OSKO:¡¡¡APARECIÓ CATAFITO!!!

IMPORTANTE LOGRO DEL EQUIPO DE INVESTIGACIÓN DE RADIO CRISTIANDAD

¡¡¡APARECIÓ CATAFITO!!!


EL CUMPLIMIENTO DE LA LEYENDA

«EL JUDIO ERRANTE» Y «EL JUDAIZANTE» SON EL MISMO ENTE

Aunque no es exacta como definición, vamos a jugar con la idea de que «errante» es aquel que vive en el error, el que yerra.

Si bien es algo forzado, se aplica a este caso.

Correctamente «ERRANTE» es el que vaga por ahí sin encontrar un sitio donde asentarse. Bueno, una especie de tránsfuga, que no puede detenerse en ninguna parte.

Al respecto se ha escrito bastante. Nosotros solamente hemos leído copiado y asimilado esta vieja historia a un personaje muy actual: «EL ERRANTE» (en el doble sentido que hemos querido darle) viste de blanco, vive en Roma, se cree Papa y cree y predica, además, que «dentro de cada cristiano hay un judío».

«El judío errante es una figura mitológica creada por cierta literatura cristiana. Cuenta la leyenda que un personaje judío (su caracterización concreta varía según las versiones) negó un poco de agua al sediento Jesús durante el camino hacia la Crucifixión, por lo que éste lo condenó a «errar hasta su retorno». Por tanto, el personaje en cuestión debe andar errante por la Tierra hasta la Parusía.

Sin embargo, desde la óptica judía y judaizante se ha visto en el judío errante una personificación metafórica de la diáspora judía, y que los cristianos lo han tomado a lo largo de los siglos en tono de mofa; que la destrucción de Jerusalén habría sido un castigo divino a todo el pueblo judío por la responsabilidad que algunos de ellos tuvieron en la crucifixión de Jesús por los romanos, razón por la que (desde el punto de vista de la crítica judía) se la considera una leyenda o mito de marcado corte antisemita, arengado por el feroz odio al pueblo hebreo por parte de los primeros y poderosos obispos de la naciente Iglesia en Roma.

Son variados los nombres que se han supuesto y sobre los cuales se ha escrito en referencia al judío errante, algunos de los cuales son:

Ahasverus

Buttadeu

Larry el Caminante

Joseph Cartaphilus

Juan Espera en Dios

Michob-Ader

Sin embargo posiblemente el nombre más antiguo sea el que aparece en una de las Cartas eruditas y curiosas del padre Feijoo. En ella se cita a Mateo de París, obispo e historiador benedictino, indicando que en el año 1229 afirmó que dicho judío existía, se llamaba Catafilo, o Catafito.

Un autor protestante, Jacob Basnage, en su Historia de los judíos, cuenta que hay exactamente tres judíos errantes:

Samer o Samar: judío errante condenado a vivir siempre, y a vagar, por haber fundido el becerro de oro en tiempo de Moisés.

Ausero: zapatero de Jerusalén que echó de un empujón a Cristo del quicio de su puerta cuando el Señor se detuvo allí a descansar camino del Calvario, diciéndole: «Despacha, sal cuanto antes; ¿por qué te detienes?». Cristo le respondió: «Yo descansaré luego, pero tú andarás sin cesar hasta que yo vuelva» (algunos han añadido: «hasta que no nazca niño alguno» o «hasta que la mujer deje de parir»). Desde aquel momento empezó el cumplimiento del vaticinio, siempre andaba peregrinando, sin parar en provincia alguna. Representaba la edad de cincuenta años, y prorrumpía en frecuentes gemidos por la tristeza que le causaba la memoria de su delito. De este se dice [¿quién?] [¿dónde?] que fue visto en el año de 1547 en Hamburgo.

Catafito o Catáfito: habría sido una especie de guardia o policía de la puerta del pretorio de Poncio Pilatos, en cuya ocasión, cuando sacaron a Cristo, de dicho pretorio para crucificarle, para que saliese más prontamente y evitar la aglomeración o el bullicio, le dio un empujón en la espalda, a lo cual Cristo, volviendo el rostro, le dijo: «El Hijo del Hombre se va, pero tú esperarás a que vuelva». Se trata de una profecía del mismo Cristo, por la que este judío no había de morir hasta que Cristo volviese a juzgar vivos y muertos. Cada cien años sufría enfermedad y angustia de muerte, pero luego sanaba y se rejuvenecía hasta los treinta años, edad que tenía cuando Cristo murió.

«Aparicionismo» judaico en derredor de Catafito.

