CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN
Esta poesía popular viene de la España del Siglo de Oro; y en esa tradición hispano-católica encontramos el fondo mismo del alma nacional, que muy poco debe al barbarismo precolombino, tan reivindicado por los revolucionarios.
Los Cantares son trasunto del alma española de la época colonial; todos ellos revelan una tradición poética nacida al arrullo del romance clásico, que los soldados y misioneros de la España grande de los siglos XVI y XVII trajeron al Nuevo Mundo.
El deber de la hora actual es salvar esa cultura y reanudarla.
Por esta razón, entregamos al pensamiento católico estos florilegios, con el deseo de que muchos jóvenes recojan este tesoro poético, y reanuden la honrosa tradición de cultura bruscamente interrumpida por la irrupción de una civilización tan brutalmente material que ha olvidado el significado esencial de la vida cristiana, e incluso ya de la simplemente humana.
LLORANDO TE LO PEDÍ

Llorando te lo pedí,
no me lo quisiste dar,
es imposible gozar
la grandeza que perdí.
Tres veces con juramento,
San Pedro a Cristo negó.
Arrepentido lloró,
y fue tal su sentimiento,
que desde aquel momento
Dijo.- ¡Señor te ofendí!
misericordia de mí,
Rey de poder infinito,
el perdón por mi delito
llorando te lo pedí.
Judas no se arrepintió
aunque se vio apesarado,
fué como desesperado
a un árbol y se ahorcó.
Las monedas que ganó
no las supo aprovechar,
maldiciendo sin cesar
contra Jesus dice triste:
-el reino que a Pedro diste
No me lo quisiste dar.
Si hubiese hecho penitencia
aquel infame traidor
con verdadero dolor,
hubiere hallado clemencia.
desconfió en la Providencia,
tan digna de perdonar
a quien sabe implorar,
según la sagrada historia,
y ahora dice:- la gloria
es imposible gozar
Feliz Pedro que al Señor
Dijo:- yo a tus pies me postro
y hasta acanalar su rostro
lloró su terrible error.
En Judas no hubo temor,
como en Pedro y David,
es justo que diga así,
entre sus padecimientos:
-Me sirve de más tormento
la grandeza que perdí.
Al fin, amigo querido,
muy bien tendrás sabido
que Pedro fue convertido
y Judas fue condenado.
Uno lloró su pecado
y puso en Dios todo anhelo,
pero el otro sin consuelo,
padecerá eternamente,
goza el que fue penitente
la eterna gloria del cielo.
