Oculto Arrepentido
Áspero como un zócalo gris de cementerio,
Como el césped del invierno enmohecido,
Como un viejo linyera adormecido,
Yo me veo tendido en éste lecho.
O
Se oye el crujir lastimoso de mi pecho,
Y el galopar silencioso de mis labios,
Quiero sentir al menos un halago,
Para pensar que soy, y que estoy vivo.
O
Quiero ternura y un poco de regazo,
Porque hoy pienso y siento como un niño,
Y aunque me digan que yo soy la experiencia,
Ya no hay quién escuche lo que digo.
O
Es que a veces me remuerde la conciencia,
Por todo lo que en ésta yo he vivido,
Los recuerdos me devuelven la prudencia,
Y la verdad que me ilumina es el olvido.
O
Ya no sé si es que no hay un infinito,
Aunque así lo he sostenido a cada paso,
Y ya sé que estoy cerca del cadalso,
Y me cuesta imaginar que soy finito.
O
Y es ahora en la hora de mi muerte,
Que no puedo decir que estoy Contigo,
Es la pena más grande que he tenido,
El dolor que sufro a cada instante.
O
Mi soberbia me impide confesarte,
Y decirle al mundo que Te admiro,
Es por eso que tengo merecido,
No poder algún día contemplarte.
O
Tu Pasión que por ella perdonaste,
No la acepté, ¡Oh Dios, que desatino!,
¡Cómo quisiera poder estar tranquilo,
Formar parte de Tu ejército de Santos,
Alabarte eternamente y mientras tanto,
Ser un simple mortal arrepentido!
O
Irene Tauch
O
Desde la Inhóspita Trinchera
