ESPECIALES DE RADIO CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI – SEPTIEMBRE DE 2012 – APOCALIPSIS (CONTINUACIÓN) SEXTO SIGNO O CUADRO (XIV: 6-13) – SÉPTIMO SIGNO O CUADRO (XIV: 14-20)

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RESUMEN E INTRODUCCIÓN

 Como de costumbre, insisto en que es muy útil, e incluso necesario, seguir el Plan del Apocalipsis, así como el Gráfico hecho en base a los comentarios del Padre Castellani. Ustedes los tienen, respectivamente, en:

http://es.scribd.com/doc/83265556/Plan-Del-Apocalipsis

https://radiocristiandad.files.wordpress.com/2012/03/grafico-del-apocalipsis-ipg.jpg

Conforme a ese Plan, ya hemos avanzado bastante en el estudio del Objeto de las Decisiones Divinas (contenidas en el Libro de las Visiones), que se compone de cinco cuadros y abarca desde el capítulo V hasta el versículo 5 del capítulo XXII = lo que los autores y comentadores denominan el Drama del Fin de los Tiempos.

Entre esas Decisiones Divinas tenemos Las Tribulaciones que vendrán, en tres cuadros, pues tienen tres orígenes distintos:

* unas son de Parte de Dios:

* otras son de Parte de Jesús, obtenidas por sus Santos:

* las últimas son de Parte del Demonio.

En los Especiales del mes de agosto hemos considerado tres cuadros:

Tercer Cuadro = La Bestia del Mar

Cuarto Cuadro = La Bestia de la Tierra

Quinto Cuadro = El Cordero y los 144.000 Vírgenes.

El Tercer y el Cuarto cuadros muestran las dos máquinas de guerra salidas del pensamiento diabólico: La Bestia del mar y la Bestia de la tierra.

El Quinto cuadro presenta el triunfo del Cordero.

Hoy debemos considerar los cuadros Sexto y Séptimo.

El Sexto signo nos hace ver la prédica de los tres Heraldos de los juicios de Dios.

Finalmente, el Séptimo Signo o cuadro despliega el triunfo de Cristo bajo la imagen de la siega de los impíos y de la vendimia de los réprobos.

Todo esto constituye la predicción del triunfo de los buenos y el castigo de los malos.

Este vaticinio es presentado bajo la forma de tres cuadros muy consolantes y reconfortantes, destinados a fortificar a los creyentes que podrían desanimarse por las terribles perspectivas descritas en los capítulos XII y XIII.

Las visiones consoladoras de este género no faltan jamás en el Apocalipsis, a continuación de predicciones sombrías.

Como de costumbre, después de habernos mostrado los males tramados por el Demonio, San Juan nos hace elevar los ojos al Cielo para contemplar un espectáculo reconfortante: Cristo Rey y sus conquistas.

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SEXTO SIGNO O CUADRO

XIV: 6-13

6 Y vi a otro Ángel volando por medio del cielo, que tenía que anunciar un Evangelio eterno para evangelizar a los que tienen asiento en la tierra: a toda nación, y tribu, y lengua, y pueblo. 7 Y decía a gran voz: “Temed a Dios y dadle gloria a Él, porque ha llegado la hora de su juicio; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”.

8 Siguióle un segundo Ángel que decía: “Ha caído, ha caído Babilonia, la grande, la cual abrevó a todas las naciones con el vino de su enardecida fornicación”.

9 Y un tercer Ángel los siguió, diciendo a gran voz: “Si alguno adora a la bestia y a su estatua, y recibe su marca en la frente o en la mano,
10
él también beberá del vino del furor de Dios, vino puro, mezclado en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre, en la presencia de los santos Ángeles y ante el Cordero.
11
Y el humo de su suplicio sube por los siglos de los siglos; no tienen descanso día ni noche los que adoran a la bestia y a su estatua, y cuantos aceptan la marca de su nombre”.

12 En esto está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

13 Y oí una voz del cielo que decía: “Escribe: ¡Bienaventurados desde ahora los muertos que mueren en el Señor! Sí, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos, pues sus trabajos siguen con ellos”.

Llegamos al testimonio público de Dios contra el reino del Anticristo, y es en relación con el inminente juicio que éste se merece.

El testimonio se realiza por medio de seis Ángeles.

En el versículo 6 se ve el primer Ángel de un desfile de seis: versículos 6, 8, 9, 15, 17 y 18.

Teniendo en cuenta las dos máquinas de guerra imaginadas por el demonio (la Bestia del mar y la Bestia de la tierra) es oportuno destacar el contraataque de la Mujer y del Cordero.

Ellos enviarán sucesivamente tres falanges de Ángeles:


El primero (v. 6) recorrerá la tierra predicando la religión del verdadero Dios y la proximidad de su venida.


El segundo (v. 8) anunciará la caída de la ciudad del mal.


El tercero (v. 9) espantará a los pecadores, asegurando que los seguidores del Anticristo serán juzgados. Anuncia el infierno inminente, al mismo tiempo que anima a los justos por la perspectiva del cielo cercano.

