ESPECIALES DE RADIO CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI – EL APOCALIPSIS – CAP. 18 Y 19 (PENÚLTIMA ENTREGA)

ESPECIALES DE RADIO CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI

EL APOCALIPSIS

CAP. 18 Y 19

(PENÚLTIMA ENTREGA)

RESUMEN E INTRODUCCIÓN

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Como de costumbre, insisto en que es muy útil, e incluso necesario, seguir el Plan del Apocalipsis, así como el Gráfico hecho en base a los comentarios del Padre Castellani. Ustedes los tienen, respectivamente, en:

http://es.scribd.com/doc/83265556/Plan-Del-Apocalipsis

https://radiocristiandad.files.wordpress.com/2012/03/grafico-del-apocalipsis-ipg.jpg

Conforme a ese Plan, ya llegamos al fin del estudio del Objeto de las Decisiones Divinas (contenidas en el Libro de las Visiones), que se compone de cinco cuadros y abarca desde el capítulo V hasta el versículo 5 del capítulo XXII = lo que los autores y comentadores denominan el Drama del Fin de los Tiempos.

Entre esas Decisiones Divinas hemos estudiado Las Tribulaciones que vendrán, en tres cuadros, pues tienen tres orígenes distintos: unas son de Parte de Dios, otras son de Parte de Jesús, obtenidas por sus Santos, las últimas son de Parte del Demonio.

En los Especiales del mes de octubre, con el Padre Grosso, hemos comenzado con las Sanciones.

Estas se dividen en dos clases:

1ª) El Castigo de los Culpables: Las Siete Copas, con un Apéndice: la Ciudad del Mal, la Gran Ramera.

2ª) Las Recompensas de los Justos, en Siete visiones.

Ya hemos visto las Siete Copas y la Explicación del misterio de la Gran Ramera.

Lo que nos falta ver en estos meses de noviembre y diciembre es la Caída de Babilonia, las siete visiones de las Recompensas de los Justos y el Epílogo, es decir, los capítulos 18 a 22.

En estos Especiales de noviembre vamos a considerar los capítulos 18, 19 y los tres primeros versículos del 20º, de este modo:

El castigo de Babilonia, capítulo 18.

La santa alegría en el Cielo, 19: 1-10

1ª Visión = Cristo Rey, 19: 11-16

2ª Visión = el llamado a la rapiña, 19: 17-18

3ª Visión = la derrota de las dos Bestias y el encadenamiento del Demonio, 19: 19 – 20: 3

En diciembre, Dios mediante, concluiremos nuestro estudio del Apocalipsis.

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EL CASTIGO DE BABILONIA

CAPÍTULO 18

Anuncio del castigo de Babilonia, 1-3:

Después de esto vi bajar del cielo a otro Ángel, que tenía gran poder, y la tierra quedó iluminada con su gloria. Clamó con gran voz diciendo: “¡Ha caído, ha caído lBabilonia la grande!, y ha venido a ser albergue de demonios y refugio de toda clase de espíritus inmundos, y refugio de toda clase de aves inmundas y aborrecibles. Porque del vino de su furiosa fornicación han bebido todas las naciones; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con su lujo desenfrenado”.

Se trata del anuncio angélico antes del hecho en sí mismo.

A pesar de la contaminación de la atmósfera por el humo, la tierra es penetrada por la gloria resplandeciente del Ángel que refleja la gloria de la Divinidad.

San Juan compone un verdadero poema, inspirado en los Profetas Isaías (capítulo 13, 14, 21 y 24) y Jeremías (capítulos 50 y 51).

Las citas que hace son a veces tan textuales que semejan una rapsodia donde los oráculos contra Babilonia han proporcionado los temas más significativos.

¿Por qué el castigo? Porque Babilonia embriagó a los reyes y a los pueblos con el vino de su furiosa fornicación y con su lujo se enriquecieron los mercaderes de la tierra.

¡Ha caído, ha caído!
La repetición indica tanto la rapidez y certeza de la acción, como que la destrucción es doble, arruinando la ciudad y el sistema.

Fornicación
– La inmoralidad de Babilonia, tanto en lo ético como en lo religioso, ha influido con gran fuerza en las naciones de la tierra. La palabra fornicación se usa frecuentemente en el Antiguo Testamento con referencia a la infidelidad, apostasía o abandono de las cosas de Dios. Las riquezas eran empleadas en el nombre de la religión satánica.

Dice el Padre Castellani:

Los tres caracteres de la Perdida aparecen aquí y se repiten más tarde:

Es el centro de la idolatría (“fornicación”).

Es el emporio de los mercaderes, en griego emporoi.

Guarnición de pajarracos inmundos, o sea, demonios, tomado de Isaías, que lo aplica a la Babilonia literal de los Profetas.

No cayó del todo Roma Imperio, como cayó la antigua Babel y caerá la futura fornicaria. Eso nos muestra que el typo y el antitypo no coinciden siempre del todo, sino que el primero alumbra sólo en general al segundo. La venganza divina contra el Imperio idólatra y perseguidor no se consumó, mas se cierne en los aires hasta el fin del mundo.

***

La caída de Babilonia, 4-8:

Luego oí otra voz venida del cielo que decía: “Salid de ella, pueblo mío, para no ser solidario de sus pecados y no participar de sus plagas; pues sus pecados se han acumulado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus iniquidades. Pagadle como ella ha pagado; retribuidle el doble conforme a sus obras; en la copa que ella mezcló mezcladle el doble. En proporción a su jactancia y a su lujo, dadle tormentos y luto. Pues dice en su corazón: «Estoy sentada como reina, y no soy viuda y no he de conocer el duelo». Por tanto, en un solo día vendrán sus plagas: muerte y luto y hambre; y será abrasada por el fuego; porque poderoso es el Señor Dios que la ha juzgado”.

San Juan advierte a los cristianos de alejarse de Babilonia para evitar la complicidad en sus faltas y la participación en sus castigos, porque sus pecados exigen una venganza terrible.

Es un llamado divino al remanente fiel para que se separe de la infidelidad.

El tema de la separación jamás ha sido popular, siempre ha sido la exigencia del Señor. Y esto desde que empezó a llamar a un pueblo para sí mismo: Abraham (Gén. 12:1), Lot (Gén 19:12-14), Moisés (Hebr. 11:23-26).

En lo que respecto a Babilonia, ver Isaías 48:20, Jeremías 50:8, 51:6.

Para la Iglesia, la misma exhortación es expresada por San Pablo (2 Corintios 6:14-17 y I Timoteo 5: 22).

Es un principio que se aplica a los hijos de Dios de todos los tiempos para que no pacten con el sistema mundial de Satanás en cualquiera de sus aspectos: religiosos, comerciales, diversiones, etc.

18: 5: Dios se ha acordado de sus iniquidades. En el capítulo 16: 17-19 se indica que la consumación del castigo de Babilonia tendrá lugar durante el derramamiento de la Séptima y última copa:

El séptimo derramó su copa en el aire; entonces salió una poderosa voz del Templo, desde el trono en el cielo, que decía: “Hecho está”. Se produjeron relámpagos, fragor, truenos y un violento terremoto, como no lo hubo desde que existen hombres sobre la tierra. La Gran Ciudad se abrió en tres partes, y las ciudades de los gentiles se desplomaron; y Babilonia la grande
fue recordada delante de Dios, para darle la copa del vino del furor de su cólera.

