MODELOS DE VIDA Y ESPERANZA EN LA GLORIA
Hoy nos encomendamos a:
San Claudio, obispo
Nació en las Galias de noble familia a fines del siglo V. Su educación fue esmerada, cual
convenía a la elevación de su cuna; y cuando le esperaba en el mundo un porvenir dichoso y brillante, lo renuncio todo para abrazarla vida cenobítica. Tomo el hábito en el
monasterio Jurense, célebre plantel de santos en los primitivos tiempos, y dentro de poco aventajo Claudio a todos sus hermanos en los caminos de la perfección. Al poco tiempo fue elegido abad de aquella casa, y fue tanta la sabiduría y prudencia con que gobernó, que vacando la silla episcopal de Besanzón, el clero y el pueblo le aclamaron unánimemente por su pastor. Lejos de mitigar los ardores de Claudio el nuevo peso que se le imponía, tomo nuevos bríos su espíritu, y se dejo ver en el desempeño de su cargo como un atleta vigoroso, dispuesto siempre a contener al vicio y al error en sus trincheras, y fomentando con su ilustrado celo todos los intereses de la religión.
Temperó siempre la severidad de la disciplina y el rigor de la ley una benignidad suma y una complacencia extraordinaria. Sus delicias eran la predicación, la caridad, la humildad con todos. Así paso siete años en el desempeño de su alto ministerio, al cabo de los cuales, echando todavía de menos su amada soledad, renuncio el episcopado y los cuidados de su rebaño para volver a su retiro. Fijose en el monasterio de San Eugendo, de una observancia rigurosa, de la cual no quiso dispensarse a pesar de su carácter y de los quebrantos de su salud. Elegido abad de este monasterio, no pudo rehusarse a admitir el encargo, y lo desempeño tan bien como correspondía a su esclarecida santidad, y la fama que en todas partes había dejado.
El Señor corono sus virtudes concediéndole el don de milagros, y obro tantos y tan famosos, que sus contemporáneos le llamaron el milagrero, el favorecido de Dios. Por fin después de una larga vida, sembrada de altos merecimientos, empleada toda entera en promover los intereses de la religión, murió Claudio asistido de visibles coros de ángeles, y se fue con ellos a gozar de Dios. Su féretro fue glorioso por los muchos portentos obrados a su alrededor, y su muerte, acaecida el día 6 de junio del año 551, se contó entre sus contemporáneos como su mas grande calamidad.
Leyenda de oro
DR. José Palau