***

Primer Heraldo

XIV: 6-7

6 Y vi a otro Ángel volando por medio del cielo, que tenía que anunciar un Evangelio eterno para evangelizar a los que tienen asiento en la tierra: a toda nación, y tribu, y lengua, y pueblo. 7 Y decía a gran voz: “Temed a Dios y dadle gloria a Él, porque ha llegado la hora de su juicio; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”.

La expresión otro Ángel implica una nueva escena en este drama revelador, cuyos acontecimientos coinciden siempre con la aparición de un Ángel:

7, 2: Y vi a otro Ángel que subía del Oriente y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro Ángeles, a quienes se había dado hacer daño a la tierra y al mar; y dijo: “No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado a los siervos de nuestro Dios en sus frentes”.

8, 3: Y vino otro Ángel que se puso junto al altar, teniendo un incensario de oro. Y se le dieron muchos perfumes para ofrecerlos con las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro colocado delante del trono.

8, 13: Y vi y oí como volaba por medio del cielo un Águila que decía con poderosa voz: “¡Ay, ay, ay de los moradores de la tierra, a causa de los toques de trompetas que faltan de los tres Ángeles que todavía han de tocar!”

10, 1: Y vi a otro Ángel poderoso que descendía del cielo, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza. Su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. En su mano tenía un librito abierto. Puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra. Y clamó con gran voz, como un león que ruge. Y cuando hubo clamado, los siete truenos levantaron sus voces.

Ante los ojos sorprendidos de San Juan, un Ángel vuela en pleno cielo, portador de un Evangelio Eterno.

Imposible magnificar más la prédica de esta Buena Nueva anunciada al mundo entero.

El mensaje de este Ángel es opuesto al del Águila de 8:13 quien era el heraldo de juicio.

El presente Ángel es anunciador de misericordia, y su mensaje se extiende por todas partes del mundo habitado.

Representa el último llamado al arrepentimiento para los que moran en la tierra. Este Ángel no viene proclamando condenación, sino Evangelio, lo cual significa buena nueva. Anuncia la buena nueva del sempiterno Reino de Cristo, el cual empezará inmediatamente después del juicio sobre las fuerzas del mal, anunciado como inminente en 14, 7.

Según Fillion: expresión remarcable para designar, según el contexto, la eterna verdad de que no hay salvación fuera del temor y la adoración del único Dios verdadero. Como el de Cristo, este Evangelio es inmutable, irrevocable.

Hay varios Evangelios en la Sagrada Escritura, y no son contradictorios, sino que presentan diferentes aspectos de la Buena Nueva:

El Protoevangelio (Génesis 3:15): es un aviso de juicio sobre Satanás.

Durante el Antiguo Testamento, fue presentado el Evangelio del Reino.

En las enseñanzas de San Pablo (I Cor. 16, 9; II Cor. 2, 12; Col., 4, 3), la puerta de la salvación está abierta de par en par, invitando a todas las naciones que pasen.

El Evangelio de la presente dispensación es universal.

Aquí, en Apocalipsis 14:6, el tema otra vez es del Reino, con la advertencia del inminente regreso del Rey Juez.

Eterno, hace referencia a duración ilimitada, sin fin. La palabra utilizada puede referirse a aquello que:

no tiene principio ni fin, Romanos 16:26, Hebreos 9:14;

sin principio, Romanos 16:25; II Timoteo 1:9;

sin fin, Lucas 16:9; II Corintios 5:1.

El artículo definido no aparece en el griego. Siendo Eterno, este Evangelio es válido para siempre; siendo dirigido a la gente del mundo, es aplicable universalmente.

El contenido de este Evangelio se encuentra en el siguiente versículo, dirigiendo los pensamientos de la gente hacia el Creador: “Temed a Dios y dadle gloria a Él, porque ha llegado la hora de su juicio; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”.

Las condiciones son dos: temor de Dios y voluntad de rendirle gloria.

La urgencia de la fe se impone, porque llega la hora de dar cuenta.

En un lenguaje inconfundible, este poderoso Ángel apremia a todos los hombres para que se aparten de la bestia y vuelvan a Dios. La hora del juicio divino ha llegado y los hombres deben arrepentirse de su crasa idolatría si no quieren sufrir la ira de las copas.

Los individuos que hayan sobrevivido a los embates de la gran tribulación tendrán la última oportunidad de escuchar la prédica pública de que el Dios del cielo es soberano, y que sólo Él tiene que ser adorado y obedecido. Esta última evangelización será verdaderamente mundial.

El pronunciamiento del Ángel eliminará, pues, tres grandes engaños:

el ateísmo

el politeísmo

el agnosticismo

ha llegado la hora aquí significa un punto definitivo. Este último plazo de oportunidad salvadora será muy breve. Ya veremos en el versículo 15.

Comentario de Monseñor Straubinger:

Un Evangelio eterno (cf. 10, 2: Tenía en su mano un librito abierto… y 9: Fui, pues, al Ángel y le dije que me diera el librito): el Sagrado Libro del Evangelio, o tal vez solamente el decreto eterno de Dios que el Ángel va a promulgar en el v. 7 como última advertencia antes del juicio de las naciones. Véase Mat. 24, 14: Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, en testimonio a todos los pueblos. Y entonces vendrá el fin.

