OSKO: SI DE AMBIGÜEDADES HABLAMOS

AMBIGUOSI DE AMBIGÜEDADES HABLAMOS…

Ambiguo es una palabra de origen latino. Proviene de «ambiguus», que significa variable, incierto, mudable; es decir, el que obra por ambos lados; lo cual confiere a la acción un carácter poco claro, por su falta de precisión, al no inclinarse por una dirección única.

Lo ambiguo puede entenderse en más de un sentido, y no aporta a la clarificación de la cuestión. Cuando alguien realiza un comentario ambiguo, unos pueden entenderlo en un sentido y otros en otro.

En cuestiones del lenguaje, es la «semántica» la que se ocupa del significado de las palabras; y éstas, pocas veces tienen una precisión absoluta, pues las ideas están representadas en el lenguaje por símbolos convencionales. Lo que estos símbolos representan lo hallamos en los diccionarios. Sin embargo, hay palabras que poseen más de un significado, y por eso se denominan ambiguas o polisémicas, por ejemplo, la palabra fin, la palabra banco o la palabra vela.

La verdadera significación, en general puede descubrirse gracias al contexto en que se utiliza.

En la cuestión que nos ocupa, me refiero a la cúpula dirigente de la FSSPX y todo lo que ella ha generado como reacción contra sus propios anhelos acuerdistas, existen, o han existido y hoy subsisten un poco atenuados o modificados, algunos puntos que pueden ser vistos como en una cierta ambigüedad.

Esa ambigüedad resulta ser producto directo de cierto «veletismo», que es propio de algunas mentes que se integran en lo que nosotros denominamos «falsa resistencia».

Pues bien, como dicen en España, «cree el ladrón, que todos son de su condición»; y por eso no resulta extraño entonces que vean quienes han vivido por años en esa ambigüedad vean ambiguos por todas partes, incluso donde no los hay.

Ahora bien, un ambiguo no tiene «amigos», ni mucho menos habla de «enemigos». La razón radica en que (como todo en su vida está regido por la ambigüedad, que surge muchas veces de la falta de carácter y de una posición preponderantemente inclinada a la «componenda», SIEMPRE en favor de la «conveniencia» y SIEMPRE en detrimento de la Verdad, la Belleza y el Bien), el ambiguo resulta ser prácticamente incapaz de sostener una posición aguerrida de un modo tal que pudiera significarle graves costos.

Sin embargo, hay excepciones. Puede existir quien asuma una posición ambigua, porque del análisis de una determinada situación se sigue que le CONVIENE no asumir ninguna. Esto, hecho con inteligencia y planificación puede formar parte de una estrategia.

En fin, por estrategia o no, una posición ambigua se hace más o menos evidente siempre; y, tarde o temprano, debe ser aclarada; de lo contrario se corre el riesgo de sumir a propios y extraños en un mar de confusiones.

¡Vaya! pero… ¡Si es el caso!

Nadie podría acusar a la Iglesia Conciliar de ambigua. Es muy clara su posición: «Todo el Concilio Vaticano II», «El Novus Ordo», «El Magisterio Actual»… Es decir, «o aceptas que todo esto es bueno, o estás afuera de la Iglesia Conciliar».

Lo cual está perfecto, en atención a la claridad de las posiciones. Porque, ¿quién quiere estar adentro de la Iglesia Conciliar? Mons. Fellay… me dirán. Bueno, sí. Es verdad…, y en tal sentido se puede decir que en líneas generales Mons. Bernard Fellay TAMPOCO ES AMBIGUO.

Hasta que la carta de Monseñor Fellay a los otros tres Obispos tomó estado público (mayo de 2012), los sacerdotes y feligreses de la «falsa resistencia», pese a la enorme cantidad de pruebas que representaban un llamado URGENTE para resistirlo, y esto POR LO MENOS desde el año 2004, continuaron manteniendo una posición ambigua. Esto es, se mantuvieron en un discretísimo silencio (y algo más), obedeciendo a sus «mandos naturales». Podría decirse que durante ese tiempo estaban… ¿lamiendo?

A partir de mayo-junio de 2012, algunos de los que hoy son de la «falsa resistencia» comenzaron a acosarlo y morderlo, pero lo hicieron… ¿por los motivos de fondo o… solamente por diferencias de método?

Monseñor Bernard Fellay, traidor al pensamiento, obra y herencia de su padre en el episcopado, el Arzobispo Mons. Marcel Lefebvre, bien podría dirigirse a muchos de los miembros de la «falsa resistencia» diciéndoles:

Queridos amigos

No sean ambiguos.

