OSKO: En Los Últimos Tiempos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

CAMBIA… TODO CAMBIA…
(incluso la Apostasía, que crece)

 

“¡Hijitos! Es el Anticristo”
El staretz Juan en el “Breve Relato del Anticristo”, de V. Soloviev

 

* Reconocimiento «administrativo» en Argentina.

* Designación «canónica» de Mons. Fellay como Juez de Primera Instancia.

* Declaraciones diversas de los jerarcas conciliares Schneider, Müller y Bergoglio en torno a la Neo-F$$PX.

* «Misericordeo» para los fieles que se «reconcilian» por interpósitos curas de la Neo-F$$PX.

* A tal efecto, otorgamiento, por voluntad del Falso Profeta Bergoglio, de una Jurisdicción por el término de un año.

Sin embargo, no hubo, ni hay, ningún cambio para mejor en la iglesia conciliar; todo lo contrario.

Todo indica, pues, que los cambios se han dado en la Neo-F$$PX.

Por cambios positivos en la iglesia conciliar deben entenderse modificaciones de parte de su jerarquía que indicasen, con signos y gestos concretos y una práctica notable y evidente, un abandono y abjuración de los principios conciliares-modernistas, esos mismos que provocaron y justifican la conducta que mantuvo Monseñor Lefebvre. El Arzobispo inició y llevó a cabo su Obra contra el espíritu conciliar y las reformas en él inspiradas.

Por cambios en la Neo-F$$PX deben entenderse aquellos que significaron y significan un acercamiento al Modernismo o Semi-Modernismo Conciliar, y un implícito abandono de la posición marcada por su Fundador, resumida en la Carta firmada por todos sus Superiores en julio de 1988 = “Nullam partem habemus… No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia; excluidos de la comunión impía con los infieles”.

Las voces provenientes actualmente desde el interior de la Obra creada por Monseñor Lefebvre sostienen que ningún cambio de ese tipo se ha producido en la misma.

Cruzando dedos

Ahora bien; no resultan convincentes sus razones en ese aspecto.

Sin embargo, podría dejarse de lado esta cuestión para analizar la otra cara de la moneda, es decir, constatar si en verdad ha habido dichos cambios positivos en la bien llamada iglesia conciliar; cambios que justifiquen, entre otras cosas, el diálogo, el acercamiento la suavización en las relaciones.

Aquí la cosa se hace más difícil aún. Es completamente claro que, lejos de abandonar las posiciones doctrinales que pueden resumirse como CONCILIARES, la iglesia del Post-Concilio las profundiza, a la par que reclama una constante VIGENCIA del malhadado Concilio Vaticano II.

En tal sentido, no resulta posible encontrar las buenas razones de los llamados «cambios» de la Neo-F$$PX, porque es evidente que ha cambiado en cuanto a su relación con los apóstatas romanos.

Se producen estos cambios, y son UNILATERALES. Es decir, que es la Neo-F$$PX la que, de forma inequívoca, se desliza en dirección de la iglesia conciliar, sin que esta última se haya dado ni por enterada de que debería, al menos, dar indicios de un alejamiento de las Doctrinas y del Espíritu Conciliar, así como de un acercamiento hacia la Tradición y, por ende, hacia la Iglesia Católica.

Los signos de que Ménzingen va hacia Roma y de que Roma le facilita el asunto (algunos de los cuales hemos citado al principio de este escrito) son harto elocuentes.

Son HECHOS, y contra los hechos no se puede argumentar.

Ahora bien, les queda a los defensores de la política de acercamiento de Ménzingen un último recurso dialéctico, a saber: «Es nuestro deber; porque si Roma sigue siendo la Roma Eterna, debemos estar unidos a Ella y ayudar desde adentro a superar la larga crisis que padece como consecuencia del Concilio.»

Ese argumento SERÍA más que suficiente, si la premisa “Roma sigue siendo la Roma Eterna», fuese verdad.

He aquí el punto o quid determinante de todo este asunto.

Entiéndase, pues, y de una vez por todas, que la iglesia conciliar NO ES la Iglesia Católica; y que la iglesia oficial es la iglesia conciliar y, por lo mismo, la iglesia oficial no es católica, sino modernista y apóstata.

Y he aquí lo que, hace muchos años, nos separó definitivamente del curso que conduce a la Neo-F$$PX hacia ADENTRO DE LA IGLESIA CONCILIAR.

Es que para las autoridades de Ménzingen NO EXISTE NINGUNA IGLESIA CONCILIAR; sólo existe la IGLESIA CATÓLICA, que sería también la iglesia conciliar.

Como sabemos, eso no es cierto. La iglesia conciliar existe; y es distinta de la Iglesia Católica, a la cual ECLIPSA.

Pero resulta en vano el esfuerzo de intentar hacerles entender esta cuestión a los jerarcas de Ménzingen, encabezados por Mons. Fellay.

Por supuesto, esto es exactamente LO MISMO que nos aleja del Obispo de la Rosa y de quienes lo siguen, a los que tampoco resulta posible hacerles entender el problema.

Gatopardo RW
Ya veremos más adelante el porqué de esta imagen del Blasón de M.W.

La pregunta que debería hacerse todo aquel que intenta mantener INTACTA y sin CONTAMINAR la FE, es la siguiente:

¿Existe o no existe la llamada Iglesia Conciliar?

Ya no importa demasiado el hecho, varias veces comprobado, de que Mons. Lefebvre, o Mons. de Castro Mayer y otros muchos más, lo hayan dicho en numerosas ocasiones. Puesto que todos ellos podrían haberse equivocado en esta materia.

Pero, a más de CINCUENTA AÑOS de la apertura del nefasto CVII podemos los fieles, además de constatar la existencia, persistente, sostenida y consolidada de la llamada IGLESIA CONCILIAR, verificar la existencia de sus frutos; y… esos innegables frutos hablan por sí mismos, testifican la existencia de la iglesia conciliar.

