con Dios a través de Jesucristo, la unión con Dios es entonces algo esencial […].

Un hombre que no reza, un hombre que no se preocupa de estar unido a Dios, ya no es un hombre. Ya no es un hombre. Pierde su definición, su esencia. Su razón de ser […].

Pero, ¿cuál es la religión, cuál es el vínculo que nuestras almas deben tener con Dios? ¿Debería cada uno tener su propio vínculo personal? ¿O es que Dios mismo pretendía fundar una religión, establecer una religión? Ciertamente Dios ha decidido fundar una religión. No ha dejado a los hombres libres de tener cualquier relación con Él, no. Fundó una ÚNICA religión, la Religión Católica.

Se encarnó para fundar la Iglesia, y para donar un tesoro increíble, infinito… El tesoro de la Santa Misa: Su propio Sacrificio, Su propio Cuerpo, Su Alma, Su Divinidad. Le dio este sacrificio a unos hombres que eligió para ser Sus Apóstoles y sacerdotes con el fin de continuar este Sacrificio de Jesucristo en nuestros altares. Y ESTA es nuestra Religión, porque no hay otra. […].

No hay dos Iglesias Católicas, sólo hay una Iglesia Católica, la que nosotros queremos continuar: no decimos que nosotros “somos” la Iglesia Católica, sino que “pertenecemos” a la Iglesia Católica, eso es seguro. Y los que toman un camino diferente, los que cambian el Sacrificio de la Misa, los que cambian todos los Sacramentos, todos los ritos, corren el riesgo de dejar la Iglesia y de perder las almas.

Incluso el mismo Papa lo dijo en el último documento que publicó en Pentecostés sobre la liturgia: “hacen tantos cambios en la liturgia y en los ritos, que los sacramentos puede que ya no sean válidos”. Ya no son válidos, ya no hay validez de los sacramentos. ¡Nosotros siempre lo hemos dicho, pero ahora es el mismo Papa quien lo dice!

Ya nosotros lo hemos dicho: cambian las fórmulas, cambian la materia del Sacramento, toman aceite de soja, o lo que sea, para hacer los Sacramentos, y no aceite de oliva… Cambian todo así de fácil… Han cambiado las palabras de la misma Consagración… Cambiar las palabras de la Consagración del Santo Sacrificio de la Misa! … Pero ¿cómo se puede hacer eso? …

Entonces realmente nos tememos que todos estos Sacramentos, paulatinamente ya no tengan validez y no den más la gracia. ¡Pero nosotros necesitamos la gracia!… La gracia es precisamente el vínculo, es el Espíritu Santo en nuestras almas, en nuestros cuerpos… ¡Nosotros necesitamos la gracia, es esencial para ir al Cielo! […]”.

Desde que “Monseñor” Viganò denunció los errores del Concilio Vaticano II, muchos ilustres exponentes de la tradición católica entablaron un debate que ha tenido gran resonancia mediática: como sucede con los juegos de magia, la atención de los fieles se desvía, mientras que lo único esencial ha sido hábilmente eliminado.

Para cada hombre que vive en la tierra, lo esencial es la salvación del alma. La salvación se da por la Gracia, y el instrumento de la Gracia son los Sacramentos.

“Monseñor” Viganò puede hablar con gran competencia teológica, pero si los Sacramentos reformados por Pablo VI son inválidos, él no es un obispo. No tiene los poderes o la autoridad que nuestro Señor dio a sus Apóstoles, y por esta razón no puede ni siquiera transmitirlos. No puede ordenar sacerdotes, ni conferir el Sacramento de la Confirmación.

Si los Sacramentos reformados son inválidos, el clero romano puede igualmente condenar al Concilio; puede deponer a Francisco y elegir un papa que esté “en línea” con la tradición; puede corregir los errores de las encíclicas; puede incluso restaurar el Derecho Canónico y los Catecismos anteriores al Concilio, PERO NO PUEDE MÁS DAR LOS SACRAMENTOS.