El Señor siempre recuerda y cobra sus cuentas, aunque parece que, por la demora, pasara por alto una iniquidad, sea grande, sea pequeña. Pero todo pecado es contra Él y, por eso, tiene carácter eterno.

La pena del talión le será aplicada, la réplica de sus obras le es impuesta: de la copa que hizo beber, deberá beber ella el doble; en proporción de su lujo Dios la afligirá un día con tristezas, hambre y fuego.

Dios le encarga la venganza a los ejércitos celestiales y dá instrucciones a los Ángeles sobre el juicio retributivo.

Babilonia será castigada según sus obras, es decir, por su: orgullo, ocultismo, ostentación, odio, obscenidad, obstinación, opresión, orgías.

El versículo 7 manifiesta que su ostentación es el presagio de su pronto derrumbamiento.

Notar el contraste entre esa actitud de arrogante presunción, que insulta y abusa de otros, de autosuficiencia e independencia, sumada a una relación continua con los grandes del mundo porque sus riquezas constituyen poderosos atractivos para sus amantes y en un solo día vendrán sus plagas…

Durante esta tribulación, bajo los azotes de Dios, las relaciones comerciales mundanas sufrirán un colapso, trayendo como consecuencia toda clase de desórdenes económicos y civiles.

Dice Monseñor Straubinger:

La orden recuerda los pasajes que se refieren a la Babilonia histórica en Isaías 48:20, Jeremías 50:8, 51:6 y 45, Zacarías 2:7. Hay un paralelismo con Jerusalén en Mc. 13:14 y Mt. 24:16.

Como observamos al comentar esta expresión en Is. 48, 20, con la caída de Babilonia, debía empezar la redención del pueblo judío, que entonces sólo fue la imagen de la que había de traer Jesucristo (Lc. 21, 28; cfr. Neh. 9, 37 y nota).

La salida de los judíos fue pacífica por la merced de Ciro (Esdr. 1, 1 ss.), que en la profecía es figura de Cristo y fue anunciado dos siglos antes para ser el restaurador de Israel (Is.44, 28; 45, 1 ss.;cf. II Par. 36, 23; Jer. 25, 11; 29, 10).

Pueblo mío: En la ciudad corrompida y en medio de los adoradores de la bestia viven los marcados con el sello del Cordero que, recordando la palabra de Jesús sobre la mujer de Lot (Luc. 17, 32), se guardan de arraigar el corazón en los afectos y respetos humanos. A ellos se dirige esta voz del cielo que, sin duda es la de Jesús, pues Dios Padre es nombrado en tercera persona (vv. 5 y 8).

Será abrasada en fuego: En el fondo de su simbolismo San Juan encierra la idea principal que causa la ruina de la soberbia Babilonia. La pena del fuego (cfr. 17, 16; 19, 3) era el castigo reservado por la Ley para el adulterio o la fornicación de carácter sacrílego (cfr.Lev. 21, 9).

Dice el Padre Castellani:

Estas palabras han de entenderse espiritualmente, pues físicamente no podrán los cristianos últimos abandonar las Urbes capitalistas, ni hacerles el doble de los daños recibidos de ellas, como no lo pudieron tampoco los cristianos primeros. Lo que hicieron fue devolver a los perseguidores bienes por males, y abandonar no físicamente la urbe capitalista, sino espiritualmente su mentalidad de lucro, estafa, explotación e iniquidad. San Agustín observa que “con los pasos de la fe podemos huir de este mundo hacia Dios, nuestro refugio”.

Los que devolvieron de hecho el doble de tormentos y luto son los Ángeles; o mejor dicho, los mismos hombres inicuos y el orden inmutable de la equidad providencial.

Cuando escribía San Juan, los cristianos tenían delante y encima una situación intolerable: matados y torturados en formas bestiales y satánicas, calumniados en todas formas, tachados de criminales, degenerados y “enemigos del mismo género humano”, sólo los milagros o el Milagro pudo hacer que no se extinguieran, antes se multiplicaran incesantemente; hasta que Constantino vio que había que apoyarse, incluso políticamente, en ellos.

Para consolar y corroborar a éstos se escribió primordialmente el “Librito”. De ahí su fuerza, que hoy alguno dio en llamar “ferocidad”.

Una vez que Juan supo seguro que la Ramera iba a caer, y que el Cordero iba a triunfar, y eso “pronto”, en una perspectiva empero que él no podía mensurar, era natural y aun necesario este vasto cuadro de la equidad vengada; que no nace de “ferocidad” —la ferocidad del otro lado estaba— sino de una pura y simple fuerza poética y adaptación al objeto.

San Juan ha sido en un sentido el poeta más grande del mundo: poeta primitivo, sin artificios; sin arte, si quieren: grande por lo que sabe, más que por la manera de decirlo. Esta apelación forcible a la imaginación era requerida por la atormentada imaginación de sus cristianos y de nosotros.

De otro modo no podría robustecer, venciendo las imágenes terribles de los males presentes.

Hay que notar el adverbio “en un día”, que luego se convertirá en “una hora”.

Será abrasada en fuego: la pena del fuego era el castigo reservado por la Ley para el adulterio o la fornicación de carácter sacrílego (Lev. 21:9).

***

Lamentaciones de los aliados y mercaderes, 9-20:

Al ver el humo de su incendio llorarán y se lamentarán sobre ella los reyes de la tierra, que con ella vivieron en la fornicación y en el lujo. Manteniéndose lejos por miedo al tormento de ella, dirán: “¡Ay, ay, de la ciudad grande de Babilonia, la ciudad poderosa, porque en una sola hora vino tu juicio”.

También los traficantes [mercaderes] de la tierra lloran y hacen luto sobre ella, porque nadie compra más sus mercaderías: cargamentos de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de fino lino, de púrpura, de seda y de escarlata, y toda clase de madera olorosa, de toda clase de objetos de marfil, y todo utensilio de madera preciosísima, de bronce, de hierro y de mármol; y canela, especies aromáticas, perfumes, mirra, incienso, vino, aceite, flor de harina, trigo, vacas y ovejas, caballos y carruajes; cuerpos y almas de hombres. Los frutos que eran el deleite de tu alma se han alejado de ti; todas las cosas delicadas y espléndidas se han terminado para ti, y nunca jamás serán halladas.

Los mercaderes de estas cosas, los que a costa de ello se habían enriquecido, se quedarán a distancia, por miedo a su tormento, llorando y lamentándose, y dirán: “¡Ay, ay, de la ciudad grande, que se vestía de finísimo lino, de púrpura y de escarlata, y se adornaba de oro, de piedras preciosas y perlas, porque en una sola hora fue devastada tanta riqueza!”

Todos los capitanes, oficiales de barco y los marineros, y cuantos explotan el mar se quedaron a distancia y gritaban al ver la humareda de sus llamas, diciendo: “¿Quién como esta ciudad tan grande?” Y echando polvo sobre sus cabezas, gritaban llorando y lamentándose: “¡Ay, ay, la ciudad grande, con cuya opulencia se enriquecieron cuantos tenían las naves en el mar; porque en una sola hora fue desolada!”

¡Alegraos sobre ella, oh cielo, y vosotros, los santos y los apóstoles y los profetas, pues juzgándola Dios os ha vengado de ella! [porque el juicio de Dios coincidió al fin con el juicio vuestro].

La lamentación de los infieles manifiesta la angustia por la pérdida de la ciudad corrupta.