Los Superiores de la Fraternidad firmaron en julio de 1988: “Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad”.

Pero además podemos leer las SSEE. En ellas se puede encontrar referencias aplicables al caso, sin que debamos iniciar un Curso Sistemático de Sagradas Escrituras. Basta el pequeño librito que se halla al final.

Resulta evidente y de manera inmediata que San Juan vio «algo» que iba a ocurrir en la Iglesia. Resulta muy evidente que hay imágenes volcadas por él que dicen cosas, representan cosas, simbolizan cosas…

Es un hecho curioso que, aun teniendo el texto al alcance de la mano y que además se cuenta con numerosos comentarios de INTÉRPRETES de las SSEE que testifican, comprueban y PRUEBAN que en cumplimiento de las Profecías contenidas en ese Libro, la Iglesia Católica deberá pasar (hacia el tiempo próximo a la Parusía) numerosas y difíciles pruebas, una tribulación como nunca se haya visto antes, es curioso, digo, que se empeñen en soslayar la significante similitud de los hechos actuales con el texto escrito.

Es notable la imagen de la Mujer encaramada en la Bestia Escarlata.

Paralelamente, es significativo también (para los que gustan apoyarse en las Apariciones Marianas) aquello de que «Roma Perderá la Fe»…

Es incuestionable que ALGO, y muy grave, está ocurriendo con LA FE en el mundo entero.

Son indisimulables los hechos de Montini, Wojtyla, Ratzinger y Bergoglio… Sobre todo BERGOGLIO, que no es peor que los anteriores, aunque sí mucho más elocuente y desfachatado.

Pero, mientras tanto, han ocurrido tantísimas cosas en todos los ámbitos. Desde los encuentros ecuménicos, el cambio (para nada sutil) en cuestiones de disciplina, liturgia, sacramentos, DOCTRINA…; ¡¡¡si hasta el Padre Nuestro fue modificado en su momento!!!

El Catecismo reemplazado; el CIC reemplazado; el Misal Reemplazado; la Misa reemplazada; el altar desplazado; y un larguísimo etcétera.

A veces uno se pregunta si se imagina todo esto que ve, o si se lo contaron y era mentira… Pero no. Yo lo vi.

Pero pareciera que para los Monseñores Fellay, Tissier, Williamson, de Galarreta y Faure, las cosas ocurridas durante los últimos CINCUENTA AÑOS deben entenderse de otro modo.

El hombre aveztruz
Así es “mejor” para algunos “purpurados”

Y por eso ellos continúan adelante; claro que cada uno en su propio «mambo», porque si hay algo que se nota es que cada uno de los Obispos surgidos de la Neo-F$$PX tiene una muy particular manera de ver (de NO VER en realidad) las cosas, aunque en el fondo TODOS PIENSAN IGUAL:

Para todos ellos, la Roma apóstata sigue siendo la ROMA ETERNA, y los llamados Papas Conciliares siguen siendo veros sucesores de Pedro, a pesar de todas las evidencias, a pesar de todos los hechos que prueban que ellos presiden una iglesia conciliar que, sólo en las apariencias (y también en ésto CADA VEZ MENOS), se asemeja a la Iglesia Católica.

Y pensar que los Superiores de la Fraternidad firmaron en julio de 1988: Los fieles tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista”

Porque, después de todo, esos cinco Obispos resultan ser TRIBUTARIOS de una de las más famosas frases del esperpéntico pseudo-papa actual: ¿QUIÉN SOY YO PARA JUZGAR…” AL PAPA?

Claro…, al Papa NADIE puede ni debe juzgarlo. Al Papa no, por cierto. En UN SOLO CASO, si quien funge como tal se muestra A FIDE DEVIUS, puede ser redargüido.

Pero la única opción que queda para salvar la FE y no permanecer en comunión con un HEREJE (Bergoglio lo es, Ratzinger lo es, Wojtyla lo era y Montini también) queda oculta, negada, calumniada, por los CINCO OBISPOS del caso.

Son CINCO obispos bergoglianos (antes ratzingerianos, y antes wojtylianos) que reducen a los fieles tradicionales a la categoría de «borregos», negándose a sí mismos (ellos, los Obispos) y negándoles (a los fieles y a todos) la capacidad de discernir sobre cuestión tan grave e importante, como es LA FE y el hecho de estar o no estar en comunión con herejes MODERNISTAS… ¡No es poca cosa!

Quisimos pensar que era en serio aquello de  “Nullam partem habemus… No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia; excluidos de la comunión impía con los infielesNosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad… Los fieles tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista”

A la vista de lo ocurrido con otros que terminaron absorbidos y nulificados, ¿es acaso temeraria nuestra suposición de vislumbrar que la Neo-F$$PX (y su secuela resistencialmente equivocada) terminarán en una monstruosa claudicación? ¿No sobran ejemplos suficientes como para sospechar el presumible seguro final?

Si las cosas continuasen en este mismo derrotero, en DOS GENERACIONES MÁS…, tan solo en DOS generaciones, la Fe habrá prácticamente desaparecido de la faz de la Tierra…

Quedará, ciertamente, un pequeño remanente que la mantendrá viva; de manera que los tiempos serán acortados.

Eso es verdad… Pero resulta ser que «éso»… ES AHORA…

¡¡¡Pardiez!!!

TODO CAMBIA

«Plus ça change, plus c’est la même chose» («cuanto más cambie, es más de lo mismo»)

(Jean-Baptiste Alphonse Karr)

«Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».

«¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado».

«…Una de esas batallas que se libran para que todo siga como está».

(Expresiones de la Novela «IL GATTOPARDO»; inspiradas en la cita anterior de Alphonse Karr).

“Roma nos ha ofrecido una solución, mejor diríamos un reconocimiento. La estructura que se está ofreciendo a la Fraternidad es de hecho enteramente apropiada. Esto es, si realmente esto se lleva a cabo, ustedes no sentirán ninguna diferencia entre antes y después

(Frase de Mons. Fellay en mayo de 2012, seguramente inspirada en las anteriores, y abonada por la estulticia propia de su autor).