Se dice que el judío errante fue visto en Hamburgo en 1547; en España en 1575; en Viena en 1599; en Lübeck en 1601 y 1603; en Praga en 1602; en Baviera en 1604; en Bruselas en 1640 y 1774; en Leipzig en 1642; en París en 1644; en Stamford en 1658; en Astracán en 1672; en Múnich en 1721; en Altbach en 1766 y en Newcastle en 1790. Otra aparición mencionada parece haber sido en los Estados Unidos en el año 1868, visitando al mormón llamado O’Grady. Posiblemente, este último era un impostor que se hacía pasar por el judío errante. También fue visto por 1910 en la Villa Imperial de Carlos V «Potosí -Bolivia». En la Navidad de 1993 un fraile toledano tuvo una visión y afirma que bajo el nombre de Asuero se había afincado en Toledo, muy cerca de su cenobio. El Abad le ordenó silencio y no habla desde entonces. Posteriormente y esta vez bajo el nombre Catafito fue visto en Miami (Estados Unidos), Quito (Ecuador), Bogotá, Tunja y Pereira (Colombia) y Estambul (Turquía) donde estableció contacto con los judíos sefarditas en la fiesta anual de Ispahan en agosto de 2005 de la Torre Gálata, cantó con ellos en español y en el calor de la fiesta hizo múltiples referencias a Toledo (España) y su provincia. Aunque nadie sabe a ciencia cierta su número, pueden ser tres o dos o todos al mismo (Samar, Asuero o Catafito), ni su identidad actual ni su paradero exactos.»

Muy bien; con todos estos datos el lector comprenderá ahora lo que sigue:

De los nombres que se le adjudican nos quedamos por mucho con el de CATAFITO por las razones siguientes:

La primera de todas por Argumento de Autoridad; es un Obispo Benedictino, Mateo de Paris, quien afirma que el Judío Errante existe y que se llama CATAFITO.

Pero además podemos agregar nuestros razonamientos. Estamos seguros de que no es AUSERO, porque el mencionado era zapatero y ya sabemos que «Decimejorge» debe recurrir a su zapatero personal para que le provean de sus característicos zapatones negros. Si él hubiese ejercido alguna vez el oficio, en razón de su manifiesta humildad, él mismo se haría los zapatos.

Tampoco puede ser Samer o Samar. De este se dice que fue quien fundió el becerro de oro y el becerro fue luego expuesto a la adoración por parte de los hebreos. Es por todos conocida la prédica constante de «Decimejorge» en favor de la pobreza y los pobres. Él hubiera desairado el afán idolátrico de los judíos donando a los pobres ese oro, razón por la cual lo hubieran masacrado y jamás hubiera llegado hasta nosotros.

Entonces… nos queda CATAFITO, y es… PERFECTO.

Puede argumentarse en contra de nuestra tesis que en una novela del escritor argentino Néstor Barron («Váyanse todos a la mierda, dijo Clint Eastwood», de 2007), el Judío Errante, con el nombre de Ahasvero, interviene en el último tercio de la historia, andando por las calles de la ciudad de Buenos Aires junto al protagonista de la novela, intentando lograr un encuentro con otro personaje muy especial que podría liberarlo de su condena eterna, y mostrando de una manera muy original el cansancio metafísico de su condena a la espera.

Sin embargo estamos en condiciones de afirmar que el pobre de Ahasvero se encontró con «el personaje» en cuestión, quien lo relevó de su ardua espera y de su sempiterna tarea.

Néstor Barron es argentino, la historia transcurre en Buenos Aires y obviamente, ¿con quién otro pudo encontrarse Ahasvero un día que viajaba en la «Línea A» de la red de subterráneos de la porteña ciudad?

Catafito está ahora en Roma. No se siente a gusto del todo con su nueva caracterización. Le incomodan algunas cosas. Pero no obstante, se encuentra trabajando en el fiel cumplimiento de su judaizante misión.

No le pidan que se siente en el Trono ni que viva en el Palacio Apostólico, Catafito tiene otro perfil como surge de su ya dilatada historia.

Como puede verse AQUI (más abajo transcribimos la nota), Catafito prosigue incansable con su pernicioso y sacrificado trabajo a través de los siglos.

«Catafito» Bergoglio… UN TRÁNSFUGA JUDAIZANTE.

La PÉSIMA NOTICIA es que, según cuenta la leyenda, este pérfido judío o judaizante no habrá de morir hasta que Cristo vuelva a juzgar a vivos y muertos… aunque, si se piensa bien, la noticia tal vez no sea tan «pésima».

