Por dónde vendría la falla
Hace pocos días publiqué un artículo que lleva por título: ANTE LA INSISTENCIA DE MONSEÑOR WILLIAMSON
Dicho artículo muestra que, si se sigue a Bartolomé Holzhauser, al Cardenal Billot y a Monseñor Williamson en conjunto, no es cierto que estemos en el período de la Iglesia que correspondería a la Iglesia de Sardes del Apocalipsis, sino que estaríamos más allá de la Iglesia de Laodicea, del Anticristo y del Juicio General…
Eso demuestra que, sea a Holzhauser, sea al Cardenal Billot, sea a Monseñor Williamson, a alguno de los tres, como mínimo, le falló algo…
Escribí, a continuación: que algo le falló a Holzhauser, es evidente, con excomunión incluso… Que algo le falló al Cardenal Billot, no es mi propósito desmostarlo ahora.
Pues bien, el presente artículo aporta material para ver por dónde vendría la falla del Cardenal Billot.
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La lectura atenta de los tres Comentarios Eleison de Monseñor Williamson sobre el Cardenal Billot (336 – 337 – 338, del 21/12/13, 28/12/13 y 4/01/14 respectivamente) pone en evidencia que dos puntos importantes forman parte de la hipótesis del Cardenal Billot, compartida por Monseñor Williamson:
A): Estamos en Sardes, Edad de la apostasía.
B): Después de Sardes vienen:
1º: un gran triunfo final de la Iglesia, una restauración futura y Contra-revolución;
2º: y luego una tribulación, la última y más terrible prueba de la Iglesia, la persecución del Anticristo.
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A): Estamos en Sardes, Edad de la apostasía
Billot I (Comentario Eleison 336):
Sea que uno marca la declinación del Cristianismo a partir de la Reforma o de la Revolución, de cualquier manera, Sardes, denominando a la quinta iglesia (Apoc. III, 1-6), fue la ciudad de Creso, un hombre fabulosamente rico que evoca la abundancia de dinero, prosperidad material y decadencia espiritual, tal como caracteriza a los tiempos modernos. En efecto, las advertencias a la iglesia de Sardes corresponden perfectamente a nuestra propia edad hoy en día.
Billot II (Comentario Eleison 337):
De especial interés en este sentido es la Carta a la iglesia de Sardes (Apoc.III, 1-6) que correspondería a nuestra propia Edad, la quinta, la Edad de la Apostasía.
Después de evocar la riqueza, lujuria y prosperidad material asociadas con Creso, famoso gobernante de Sardes, Billot escribe:
«Como es de esperarse, esta iglesia parece estar en un estado de declinación espiritual. La Apostasía y la decadencia están por todos lados, pero, mientras que la mayoría de las almas abandonan la religión, hay unas pocas que permanecen fieles a Cristo.»
Billot III (Comentario Eleison 338):
«Nuestra propia edad sería entonces la Quinta Edad, la Edad de la deserción, la apostasía y el liberalismo, que viene entre el fin del Sacro Imperio Romano y lo que San Pablo llama una «vida de entre muertos» (Rom. XI, 15).
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B): Después de Sardes vienen:
1º: un gran triunfo final de la Iglesia, una restauración futura y Contra-revolución;
2º: y luego una tribulación, la última y más terrible prueba de la Iglesia, la persecución del Anticristo.
Billot I (Comentario Eleison 336):
Claramente nos movemos hacia el futuro con la sexta iglesia, la de Filadelfia (Apoc. III, 7-13), significando «amor» (Fil-) de «hermandad» (-adelfia). El Cardenal Billot afirma que este nombre corresponde a un gran triunfo final de la Iglesia, marcado notablemente por la conversión de los Judíos como la profetizó San Pablo (Rom. XI, 12) y por su reconciliación con los Gentiles, hermanos por fin en Cristo (Ef. II, 14-16).
Aquí cito yo lo que el Cardenal Billot dice exactamente:
Se espera, pues, para aquel tiempo una cierta expansión maravillosa de la vida cristiana en todo el mundo, y una insigne victoria de Cristo y su Iglesia que detendrá la Revolución; digo detener más bien que destruir, ya que en ese lapso se fortificará con nuevas fuerzas y se preparará con mayor furor encendido bajo el amparo de su jefe Satanás a la suprema lucha, al supremo certamen con su antagonista Cristo. Por lo cual, al final se amonesta al ángel de la iglesia de Filadelfia que la hora de la tentación «que vendrá sobre toda la tierra a tentar a sus habitantes» está próxima.
