JORGE DORÉ: PALABRAS DE GRATITUD

cruzadas_02Palabras de gratitud

Jorge Doré

Estimados hermanos en Cristo Jesús:

Me mueve a escribir estas breves líneas un sincero agradecimiento a todos ustedes, católicos, que en la brecha aguantan los embates de un mundo cuyos oídos, llenos de comezón, escuchan ávidamente todo tipo de fábulas pero permanecen sordos a la palabra de Dios y cuyos ojos se cierran voluntariamente ante la majestad de Su cruz.

Quiero agradecer a todos aquellos que han compartido y continúan compartiendo por internet información sustanciosa relacionada con nuestra fe. Muchos documentos han aumentado mi conocimiento gracias a la gentileza y al interés de aquellos que se han molestado en buscarlos y divulgarlos. Sin duda todos ganamos con el sano intercambio de información.

Es de destacar la valiosísima colaboración de aquellos obispos, sacerdotes y religiosos fieles a Cristo que enriquecen nuestras almas con su sabiduría, impulsados por el celo del amor cristiano.

Aunque las palabras que siguen a continuación parezcan surgidas de un trasfondo de desesperanza y apatía, nada más lejos de ello. No nos cabe a los cristianos el desesperarnos ante un cuadro cerrado a pesar de lo estrecho y oscuro que éste sea. Todos en algún momento, al repasar el Evangelio, nos hemos sentado en la barca junto a Pedro y hemos presenciado con los ojos de la fe como Cristo aplacaba la súbita tormenta que amenazaba con hacernos escorar. Donde no existe la duda no hay lugar para la apatía y la desesperanza. ¿Quién como Dios?

Aquellos que nos resistimos a ser embargados por un infundado optimismo disociado de la razón, percibimos la tormenta que se arma en el horizonte y que avanza hacia nosotros como cúmulos impetuosos que semejan amenazadores luchadores arribando a contraluz.

Desafortunadamente, he vivido el comunismo y lo que la élite mundialista tiene preparado para nosotros no es distinto de los horrores que este diabólico régimen aplicó a sus víctimas en el pasado. Podrán llamarlo elegantemente Nuevo Orden Mundial, pero sus intenciones son las mismas que antaño: implantar una dictadura totalitaria, atea y satánica. Para muestra basta este preludio de genocidio anticipado que sufrimos bajo leyes que amparan el aborto y la eutanasia, –esta última, también infantil, por supuesto–.

Estos años de aparente ausencia del marxismo sólo han servido para chapistear el rostro el mal. Pero la vieja bestia herida vuelve a la carga con nueva fisonomía y más rabia que nunca.

Los tentáculos,cada vez menos sutiles, de los enemigos de Dios, comienzan a asfixiar aquelllos pueblos que han renunciado a servir a Cristo para retirarse a desiertos donde la fornicación espiritual los seduce y los tienta a fundir nuevos becerros de oro que hoy se adoran bajo un clima de igualdad, libertad y fraternidad.

Salvo escasas y honrosas excepciones, todos los políticos del mundo están vendidos al enemigo o sometidos por éste. La repetición de los mismos patrones destructores de la sociedad va devorando país tras país, en una luciferina pandemia espiritual, y todas las naciones pasan de un estómago al otro de este dragón que destruye cuanto toca con la espuma del odio anticristiano que babea de sus malolientes fauces.

Si me anticipo demasiado a los hechos o si parece que caigo en conjeturas paranoicas, Dios dirá. Pero se acercan tiempos en que nuestras catacumbas digitales serán tapiadas y resistiremos mientras podamos en las físicas, aunque incomunicados. Nuestras voces serán primeramente amenazadas, después perseguidas y finalmente silenciadas.

La doctrina católica (no la de la Roma actual, por supuesto) ya es hoy detestada incluso por los suplantadores de nuestra fe. Recordemos que cualquiera que nos quite la vida, creerá estarle haciendo un favor a Dios.

Estos hechos no están clavados en el marco de un horizonte lejano. En algunos países de la Unión Europea ya las opiniones personales manifestadas en las redes sociales de internet son vigiladas y estrictamente castigadas por los esbirros de la policía política del nuevo orden mundial, controlada por el sionismo talmúdico y cabalista. La crucifixión del cuerpo místico de Cristo, es también obra judía.

Estamos en manos de Dios. Y mientras El lo permita, expresaremos nuestras opiniones y continuaremos dándole gloria a Su nombre. Y cuando nosotros callemos, ya las piedras se encargarán de hablar de El.

Que en medio de la demencia general que, desde hace años, caracteriza esta época del año, cada vez más ajena a la celebración del nacimiento de Jesús, el Señor nos sostenga con su gracia y que ésta nos ayude a perseverar en la fe hasta el fin.

Un saludo a todos los blogueros que guardan y difunden la sana doctrina. Entre ellos, mi agradecimiento especial a Fabián Vázquez por su gentileza de concedeme un humilde rincón en su inhóspita trinchera.

En Cristo y María,

Jorge Dore