Incluso si todos los sacerdotes del mundo comenzaran de nuevo a decir la Misa en latín, si restaurasen los rituales usando la forma y la materia correctas, si hicieran abjuraciones públicas y volvieran a la Fe de siempre, CONTINUARÍAMOS SIN TENER LOS SACRAMENTOS, porque su ordenación sacerdotal es positivamente dudosa, y en la iglesia romana no hay más obispos que puedan ordenarlos.

Pueden usar el antiguo Pontifical, pero ya no tienen el poder de ordenar. Han perdido la sucesión apostólica. La cadena se ha roto para siempre.

Hay un solo Obispo que ha preservado la sucesión según el mandato de Nuestro Señor; y ese Obispo es Monseñor Lefebvre.

En su carta a los cuatro futuros obispos, Monseñor Lefebvre escribió:

“El objetivo principal de esta transmisión es conferir la gracia sacerdotal para la continuación del verdadero sacrificio, y la gracia del sacramento de la Confirmación a los niños y a los fieles que os la pidan” (https://fsspx.org/es/los-obispos-de-la-fraternidad-san-pio-x)

Es curioso que en las páginas oficiales de la Fraternidad de San Pío X (tanto las francesas como las italianas), la parte relativa a la transmisión de “la gracia sacerdotal para la continuación del verdadero sacrificio”, haya sido censurada:

« Le but principal de cette transmission est de conférer la grâce du sacrement de confirmation aux enfants et aux fidèles qui vous la demandent ». (https://fsspx.org/fr/lettre-de-mgr-lefebvre-aux-futurs-eveques).

“Lo scopo principale di questa trasmissione è di conferire la grazia del sacramento della Cresima ai ragazzi e ai fedeli che ve la chiederanno” (https://www.sanpiox.it/archivio/articoli/crisi-nella-chiesa/682-lettera-di-mons-marcel-lefebvre-ai-futuri-vescovi-della-fraternita-san-pio-x)

Sin embargo, la página española ha conservado el texto original, el mismo que es reportado por Louis Hubert Remy aquí: http://a-c-r-f.com/documents/LHR_Mgr-Lefebvre-et-le-sedevacantisme.pdf

“Le but principal de cette transmission est DE CONFERER LA GRACE DE L’ORDRE SACERDOTAL POUR LA CONTINUATION DU VRAI SACRIFICE DE LA SAINTE MESSE et pour conférer la grâce du sacrement de confirmation aux enfants et aux fidèles qui vous la demandent ».

La mención de la transmisión del orden sacerdotal fue omitida por la dirección de la Fraternidad, debido a que esta intención implica claramente que el Arzobispo Lefebvre DUDABA de la validez de los nuevos ritos de ordenación.

El objetivo de Monseñor Lefebvre nunca fue de reescribir el Concilio, ni de entrar en cuestiones teóricas complejas. El objetivo era la salvación de las almas. El objetivo era preservar los Sacramentos para la salvación de las almas.

En sus Sermones sobre el Anticristo y el Fin de los Tiempos, San Vicente Ferrer escribió que cuando venga el Anticristo, todos los católicos apostatarán, y que podrán salvarse sólo los que hayan recibido el Sacramento de la Confirmación.

Por eso hoy, para nuestra salvación, recibir este sacramento es esencial: PERO MÁS QUE NADA, ES ESENCIAL SABER CUÁLES SON LOS OBISPOS QUE LO DAN VÁLIDAMENTE.

No se trata de una cuestión teórica: se trata de nuestra salvación, o de nuestra condenación eterna.

Al final de la Carta a los futuros Obispos, el 29 de agosto de 1987, Monseñor Marcel Lefebvre escribió:

“Queridísimos amigos, sean mi consuelo en Cristo Jesús, manténganse firmes en la fe, en el verdadero sacrificio de la Misa y en el verdadero sacerdocio de Nuestro Señor, por el triunfo y la gloria de Jesús en el cielo y en la tierra, por la salvación de las almas”…

“Por la salvación de mi alma”.