Algunos (cf. Nácar-Colunga) opinan que no se trata del juicio universal, sino del indicado en el v. 8 (el de Babilonia).

Pirot, en cambio, dice que “el ángel anuncia el juicio final”, y así se ve en las penas del v. 10, .pero no parece haber oposición, pues aquél es un juicio previo pero también escatológico. Cf. 19, 1-6.

Comentario del Padre Castellani:

No es nuestro Evangelio, es este mismo libro del Apocalipsis: es el anuncio de la Parusía.

Quizás significa que este librito sellado, al fin de los tiempos será abierto, como hemos visto en la Visión 6ª.

Si el Evangelio Eterno es el Apocalipsis, nuestros Evangelios son temporales; para los tiempos normales de la Iglesia, no para los tiempos “novísimos”, como decían los Romanos: a la vez últimos y diferentes.

Los Evangelios quedarán como suspendidos, las promesas de Cristo como incumplidas, sus preceptos y consejos en la retroescena, implicados y escondidos todos en el único precepto de resistir, en la fe y la paciencia, la inundación de la persecución y la apostasía; pues la Iglesia volverá a la Catacumbas —Ecclesia Martyrum— y ni siquiera se podrán administrar los Sacramentos, opina San Agustín.

Dios guardará silencio y parecerá cerrar los oídos a las oraciones, y los “Santos serán vencidos”. Los dones místicos desaparecerán y los hombres de oración versarán en noche oscura; y la persecución plagará de fuera y dentro, pues se le recrecerán las fuerzas a Satanás, “que tiene poco tiempo”. Y lo sabe.

Satanás dirá con sorna a los Santos: “¿Dónde está vuestro Dios?”. Y ellos callarán. Les espejará las más peligrosas ilusiones, y los hará caer en líos endiablados.

El estado descompuesto y falsificado de la Iglesia (“el Atrio pisoteado por los paganos”) los sumirá en desconsuelo y perplejidad.

Los prelados “mercenarios” los castigarán y hostigarán, hasta hacerles imposible el ganarse la comida.

Su fidelidad a la Iglesia —a la imagen lejana de la Iglesia, y el núcleo atormentado de hoy— será más que heroica, casi imposible.

Situaciones endemoniadas a que deberán adaptarse. Por ejemplo, uno dellos huyendo y escondiéndose a la vez de la Policía y de una banda de asesinos, confundido con uno que robó 28 millones de pesos del Banconación, que se le parece mucho, e incluso se procuró sus “dactilares” para “plantarlas”.

No los matarán por cristianos, sino por traidores a la patria, ladrones y asesinos, como en los tiempos de Nerón y Marco Aurelio; les sacarán “confesiones” atroces por medio de drogas; y horripilarán a la “opinión pública” cretinizada, con los relatos de facínoras de los “cristóbales”. Nadie podría aguantar, si Cristo no volviera pronto.

Todo esto está en las descripciones proféticas de la Didajé, que data de los tiempos apostólicos; en el terrible mártir Hipólito, el primer comentador del Apokalypsis: en el maestro de San Agustín, Lactancio, que yo no sé de dónde sacó sus iluminaciones, que parecen escritas en el tiempo actual, y están al final de sus egregias Institutiones Divinæ, Migne L., LXX, Libro VII, Capítulo XV; con exquisito lenguaje y gran elegancia de estilo: es un gran señor. Y San Agustín su discípulo lo tuvo también por profeta.

Por ejemplo, así explica el rétor africano, en p. 791, el cómo a partir del Imperio Cesáreo —que en su tiempo mantenía el orden en todas partes y había devenido cristiano— se llegaría al desorden actual:

“Se quebrará el Imperio, se multiplicarán los reinos y repúblicas, y la autoridad se anemiará.

Guerras civiles, y guerras extranjeras: porque habrá “diez” [muchos] reyes; no para regir el mundo sino más bien para ordeñarlo.

Levantarán ejércitos inmensos, las campiñas serán abandonadas.

De repente se levantará un Potentísimo, surgido del Asia; el cual, domeñados tres asiáticos, hará alianza con los otros Reyes, y se constituirá en cabeza del mundo.

Este vejará a la tierra con un dominio inaguantable…”

El Evangelio Eterno, cuyo contenido es que “ya viene la hora de su Juicio”, será interpretado y entendido; pues los santos entenderán los Signos. “Y los malvados no entendieron nada, pero los Santos entendieron” (Daniel 12,13).

Por eso dice Cristo que el Juicio vendrá inopinado, que los hombres “comerciarán, viajarán y contraerán matrimonios”. “De la higuera aprended una comparación: que cuando veis los brotes y hojitas tiernas, sabéis está cerca el verano; así vosotros cuando veáis los Signos”.

La Gran Tribulación, de que dijo Cristo “será la mayor que ha habido ni habrá desde el diluvio acá” —lo cual no es poco decir— y Daniel más aún “la mayor desde que existen pueblos”, no vendrá de golpe y porrazo, por supuesto: es un hecho histórico, no metahistórico como la Parusía; sometido a las leyes de la Historia.