Continúa Monseñor Williamson:
Pero la iglesia de Filadelfia es advertida que la tribulación está viniendo (Apoc. III, 10) la cual corresponde a la séptima y última Edad de la Iglesia, la de Laodicea (Apoc. III, 14-22) denominada por juicio (dike) de los pueblos (laon). Será la Edad de la última y más terrible prueba de la Iglesia, la persecución del Anticristo, seguida por el Juicio General de todas las almas que hayan alguna vez vivido y, así, de todos los pueblos.
Billot II (Comentario Eleison 337):
«Eso basta en cuanto a la Quinta Edad. Pero lo que sigue es para regocijarse un poco más».
Y el Cardenal sigue su camino con las Sexta y Séptima Edades.
Los lectores que nunca han leído los siete primeros versículos del Apocalipsis III en conexión con nuestros propios tiempos, estarían interesados en hacerlo. La conexión es notable y no co-incidental.
Es notable porque «consolida lo restante, que está a punto de morir» corresponde exactamente a la Contra-reforma salvando del Protestantismo al Catolicismo, a los Papas anti-liberales salvando de la Revolución al remanente de la Iglesia, al Arzobispo Lefebvre (y otros) rescatando del Vaticano II a la Tradición, y, ahora, a la Resistencia batallando para salvar lo que se pueda salvar de su Fraternidad colapsando en el liberalismo.
Seguramente los Católicos pueden sentirse animados desde esta perspectiva, que su larga y aparentemente desesperanzada acción de retaguardia viene de un pasado distante y encaja, ciertamente, en un futuro al final triunfante.
Es por ello que Dios nos ha dado el libro del Apocalipsis.
Billot III (Comentario Eleison 338):
«Ello nos da a todos, en medio de nuestras tan muchas y tan grandes tribulaciones de hoy en día, esperanza para una restauración futura y –perdonen la expresión– Contra-revolución. Ya hoy en día muchos líderes científicos, políticos y economistas están reconociendo y admitiendo con libertad cuán envenenados están los frutos de la Revolución Francesa de 1789, que proclamó que la única y sola fuente de todos los males del mundo fue el desdén de los «derechos del hombre». ¡Que frivolidad! ¡Que tontería! ¡Que estupidez!
(…)
De todo corazón, clamamos por tal restauración, sabiendo como las leyes paganas bajo las cuales vivimos hoy en día pueden aún permitir a los individuos ser Cristianos, pero hacen que una sociedad Cristiana sea del todo imposible.»
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Por lo tanto, sin forzar los textos ni sacarlos de contexto, queda claro que, en la hipótesis del Cardenal Billot, seguida por Monseñor Williamson, se suceden cronológicamente estas tres cosas:
1ª) La apostasía.
2ª) Un gran triunfo final de la Iglesia.
3ª) La persecución del Anticristo.
Es decir, y disculpen la insistencia a prueba de bobos, esta hipótesis sostiene que, entre La apostasía y la venida del Anticristo, tendrá lugar un gran triunfo de la Iglesia, una restauración.
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Leamos, ahora, con atención parte del capítulo segundo de la Segunda Epístola de San Pablo a los Tesalonicenses (II Tes. II, 1-8):
Por lo que respecta a la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no os apartéis con ligereza del buen sentir y no os dejéis perturbar, ni por espíritu, ni por palabra, ni por pretendida carta nuestra, en el sentido de que el Día del Señor ya llega.
Que nadie os engañe de ninguna manera, porque primero debe venir la apostasía y manifestarse el Hombre de iniquidad, el Hijo de perdición, el Adversario, el que se ensalza sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o sagrado, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Templo de Dios, ostentándose como si fuera Dios. ¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros ya sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que su manifessación sea a su debido tiempo. Porque el misterio de la iniquidad ya está obrando ciertamente. Sólo hay el que ahora detiene hasta que sea quitado de en medio.
Entonces se manifestará el inicuo, a quien el Señor matará con el aliento de su boca, y aniquilará con la manifestación de su Parusía.
Y, ahora, leamos el Comentario de Santo Tomás a dicho texto paulino:
Amonéstalos a no apartarse de la verdad, como si el día del juicio estuviese encima, porque primero ha de darse a conocer el Anticristo, que San Pablo llama el hombre del pecado.
En el capítulo anterior el Apóstol corrió el velo a los acontecimientos futuros en lo que mira a las penas de los malos y premios de los buenos; aquí anuncia los peligros que correrá la Iglesia en tiempo del Anticristo; y primero anuncia la verdad de esos peligros futuros, y exhórtalos luego a permanecer en la verdad.
Establece luego la verdad, al decir: «porque no vendrá este día sin que primero haya acontecido la apostasía»; y muestra primero lo que acontecerá a la venida del Anticristo, que son dos cosas: una anterior a su venida; otra, su misma venida.