Ella contrasta con la voz de celebración, que anticipa el gozo celestial.

Reyes, mercaderes y marinos se mantendrán a distancia en vista del fuego abrasador que la devora. Se lamentarán y llorarán su suerte. Mientras tanto, el Cielo celebra el triunfo con sus santos, apóstoles y profetas, pues se ha hecho justicia. Comparar con Isaías 23, Jeremías 50 y Ezequiel 28.

Después de dar las razones de la caída de Babilonia, el texto enumera las diversas reacciones.

Los que se lamentan en la tierra son sus aliados los reyes, los traficantes y los marineros.

Los líderes de mundo la habían aborrecido, como se ve en 17:16, pero lloran ahora cuando el comercio del mundo es finalmente destruido.

Al ver el humo de su incendio. Este puede rodear al mundo como lo hacen las cenizas de las erupciones volcánicas. Hará aumentar hasta lo máximo la contaminación del aire.

Sus cargamentos:

Quince de las cosas mencionadas en 18:12-13 se encuentran en la Lamentación contra Tiro, de Ezequiel 27:12-36:

Tarsis era cliente tuya, por la abundancia de toda riqueza: plata, hierro, estaño y plomo daba por tus mercancías. Javán, Tubal y Mósoc traficaban contigo: te daban a cambio esclavos y utensilios de bronce. Los de la casa de Togormá te daban por tus mercancías caballos de tiro y de silla, y mulos. Los hijos de Dedán traficaban contigo; numerosas islas eran clientes tuyos; te pagaban con colmillos de marfil y madera de ébano. Siria era cliente tuyo por la abundancia de tus productos: daba por tus mercancías malaquita, púrpura, recamados, lino fino, batista, coral y rubíes. Judá y la tierra de Israel traficaban también contigo: te daban a cambio trigo de Minit, perfumes, miel, aceite y bálsamo. Damasco era cliente tuya por la abundancia de tus productos; gracias a la abundancia de toda riqueza, te proveía de vino de Helbón y lana de Sáhar. Vedán y Javán, desde Uzal, daban por tus mercancías hierro forjado, canela y caña. Dedán traficaba contigo en sillas de montar. Arabia y todos los príncipes de Cedar eran también tus clientes: pagaban con corderos, carneros y machos cabríos. Los mercaderes de Sabá y de Ramá traficaban contigo: aromas de primera calidad y toda clase de piedras preciosas y oro daban por tus mercancías. Harán, Cané y Edén, los mercaderes de Sabá, de Asiria y de Quelmad traficaban contigo. Traían a tu mercado vestidos de lujo, mantos de púrpura y brocado, tapices multicolores y maromas trenzadas. Las naves de Tarsis formaban tu flota comercial. Estabas repleta y pesada en el corazón de los mares. A alta mar te condujeron los que a remo te llevaban.

Pero el viento de oriente te ha quebrado en el corazón de los mares. Tus riquezas, tus mercancías y tus fletes, tus marineros y tus timoneles, tus calafates, tus agentes comerciales, todos los guerreros que llevas, toda la tripulación que transportas, se hundirán en el corazón de los mares el día de tu naufragio. Al oír los gritos de tus marinos, se asustarán las costas. Entonces desembarcarán de sus naves todos los remeros. Los marineros, todos los hombres de mar, se quedarán en tierra. Lanzarán su clamor por ti, gritarán amargamente. Se echarán polvo en la cabeza, se revolcarán en la ceniza; se raparán el pelo por tu causa, se ceñirán de sayal. Llorarán por ti, en la amargura de su alma, con amargo lamento. Entonarán por ti, en su duelo, una elegía, harán por ti esta lamentación: «¿Quién era semejante a Tiro en medio del mar? Cuando tus mercancías se desembarcaban, saciabas a muchos pueblos; con la abundancia de tus riquezas y productos enriquecías a los reyes de la tierra. Mas ahora estás ahí quebrada por los mares en las honduras de las aguas. Tu carga y toda tu tripulación se han hundido contigo. Todos los habitantes de las islas están pasmados por tu causa. Sus reyes están estremecidos de terror, descompuesto su rostro. Los mercaderes de los pueblos silban sobre ti, porque te has convertido en objeto de espanto, y has desaparecido para siempre.»

Se pueden dividir los artículos de comercio en siete categorías, la mayoría de las cuales son cosas de lujo.

1ª) Materiales preciosos: oro, plata, piedras preciosas, perlas.

2ª) Materiales para vestimentos lujosos: fino lino, púrpura, seda y escarlata.

3ª) Materiales para muebles costosos: madera olorosa, objetos de marfil, madera preciosísima, bronce, hierro, mármol.

4ª) Especias preciosas: canela, especies aromáticas, perfumes, mirra, incienso.

5ª) Comestibles: vino, aceite, flor de harina, trigo.

6ª) Animales y cosas para el uso agrícola y doméstico: vacas, ovejas, caballos, carruajes.

7ª) Comercio con personas: cuerpos y almas de hombres.

Según el texto griego: la conjunción y entre los dos términos cuerpos y almas parece indicar una distinción entre los dos términos.

Según el texto de la Vulgata: mancipiorum, et animarum hominum = de esclavos, y de almas de hombres.

Según Fillion son dos expresiones distintas.

¿Qué decir sobre esto? Se puede decir, según Cornelio A Lapide:

Del griego somatón, es decir, de cuerpos. Así se llamaba a los siervos o esclavos, como animales.

A los libres, por el contrario, se los llamaba psijai, es decir, almas. De estos, de los libres, se agrega et animarum hominum.

Se trata, pues, de la vida de los hombres, que los romanos compraban, sea como gladiadores, sea para que luchasen contra las bestias en el circo. Al fin de los tiempos, también se venderá y se comprará la vida de los hombres.

Alégrate. Después de recibir la invitación de alejarse, v. 4, los redimidos reciben una invitación a alegrarse. En este caso, es justo regocijarse sobre el infortunio de otros, porque Dios lo ha ordenado. En 11:10, la muerte de los dos testigos era motivo de gran alegría por los seguidores del Anticristo, ahora, la situación es al revés.

Dice el Padre Castellani:

Comienza el Profeta una especie de treno o elegía, parecido a los famosos Trenos de Jeremías o a los Onus de Isaías, puesto en boca de los amadores y siervos de Babilonia, y al fin en boca de los Celestes, para resbalar sin ruptura al himno de las Bodas del Cordero y la visión de la derrota definitiva de los anticristos —las dos cosas siendo dos aspectos de una misma— con lo cual termina esta primera Visión Cúspide, y se abre la del Reino Milenario.

La Ramera es pintada como ciudad mercantil y fenicia, abastada de lujos, que señorea por el poder del dinero y el dominio del mar, que vende esclavos, y esclaviza incluso las almas. Como luego se añade el treno de los capitanes de navío, parece indicarse un puerto de mar.

Los lamentos de los mercaderes son el retrato de los hombres del mundo. Lejos de llorar la perversidad de la ciudad caída, o siquiera compadecer su trágica suerte como hacen los reyes del versículo noveno, deploran ante todo sus propias pérdidas, porque nadie comprará ya sus mercaderías. Su egoísmo no repara en la iniquidad tremendamente castigada por Dios, sino en que ello le trae un lucro cesante (cfr. Ez. 27:12 ss.). Hacen el inventario de su desastre.