Será precedida por el decaimiento general de la religión y por persecuciones locales, no menos que por la Gran Guerra y la paz impuesta por el Anticristo.

***

Segundo Heraldo

XIV: 8

8 Siguióle un segundo Ángel que decía: “Ha caído, ha caído Babilonia, la grande, la cual abrevó a todas las naciones con el vino de su enardecida fornicación”.

Aparece un prefacio de los acontecimientos que están a punto de ocurrir. Este es un anuncio preliminar y preparatorio del juicio descrito en los capítulos 17 y 18.

Para Monseñor Straubinger, Babilonia: nombre simbólico de Roma, como se ve en los caps. 17-18 y en I Pedr. 5, 13. El nombre de Babilonia simboliza el reino anticristiano, así como el de Sión o Jerusalén el reino de Dios. Cf. 17, 18; 18, 2; Is. 21, 9; Jer. 50, 2; 51, 8.

Babilonia, la grande, es aquí, pues —bajo la imagen de la ciudad de los caldeos, junto al Éufrates—, la ciudad del mal, la que sostenía la fornicación, la provocadora de todos los errores, la contra-Iglesia.

En el Antiguo Testamento, Babilonia era contemplada como una ciudad, un reino y un sistema mundial de corrupción e idolatría. En aquella ciudad se desarrolló un sistema político, económico y religioso totalmente contrario a Dios.

El babilonianismo representa un vasto sistema que esclaviza a los cristianos. Está caracterizado por el orgullo mundano, la idolatría y el adulterio espiritual.

Hay, pues, una contra-Iglesia universal. Y ella caerá antes del fin. Su caída liberará la Iglesia, como la caída de la antigua Babilonia liberó a los hebreos.

Más adelante, la misma verdad será afirmada: la Iglesia no entrará en su eternidad sino después de haber visto derribado por tierra el mal, históricamente castigado y reducido a nada.

Ha caído, ha caído… El aorista profético del griego es usado porque el hecho es tan seguro que este aviso preliminar se presenta como un asunto ya realizado. La certeza de la ruina de Babilonia se ve por la repetición.

Génesis 41, 32: Y el que se haya repetido el sueño de Faraón dos veces, es porque la cosa es firme de parte de Dios, y Dios se apresura a realizarla.

En los capítulos 17 y 18 se describe de manera trágica la ruina de Babilonia, anunciada en pasajes anteriores:

14, 8, versículo que comentamos.

16, 17-19: El séptimo derramó su copa en el aire; entonces salió del Santuario, desde el trono, una fuerte voz que decía: Hecho está. Se produjeron relámpagos, fragor, truenos y un violento terremoto, como no lo hubo desde que existen hombres sobre la tierra. La Gran Ciudad se abrió en tres partes, y las ciudades de las naciones se desplomaron; y Dios se acordó de la Gran Babilonia para darle la copa del vino del furor de su cólera.

17, 1-2: Entonces vino uno de los siete Ángeles que llevaban las siete copas y me habló: Ven, que te voy a mostrar el juicio de la célebre Ramera, que se sienta sobre grandes aguas, con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución.

18, 1-3: Después de esto vi bajar del cielo a otro Ángel, que tenía gran poder, y la tierra quedó iluminada con su resplandor. Gritó con potente voz diciendo: ¡Ha caído, ha caído Babilonia la grande! Se ha convertido en morada de demonios, en guarida de toda clase de espíritus inmundos, en guarida de toda clase de aves inmundas y detestables. Porque del vino de su furiosa prostitución han bebido todas las naciones, y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con su lujo desenfrenado.

La destrucción de Babilonia es celebrada en el cielo, donde el juicio se considera como ya consumado.

La intensidad de las palabras en la repetición ha caído, ha caído no es un mero hebraísmo, sino habla de un doble juicio. Babilonia va a ser destruida no sólo como sistema, sino también como ciudad.

Desde el punto de vista del cielo, Babilonia ya ha caído, aunque su destrucción real no ha ocurrido todavía.

Según Fillion, el empleo del tiempo pasado y la repetición del verbo destacan la certeza y la proximidad relativa del hecho predicho.

La cual abrevó a todas las naciones. La misma metáfora es utilizada en y Jeremías 51, 7.

Dos imágenes son reunidas en esta fórmula:

1ª) Babilonia ha hecho beber a los pueblos de su copa hedionda (cfr. 17, 2;

2ª) con ellos deberá vaciar la copa de la cólera divina (cfr. 14, 10 y 16, 19).

Se trata, pues, de un verbo causativo.

Los negociantes del mundo no fueron forzados contra su voluntad; sino que se entregaron, como inducidos pero voluntariamente, a los tratos comprometedores de los negocios deshonestos e inescrupulosos.

Con el vino de su enardecida fornicación. Indica la aguda presión mundial a conformarse a las exigencias del reino del Anticristo (cfr. 13:17: no se podrá comprar ni vender).

Las naciones se dejarán engañar por la atracción sensual y feroz del sistema babilónico. Pero el trago de su vino obligará a las naciones a consumir otra bebida no tan atrayente, el contenido de la copa de la ira de Dios del versículo 10.