Al comienzo escribí: CAMBIA… TODO CAMBIA… (incluso la Apostasía, que crece).

Y Bergoglio cambia, crece en su apostasía, y continúa engatusando, o “gatopardeando”, si se me permite el término…

Y aunque me sorprende un poco que inesperadamente (al menos para mí) Marcelo González en su Panorama diga lo que dijo…, como no podía ser de otro modo, él llega a conclusiones distintas de las nuestras:

http://panoramacatolico.info/articulo/engatusar-su-deporte-preferido

Y este asunto es clave, porque está en línea con lo que venimos diciendo. Más allá de que Panorama Católico Internacional continúe diciendo que Bergoglio es «Francisco» y que es el PAPA, afirma lo que sigue:

“Se repite la historia: ¿qué se puede decir cuando se le da a uno la razón? Y quien se la da es la autoridad legítima para hacerlo.

Desconfiar… Sin duda. Pero sin incurrir en contradicciones o confusiones: si se reconoce a Francisco como papa, cuando toma una medida legítima, ¿por qué se lo habría de cuestionar? ¿En razón de qué?”

Bergoglio “gatopardea”, es cierto; pero tiene cómplices. A su manera, cada uno con su particular estilo, los Monseñores Fellay y Williamson también “gatopardean”. Y los “informadores” como Marcelo González (hay otros como él), también “gatopardean”.

He aquí el problema que no se quiere ver.

En primer lugar, no debería DESCONFIAR, si fuese que Bergoglio ES el Papa; más bien debería agachar la cabeza y someter sus propias ideas, puesto que se supone que el Papa siempre procura el bien de la Iglesia y para ello goza de la asistencia del Espíritu Santo; de Gracias especialísimas, puesto que Dios mismo permanece junto a él.

Es absolutamente cierto que para neutralizar la evidentísima contradicción, y salirse del esquema dialéctico impuesto o autoimpuesto que arrastra, la llamada Tradición y los Tradicionalistas deberán salirse de esta ecuación fatal.

La llamada Tradición necesita desesperadamente deshacerse de ese prejuicio, que ha transformado en TABÚ, e impide el referirse a los llamados papas conciliares y otros jerarcas de la iglesia conciliar como HEREJES (que eso son, en tanto que son MODERNISTAS y adeptos a las IDEAS y el ESPÍRITU del Concilio vaticanosegundista), y que sean personas que muy posiblemente hayan perdido los cargos apostólicos (o que quizás nunca los hayan poseído) en razón de dicha herejía.

«Si se reconoce a Francisco como papa…» Ese es, indudablemente, el problema.

Pero es interesante destacar que el moderador del sitio, con esta frase, tal vez inconscientemente, deja abierta la puerta para la DUDA; o que, por lo menos, no le queda otra que admitir que existe una posición según la cual se puede no reconocer a Bergoglio como papa; y que es, precisamente, desde esa única posición que SÍ es posible cuestionar, y no sólo cuestionar, sino también rechazar lo que de allí proviene.

Ya que estoy hablando de DUDA, quiero señalar algo que no deja de llamarme la atención. Es el administrador del BLOG SYLLABUS. Últimamente está incurriendo en algunas expresiones al referirse a Bergoglio que son IMPROPIAS de todo aquel que suponga Papa al susodicho personaje.

Antes se refería a Bergoglio más como “FRANCISCO”, pero, desde hace un tiempito, dice cosas tales como “el hereje Bergoglio”, por ejemplo…; y eso no debe hacerse en la fláccida. El otro día escribió “el supuesto Papa, Francisco…”; debería tener presente que esa terminología INDUCE al sedevacantismo.

A mí personalmente me resulta particularmente grato asistir al lento decantar de tantos que, finalmente, terminan llegando a la inevitable conclusión que, por supuesto, lejos de molestarme me alegra. Pero…, creo necesario hacer el comentario por si el responsable de ese Blog no se ha percatado de la posición a la que indefectiblemente está llegando, ya que, al menos de un modo que podría describirse como de “semi-inconsciencia“, es harto evidente que tiene instalada la DUDA…

Hoy es necesario tener por lo menos esa DUDA, de modo que, ¡ENHORABUENA!

La más firme, exacta e, insisto, ÚNICA manera de salvar la Fe es EVITAR AL HEREJE, pero… ¿Cómo puedo evitarlo, si le reconozco una autoridad a la que quedo obligado a estar sujeto y sometido?

Pero… ¿Por qué digo que DEBE EVITARSE?

Porque más que para castigo del hereje, debe ser evitado para salvaguarda de la SALUD de quienes no son herejes y que quieren permanecer católicos, cosa que en el actual estado de cosas sería harto difícil o imposible, si permitiera Dios que ese problema fuese INSOLUBLE.

Por evitar, sistemáticamente, la hipótesis de la Sede Vacante se termina desbarrancando finalmente, como puede verse en el siguiente párrafo:

«La medida produce confusión, es inevitable. No hay que caer en ella. Es una más. Uno más de sus calculados movimientos políticos cuyo fin probablemente sea mantenerse flotando en el poder, jugando al deporte que más le gusta: engatusar.»

Más allá de que no le queda más remedio que admitir la tremenda confusión que se genera, es común a tradis y conservadores el mismo razonamiento. Bergoglio sería un astuto político que procura obtener o mantener PODER.

Una muy prosaica manera de ver a Bergoglio y de entender la particularísima situación del mundo y de la Iglesia Católica (no la conciliar), que sobrevive en pequeños islotes de Fe por todo el mundo, y del momento pre-parusíaco por el cual transitamos.

Consecuencia de una visión anti-apocalíptica, asumida más o menos conscientemente.