Cuando ayer me acercaba indebidamente a Roma, y cuando luego acepté el «Motu Proprio», y cuando después pedí, acepté, festejé y agradecí el «levantamiento de las excomuniones», y cuando durante años procuré llevar a buen término las conversaciones con la Roma Apóstata, ustedes estaban a mi lado… hemos festejado juntos; hemos descorchado el champán casi, casi, casi, a la misma hora… Ustedes, me lamieron las botas.

Al mismo tiempo, como buenos amigos míos, en aquellos momentos, ustedes me defendieron, y condenaron y mordieron a los que me resistían.

No vengan, pues, ahora a acosarme y morderme, mostrándose como supuestos enemigos, cuando lo único que quiero llevar a cabo es lo que presenté claramente desde 2001, lo que ustedes mismos vieron en ese momento… En aquél entonces no los escuché decir nada; ni una sola queja; ni una recriminación; por el contrario, muchos de ustedes se solidarizaron conmigo y con mis colaboradores cuando fuimos atacados por los disidentes…, esos pocos que se atrevieron a contradecirme; pero no ustedes hijos míos… ¿Saben?… Seguramente les provocaré nuevamente una sonrisa, pero recuerden que yo les dije que, en el fondo, «los cuatro obispos estamos de acuerdo».

Yo no soy ambiguo. Los que quisieron ver, pudieron ver mi juego desde el principio. Todos pudieron verlo. Los lamebotas, me apoyaron. ¿Cómo es que ahora pretenden morderme?

Pero están aquellos a los cuales ustedes combatieron ayer, y siguen combatiendo hoy. Esos nunca fueron de los míos. Esos siempre me mordieron. Con ellos sé a qué atenerme. ¿Pero ustedes, hijos míos? ¿Por qué tanta doblez?

Ustedes tienen ante vuestros ojos una clara prueba de que entre ustedes hay sacerdotes que hoy se dicen resistentes, y ayer negaron los Sacramentos a los que me resistieron desde un comienzo; y los llamaron «traidores a Monseñor Fellay», como se escuchó decir durante un sermón en un centro de Misa en San Luis.

Puedo darles otros ejemplos, hijos míos carísimos pero… como prueba basta un botón.»

Lo cierto es que si de ambigüedades hablamos, nada mal estaría que alguien nos explique qué clase de estrategia es la que inducía, hasta hace muy poco tiempo, a cierto obispo a recomendar a los sacerdotes que lo interrogaban acerca de qué posición debían asumir, que permanecieran en el interior de la NEO-FSSPX; esto fue así, al menos, hasta el año 2012. ¿O tal vez debemos pensar que eso también formaba parte de las cosas en las que los CUATRO obispos estaban de acuerdo?. Fellay dixit.

Hay ambigüedades que pueden provocar accidentes. Es el caso si uno, conduciendo un automóvil, activa el guiño indicando que va a girar hacia la derecha pero, al llegar a la intersección de las calles, lo hace hacia la izquierda. Nadie diría que tal acción es producto de una hábil estrategia, sino más bien de un accionar confuso, que provoca confusión a propios y extraños, además de accidentes…

Nota: los dos párrafos siguientes NO SON APTOS PARA AMBIGUOS, ni susceptibles de ser plenamente comprendidos por quienes pertenecen a esa categoría; asimismo, tampoco eson aptos para personas delicadas; es un ejemplo más de la típica e irritante ironía que nos es propia. Por lo tanto, la lectura de los mismos queda bajo la exclusiva responsabilidad del lector.

Es asombroso que algunos se asombren de que nosotros nos escandalicemos porque algunos de esos «ambiguos» en su momento NOS MORDIERON en defensa de Mons. Fellay… sí, «je je»… y ahora lo muerden a él.

Es el caso, «je je», del que hace muy poco recomendó, «je je», a los sacerdotes Salenave y Pinaud, «je je», que no se hagan problemas con aquello del Proceso Canónico, «je je»… El mismo que envió «LAS CARTAS», «je je»… la de Mons. Tissier y… la suya propia «je je».

Se dirá… «vuelven nuevamente con lo mismo», «otra vez con aquello que pasó», «todavía tienen la manía de acusar por errores del pasado», «¿no sería mejor dejar eso de una vez y mirar hacia adelante?».

Volvemos con lo mismo. Claro que sí; porque no queremos dejar que esas ambigüedades del pasado, muy, muy, muy inmediato, queden sin aclarar. Porque es de ambiguos no aclararlas.

Entre paréntesis, nos hemos tomado unos días de espera, antes de escribir este artículo, para dar una caritativa oportunidad de que salgan de la ambigüedad, «je je». Pero ha sido infructuosa…

Por eso, volvemos con lo mismo, porque jamás lamemos… siempre mordemos.