La razón por la cual cae Babilonia se expresa en estas palabras: Porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.

El vino de la ira de Dios es la consecuencia de esta fornicación de Babilonia. Debido a que ella ha embriagado a las naciones con el vino de su fornicación, ella misma será embriagada con el vino de la ira de Dios.

Comentario del Padre Castellani:

Babilonia es la gran ciudad capitalista. No sabemos cuál, si Roma, Londres, New York o Tokyo; o bien todas las grandes urbes de Europa.

Ella sustenta la falsa religión universal, que es el vino de su fornicación.

Su ruina futura es predicha aquí como ya pasada; y más adelante será minuciosamente descrita.

Por supuesto que el typo de esta profecía es la Roma pagana, como veremos más adelante, a la cual también San Pedro en su 1ª Epístola llama Babilonia.

***

Tercer Heraldo

XIV: 9-13

Después de la ruina de la ciudad del mal, que habrá dispersado a los pecadores y los habrá hecho más aptos para la conversión, otro Heraldo anunciará el infierno y el cielo.

El Infierno

9 Y un tercer Ángel los siguió, diciendo a gran voz: “Si alguno adora a la bestia y a su estatua, y recibe su marca en la frente o en la mano,
10
él también beberá del vino del furor de Dios, vino puro, mezclado en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre, en la presencia de los santos Ángeles y ante el Cordero.
11
Y el humo de su suplicio sube por los siglos de los siglos; no tienen descanso día ni noche los que adoran a la bestia y a su estatua, y cuantos aceptan la marca de su nombre”.

Como el primer Ángel, este clama con una gran voz, a causa de la importancia de su mensaje, dirigido contra los adoradores de la Bestia.

El primer Ángel evangelizará lo que la gente debe hacer; el tercer Ángel dirá lo que la gente no debe hacer: presentará una contra proclamación a la de la bestia religiosa, el Falso Profeta, en 13, 15: le fue concedido hiciese quitar la vida a cuantos no adorasen la estatua de la bestia.

El culto de la bestia combate el culto de Dios.

Del mismo modo, la desgracia castigará el culto de la Bestia, así como la bienaventuranza recompensará el culto de Dios.

En estos versículos se anuncia la terrible condenación para los adoradores de la bestia. Un juicio en proporción con las maldades y la horrenda iniquidad que se ha practicado abiertamente; un juicio inigualable en su severidad está a punto de derramarse.

No sólo el sistema del Anticristo será destruido, sino también todos los que estén inmiscuidos en su sistema.

Cualquiera que haya tomado la marca del Anticristo, lo habrá hecho con el pleno entendimiento de que es un hecho de abierto desafío contra el verdadero Dios. No será hecho por ignorancia.

¿Cuál será el castigo? Está representado por la imagen de un cáliz lleno de la cólera pura de Dios, que será necesario beber siempre puesto que es inagotable. No será permitida ninguna circunstancia de alivio, por eso es pura. Nada de gracia o esperanza se mezclará con él.

Uno no puede beber una copa y no la otra, porque ambas están relacionadas; la consecuencia de beber la copa de Babilonia es la necesidad ineludible de recibir la de la ira del Señor.

Hay dos insistencias en el mensaje del Tercer Heraldo:

1ª) El pecado de especial de afiliación a las sociedades impías. Pecado por el cual se renuncia a su independencia y se sacrifica su libertad.

2ª) La duración del castigo, que es ininterrumpido, sin fin, eterno.

Para aquellos que insisten que “un Dios de amor” no castigaría a los pecadores, estos versículos contienen la descripción más gráfica de la Sagrada Escritura en cuanto al carácter del infierno.

El fuego y el azufre son símbolos de una inefable angustia, y este castigo eterno va a ser aplicado a los impenitentes.

El azufre es una sustancia terrible en su acción sobre la carne humana, en el tormento que produce al tener contacto con el cuerpo. Cuando se combina con el fuego, es una agonía, una angustia indescriptible. Y ese es su propósito, porque esa será la ejecución de la venganza divina ilimitada.

En la presencia de los santos Ángeles y ante el Cordero. Los réprobos, en el lago de fuego verán lo que pasa en la presencia de los santos. Aun durante la tribulación, los réprobos saben que algo está pasando en el cielo.

Lucas 13, 28: Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.

Apocalipsis 6, 16: Y decían a las montañas y a los peñascos: “Caed sobre nosotros y ocultadnos de la faz de Aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero”.

Sumándose al horror sentido por los inicuos está, además, el hecho de saber que los Santos Ángeles y el Cordero los están observando. Esto intensificará lo repugnante que resultará la maldición. Sólo la presencia de estos testigos santos indica la terrible y santa aprobación de la sentencia divina.

Los Santos Ángeles, una vez testigos de los espantosos actos de maldad de la bestia y de sus seguidores, ahora presenciarán la venganza de Dios.

Cada una de las personas atormentadas estará consciente de que los Santos Ángeles están observando su angustia.

También los observará el Cordero, a quien ellos una vez menospreciaron y cuya Sangre rechazaron, perversa y maliciosamente.