Basta de Apocalipsis
“No más preguntas sobre el Apocalipsis”, ruegan los Obispos de la Tradición

Por otra parte, a tenor de la información que nos proporciona, resulta ser notable que en el mismo día Bergoglio protagonice distintos hechos de semejante contradicción APARENTE…

Esos hechos de APARENTE contradicción, o tan diversos, distintos, distantes y diferentes…, en realidad son para satisfacer las expectativas de todos aquellos a quienes van destinados.

¿Por qué utilizo la palabra APARENTE?

Porque se trata de algo que un ruso, de nombre Vladímir, vio hace mucho pero mucho tiempo.

Ese ruso, se llamaba Vladímir pero no tiene nada, absolutamente nada, que ver con el jerarca ruso actual del mismo nombre que es objeto de ciertas expectativas episcopales kentianas.

Se trata de VLADÍMIR SOLOVIEV, y su Breve Relato Sobre el Anticristo, al que someramente me referiré ahora.

EL FALSO PROFETA Y EL ANTICRISTO

No hará falta incluir más enlaces o links hacia otros sitios o agencias de noticias.

En el Mundo Tradi o conservador todos los involucrados en lo que estos términos encierran comprenderán a qué estamos refiriéndonos (de paso diré que desde hace tiempo vienen fusionándose los conceptos “Tradicionalista” y “Conservador”, y todo lo que contienen, en detrimento de La Verdad).

El escritor ruso Vladímir Soloviev escribió hace mucho tiempo un Breve Relato Sobre el Anticristo. En dicho relato, un personaje que representaba ese rol inicuo asombraba al mundo y conquistaba los corazones y las voluntades de todos. Mejor dicho, de casi todos.

Esa conquista la efectuaba por medio de una táctica inteligente y sumamente persuasiva.

En efecto, cuenta que con la sutil inteligencia de darle a cada cual lo que más quiere o anhela, el Anticristo se gana a las multitudes y a la inmensa mayoría de los dirigentes, los jerarcas de TRES vertientes (así las presenta Soloviev) del cristianismo.

Lo que sigue tiene lugar en Jerusalén, sede del Gobierno Mundial del Emperador, donde él mismo convoca y preside un “concilio laico” en el que intentará ganarse a los cristianos reticentes a su gobierno y persona:

La apertura del Concilio fue imponente. Dos tercios del enorme templo dedicado “a la unificación de todos los cultos” fueron ocupados por sillas y asientos para los delegados del Concilio. El tercio restante por un alto palco donde fue colocado el trono del Emperador y otro un poco más bajo para el mago —cardenal y canciller del Imperio— y detrás de ellos se dispusieron filas de asientos para ministros, dignatarios y jefes de Estado. A los costados se encontraban largas filas de asientos con fin desconocido. En las tribunas se ubicaron varias orquestas, mientras en la plaza contigua se instalaron dos regimientos de Guardias y una batería para las salvas de honor. Cuando el emperador ingresó acompañado del gran Mago y su séquito, las orquestas comenzaron a entonar “La marcha de la unificación de la humanidad” la cual servía de himno imperial internacional.

Todos los miembros del Concilio se pusieron de pie y agitando sus sombreros, gritaron tres veces a viva voz: “Vivat, Urrah! Hoch!”. El Emperador, permaneciendo de pie junto al trono, abrió sus brazos y con un aire de majestuosa benevolencia pronunció con sonora y grata voz: “¡Cristianos de todos los credos! ¡Mis queridos súbditos y hermanos! Desde el principio de mi reinado, bendecido por el Altísimo con tan maravillosas y gloriosas obras, nunca me habéis dado motivo de descontento. Habéis siempre cumplido vuestro deber con fe y consciencia. Pero para mí eso no es suficiente. Mi amor sincero hacia vosotros, hermanos amadísimos, anhela ser correspondido. Desearía que por un sentimiento de amor cordial, más que por sentido del deber, me reconozcáis como vuestro verdadero jefe en cada empresa emprendida por el bien de la humanidad. Por eso ahora, más allá de lo que generalmente hago por todos, quisiera mostraros mi especial benignidad. ¡Cristianos! ¿Qué cosa podré daros? ¿Qué cosa, no como mis súbditos sino como mis correligionarios y hermanos? Cristianos, decidme, ¿qué hay de más valioso en el cristianismo, de modo que yo pueda dirigir allí todos mis esfuerzos?

Se detuvo por un momento esperando una respuesta. Se escucharon murmullos en el salón. El Papa Pedro, con fervientes gestos comenzó a explicar algo a sus seguidores. El Profesor Pauli movía la cabeza ferozmente y con ira apretaba sus labios. El Anciano Juan, dirigiéndose hacia un obispo oriental y un capuchino, susurraba algo.

El Emperador, después de unos minutos de espera, se dirigió de nuevo al Concilio: “Queridos cristianos —dijo— comprendo qué difícil es para vosotros presentar una respuesta directa. Os deseo ayudar también en esto. Desgraciadamente desde tiempos inmemoriales os habéis fraccionado tanto en diversos credos y sectas, que quizás entre vosotros no tenéis casi ya ningún objeto de deseo común. Mas si no estáis en la capacidad de poneros de acuerdo espero conciliaros demostrando a todas vuestras sectas el mismo amor y la misma disposición para satisfacer la verdadera aspiración de cada uno. ¡Queridos cristianos! Sé que para muchos, y no pocos, lo más valioso en el cristianismo es la autoridad espiritual que dais a vuestros representantes legítimos, no para su interés personal, por supuesto, sino para el bien común, ya que su autoridad se basa en el recto ordenamiento espiritual y la disciplina moral, para todos tan necesaria. ¡Queridos hermanos católicos! Comprendo bien vuestro punto de vista y ¡cuánto quisiera basar mi poder imperial sobre la autoridad de vuestra cabeza espiritual! Y para que no creáis que se trata de lisonjas y palabras vanas, por nuestra voluntad soberana, proclamamos solemnemente: que el obispo supremo de todos los católicos, el Papa romano, sea en este instante restituido a su trono de Roma con todos los derechos y las prerrogativas del título y la cátedra que un día le fueron conferidas por nuestros predecesores, comenzando por el emperador Constantino el Grande. Por vuestra parte, hermanos católicos, deseo solamente que me reconozcáis como vuestro único intercesor y protector. Desearía que los presentes que, en conciencia y de corazón, me reconozcan como tal, vengan a mí —y con la mano señaló los puestos vacíos en su estrado—.