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«Dentro de cada cristiano hay un judío»

El Papa habla de ecumenismo con su amigo el rabino Skorka y ‘La Vanguardia’ en su residencia de Santa Marta | «El papa Francisco es un revolucionario», afirma el rabino Skorka | «Por favor rezad por mí. Lo necesito», nos pide, también a nosotros, su Santidad | Skorka: «Es probablemente el mejor amigo del pueblo judío en la historia del Vaticano» | Y con los palestinos: «Pero que nadie piense que no tendrá una postura ecuánime ante el conflicto»

«La amistad entre el rabino Abraham Skorka y yo es un ejemplo de que el diálogo en el mundo es posible y que la amistad es posible. Ese es mi principal mensaje», declaró a La Vanguardia el papa Francisco, tres meses después de su elección como jefe de la Iglesia católica. El rabino argentino, con el que le une una larga y estrecha amistad, contestó al Pontífice: «Ese es el mejor de los mensajes que podemos dar. Y que algún día se pueda juntar a Roma y a Jerusalén en una nueva realidad de paz».

El pasado abril, este corresponsal dio una serie de conferencias en Buenos Aires sobre Oriente Medio. Al final del acto principal me hicieron una pregunta que me dejó estupefacto: «¿Te gustaría encontrarte con el papa Francisco en el Vaticano? Ambos queremos hacer la revolución». Era Skorka, jefe del seminario rabínico conservador judío de Buenos Aires y líder de la comunidad Bnei Tikva. Pocos entienden tan bien la forma de pensar del Francisco como este judío argentino.

Su relación empezó en 1990, en un acto en el que se conmemoraba la independencia de Argentina. El rabino y el actual Papa, que en esos años se convertiría en arzobispo de Buenos Aires, se dieron la mano. «El momento clave en nuestra relación fue cuando todo empezó con un chiste de Jorge Mario Bergoglio. Yo quería saludarle y comentarle una cuestión teológica de su discurso, pero él, que es un acérrimo seguidor del equipo de fútbol San Lorenzo y que sabía que yo soy del River, me miró con cara muy seria y me dijo: ‘Según parece, este año ustedes van a comer cazuela de gallina’. Y es que los fans del River son llamados gallinas, ya que durante un cuarto de siglo no tuvieron mucho éxito… En este chiste había un mensaje y era que al arzobispo no le gustaban los protocolos y que su puerta estaba abierta», cuenta Skorka.

El día en que Bergoglio fue elegido Papa, el rabino y su esposa lo seguían por televisión: «Todo el tiempo yo le decía a mi mujer: ‘Mi amigo Jorge Mario va a ser Papa’. Y ella decía: ‘¡No, no, no puede ser!’, como diciendo: ‘¡Pobre, ya tiene muchos años! ¡Ya hizo mucho!’. Pero yo insistía: ‘No, él va a ser’, un poco en broma y mucho en serio. No me extrañó, pero me sacudió el corazón, la mente y el corazón».

Al día siguiente, el móvil del rabino sonó en la calle, en Buenos Aires, y al otro lado escuchó la voz de su amigo. «Hola, rabino Abraham. Estoy en el Vaticano y no me dejan volver», le dijo con humor el Papa. Bergoglio que pensaba que pronto se iría a una casa de retiros, pero el destino quiso algo distinto. Aunque el rabino insiste: «Cada broma en él tiene un doble sentido. Es una persona realmente humilde. Hay mucha gente que me dice: ¿Él se hace o es? Él es. No hay una cuestión hipócrita en él».

Días después de la conferencia, el rabino llamó a este corresponsal para comunicar que el Papa nos esperaba el 13 de junio, fecha en la que se cumplían tres meses de la fumata blanca. Incrédulo aún, nos encontramos en Castel Gandolfo, en la residencia de verano del Pontífice. Allí, Skorka y diez rabinos más participaban en un congreso judeocristiano con 20 sacerdotes de todo el mundo bajo el patrocinio de Francisco. De allí partimos en coche hacia el Vaticano y, por el camino, bromeé con Skorka acerca de la confluencia de varios argentinos en puestos de éxito, como el nuevo Pontífice, la reina Máxima de Holanda o Leo Messi. «Es una cuestión paradójica -respondió-. En Argentina hay mucha gente brillante. Lo puedo decir por mi querido amigo, el papa Francisco; brillante también en deporte, como Messi… Lo que no logramos hacer son equipos brillantes. O sea, una sociedad donde el brillo de cada uno pueda asociarse con el brillo del otro y crear una sociedad maravillosa, plena de brillo. En eso no somos buenos, todavía».