Primero está la apostasía, que la Glosa explica de muchas maneras, y primero de la fe, que, según estaba anunciado (Mt 24), todo mundo la recibiría.
Esta es pues la señal precursora, que -según San Agustín- aún no se cumple; después de ella habrá muchos apóstatas (I Tm 4) «y por la inundación de los vicios se resfriará la caridad de muchos» (Mt 24, 12).
O entiéndase la apostasía o separación del Imperio Romano, al que todo el mundo estaba sometido.
Según San Agustín, figura suya era la estatua de Daniel, en cuyo capítulo II se nombran 4 reinos, acabados los cuales acontecería la venida de Cristo; y que ésta era una señal a propósito, porque la firmeza y estabilidad del Imperio Romano estaba ordenada a que, debajo de su sombra y señorío se predicase por todo el mundo la fe cristiana.
Mas ¿cómo puede ser esto, siendo ya pasadas muchas centurias desde que los Gentiles se apartaron del Imperio Romano y, eso no obstante, no ha venido aún el Anticristo?
Digamos que el Imperio Romano aún sigue en pie, mas mudada su condición de temporal en espiritual, como dice San León Papa en un sermón sobre los Apóstoles. Por consiguiente, la separación del Imperio Romano ha de entenderse, no sólo en el orden temporal, sino también en el espiritual, es a saber, de la fe católica de la Iglesia Romana. Y ésta es una señal muy a propósito, porque, así como Cristo vino cuando el Imperio Romano señoreaba sobre todas las naciones, así por el contrario la señal del Anticristo es la separación de él o apostasía.
Predice, en segundo lugar, al Anticristo, cuanto a su culpa y pena, que toca implícitamente y en común, y seguidamente explica, y cuanto a su poder.
Dice pues: primero vendrá la apostasía y entonces se dejara ver. Y llámase «el hombre del pecado, el hijo de la perdición».
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Según el texto de San Pablo y el Comentario de Santo Tomás, no hay lugar para un gran triunfo de la Iglesia entre La apostasía y el Anticristo.
Para terminar, proporciono algunos textos de Monseñor Lefebvre que pueden servir para la reflexión. Hay otros textos importantes de Hilaire Belloc y el Padre Julio Meinvielle, pero quedarán para otra oportunidad.
a) Roma está en tinieblas (Homilía del 29 de junio de 1987):
El liberalismo se convirtió en el ídolo de nuestro tiempo moderno, un ídolo que ahora se adora en la mayoría de los países del mundo, incluso en los países católicos.
Es esta libertad del hombre frente a Dios, que desafía a Dios, que quiere hacer su propia religión, de los derechos humanos sus propios mandamientos, con sus asociaciones laicas, con sus Estados laicos, con una enseñanza laica, sin Dios, he aquí el liberalismo.
¿Cómo es posible que las autoridades romanas fomenten y profesen este liberalismo en la declaración de Vaticano II sobre la Libertad Religiosa? Porque no se trata de otra cosa, lo cual, a mi juicio, es muy grave.
Roma está en tinieblas, en las tinieblas del error. Nos es imposible negarlo.
No es un combate humano.
Estamos en la lucha con Satanás.
Debemos ser conscientes de este combate dramático, apocalíptico en el cual vivimos y no minimizarlo.
En la medida en que lo minimizamos, nuestro ardor para el combate disminuye.
Nos volvemos más débiles y no nos atrevemos a declarar más la Verdad.
La apostasía anunciada por la Escritura llega. La llegada del Anticristo se acerca. Es de una evidente claridad. Ante esta situación totalmente excepcional, debemos tomar medidas excepcionales.
b) Tiempo de tinieblas (Fideliter N° 59, septiembre-octubre de 1987):
Hemos llegado, yo pienso, al tiempo de las tinieblas.
Debemos releer la segunda epístola de San Pablo a los tesalonicenses, que nos anuncia y nos describe, sin indicación de duración, la llegada de la apostasía y de una cierta destrucción
Es necesario que un obstáculo desparezca. Los Padres de la Iglesia han pensado que el obstáculo era el imperio romano. Ahora bien, el imperio romano ha sido disuelto y el Anticristo no ha venido.
No se trata, pues, del poder temporal de Roma, sino del poder romano espiritual, el que ha sucedido al poder romano temporal.
Para Santo Tomás de Aquino se trata del poder romano espiritual, que no es otro que el poder del Papa.
Yo pienso que verdaderamente vivimos el tiempo de la preparación a la venida del Anticristo. Es la apostasía, es el desmoronamiento de Nuestro Señor Jesucristo, la nivelación de la Iglesia en igualdad con las falsas religiones.