La asociación de los Santos Ángeles con el Cordero indica que operan conjuntamente en la ejecución de la venganza del Dios santo.

Comentario del Padre Castellani:

El vino de la cólera divina responde, o mejor dicho, se identifica con el vino de la fornicación o idolatría, el cual se agria y envenena en castigos. Los de las Siete Redomas no son hechos por Dios, sino por la maldad de los hombres; pues “el que aprisiona será aprisionado; y el que a hierro mata, conviene a hierro sea muerto”.

San Juan proclama aquí por medio del Ángel los dogmas novísimos o finales del Infierno y la gloria por siempre, lo mismo aquí que en su Evangelio “de amor” como le llaman. De amor, pero no sensiblería. Son cosas angélicas, cuasi increadas.

Dinanzi a me non fur cose create…

Giustizia mosse el mio alto Fattore

Fecemi la Divina Podestate

La Somma Sapienza e ‘l Primo Amore

[Per me si va ne la città dolente,

per me si va ne l’etterno dolore,

per me si va tra la perduta gente.

Giustizia mosse il mio alto fattore;

fecemi la divina podestate,

la somma sapïenza e ‘l primo amore.

Dinanzi a me non fuor cose create

se non etterne, e io etterno duro.

Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate.

Por mí se va a la ciudad doliente,

por mí se va al eterno dolor,

por mí se va tras la perdida gente.

Justicia movió a mi alto hacedor;

por potestad divina fabricada

fui, por suma sapiencia y primo amor.

Antes de mí no fue cosa creada

sino la eternidad, y eterna duro.

Dejad toda esperanza aquí en la entrada.]

Más amor es anunciar a los hombres un hecho insuprimible para que se libren dél, que no tratar de disimularlo o tergiversarlo, como hace la moderna sensiblería.

Cristo catorce veces anunció a los hombres que existe el “daño” eterno; o sea la pérdida voluntaria del Último Fin; y, lo mismo que Juan, no halló sobre la tierra otra cosa mejor a qué compararla que el fuego.

Serán “metáforas crueles”, como dice el sensiblero Renán; pero el hecho cierto que designan, y del que tratan de precavernos, es más cruel.

El Cielo

12 En esto está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

13 Y oí una voz del cielo que decía: “Escribe: ¡Bienaventurados los muertos que mueren desde ahora en el Señor! Sí, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos, pues sus trabajos siguen con ellos”.

El Heraldo comienza por destacar que los pecados de los malos constituyen el heroísmo de los justos.

Los creyentes de la última etapa de la tribulación van a necesitar más que nunca la virtud de paciencia para poder resistir sin abandonar la lucha espiritual contra la presión del Anticristo.

La misma expresión aparece en 12, 17 (Entonces enfurecido el dragón contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto del linaje de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.) y 13, 10 (En esto está la paciencia y la fe de los santos).

El Cielo hace ver que la recompensa será sin demora, pero después de la muerte.

Finalmente, el Espíritu Santo concluye asegurando que el Paraíso es el salario exigido por las obras de los justos.

Observemos las dos condiciones de salvación impuestas a los hombres: la práctica de los mandamientos y la fe en Jesús.

… la fe de Jesús. La frase es un genitivo objetivo = custodiunt fidem Iesu = la fe en cuanto a Jesús.

El genitivo es, en primer lugar, el caso del complemento del nombre; expresa simplemente que un nombre determina a otro. Si el genitivo representa el objeto de la acción verbal, recibe el nombre de genitivo objetivo.

También destaquemos los dos caracteres de la recompensa: ella es inmediata y, por la misericordia de Dios, un salario debido.

El aparente ilimitado dominio del Anticristo sobre los santos sobrevivientes será muy desalentador para éstos. Pero esta bienaventuranza les asegura que su muerte física los va a conducir al descanso y a la recompensa.

En contraste con los rebeldes que se han buscado su propia condenación tenemos a los pacientes escogidos de Dios, quienes claman ser librados del adversario.

La doble marca del remanente fiel en un período de inigualable tribulación es el guardar los mandamientos de Dios y mantenerse en la fe de Jesús. Ahora su fe y su paciencia son recompensadas abundantemente.

¡Qué agradable alivio el que trae esta bienaventuranza! Viene como una tregua en medio de tanto juicio y tormento.

San Juan fue interrumpido por la orden de escribir. La bienaventuranza de los fieles debía ser registrada y conservada para siempre. Lo que el apóstol dejó escrito, debe ser atesorado en el corazón.

La orden de escribir se repite doce veces en el Apocalipsis para indicar que todas las cosas a las cuales este libro se refiere son asuntos de gran importancia.

Aunque el mensaje que San Juan escuchó tiene aplicación para todos los santos, tiene una relación muy especial con aquellos que han de ser martirizados por su fe.

En esta bienaventuranza se tiene en consideración una clase especial de Santos Mártires en un período particular de la historia humana.

Desde ahora es una expresión que indica un fin inminente, y que se está a punto de entrar a la bienaventuranza expresa.