Al llegar al Vaticano, pregunté al rabino si había entregado a alguien los nombres y datos de los que le acompañábamos. «No, el Papa me dijo cómo llegar y eso es todo. Él sabe que vengo contigo». Al entrar en el Vaticano, la Guardia Suiza nos paró. «Tenemos una cita personal con el Papa», dijimos. «¿Usted también?», me preguntaron. «No, yo soy periodista, pero acompaño al rabino». Normalmente, los periodistas no entran en la casa de Santa Marta, donde vive el Santo Padre, pero tras hacer una llamada se abrieron las puertas de par en par y nos invitaron a entrar. Así ocurrió en dos puestos de control más, hasta llegar al hogar del papa Francisco.

Nos hicieron esperar en una sala y, de repente, surgió una figura amable y humilde, con una simple cruz de plata al pecho y despojada de los clásicos ornamentos dorados y zapatos rojos. Tras abrazarse largamente con el rabino y saludarnos uno a uno, dijo: «Queridos amigos, bienvenidos. ¡Qué alegría! Bendito sea Dios y ojalá traiga la paz». Y añadió: «Nuestra amistad que dura ya tantos años y es tan profunda es la prueba de que el dialogo entre religiones y seres humanos es posible». A lo lejos nos seguía un cardenal que observaba con curiosidad y sorpresa.

El Papa y Skorka se retiraron a comer y yo esperé el final de su encuentro. A los pocos minutos apareció el Pontífice exclamando: «¡Me acabo de enterar de que ustedes esperan al rabino! Por favor, acompáñenme para que les den algo de comer en mi comedor». Y guiñando el ojo añadió: «¡Aunque sea un sándwich!».

«¿Y usted nos lleva?», pregunté mientras caminábamos por los pasillos de la residencia entre las caras sorprendidas de los residentes de Santa Marta. «Les invito a comer. Son vicios de párroco», comentó el Papa.

Tras felicitarle por la clasificación de su equipo de toda la vida, el San Lorenzo, para la copa de Sudamérica, él, que aún no conocía la noticia, se entusiasmó por momentos y contestó: «Llevo siempre su foto en la camisa, sobre el corazón». Y añadió: «El otro día vi a un adepto de mi equipo en la plaza de San Pedro y le hice la señal de tres a cero, que fue el resultado de la victoria de nuestro club».

Entramos en el comedor, en el que Francisco comparte mesa con sacerdotes de todos los rangos y países, y pidió a las monjas que se ocuparan de nosotros y nos dieran de comer. Las miradas sorprendidas de los comensales demostraban, una vez más, que para algunos no es fácil acostumbrarse al cambio de estilo en la era de Francisco, a este fin del papado medieval (sobre todo si se compara con su predecesor, Benedicto XVI, que no se movía de un sitio a otro sin estar acompañado por su séquito).

Desde el momento en que se conocieron en Buenos Aires, el entonces arzobispo Bergoglio y el rabino Skorka se fueron acercando gradualmente y empezaron a encontrarse varias veces al mes. Debatían cuestiones teológicas, sobre las relaciones entre judaísmo y cristianismo, la forma de luchar contra el fanatismo y el antisemitismo y temas de actualidad mundial. «A menudo el arzobispo venía a verme a mi comunidad en metro. Él siempre quiere estar junto a la gente y, cuidado, eso a veces le exponía e incluso recibía insultos. Y sin embargo siempre viajaba en metro», destaca el rabino. A lo largo de los años, ambos decidieron plasmar sus diálogos y opiniones en un libro conjunto, Sobre el cielo y la tierra, en el que debaten cuestiones como Dios, el diablo, el fundamentalismo, la muerte, el divorcio, conflictos como el árabe-israelí y el holocausto.

Sobre el holocausto, el Papa plantea algo que puede generar polémica en ciertos sectores de la Iglesia y que el rabino Skorka subraya: «Él dice que hay que abrir los archivos para tratar de entender, realmente, cuál fue la actitud de la Iglesia. Por un lado analizamos la shoah, y él toma una postura que la podría tomar un judío: fue un crimen único en la historia de la humanidad, un evento especialmente dramático. Ni siquiera todos los judíos tienen este punto tan claro como lo tiene él. Y por otro lado analizamos la actitud de Pío XII con total claridad, porque nosotros hablamos sin barreras. No entiendo bien qué es lo que ocurrió, cómo pudo callar. El Papa dice que hay que abrir los archivos, hay que investigar, hay que saber la verdad y, en el caso de que haya culpa, asumir la culpa. Ambos creemos que el antisemitismo y otras formas de racismo son un pecado». Francisco llegó a comentar a este diario que «dentro de cada cristiano hay un judío», a lo que el rabino añadió: «Este es probablemente el mejor amigo del pueblo judío en la historia del Vaticano».