“Cuerpos y almas”. Tremendo tráfico que recuerda el de Tiro con los esclavos (Ez. 27:13), pero al que se añade aquí el de las almas. En la Rusia del Zar, a los esclavos los llamaban almas. Hoy son los negociados con los desechos de los abortos, el robo de niños para los trasplantes, el trato de blancas, la droga, etc.

Yo no diré que esta civilización donde estamos —y llaman “civilización cristiana” sus defensores— sea todo mala. Pero esta civilización en que estamos está podrida en la médula. Ella es, como dicen sus áseclas en otro sentido, una civilización ¡bestial!

La Urbe Prostituida —sea ella una ciudad, sean varias— va a ser destruida por bomba o bombas atómicas; puesto que va a perecer por incendio y “en una hora”. Antiguamente eso no se podía hacer, hoy se puede; y el instrumento dello ya está inventado. Tres veces se repite en esta elegía que será destruida “en una hora”, como antes se había dicho “en solo un día”; interpretación literal, por lo tanto, diferente del reinado “por una hora” de los diez Reyezuelos, que significa allí poco tiempo.

Todas esas naciones que han tenido el dominio marítimo mercantil —para lo cual es preciso también el bélico—, Troya, Tiro, Sidón, Cartago, Venecia y, después, Holanda, Inglaterra y Yanquilandia, han sido una calamidad en la historia: tienen la moral fenicia y la fe púnica (cartaginense), o sea, la falta de fe y de fidelidad; y, peor aún, el hábito de engañar, propio del mercachifle.

Chesterton lo describió en la elegante parábola de La Carabela Dorada; la cual resultó profética: la Carabela Dorada, en su viaje por el mundo, va a ir a parar a la Babilonia de los últimos tiempos, e irá a su perdición cuando su iniquidad haya subido hasta el trono de Dios, es decir, cuando haya falsificado la religión hacia su servicio.

***

El juicio definitivo sobre Babilonia, 21-24:

Y un Ángel poderoso alzó entonces una piedra grande como una rueda de molino, y la arrojó al mar, diciendo: “Así, con este ímpetu, será precipitada Babilonia, la ciudad grande, y no será hallada nunca más. No se oirá más en ti voz de citaristas, ni de músicos, ni de flautistas y trompetas; ni en ti volverá a hallarse artífice de arte alguna; ni se escuchará más en ti ruido de molino. La luz de la lámpara no brillará más en ti; la voz del novio y de la novia no se oirá más en ti. Porque tus traficantes eran los magnates de la tierra, porque con tus hechicerías han sido embaucados todos los pueblos. Y en ti fue hallada sangre de profetas y de santos, y de todos los que fueron sacrificados sobre la tierra.”

Con la misma precipitación con que se sumerge la piedra en el mar, será precipitada Babilonia, sin que se la vuelva a ver nunca más.

Acabados para siempre conciertos, industrias, artesanías, luminarias, citas de amor… Es necesario que todo tráfico ilícito y todo sortilegio sean castigados.

La invitación a los santos, apóstoles y profetas al júbilo tiene un eco deslumbrante más abajo, 19:1-7.

«Así, con este ímpetu…» significa la sorprendente rapidez (“en un solo día”“en una sola hora”…) y el carácter irreparable con que será destruida la fortaleza del mundo anticristiano. Véase igual acto en Jeremías 51:63 ss. a propósito de Babilonia.

“No se oirá más en ti…; ni volverá a hallarse…; ni se escuchará más…; no lucirá más…; no se oirá más en ti…” recuerda el duro anuncio de Jeremías a Jerusalén (Jer. 25:10, 7:34, 16:9; Is. 24:1-13, 47:9, 23:8; Ez. 26:13).

La expresión nunca más o un concepto paralelo se encuentra seis veces en los versículos 21-23… ¡El número del hombre!

Una piedra de molino pesa más de una tonelada. El hecho simbólico recuerda el texto de San Lucas 17:2.

Las bellas artes tuvieron su principio en aquel sector del mundo y allí tendrán su fin, Génesis 4: 21. Jubal fue el iniciador de la música mundana. La compuso con el fin de encantar a los cansados y a los deprimidos descendientes de Caín mientras vivían en un mundo lejos de Dios.

Compárese los instrumentos musicales mencionados en Daniel 3: 5 para dar la orden de adorar la estatua erigida por Nabucodonosor. La música liviana y estimulante es una parte integrante de la mundanidad.

Se terminó para siempre: la conducta cotidiana, la canción competente, el casamiento conveniente, el comercio acaudalado.

“Sangre de santos”, véase 6:10, 16:6, 17:6, 19:2; Mt. 23:35 ss.; Jer. 51:49.

El versículo 24 recuerda 17: 6 = Y vi a la Mujer ebria de la sangre de los Santos y la sangre de los Mártires de Jesús y me asombré con grande asombro al verla.

El Padre Lacunza, recordemos, ha propuesto de estos versillos una exégesis ingeniosa que parece plausible:

Texto del Padre Lacunza:

“Nadie nos dice lo que significa en realidad, y propiedad, la embriaguez de la mujer, que a San Juan se hizo tan notable: vi aquella mujer embriagada de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús.

Solamente nos acuerdan por toda explicación, que en Roma se derramó antiguamente mucha sangre de Cristianos, y suponen que será lo mismo cuando vuelva a ser idólatra, y se una en amistad con el Anticristo.

Mas ¿esto basta para llamarla ebria? Lo que produce la ebriedad, y la ebriedad misma, ¿son acaso dos cosas inseparables? ¿No puede concebirse muy bien la una sin la otra?

Cierto que si no hay aquí otro misterio, la palabra ebria parece la cosa más impropia del mundo. Yo no puedo creer, ni tengo por creíble, que la profecía solamente hable de lo material de Roma, o de sus piedras y tierra que recibieron la sangre de los mártires; pues la ebriedad no puede competer a una cosa inanimada, aunque esté llena de lo que causa la ebriedad.

Mas se podrá llamar propiamente ebria de vino, si sus habitadores hacen de este vino un uso inmoderado y excesivo, de modo que produzca en ellos aquel efecto que se llama embriaguez; esto es, que los desvanezca, que los turbe, que les impida el uso recto de su razón.

Lo mismo, pues, decimos a proporción de la ebriedad de la sangre de los santos, que reparó San Juan en la mujer. Esta ebriedad metafórica no puede consistir precisamente en que haya dentro de Roma mucha sangre de santos, sino en que sus habitadores hagan de esta sangre un uso inmoderado y excesivo; en que esta sangre se les suba a la cabeza y los desvanezca, los desconcierte, los turbe; en que esta sangre los llene de presunción, de nimia confianza, de vana seguridad: y por buena consecuencia los llene de insipiencia, de temeridad, o también de somnolencia y descuido, que son los efectos propísimos de la ebriedad.

La misma profecía explica estos efectos, y esta vana seguridad de la mujer, la cual embriagada de la sangre de los santos, y al mismo tiempo sumergida en gloria y delicias, decía dentro de sí: Yo estoy sentada reina, y no soy viuda, y no veré llanto. Y por esta misma seguridad vanísima (prosigue la profecía), vendrá sobre ella todo lo que está escrito: por esto en un día vendrán sus plagas, muerte, y llanto, y hambre, y será quemada con fuego, porque es fuerte el Dios que la juzgará.