Fillion destaca que el adverbio amodo debe ser aplicado a moriuntur, y no a dicit:

Texto de la Vulgata: “Scribe: Beati mortui, qui in Domino moriuntur. Amodo jam dicit Spiritus ut requiescant a laboribus suis; opera enim illorum sequuntur illos”.

Debe ser: “Scribe: Beati mortui, qui in Domino moriuntur amodo. Etiam dicit Spiritus, ut requiescant a laboribus suis; opera enim illorum sequuntur illos”.

Es decir: “Escribe: ¡Bienaventurados los muertos que mueren
desde ahora en el Señor! Sí, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos, pues sus trabajos siguen con ellos”.

Igualmente, conforme al griego, en lugar de jam (ya) debe ir . El Espíritu Santo corrobora, por su divina afirmación, la verdad de la palabra proferida en la primera mitad del versículo: Sí, esos muertos son bienaventurados.

El tema central es el martirio bajo la bestia. Todos los que mueran en el Señor, es que estaban dispuestos a morir por el Señor.

Pero después de todas estas torturas que sólo la bestia es capaz de infringir a aquellos que no le quieran rendir adoración, vendrá el descanso. Llegará a través de la muerte.

Para los adoradores de la bestia no habrá descanso de día ni de noche; en cambio, para los que sean fieles hasta la muerte, habrá vida y descanso eterno.

El lugar de descanso no será un lugar de pereza, sino que ofrecerá la forma más sublime de servicio espiritual.

Comentario del Padre Castellani:

Sigue la promesa de la Gloria para los que la elijan; en forma sobria, pues en los últimos capítulos se extenderá sobre ella el Profeta.

Estas promesas de consuelo reza la Iglesia en el Oficio de los Fieles Difuntos. Nuestras obras, buenas o malas, van con nosotros, pues ningún acto nuestro pasa, antes permanece en nuestra alma indeleblemente modelándola.

Y ese moldeo del alma cesa al separarse ella del cuerpo, fijándose en una decisión irrevocable de la voluntad; pues sólo su unión con la materia la hace mudable y versátil en esta vida.

De suyo un solo acto de elección acerca del Último Fin fijaría la voluntad para siempre —como pasa en el Ángel— si durante la vida no viésemos nuestro último fin sino como entre brumas.

Un profundo análisis psicológico de Santo Tomás, bien conocido, confirma con la razón esta verdad revelada.

Hacia donde cae el árbol, allí para siempre queda.

Los que dicen fútilmente: “un solo acto momentáneo no puede merecer un castigo eterno” pasan por alto que lo momentáneo nuestro está conectado con lo eterno; el “Instante” del hombre se hace de una sustancia que no es perecedera, como largamente especuló Soeren Kirkegor.

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SÉPTIMO SIGNO O CUADRO

XIV: 14-20

El demonio lanzó sus dos bestias, y la Mujer respondió por sus tres falanges de Heraldos. Se terminó el combate entre el Dragón y la Mujer.

Ahora Jesucristo procede a la siega de los impíos y a la vendimia de los réprobos. Otros tres Ángeles intervienen (vv. 15, 17 y 18).

La siega de los impíos

14 Y miré, y había una nube blanca, y sobre la nube uno sentado, semejante a hijo de hombre, que tenía en su cabeza una corona de oro y en su mano una hoz afilada.

15 Y salió del templo otro Ángel, gritando con poderosa voz al que estaba sentado en la nube: “Echa tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar; pues la mies de la tierra está completamente seca”.

16 Entonces el que estaba sentado sobre la nube lanzó su hoz sobre la tierra y la tierra fue segada.

La nube blanca puede significar muy bien a Nuestra Señora (tal como la vio el Profeta Elías desde el Monte Carmelo), la cual es la Sede de la Sabiduría Eterna, que debe anticipar a Nuestro Señor en su Segunda Venida, como lo hizo en la Primera.

El juicio divino está presto. La siega y la vendimia son figuras familiares empleadas para expresar las últimas intervenciones de Dios. La primera representa el juicio por discriminación; la segunda se refiere a la ira indiscriminada.

No cabe duda que el segador celestial es Jesucristo, designado aquí como Hijo del Hombre. Con este título es como Cristo trata el estado de cosas que hay sobre la tierra y juzga a los inicuos.

La aguda hoz que está en la mano de Nuestro Señor es un símbolo de sus derechos sobre la siega.

Lo afilado de la hoz indica que la acción de la siega será hecha de prisa y será completa.

La hora de segar ha llegado. Dios Padre ha establecido cuándo el Mesías ha de volver al mundo y juzgar.

Otro Ángel, distinto de los que ya han sido mencionados, sale del templo y llama a acción inmediata al segador.

Este Ángel no le da una orden al Hijo del Hombre, sino que es solamente un mensajero que anuncia al Hijo la voluntad del Padre Dios, en cuyas manos están los tiempos y las sazones.

Cristo Rey no responde a la autoridad angelical para meter su hoz, sino que recibe notificación divina a través del Ángel de que el tiempo adecuado para hacerlo ha llegado.

Cristo había estado esperando este mensaje, y ahora lo escucha.

La hora de segar ha llegado. Es una terrible declaración que nos hace retroceder a los profetas del Antiguo Testamento, quienes nos describen el tiempo de la siega de los obreros de iniquidad, ya maduros al final del período del dominio gentil.