Con exclamaciones de alegría —Gratias agimus! Domine! Salvum fac magnum imperatorem!— casi todos los príncipes de la Iglesia católica, cardenales y obispos, la mayor parte de los fieles laicos y más de la mitad de los monjes subieron al estrado y después de inclinarse humildemente ante el Emperador tomaron asiento. Pero abajo, en medio del Concilio, derecho e inmóvil como una estatua de mármol, permanecía en su lugar el Papa Pedro II. Todos los que antes lo rodeaban se encontraban ahora en el estrado, pero el pequeño grupo de monjes y de laicos que había permanecido en su sitio se conglomeró en torno suyo formando una barrera compacta desde la cual se alzó un murmullo: “Non praevalebunt, non praevalebunt portae inferi”.

Mirando con asombro al Papa inmóvil el Emperador volvió a levantar la voz: “¡Queridos hermanos! Yo sé que entre vosotros hay algunos que consideran la sagrada tradición como lo más preciado del cristianismo: los antiguos símbolos, himnos y oraciones, los íconos y las ceremonias litúrgicas. Y en realidad, ¿qué cosa puede ser más valiosa para un alma religiosa? Sabed, mis predilectos, que hoy he firmado el estatuto y he destinado valiosas sumas de dinero para el establecimiento del Museo universal de arqueología cristiana, en vuestra gloriosa ciudad imperial de Constantinopla, para recolectar, estudiar y preservar todos los monumentos de la antigüedad, sobre todo orientales; y os pido elegir mañana entre vosotros una comisión para estudiar conmigo las medidas a tomar, para que de esta manera la vida moderna, la moral y las costumbres, sean organizadas tan pronto sea posible según las tradiciones y las instituciones de la santa Iglesia Ortodoxa. ¡Mis hermanos ortodoxos! Aquellos que se adhieran a mi voluntad y que en conciencia puedan llamarme su verdadero líder y señor, vengan aquí a mi lado”.

Y gran parte de la jerarquía del Oriente y Norte, la mitad de los antiguos creyentes y más de la mitad de los sacerdotes, monjes y laicos ortodoxos subieron sobre el estrado con gritos de júbilo, observando de reojo a los católicos que estaban sentados orgullosamente.

Pero el Anciano Juan permaneció inmóvil y suspiró profundamente. Y cuando la gente se fue dispersando en torno a él, abandonó su lugar dirigiéndose al Papa Pedro y su grupo. Los ortodoxos que permanecieron sin subir al estrado, le siguieron.

El Emperador tomó de nuevo la palabra: “¡Mis queridos cristianos! Sé también que entre vosotros existen algunos para quienes lo más preciado en el cristianismo es la convicción personal sobre la verdad y la libre investigación respecto a la Escritura. Conocida mi opinión, no es necesario que me extienda sobre este tema. Quizás sabéis que en mi juventud escribí un voluminoso tratado de crítica bíblica que en su tiempo causó gran revuelo dando inicio a mi popularidad. Presumo que al recordar este hecho la Universidad de Tubinga, hace unos días, me ha pedido aceptar el doctorado en teología honoris causa. He respondido que lo acepto con gusto y gratitud. Y hoy, simultáneamente al decreto de la fundación del Museo de arqueología cristiana, he firmado también aquél para la creación del Instituto mundial de libre investigación sobre la Sagrada Escritura para que puedan ser investigadas desde diversas aproximaciones, así como para el estudio de las ciencias auxiliares, con un balance anual de un millón y medio de marcos. Llamo a aquellos que acepten de corazón mi buena disposición y con sinceridad me reconozcan como su jefe y señor”.

Una maravillosa pero casi imperceptible sonrisa se dibujó en los labios del gran hombre. Más de la mitad de los doctos teólogos se encaminaron hacia el estrado. Todos volvieron la mirada al Profesor Pauli, que parecía encontrarse enraizado en su lugar. Bajaba la cabeza, se inclinaba y se contraía. Los sabios teólogos que habían subido al estrado permanecían confusos. Repentinamente, uno de ellos bajó el brazo en señal de renuncia. Saltó directamente junto a la escalera y cojeando, alcanzó al Profesor Pauli y a la minoría que había permanecido con él. Pauli levantó la cabeza, se alzó con un movimiento indeciso, pasó cerca de los lugares vacíos y acompañado de sus fieles correligionarios, fue a sentarse cerca del Anciano Juan y el Papa Pedro con sus respectivos grupos.

La gran mayoría de los miembros del Concilio se encontraba en la plataforma, conformada por la mayor parte de la jerarquía oriental y occidental; en la zona de abajo sólo habían quedado tres pequeños grupos, el uno junto al otro, que se estrechaban alrededor del Anciano Juan, el Papa Pedro y el Profesor Pauli.

El Emperador se volvió a ellos con un tono triste: “¿Qué cosa puedo hacer por vosotros? ¡Extraños hombres! ¿Qué cosa queréis vosotros de mí? No lo sé. Decídmelo vosotros mismos, cristianos abandonados por la mayoría de vuestros hermanos y jefes y condenados por el sentimiento popular; ¿qué cosa es para vosotros lo más valioso en el cristianismo?”.