En este sentido, que parece único, estuvo ebria en otros tiempos Jerusalén la cual era entonces nada menos que lo que es ahora Roma, la ciudad santa, y la corte o centro de la verdadera Iglesia de Dios. Estuvo ebria, digo, no solamente de la sangre de sus profetas y justos, que ella misma había derramado, como si esta sangre la debiese poner en seguro, e impedir el condigno castigo, que merecía por sus delitos.

Así la reprende Dios por sus Profetas de esta confianza inordenada, y sumamente perjudicial, que la hacía descuidar tanto de sí misma, y multiplicar los pecados sin temor alguno, diciéndoles: ¿Pues qué, puede el Señor aplacarse con millares de carneros, o con muchos millares de gruesos machos de cabrío? (Mich. VI, 7)… ¿Por ventura comeré carnes de toros? ¿o beberé sangre de machos de cabríos (Ps. XLIX, 13)?

Y por lo que toca a la confianza inordenada y vana de la sangre de sus profetas y justos, el mismo Mesías se explicó bien claramente, cuando les dijo: ¡Ay de vosotros… que edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos! Y decís: si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas… llenad vosotros la medida de vuestros padres (Mat. XXIII. 29, 30, y 32).

Es claro que el Señor no condena aquí la piedad de los que edificaban y adornaban los monumentos de los profetas y justos, sino su nimia confianza en estas cosas, como si con ellas quedasen ya en plena libertad para ser inicuos impunemente. Así, concluye el mismo Señor diciéndoles, que no obstante esta sangre y estos monumentos de tantos profetas y justos, vendrán infaliblemente sobre ellos todas las cosas que están profetizadas.” (Segunda Parte. Fenómeno III. El Anticristo, § 14 La mujer sobre la bestia).

Respecto de este texto del Padre Lacunza, he aquí el Comentario del Padre Castellani:

La exégesis común los interpreta del furor persecutorio con que la Roma de Nerón y Domiciano derramaba sangre de cristianos.

Eso puede andar del typo; pero ¿el antitypo?

La sangre no emborracha, no produce euforia ni ufanía. Los Romanos salían tristes del Anfiteatro después de aquellas orgías de sangre y muerte, nos dice Tertuliano…

La Mujer Perdida se glorifica a sí misma ahora, con la sangre de los mártires y las loas de los Santos; se ufana y emborracha con ellas. Exactamente como dijo Cristo a los judíos: “vuestros padres mataron a los Profetas, y vosotros les levantáis monumentos, y os ufanáis con sus nombres, diciendo: si hubiéramos vivido entonces, no hubiésemos matado a los Profetas; y ahora estáis fraguando dar muerte al último y mayor de todos los Profetas”.

La religión adulterada hace gala de la fama de los antiguos santos muertos; y persigue a los santos vivos.

“¡La misa cantada en Barcelona” de Havelock Ellis! El actual “modernismo religioso” se apropia de las glorias terrenas de la Religión: de las catedrales góticas y románicas (…); y en una palabra, toda la “añadidura” del Reino de Dios, que la Cristiandad suscitó. También es de ellos la “espiritualidad”, la “fraternidad” y el “humanismo”. (Apocalipsis, Visión Decimosexta: La Gran Ramera, página 216).

Dice el Padre Castellani:

«Porque tus traficantes eran los magnates de la tierra, porque con tus hechicerías han sido embaucados todos los pueblos. Y en ti fue hallada sangre de profetas y de santos, y de todos los que fueron sacrificados sobre la tierra»: están indicados los rasgos propios del Capitalismo:

el principado de los Mercaderes, que son los que realmente gobiernan hoy día a hurtadillas y con engaños;

las hechicerías (encantamientos) del lujo, el placer y la comodidad, que encandilan a las masas;

el homicidio, la guerra y la persecución como medio de sostenerse, que es cuando, al fin, Dios interviene e hiere.

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PREPARACIÓN

LA SANTA ALEGRÍA EN EL CIELO

CAPÍTULO 19, 1-10

Después de esto oí en el cielo como una gran voz de copiosa muchedumbre que decía: “¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos; porque ha juzgado a la Gran Ramera que corrompía la tierra con su prostitución, y ha vengado sobre ella la sangre de sus siervos.” Y por segunda vez dijeron: “¡Aleluya!” La humareda de la Ramera se eleva por los siglos de los siglos. Entonces los veinticuatro Ancianos y los cuatro Vivientes se postraron y adoraron a Dios, que está sentado en el trono, diciendo: “¡Amén! ¡Aleluya!” Y salió una voz del trono, que decía: “Alabad a nuestro Dios, todos sus siervos y los que le teméis, pequeños y grandes”.

Y oí una voz como de gran muchedumbre y como estruendo de muchas aguas y como estampido de fuertes truenos, que decía: “¡Aleluya! Porque ha establecido el reinado el Señor nuestro Dios, el Todopoderoso. Regocijémonos y saltemos de júbilo, y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado y se le ha concedido vestirse de lino finísimo, espléndido y limpio; porque el lino finísimo significa la perfecta justicia de los santos”.

Luego me dijo: “Escribe: ¡Dichosos los convidados al banquete nupcial del Cordero.” Me dijo además: “Estas son las verídicas palabras de Dios”. Entonces me postré a sus pies para adorarlo, pero él me dijo: “Guárdate de hacerlo. Yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos, los que tienen el testimonio de Jesús. A Dios tienes que adorar. El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía”.

A la exclamación del Ángel hace eco una copiosa multitud: la Iglesia Triunfante. La sangre de los Mártires es vengada; la fe aparece como algo palpable, mientras el materialismo se desvanece.

La humareda del incendio infernal se eleva eternamente, a la par de la divina alabanza, que celebra con gran alegría el establecimiento del reinado del Señor, las Bodas del Cordero.

Muchos observan aquí cuán dramático es el contraste entre el mundo, que se lamenta por la caída de Babilonia, y el Cielo, que se llena de la máxima exultación, lo cual se explica pues esa caída va a facilitar y acelerar el establecimiento universal del Reino de Dios. Los Santos no alaban sino la justicia y la veracidad de Dios, al ver que se cumple cuanto Él avisó.

En medio del turbulento ámbito que le rodea, el tono de este pasaje es todo de alabanza y de adoración. Los redimidos comprenden que Dios domina todo y que su victoria es segura.

Es, pues, una escena celestial: los redimidos responden a la invitación de 18: 20: ¡Alegraos sobre ella, oh cielo, y vosotros, los santos y los apóstoles y los profetas, pues juzgándola Dios os ha vengado de ella!.

“¡Aleluya!”, locución hebrea = “Hallelú Yah”, no significa alegría, como suele creerse, sino ¡Alabad a Yahvé!. Usada frecuentemente en los Salmos (24 veces), sólo aparece cuatro veces en el Nuevo Testamento: en los versículos 1, 3, 4 y 6 de este capítulo.

Coincide naturalmente con el colmo del gozo de 18:20, ante el acontecimiento que significa la culminación del Libro y de todo el Plan de Dios en la glorificación de su Hijo: “Tocó la trompeta el séptimo Ángel. Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: «El imperio del mundo ha pasado a nuestro Señor y a su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos.» Y los veinticuatro Ancianos que estaban sentados en sus tronos delante de Dios, se postraron rostro en tierra y adoraron a Dios diciendo: «Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, “Aquel que es y que era” porque has asumido tu inmenso poder y has empezado a reinar. Las naciones se habían encolerizado; pero ha llegado tu cólera y el tiempo de que los muertos sean juzgados, el tiempo de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu Nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyeron la tierra»” (11:15-18).

