JORGE DORÉ: POEMA

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Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, 

se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno 

pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, 

o el número de su nombre. (Apocalipsis 13:16-17)

***

Señor, ahora que el paso del mal sobre la tierra

deja un hedor de inmundas y abyectas perversiones,

ahora que muchedumbres de torvos corazones

se ensañan contra el justo y hacen a Dios la guerra,

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ahora que el hedonismo del réprobo endiosado

veta tu cruz y eleva su puño contra el cielo,

ahora que deberíamos estar todos de duelo

al verte nuevamente solo y vilipendiado,

***

ahora que el mundo prueba tu divina paciencia

con su adhesión a vicios y a pecados mortales

y trocando tu gracia por instintos carnales

rechaza toda chispa de luz en la conciencia,

***

ahora que, denigrados lo sacro y las virtudes,

se alientan execrables y carnales pasiones

tras las que peregrinan, en viles procesiones,

letárgicas, cobardes y ciegas multitudes;

***

ahora que el adversario pretende derrocarte

borrando de un zarpazo tus indelebles huellas

en una férrea pugna contra lumbre y estrellas,

y cada vez son menos los dispuestos a amarte,

***

ahora que los que arguyen tener no tienen nada

más que un cinismo inmenso, un vacuo nihilismo,

un suicida deseo por el perpetuo abismo

y un desdén por la fiera y eternal llamarada,

***

ahora que, ya arrojada por borda la cordura

y abiertas las esclusas a morbosas pasiones,

vivimos batallando con las contradicciones

que agravan al enfermo en vez de dale cura,

***

ahora que el mundo abraza de nuevo el paganismo

y aflora en todas partes una obsesión tribal,

que frente a los chamanes, a Moloc y a Baal

se inclina una parodia de espurio cristianismo,

***

ahora que bajo cascos de una caballería

de influjos infernales lucha el hombre de bien

contra los forjadores de un distópico edén

cuyos cimientos se alzan sobre la apostasía,

***

ahora que, zarandeado como espigas de trigo

se encuentra tu rebaño por el león rugiente,

¡Jesús, quiero pedirte que mi mano y mi frente

nunca admitan el sello del astuto enemigo!