Ante esto el Anciano Juan se levantó como una blanca llama y respondió pausadamente: “¡Gran Emperador! Para nosotros lo más precioso en el cristianismo es Cristo mismo. Él mismo, ya que todo viene de Él, porque sabemos que en el Verbo encarnado habita toda la plenitud de la Divinidad. Mi señor, nosotros estaríamos prestos para recibir cualquier regalo vuestro si tan sólo reconociéramos que vuestra generosidad proviene de las benditas manos de Cristo. Nuestra cándida respuesta a su pregunta sobre qué puede hacer por nosotros es ésta: confiese ahora y delante de nosotros que Jesucristo es el Hijo de Dios, que se ha hecho carne, que resucitó de entre los muertos y regresará nuevamente; confiese su nombre y nosotros lo recibiremos con amor como precursor de su Segunda Venida gloriosa”.

El Anciano concluyó sus palabras y fijó sus ojos en el rostro del Emperador. Un terrible cambio se produjo en él, algo demoniaco lo estremeció como en aquella noche fatal, perdiendo inmediatamente el dominio interior. Concentró todos sus pensamientos para no perder el propio control y no revelarse a sí mismo antes de tiempo. Realizó un esfuerzo sobrehumano para no lanzarse con furia sobre el Anciano Juan y morderlo con los dientes. De pronto, escuchó una voz familiar: “¡Estáte tranquilo y no temas nada! ¡Silencio!”.

Mientras el Anciano Juan continuaba hablando, el gran mago, envuelto en un amplio manto a tres colores que cubría bien la púrpura cardenalicia, parecía manipular algo escondido. Sus ojos fijos centelleaban y sus labios se movían levemente. A través de las ventanas abiertas del templo se divisaba una inmensa nube negra que comenzaba a cubrir el cielo. Pronto, reinó la oscuridad.

El Anciano Juan, atónito y asustado, miraba fijamente al silencioso Emperador. Súbitamente, retrocedió aterrorizado y con voz trémula y entrecortada gritó a los suyos: “¡Hijitos! Es el Anticristo”.

Se escuchó el estrépito de un trueno potente y al mismo tiempo, una enorme bola de fuego iluminó el templo y embistió al Anciano. Por un segundo todos quedaron estupefactos y paralizados y cuando los cristianos ensordecidos volvieron en sí, el Anciano Juan yacía muerto.

El Emperador, pálido pero sereno, se dirigió a la asamblea: “Habéis visto el juicio de Dios. Nunca me sirvo de la muerte para vengarme, pero mi padre ha usado este medio en favor de su hijo predilecto. El caso está cerrado. ¿Quién osaría oponerse al todopoderoso? ¡Secretarios! Escribid: ‘El Concilio Ecuménico de todos los cristianos ha visto caer fuego del cielo para demoler al absurdo opositor de la divina majestad; unánimemente reconoce al gran Emperador de Roma y del mundo como su supremo guía y jefe’”.

Repentinamente, resonó una voz potente y con gran claridad se extendió por todo el templo: “Contradicitur”.

El Papa Pedro II, con el rostro encendido y temblando de cólera, alzó su báculo contra el Emperador diciendo: “Nuestro único Señor es Jesucristo, el Hijo de Dios vivo. Y en cuanto a quién eres tú, acabas de escucharlo. ¡Apártate de nosotros, oh Caín fratricida! ¡Apártate pronto, vaso diabólico! Por la autoridad de Cristo, yo, el siervo de los siervos de Cristo, por siempre te expulso de nuestra grey y como un vil perro te envío a tu padre Satanás. ¡Anatema, anatema, anatema!”.

Mientras el Papa decía estas palabras, el gran mago se movía sin descanso bajo su manto. Retumbó un trueno más estrepitoso que el último “anatema”, y el último papa cayó por tierra, exánime. “¡Así mueren todos mis enemigos por el brazo de mi padre!”, exclamó el Emperador; “Pereant, pereant” gritaron temblorosamente los príncipes de la Iglesia. El Emperador, apoyado en el brazo del gran mago, salió lentamente por la puerta trasera de la plataforma seguido de toda su corte y una gran muchedumbre.

En la sala yacían los dos cadáveres y permanecían media docena de cristianos temblando de miedo. El único que no perdió el control de sí mismo fue el Profesor Pauli; el pánico generalizado pareció enaltecer en él todas las cualidades de su espíritu. Incluso su apariencia cambió, asumiendo un aire majestuoso e inspirado. Con paso decidido subió al estrado y se sentó sobre uno de los escaños previamente ocupado por algún oficial del estado, y comenzó a escribir en una hoja de papel. Al terminar se levantó leyendo en alta voz: “¡A la gloria de nuestro único Salvador Jesucristo! El Concilio Ecuménico de las iglesias de Dios, reunido en Jerusalén, está convencido y reconoce: puesto que nuestro beatísimo hermano Juan, representante de la cristiandad oriental, ha denunciado al gran impostor y enemigo de Dios, señalándolo como el verdadero Anticristo, anunciado por las Sagradas Escrituras; y puesto que nuestro beatísimo padre Pedro, representante de la cristiandad occidental, con justa excomunión lo ha expulsado para siempre de la Iglesia de Dios, hoy, delante de los cuerpos de estos mártires, testigos de Cristo, este concilio resuelve: romper toda relación con el excomulgado y su asamblea abominable, y dispone marchar al desierto y esperar ahí la inminente venida de nuestro verdadero Señor Jesucristo.”

Un gran entusiasmo se apoderó de la gente y se escuchaban voces potentes: «Adveniat, adveniat, cito! Komm, Herr Jesu, komm!». ¡El venidero Señor Jesús!

El Profesor Pauli escribió de nuevo y leyó: “Aprobando por unanimidad este primer y último acto del último Concilio Ecuménico, firmamos” e invitó a la asamblea a hacerlo.

Todos se apresuraron a subir al estrado a firmar. Por último, él mismo firmó con grandes caracteres góticos: Duorum defunctorum testium locum tenens Ernst Pauli. “Ahora, vamos con nuestra arca de la última alianza”, dijo refiriéndose a los dos cadáveres. Los cuerpos fueron alzados en camillas. Lentamente, al canto de himnos en latín, alemán y eslavo-eclesiástico, los cristianos se encaminaron a la puerta de Jaram-esh-Sherif.