Dice el Padre Castellani:

¡Cuántas veces diremos que el Apocalipsis no es “un libro hecho para dar miedo”, sino para consolar y corroborar a los que estos miedos tenían y tienen delante y encima!

Menos hiere la flecha cuando se la ve venir; y San Juan reseña hechos y avisa de hechos que no proceden de la voluntad de Dios sino de la maldad del hombre; y advierte de castigos que resurten, por así decirlo, automáticos, puesto el pecado.

«¡Aleluya!… ¡Alabad a Yahvé! porque sus juicios son verdaderos y justos; porque ha juzgado a la Gran Ramera que corrompía la tierra con su prostitución, y ha vengado sobre ella la sangre de sus siervos…».

Los Santos no alaban sino la justicia y la veracidad de Dios; al ver que se cumple cuanto Él avisó.

Voces celestiales cantan la toma de posesión por el Señor de su reino universal y eterno al igual que en las Bodas del Cordero. Este hermoso pasaje sirve de transición entre la ruina de Babilonia y la derrota del Anticristo, del Falso Cordero y de Satanás.

La desposada se prepara para celebrar las nupcias con su divino Esposo. San Juan deja entrever las Bodas del Cordero y de la Iglesia, que se celebrarán en el capítulo 21º.

Solemos decir que la Iglesia es la Esposa del Cordero; no es sino la Novia. Las Bodas se celebran en la Parusía.

La prometida tiene que engalanarse durante siglos, con obras de justicia y santidad: se engalana en claro contraste con la actitud de Babilonia.

San Juan retoma la metáfora de Jesucristo, que designó el Cielo como una Cena de Bodas (Mt. 22:2 ss.). Véase Ap. 3:20, Is. 25:6 y Lc. 14:15, donde esta idea va unida a lo que Jesús llama “la resurrección de los justos”.

He aquí la bienaventuranza suprema y eterna.

Es de notar la inversión de la última frase. Parece que debería decir “El espíritu de profecía da testimonio de Jesús” en lugar de “El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía”. Estimo que es porque en los últimos tiempos el sólo mantener y profesar la fe en Cristo, dar testimonio de Jesús, hará a los fieles profetas y mártires. Su único apoyo serán las profecías. El Evangelio Eterno habrá reemplazado a los Evangelios de la Espera y el Noviazgo. Todos los preceptos de la Ley de Dios se cifrarán en uno solo: mantener la fe ultrapaciente y esperanzada. Ecclesia Martyrum.

Según el Apocalipsis, hay una persecución especial para los que tienen este testimonio de espíritu u orden profético, quizá porque es lo que al orgullo humano más le cuesta aceptar, según sucedió con Israel (Io. 12:4041; Lc. 19:14):

1:9 = “Yo Juan, hermano vuestro y copartícipe en la tribulación y en el reino y la paciencia en Jesús, estaba en la isla llamada de Patmos, a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús”

12:17 = “Y se enfureció el dragón contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra el resto del linaje de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús”.

Dijo San Hipólito Mártir que los mártires de los últimos tiempos serán mayores que los mártires primeros, porque éstos lucharon contra los Césares, mas los venideros habrán de luchar con Satán.

Lo repitió San Agustín, añadiendo que los mártires postrimeros ni siquiera serán conocidos como mártires, cosa que no deja de darse un poco hoy en día.

Con otras palabras lo retomaron San Luis María Grignon de Montfort (T.V.D. 56-59) y Santa Teresita (Ms. B, Fo. 3.)

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1ª VISIÓN = Cristo Rey

CAPÍTULO 19: 11-16

Después que ha hecho temblar a los malvados por la perspectiva de los males que les esperan (las Siete Copas), San Juan reconforta a los buenos por medio de siete visiones.

San Juan no las ha numerado, como sí lo he hecho con las Siete Copas, pero podemos hacerlo en su lugar, puesto que cada una comienza por el vidi, salvo la quinta:

1ª) 19: 11 = Cristo Rey

2ª) 19: 17 = llamado a la rapiña

3ª) 19: 19 y 20: 1 = derrota de las dos Bestias y encadenamiento del Demonio

4ª) 20: 4 = el Reino de los mil años

5ª) 20: 7 = suelta de Satán y su derrota definitiva

6ª) 20: 11 = el Juicio Final

7ª) 21: 1 = el cielo nuevo y la nueva tierra

Apéndice: 21: 9 = la Nueva Jerusalén

La unidad de estas siete visiones es indiscutible. El Apéndice que, como coronamiento, describe las glorias de la Esposa, hace eco al Apéndice de las Copas, que había pintado las desgracias y las vergüenzas de la prostituta.

Como la Gran Ramera no es otra que la Ciudad del Mal, del mismo modo la Esposa del Verbo no será otra que la Ciudad del Bien.

La marcha general de estas visiones nos muestra dos victorias del Verbo.

La primera y principal se presenta en cuatro fases:

1ª) El Verbo, el futuro vencedor, montado en su caballo blanco, Cristo Rey seguido de su ejército.

2ª) La invitación a las aves para la rapiña.

3ª) Presenta la suerte de los vencidos: la derrota de las dos Bestias y encadenamiento del Demonio.

4ª) Muestra la felicidad de los vencedores: el Reino de los mil años

La segunda victoria del Verbo es sobre un débil resurgimiento del Demonio, y tiene tres actos:

1º) La suelta de Satán, el combate y su derrota definitiva.

2º) El Juicio Final.

3º) La renovación final: el cielo nuevo y la nueva tierra.

Para el que ha seguido con atención el desarrollo del Apocalipsis, una aproximación se presenta entre los Sellos y estas Siete Visiones, así como la que existe entre las Trompetas y las Copas.

Las dos series comienzan por el Caballo Blanco; cada una dibujan dos curvas de acontecimientos, de la cual la segunda (de poco tiempo, de escasa duración) parece como un rebrote debilitado de la primera. Ambas terminan por el fin de los tiempos.

Entonces vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que lo monta es el que se llama Fiel y Veraz; que juzga y combate con justicia. Sus ojos son llama de fuego; sobre su cabeza lleva muchas diademas; lleva escrito un nombre que nadie conoce sino sólo Él. Viste un manto empapado en sangre, y su Nombre es: el Verbo de Dios. Y los ejércitos del cielo, vestidos de finísimo lino blanco y puro, le siguen sobre caballos blancos. De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones. Es Él quien las regirá con cetro de hierro; es Él quien pisa el lagar del vino de la furiosa cólera de Dios, el Todopoderoso. Lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de Señores.

El primer consuelo que Dios presenta a los suyos que combaten en la tierra es la descripción de su Jefe.

La coordinación de las ideas, representadas por las imágenes, nos proporciona un cuadro teológico de maravillosa belleza. Consideremos el ser, la acción y la razón del éxito de Cristo Rey.

1º) El ser de Cristo Rey (11-14)

Entonces vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que lo monta es el que se llama Fiel y Veraz; que juzga y combate con justicia. Sus ojos son llama de fuego; sobre su cabeza lleva muchas diademas; lleva escrito un nombre que nadie conoce sino sólo Él. Viste un manto empapado en sangre, y su Nombre es: el Verbo de Dios. Y los ejércitos del cielo, vestidos de finísimo lino blanco y puro, le siguen sobre caballos blancos.