En los últimos años, Bergoglio y Skorka grabaron, además, 30 programas de televisión para el arzobispado de la capital argentina, en los que debatieron sobre distintas cuestiones religiosas y de actualidad. Lo que más sorprendió al rabino fue cuando el periodista argentino Sergio Rubín, que escribió una biografía autorizada del Papa, El jesuita, le llamara para pedirle que escribiese el prólogo del libro. Skorka replicó sorprendido: «¿Yo? ¿Un judío?». Y el escritor comentó: «Eso fue lo que decidió Su Santidad». El rabino añade: «Cuando más tarde le pregunté al papa Francisco por qué me eligió a mí, dijo simplemente: ‘Porque me salió del corazón'».

En sus encuentros con líderes europeos, el Papa comenta que la crisis en Europa no es sólo económica sino, ante todo, humana, y les pide que resuelvan rápidamente el drama de los millones de jóvenes desempleados. El rabino Skorka reconoce que, en el fondo, «el papa Francisco es un revolucionario» y, en Argentina, su biógrafo le llegó a llamar «el che Francisco». Cuando pregunté a Skorka si ante tanto cambio le preocupa la integridad física del Papa, contestó. «Claro que sí, me preocupa mucho pero los dos somos hombres de fe y estoy seguro de que Dios lo va a cuidar».

Mientras comíamos en el comedor del Papa, uno de los jóvenes que trabaja en el lugar se dirigió a nosotros: «El Santo Padre pide que le avisen cuando terminen de comer para que se pueda reunir con ustedes». Tras esperar tres minutos en la sala de visitas de Santa Marta, Francisco y el rabino aparecieron, dando inicio a una larga conversación informal de casi una hora de duración.

Primero, el Papa dedicó libros a la Biblioteca Nacional de Jerusalén y al presidente de Israel y Nobel de la Paz, Shimon Peres. Luego le pregunté si pretende seguir los pasos de Juan Pablo II y visitar Tierra Santa, Israel y la ciudad palestina de Belén. El Papa contestó que Peres le ha invitado y que Skorka le propuso hacerlo conjuntamente, como un acto de entendimiento entre el cristianismo y el judaísmo. «Juntos pero cada uno en su creencia -subrayó el rabino-, pero ese sería el sueño de mi vida». El Papa comentó que lo está estudiando y que la idea sería hacerlo a principios del 2014.

Lo más probable es que, de celebrarse esa visita, sea en febrero o, en cualquier caso, antes del final de la presidencia de Peres, en julio del año que viene. El presidente israelí está convencido de que Francisco puede contribuir de forma notable al acercamiento entre israelíes y palestinos y a la lucha contra el terrorismo. Quizá encabezando una conferencia internacional de líderes religiosos de las principales creencias para que, con su fuerza moral, rechacen aquellos que asesinan en nombre de Dios y declaren que el terrorismo se opone a la fe.

En uno de los programas del arzobispado, Bergoglio declaró: «El fanatismo es un problema ideológico, es una construcción mental que se impone en todo el ser hasta tal punto que yo diría que hasta llega a negar que somos de carne y espíritu. La carne pasa a un lado, domina lo ideológico. Lo que vemos en los casos tanto de los kamikazes como de los guerrilleros suicidas es cómo la propia vida no tiene sentido sino que lo que tiene sentido es la idea que yo me hice. Es un problema ideológico donde el detalle pasa a ser el eje central».

En las próximas semanas, el presidente palestino, Mahmud Abbas, tiene previsto desplazarse a Roma para reunirse con el presidente italiano, Giorgio Napolitano, y para mantener una audiencia con el Pontífice. Según declararon a este diario fuentes de la Muqata, la sede palestina de Ramala, la intención es presentar una invitación oficial a Francisco. «Su política será muy equilibrada -insiste Skorka- y tomará en cuenta los derechos de los árabes. Él entiende la importancia del Estado de Israel para el pueblo judío, pero que nadie piense que no tendrá una postura ecuánime en todo lo que concierne a la solución del conflicto».

Al despedirse de nosotros, el papa Francisco tuvo tiempo para otro gesto de humildad y humor a la vez: «A los invitados hay que acompañarles hasta la calle por dos motivos: para asegurarse de que se van y para que no se lleven nada que no les pertenece».

Y añadió: «Por favor rezad por mí. Lo necesito».