En este lugar el cortejo fue detenido por uno de los oficiales del Emperador, acompañado por una patrulla de la guardia. Los soldados se alinearon junto a la puerta mientras el oficial leyó lo siguiente: “Por orden de su divina majestad: para instruir al pueblo cristiano y para protegerlo contra hombres malintencionados que fomentan discordias y escándalos, hemos visto necesario disponer que los cuerpos de los dos agitadores, asesinados por el fuego divino, sean expuestos en público en la calle de los cristianos (Haret-en-Nasara) cerca de la entrada al templo principal de esta religión, llamado templo del Sepulcro o templo de la Resurrección, para que así todos puedan persuadirse de la verdad de su muerte. Sus seguidores obstinados, que con malicia rechazan todos nuestros beneficios e insensatamente cierran los ojos a los patentes signos de Dios mismo, quedan liberados de la merecida muerte, mediante el fuego del cielo, gracias a nuestra misericordia y a nuestra intercesión ante nuestro padre celestial, y reciben completa libertad con la única prohibición por el bien común, de vivir en las ciudades u otros lugares poblados, a fin de que no turben o seduzcan con sus malvadas invenciones a la gente simple e inocente.”

Al terminar de leer, ocho soldados, a la señal del oficial, se acercaron a las camillas y alzaron los cuerpos.

“Sí, hagamos como está escrito” dijo el Profesor Pauli y en silencio, los cristianos entregaron las camillas a los soldados, quienes se las llevaron cruzando la puerta del noroeste. Los cristianos en cambio, salieron por la puerta del noreste y rápidamente dejaron la ciudad pasando junto al monte de los Olivos en dirección a Jericó, por el sendero ya liberado de la multitud por los gendarmes y por dos regimientos de caballería. Decidieron esperar algunos días sobre las colinas desiertas vecinas a Jericó.

A la mañana siguiente, de Israel vinieron cristianos conocidos y contaron lo sucedido en Sión. Después del banquete de la Corte, todos los miembros del Concilio fueron invitados a la gran sala del trono (cercana al lugar donde supuestamente se hallaba el trono de Salomón). El Emperador, volviéndose a los jerarcas católicos, dijo que el bien de la Iglesia requería que ellos eligieran prontamente un digno sucesor del Apóstol Pedro; que, dadas las circunstancias, la elección debía ser sumaria; que la presencia del Emperador, como jefe y representante de todo el mundo cristiano, supliría ampliamente las omisiones en el ritual; y que, a nombre de todos los cristianos, sugería al Sacro Colegio nombrar a su bienamado amigo y hermano Apolonio, de modo que los íntimos lazos que lo ligaban a él facilitarían la unión firme e indisoluble entre la Iglesia y el Estado para beneficio de ambos. El Sacro Colegio se retiró para el cónclave en un recinto especial y después de una hora y media regresó con el nuevo Papa Apolonio.

Mientras la elección tenía lugar, el Emperador intentaba con palabras gentiles, sagaces y elocuentes, persuadir a los delegados de los Ortodoxos y de los Evangélicos para poner fin a sus viejas divergencias, considerando la nueva gran era que estaba abriéndose en la historia de la cristiandad. Dio su palabra de honor asegurando que Apolonio sabría poner fin para siempre a los abusos históricos del poder papal. Los delegados de los protestantes y ortodoxos, persuadidos por las palabras del emperador, redactaron un acta de unión de las Iglesias y cuando, entre aclamaciones gozosas, Apolonio apareció sobre la plataforma con los cardenales, un arzobispo griego y un pastor evangélico, le presentaron el pacto de unión.

Accipio et approbo et laetificatur cor meum”, dijo Apolonio firmando el documento.

“Soy un ortodoxo y un verdadero evangélico, como soy también un auténtico católico”, añadió intercambiando besos amistosos con el griego y el alemán. Luego, se acercó al Emperador, el cual lo estrechó por algunos minutos entre sus brazos.

Mientras tanto, lenguas de fuego revoloteaban en todas las direcciones por el templo y el palacio; se hicieron más grandes y se transformaron en extraños seres luminosos. Flores nunca antes vistas en la tierra caían de lo alto llenando el aire de un perfume desconocido. Seductores sonidos, nunca antes escuchados, que tocaban las profundidades del alma, fluían de lo alto provenientes de instrumentos musicales desconocidos hasta ahora, mientras voces angelicales de cantores invisibles glorificaban al nuevo señor del cielo y de la tierra.

Entretanto se oyó un espantoso estruendo subterráneo en la esquina noroccidental del palacio, bajo el kubbet-el-aruaj, esto es, la cúpula de las almas, donde, según la tradición musulmana, se encontraba el ingreso al infierno. A la invitación del Emperador, la asamblea se movió en aquella dirección, y todos pudieron escuchar claramente innumerables voces, estridentes y penetrantes —semiinfantiles, semidiabólicas— que gritaban con fuerza: «¡el tiempo ha llegado, liberadnos!». Pero cuando Apolonio, de rodillas en el suelo, gritó en una lengua desconocida hacia aquellos que estaban bajo tierra, las voces se silenciaron y el estrépito cesó.