Hay 1.845 referencias en la Biblia sobre la segunda venida de Cristo. 17 libros del Antiguo Testamento subrayan su regreso; mientras 7 de cada 10 capítulos del Nuevo Testamento se refieren a este evento.

Estos versículos describen el maravilloso y deslumbrante regreso de Jesucristo a la tierra con poder y gloria para inaugurar su reinado de paz, justicia y santidad.

En los versículos 11-16 hay una séptuple descripción de Cristo:

1ª) dos nombres: Fiel y Veraz,

2ª) hechos: juzga y combate con justicia,

3ª) ojos: sus ojos son llama de fuego,

4ª) cabeza: sobre su cabeza lleva muchas diademas,

5ª) otro nombre: lleva escrito un nombre que nadie conoce sino sólo Él,

6ª) ropa: viste un manto empapado en sangre,

7ª) otro nombre: su Nombre es: el Verbo de Dios.

En cuanto a lleva escrito un nombre que nadie conoce sino sólo Él, no dice dónde lo lleva, porque es “sobre Él”. Y “Nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre”, como se lee en San Lucas 10:22.

La relación entre las tres Personas de la Santísima Trinidad va más allá del alcance del entendimiento humano. Sólo Cristo entiende su verdadera esencia y unidad en la Trinidad. Siempre habrá algo de misterio acerca de Cristo que la mente finita, aun en la gloria, jamás podrá entender.

Tiene otro Nombre ya conocido, Rey de reyes y Señor de señores (versículo 16), y el creyente va a recibir un nuevo Nombre (3: 12), pero, será este nombre misterioso.

Durante la eternidad, los redimidos van a llegar a conocer a Jesús mejor y mejor. Hay mucho más tras este Nombre que uno puede sondear: la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

a) Su vocación guerrera, 11:

Cristo Rey es representado a caballo porque va a combatir y recorrer rápidamente el mundo. Su caballo es blanco, designado para los triunfos. Ya en el capítulo 6º San Juan nos había dicho que Jesús salió como vencedor, y para seguir venciendo.

Su cabalgadura, al contrario de la roja, negra y pálida de los otros tres jinetes, tiene por objetivo la verdad y la justicia, como la había anunciado el Rey David en el Salmo 44: Eres hermoso, el más hermoso de los hijos de Adán, la gracia está derramada en tus labios. Por eso Dios te bendijo para siempre. Ciñe tu espada a tu costado, oh bravo, en tu gloria y tu esplendor. Marcha, cabalga, por la causa de la verdad, de la piedad, de la justicia. ¡Tensa la cuerda en el arco, que hace terrible tu derecha! Agudas son tus flechas, bajo tus pies están los pueblos, desmaya el corazón de los enemigos del rey. Tu trono es de Dios para siempre jamás; un cetro de equidad, el cetro de tu reino; tú amas la justicia y odias la impiedad. Por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros.

La Verdad es su vocación (Yo he venido para dar testimonio de la Verdad. Todo el que es de la Verdad, escucha mi voz, dijo ante Pilato).

La Verdad es su Nombre, y esto por varios títulos, como lo vemos en su Discurso después de la Última Cena (Io. 14).

Es la Verdad, estando unido a su Padre, el Ser y lo Verdadero.

Es la Verdad, imagen perfecta del Padre en su Humanidad, conociéndolo como Él se conoce.

Es la Veracidad, por una adecuación perfecta entre en sus palabras y sus pensamientos. Por eso San Juan lo llama el Verídico, el Veraz.

Es la Fidelidad, por una adecuación perfecta entre sus actos y sus promesas. Por eso San Juan lo llama Fiel

Es la Realidad, objeto y cumplimiento de todas las profecías.

La Justicia también es su vocación, porque la justicia es el triunfo de la Verdad en el mundo moral. San Juan dice que el Verbo gobierna y combate por la justicia.

b) Sus armas, 12-13:

El guerrero que es Cristo Rey tiene tres armas: el prestigio que espanta, la autoridad que decide y ordena, el valor que impide toda rebelión.

Tiene el prestigio de su mirada de fuego, que fascina y atrae a los buenos y espanta los malos.

Tiene la autoridad, muchas diademas: Todo poder me ha sido dado en el Cielo y en la tierra. Su poder es infinito en extensión (Rey de todo lo creado), en profundidad (desciende hasta las conciencias y pensamientos), en duración (por toda la eternidad, no tendrá fin) y en latitud (puede obrar con toda libertad y espontaneidad).

Es indiscutiblemente valeroso. Su túnica, manchada de sangre, lo dice suficientemente. Lleva sus llagas como trofeos.

c) Su ejército, 14:

La innumerable armada de Santos cabalga sobre caballos blancos porque la pureza es su actividad; y se viste de lino fino, porque la pureza es su belleza.

2º) La acción de Cristo Rey (15)

De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones. Es Él quien las regirá con cetro de hierro; es Él quien pisa el lagar del vino de la furiosa cólera de Dios, el Todopoderoso.

Cristo Rey conquista, gobierna y castiga.

El arma de sus conquistas es la espada de su Palabra. Con Ella ha creado, con Ella conserva, por Ella mueve y gobierna todo.

Con su Palabra da la vida de la gracia; pero, si ella es mal recibida, se convierte en espada aguda que hiere a los incrédulos.

Con su cetro de hierro gobierna el universo conquistado: Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra. Con cetro de hierro, los quebrantarás, los quebrarás como vaso de alfarero (Salmo 2).

Como ya hemos visto anteriormente en el capítulo 14, cuando los racimos de los réprobos sean echados en la cuba de la cólera divina, Cristo Rey los aplastará, y la sangre desbordante cubrirá una extensión de 1.600 estadios hasta la altura de los frenos de los caballos.

3º) La razón del éxito de Cristo Rey (16)

Lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de Señores.

Dios lo ha constituido Rey de reyes y Señor de los señores (Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, Io, 5: 22).

Este Nombre que lleva no le ha sido impuesto desde fuera por los hombres, sino que rebasa de la fuerza que Dios le ha dado. Su coraza y su escudo lo anuncian al mundo entero.

Dice el Padre Castellani:

Fiel y veraz (1:5, 3:7 y 14), el mismo Jesucristo, representación y poderío del Rey Cristo, el complemento de la imagen del Buen Pastor, que Cristo no dejó de hacer en sus parábolas, y que para San Juan era esencial.

Cristo, juez del mundo, vendrá como Rey a derrotar a sus enemigos. Su triunfo, anunciado desde las primeras páginas del Libro Sellado (7:2), va ahora a manifestarse ante todo contra el Anticristo (II Tess. 2:8).

Muchas diademas: más que el dragón (12:3). Poderío inconmensurable el de Jesucristo, porque el Nombre que lleva sobre su frente es su Deidad; y los Nombres que los hombres podemos conocer, los cuales añade enseguida San Juan, derivan de Ella.

Sus vestidos están salpicados, sea de su propia Sangre, lo cual indica su naturaleza humana y los méritos de su Pasión y Muerte; sea de la vendimia de sus enemigos (ver 14:20).

La espada de doble filo que sale de su boca (2:16; II Tess. 2:8) es la Palabra de Dios, “que corta hasta la división del alma con el espíritu”, clisé inmemorial de la Sagrada Escritura.

La vara de hierro (12:5) y el lagar del agrio vino designan la Parusía y la Granguerra que la precede.

No necesita para vencer al Anticristo de los ejércitos del cielo: lo derriba “con un soplo de su boca”, dice San Pablo, “y con el mero refulgir de su llegada”.