La Iglesia no es más la Esposa de Cristo, que es el único Dios.
c) Las dos Bestias – Dos Congresos (Homilía del 19 de noviembre de 1989):
Ahora os diré algunas palabras sobre la situación internacional. Me parece que tenemos que reflexionar y sacar una conclusión ante los acontecimientos que vivimos actualmente, que tienen bastante de apocalípticos.
Es algo sorprendente esos movimientos que no siempre comprendemos bien; esas cosas extraordinarias que suceden detrás, y ahora a través, de la cortina de acero.
No debemos olvidar, con ocasión de estos acontecimientos las previsiones que han hecho las sectas masónicas y que han sido publicadas por el Papa Pío IX. Ellas hacen alusión a un gobierno mundial y al sometimiento de Roma a los ideales masónicos; esto hace ya más de cien años.
¿Qué quiere decir ésto? Sabemos muy bien que el objetivo de las sectas masónicas es la creación un gobierno mundial con los ideales masónicos, es decir los derechos del hombre, la igualdad, la fraternidad y la libertad, comprendidas en un sentido anticristiano, contra Nuestro Señor.
Esos ideales serían defendidos por un gobierno mundial que establecería una especie de socialismo para uso de todos los países y, a continuación, un congreso de las religiones, que las abarcaría a todas, incluida la católica, y que estaría al servicio del gobierno mundial, como los ortodoxos rusos están al servicio del gobierno de los Soviets.
Habría dos congresos: el político universal, que dirigiría el mundo; y el congreso de las religiones, que iría en socorro de este gobierno mundial, y que estaría, evidentemente, a sueldo de este gobierno.
Corremos el riesgo de ver llegar estas cosas. Debemos siempre prepararnos para ello.
d) La Roma Anticristo (Carta a los futuros Obispos, del 29 de agosto 1987):
A los Padres Williamson, Tissier de Mallerais, Fellay y de Galarreta.
Estando ocupados la Sede de Pedro y los puestos de autoridad de Roma por anticristos, la destrucción del Reino de Nuestro Señor continúa rápidamente en el interior mismo de su Cuerpo Místico aquí abajo…
Esto nos ha valido la persecución de la Roma anticristo. Esta Roma, modernista y liberal, continúa con su obra destructiva del Reino de Nuestro Señor como lo demuestran Asís y la confirmación las tesis liberales del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa…
e) Roma ha perdido la fe y está en la apostasía (Conferencia en el Retiro Sacerdotal, el 4 de septiembre de 1987):
Es necesario que sostengamos, absolutamente sostener, mantener contra viento y marea.
Yo digo: Roma ha perdido la fe, mis queridos amigos.
Roma está en la apostasía.
Estas no son simples palabras, no son palabras vacías las que digo. Es la verdad.
Roma está en apostasía.
Ya no podemos tener confianza en ese mundo, salió de la Iglesia, salieron de la Iglesia, salen de la Iglesia. Es seguro, seguro, seguro.
f) Roma sede de la iniquidad (Homilía de las Consagraciones Episcopales, del 30 de junio de 1988):
Saben bien, queridos hermanos –seguro que se lo han dicho–, cómo León XIII en una visión profética que tuvo, dijo que un día la Sede de Pedro sería la sede de la iniquidad. Lo dijo en uno de sus exorcismos, en el «exorcismo de León XIII». ¿Es hoy? ¿Mañana? No sé. En todo caso ha sido anunciado.
No solamente el Papa León XIII ha profetizado estas cosas, sino Nuestra Señora.
Las apariciones de Nuestra Señora del Buen Suceso.
Esta Virgen milagrosa profetizó para el siglo XX. Dijo a esta religiosa claramente: «Durante el siglo XIX y la mayor parte del siglo XX, los errores se propagarán cada vez con más fuerza en la Santa Iglesia, y llevarán a la Iglesia a una situación de catástrofe total, ¡de catástrofe! Las costumbres se corromperán y la Fe desaparecerá».
Nuestra impresión es que no podemos dejar de constatarlo.
Además ustedes conocen las apariciones de la Salette, donde Nuestra Señora dijo que Roma perderá la Fe, que habrá un eclipse en Roma; eclipse, adviertan lo que eso puede significar viniendo de parte de la Santísima Virgen.
Y finalmente el secreto de Fátima, más cercano a nosotros. Sin duda que el tercer secreto de Fátima debía hacer alusión a estas tinieblas que han invadido Roma, estas tinieblas que invaden el mundo desde el Concilio.
Estos son hechos sobre los que, me parece, podemos también apoyarnos.
Padre Juan Carlos Ceriani