Mientras todo esto acaecía, una inmensa multitud del pueblo, que venía de todas direcciones, rodeó Jaram-esh-Sherif. Al anochecer, el Emperador junto con el nuevo Papa se asomaron desde el balcón oriental, suscitando “una tormenta de entusiasmo”. El primero, saludó inclinándose graciosamente hacia todas direcciones mientras Apolonio, de unas grandes canastas traídas por los cardenales y diáconos, tomaba y lanzaba al aire espléndidas luces de bengala, cohetes y fuentes de fuego que, encendiéndose al tocar su mano, brillaban como perlas fosforescentes y centelleaban con los colores del arco iris. Al contacto con el suelo se transformaban en hojas de papel de variados colores, con indulgencias plenarias sin condiciones para todos los pecados pasados, presentes y futuros. El entusiasmo popular rebasó todo límite. Es cierto que algunos dijeron haber visto con sus propios ojos las indulgencias transformarse en sapos y serpientes, pero la grandísima mayoría estaba entusiasmada. Las festividades públicas continuaron por algunos días y el nuevo Papa obraba grandes prodigios, tan maravillosos e increíbles que sería inútil enumerarlos.

Durante este tiempo los cristianos, en las colinas desiertas de Jericó, se consagraron a ayunos y oraciones.

Algo muy parecido a esto es lo que está ocurriendo ante nuestros ojos.

Claro que…, con ciertas variantes.

En tema tan importante la más ligera de las variantes tiene un valor tremendo. Por otra parte, Soloviev tenía una idea “pancristiana” y previó, o esperaba, que la presencia del Anticristo lograría la unión de los cristianos en su contra; y si bien no digo que eso no pueda ocurrir, más bien creo que ocurrirá todo lo contrario. Además de que, para escapar de las garras del anticristo, es necesario estar en La Verdad, y Verdad hay sólo una, y esta es CATÓLICA.

No previó Soloviev en su visión la espeluznante situación actual. Puede decirse que una vez más, la realidad supera a la ficción o la fantasía.

Mi posición personal es la siguiente.

Tanto la Bestia del Mar, como la Bestia de la Tierra son dos “colectivos“. Expresiones que involucran a muchos. MILLONES. Eso es lo que estamos viendo.

El Falso Profeta no es otra cosa que el remedo de Iglesia Católica que todo el mundo tiene por tal cosa y que en realidad ES la Ramera descrita en el Apocalipsis.

EL Anticristo, por un lado es un Sistema que procura constituirse como NOVUS ORDO SECLORUM, también llamado NUEVO ORDEN MUNDIAL, pero estrictamente hablando no es otra cosa que los miles de millones que, adorándose a SI MISMOS, adoran al “dios Humanidad”, que avanza hacia la consolidación de dicho Nuevo Orden.

Pero, se dirá, “¿Quién se adora a sí mismo?… en todo caso, serán unos pocos; o gente desquiciada; o narcisistas, o locos… pero una minoría. No puede ser algo masivo”.

¿No? ¿Seguro que no?

Los Derechos Humanos y la Dignidad del Hombre. Los preceptos Revolucionarios y una Humanidad engolfada en sí misma, endiosada en suma, son suficiente. El Hombre en el lugar de Dios.

El Anticristo
“Legión”, de miles de millones que se integran en un remedo de “Cuerpo Místico”…
El del Anticristo.  El diablo es la mona de Dios.

 

Recordemos algo…: “Vosotros Sois Templos del Espíritu Santo”.

El Anticristo es el inmenso Leviatán que está integrado por los miles de millones de hombres que, en el altar de sus corazones, han quitado a Cristo y en su lugar se han puesto a sí mismos.

Si bien no se descarta de manera tajante la presencia de liderazgos tanto en el Falso Profeta (el factor religioso) como en el anticristo (el factor político) que tengan el rol de ser algo así como el culmen o máxima expresión de las respectivas Bestias apocalípticas, no obstante pienso que el engaño es mucho más sutil, y un anticristo “de molde”, al estilo hollywoodense, me parece algo grotesco.

Bergoglio es el actual (y prescindible) líder de la Bestia de la Tierra; y cumple su función prolijamente y completamente; y en el caso que nos ocupa sencillamente está haciendo lo que debía hacer para GANARSE las voluntades de amplios sectores de la TRADICIÓN, DEBILITADOS DESPUÉS DE DECADAS DE RESISTENCIA.

Puede decirse que la Bestia de la Tierra es el conjunto de jerarcas que fungen en los cargos de la Iglesia Conciliar, y la enorme red de “funcionales” que les sirven a lo largo y ancho del mundo y de los fieles que se mantienen en comunión con ellos.

Los gestos del Emperador que describe Soloviev, con los que intenta ganarse a los cristianos, son del “tipo” de los que se están viendo desde la Iglesia Conciliar hacia la Neo-F$$PX; pero también puede verse cómo Bergoglio procura ganarse a todos, “evangélicos”, “ortodoxos”, “valdenses”, liberales, comunistas, ecologistas, LGTB, protestantes, judíos, ateos, etc. etc.

Es por estas razones que la palabra RESISTENCIA me parece por completo inadecuada e inconveniente para ser aplicada al combate actual por la Fe.

Todas las RESISTENCIAS están siendo vencidas precisamente por ser eso, RESISTENCIAS.

Lo que toca aquí no es RESISTIR.

Lo que toca es… HUIR, o de lo contrario correr el riesgo de ser integrados gradual e insensiblemente a la “legión” de miembros del anticristo.

Y para huir es necesario e imprescindible EVITARLOS. Y no asumir la absurda y ridícula posición de la Neo-F$$PX de ir hacia ellos para convertirlos, ni tampoco la de una resistencia ambigua y llena de indefiniciones y de clarísimas confusiones de los conservadores, de la llamada línea media y de la Resistencia de Mons. Williamson.

¿Cómo evitarlos eficientemente, si se piensa que ellos mantienen una autoridad de la que, histórica y teológicamente, los hombres durante dos mil años han esperado la LUZ de la VERDAD, el Buen Consejo y LA SALVACIÓN por medio de la administración de las Gracias Ordinarias que Dios se digna otorgar ÚNICAMENTE por medio de SU IGLESIA?

Entonces, hay que huir de ellos. ¿Ejemplos?

LOT.

“Salid de ella, pueblo Mío”.

¿Más?

Creo que con la lectura, atenta y meditada, del Sermón Escatológico será suficiente.