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2ª VISIÓN = el llamado a la rapiña

CAPÍTULO 19: 17-18

Luego vi a un Ángel de pie sobre el sol que gritaba con poderosa voz a todas las aves que volaban por medio del cielo: “Venid, reuníos para el gran banquete de Dios, para que comáis carne de reyes, carne de jefes militares y carne de valientes, carne de caballos y de sus jinetes, y carne de toda clase de gente, de libres y esclavos, de pequeños y grandes”.

Hecha la descripción del General y su ejército, precediendo el combate y presumiendo la victoria, un Ángel grita a las aves de rapiña transportarse sobre el campo de batalla para devorar los cadáveres, víctimas de la espada de Cristo Rey.

El triunfo de Nuestro Señor Jesucristo es seguro. Dios hace servir su presciencia, providencia y predestinación infalibles para nuestro consuelo.

El triunfo será fácil, puesto que la desproporción es tan grande entre los dos campos que no se trata de un combate a partes iguales, sino de una exterminación inmediata de los enanos orgullosos que se levantan contra el Omnipotente.

El campo de batalla será cubierto de todo tipo de cadáveres. No habrá solamente cuerpos de soldados y caballos, significando los adversarios políticos de Cristo Rey, sino también de gente aparentemente de paz, simbolizando sus adversarios heréticos.

Pasaje tomado de Ezequiel, XXXVIII-XXXIX, y su descripción de la batalla de Gog-Magog, a la cual recurrirá de nuevo más tarde San Juan.

El Profeta Ezequiel (39:17) invita a las aves del cielo a comer la carne de los enemigos de Israel.

En Daniel 7:11 y 26 se anuncia la destrucción de la bestia que es figura del Anticristo. También Isaías, después de anunciar la Pasión y Muerte de Jesús, revela su triunfo final sobre todos sus enemigos, diciendo: “Y repartirá los despojos de los fuertes” (53:12).

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3ª VISIÓN = la derrota de las dos Bestias

y el encadenamiento del Demonio

CAPÍTULO 19: 19 – CAPÍTULO 20: 3

La suerte de los dos vencidos, 19: 19-21

Vi entonces a la bestia y a los reyes de la tierra con sus ejércitos reunidos para entablar combate contra el que iba montado en el caballo y contra su ejército. Pero la bestia fue capturada, y con ella el falso profeta, el que delante de ella había realizado las señales con que había seducido a los que habían aceptado la marca de la bestia y a los que adoraron su estatua. Los dos fueron arrojados vivos al lago del fuego encendido que arde con azufre. Los demás fueron trucidados por la espada que sale de la boca del que monta el caballo, y todas las aves se hartaron de sus carnes.

Como veremos en el mes de diciembre, Dios mediante, estos versículos deben yuxtaponerse al 4º del capítulo 20º: Vi tronos; y se sentaron en ellos, y se les fue dado juzgar; vi también las almas de los que fueron degollados a causa del testimonio de Jesús y a causa de la Palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la Bestia ni a su estatua, ni habían aceptado la marca en su frente o en su mano; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Estos dos textos, en efecto, son paralelos; ellos relatan las consecuencias de un mismo combate: el 1º manifiesta la suerte de las armadas del mal; el 2º, la gloria del ejército del bien. Uno tiene por castigo el estanque de fuego; el otro por recompensa la vida y el Reino con Jesús.

Los adversarios de Cristo Rey plantean una batalla convencional. ¡Vana esperanza! La Bestia es atrapada, luego el Falso Profeta… Entre Cristo Rey y sus dos enemigos no habrá, pues, combate. Desde el Calvario, Jesús golpea sin duelo; Él no combate, abate, derriba, derroca. Ejerce su omnipotencia.

No se trata de que las falanges de sus servidores no combatan, porque es necesario que ellos sean probados. Pero, llegado el tiempo fijado, el día, la hora, Cristo Rey los abatirá como el rayo que cae del cielo.

La batalla final es el advenimiento triunfante de Jesucristo para juzgar al mundo. Matados los dos testigos (11:8) y tramada la coalición de todas las fuerzas anticristianas (16:13), el gran enemigo de Dios es derrotado por Jesucristo en Persona (Is. 11:4; II Tess. 2:8).

Representa la resolución definitiva de la secular lucha del Bien y del Mal en este mundo; lucha del espíritu, pero que se halla representada por batallas carnales en todas las grandes religiones, menos el Budismo; como que della derivan en realidad todas las batallas carnales de la Historia, y por referencia a ella adquieren significación histórica.

Los hombres se obsequian la muerte corporal unos a otros; la muerte del espíritu, la muerte segunda, es la que procede de la boca de Cristo, la sentencia del Juez eterno; e incluso esta sentencia no es más que la ratificación de un hecho radicado en las naturalezas mismas de Dios y el hombre. No hay que imaginarse a Cristo o a sus Ángeles acuchillando mortales en la llanura de Armagedón. Eso lo saben hacer mejor los mismos mortales.

De la muerte del Anticristo del Pseudoprofeta no sabemos nada circunstancialmente; pero no importa nada tampoco. De varios versículos sueltos y oscuros de Daniel y los Profetas han construido varias imágenes conjeturales novelescas intérpretes aventurosos.

San Jerónimo, seguid por varios, interpreta el oscuro versículo de Daniel 11: 15, como que el famigerado Emperador va a subir al monte Oliveto para simular allí la Ascensión de Cristo y se va a precipitar al suelo después de elevarse un poco.

Mas el texto de Daniel dice simplemente, de Antíoco Epífanes, sombra del Anticristo:

Según la Vulgata: Y fijará su tabernáculo en Apadno entre los mares sobre el monte ínclito y santo; y llegará a la cúspide dél; y nadie lo auxiliará.

Según la versión de los LXX: Y plantará el tabernáculo de su palacio entre los mares en la gloriosa santa montaña: y así llegará a su fin, y nadie lo ayudará.

San Pablo dice simplemente que Cristo le dará muerte con el refulgir de su llegada y con una palabra.

Satanás es atado por espacio de mil años, 20: 1-3

Y vi a un Ángel que bajaba del cielo y tenía en su mano la llave del Abismo y una gran cadena. Y se apoderó del dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años, y lo arrojó al Abismo que cerró y sobre el cual puso sello para que no seduzca más a las naciones hasta que se hayan cumplido los mil años, después de lo cual ha de ser soltado por un poco tiempo.

En cuanto al Demonio, un Ángel se apoderará de él, lo encadenará por mil años y lo arrojará bajo llave al Abismo a fin de que durante ese tiempo no seduzca a los hombres.

Para apoderarse del dragón, el Ángel desciende del Cielo a la tierra, pues antes Satanás había sido precipitado a ella (12:9-12).

Este Ángel parecería ser San Miguel, que es el vencedor de Lucifer, y a quien la Liturgia considera como el Ángel mencionado.

León XIII lo expresa así en su exorcismo contra Satanás y los ángeles apostáticos al citar este pasaje cuando pide a San Miguel que sujete al dragón, aquella antigua serpiente que es el diablo y Satanás, para precipitarlo encadenado a los abismos de modo que no pueda seducir más a las naciones.

El mismo pontífice prescribió la oración para después de la Misa en que se hace igual pedido a San Miguel para que reduzca a Satanás y a los otros espíritus malignos que vagan por el mundo.