Joel 4, 13 dice: Echad la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descended, porque el lagar está lleno, rebosan las cubas; porque mucha es la maldad de ellos.

Esto sólo puede indicarnos que la mies madura no
son los santos salvos, maduros para la gloria, sino los impíos, quienes están ya listos para el juicio.

Y la tierra fue segada. Cinco palabras son suficientes para describir el terrible fin de todo aquello en lo cual se ha gloriado el hombre.

¡Qué siega! Esta es la temible segunda venida del Rey de reyes en el gran día de su ira.

El Hijo del Hombre usa a los Ángeles como segadores directos (Maleo 13:39), y ellos actúan con rapidez y presteza en su tarea de segar. Un proceso de separación tiene lugar: se observa la discriminación entre el trigo y la cizaña y entre los peces buenos y los malos.

No se habla de una ejecución de castigos en esta siega, porque eso se llevará a cabo durante la vendimia. En esta siega se verificará un proceso de juicio discriminativo, previo al establecimiento del Reino.

Las Copas serán derramadas muy rápidamente. Aunque los verbos figuran en aorista, indicando un acontecimiento considerado como realizado, su cumplimiento es aún futuro. Por eso, se llama un aorista profético, porque la certeza de lo que sucederá es presentada como si ya hubiese tenido lugar.

Comentario de Monseñor Straubinger:

Una nube blanca: véase 1, 7 y nota. Este Hijo de hombre (sin artículo) parece que no puede ser sino el Mesías (cfr. 1, 13), como lo sostienen los más.

Su corona atestigua que viene triunfante, como un día lo anticipara (Mat. 16, 27s.; 17, 1 ss.; Marc. 9, 1 ss, y nota).

La intervención de Ángeles que aquí vemos coincide con lo que Él anunció (Mat. 24, 30 s.) y no implica necesariamente que este gran Personaje sea uno de ellos según suponen algunos, pues no le vemos descender personalmente como en 19, 11 ss., sino que Él los envía (Mat. 13, 39 y
41) y actúa desde la nube donde “todo ojo lo verá” (1, 7).

Buzy opina que esta siega (vv. 15-16) es la de los elegidos (cf. Mat. 9, 37; Marc. 4, 29; Juan 4, 35 ss.), en tanto que la vendimia (vv 18-20) es la de los malos. Debe observarse, sin embargo que no se habla aquí de mies madura, sino seca. Además, hay otras cosechas que son castigos (Is. 18, 4 s.; Jer. 51, 33) y aun en Mat. 13, 39 vemos que la siega abarcará cizaña junto con trigo.

Comentario del Padre Castellani:

El Juicio Final también lo figuró Cristo en una siega en la Parábola del Trigo y la Cizaña. Aquí se convierte en una Siega, y una Vendimia, que después es pisada.

El “como un hijo del hombre” no es Cristo sino un Ángel (“y mandará sus ángeles, y harán la siega, y apartarán en haces la cizaña...”).

Esta vendimia comprende buenos y malos, tanto uvas como agraces.

Tanto esta imagen, como la que vendrá después en el Capítulo XX, del Tribunal y los Libros, son por supuesto metáforas.

La vendimia de los réprobos

17 Y salió otro Ángel del santuario celestial teniendo también una hoz afilada.

18 Y del altar salió otro Ángel, el que tiene poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz afilada: “Echa tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque sus uvas están maduras”.

19 Y arrojó el Ángel su hoz sobre la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó todo en el lagar grande de la ira de Dios.

20 El lagar fue pisado fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre que llegó hasta los frenos de los caballos, por espacio de mil seiscientos estadios.

Hay dos Ángeles en la visión de la viña de la tierra y su juicio.

En 14, 17 tenemos al Ángel del templo con su hoz aguda. En relación con la descripción que se da sobre el Hijo del Hombre en 14:14, este “ángel de venganza” significa la asociación de los Ángeles con Cristo en su obra judicial.

El Ángel que sale del altar está indicado en 14, 18. Si este altar está representando aquí el altar del incienso (8, 3-5; 9, 13), entonces tiene un profundo significado.

Fue sobre este altar donde se ofreció el incienso acompañado de las oraciones de los Santos, lo cual trajo los terribles juicios de Dios sobre sus enemigos. El clamor de las almas de los que habían sido martirizados y que estaban debajo del altar va a ser contestado completamente ahora.

El Falso Profeta hizo grandes maravillas e hizo caer fuego del cielo, pero ahora el Ángel del altar, que tiene poder sobre el fuego, sale y se dirige hacia los inicuos de la tierra. La cizaña será lanzada ahora al horno de fuego.

El sujeto del juicio es la viña de la tierra, porque sus uvas no fueron lo que el Creador esperaba.

Las uvas de la apostasía mundial son uvas silvestres. Al gran lagar de la ira de Dios deberán ser lanzados los apóstatas judíos y también los apóstatas gentiles.

Este es el día de la venganza de nuestro Dios y no habrá esperanza de misericordia.

Cristo, la verdadera viña, trata directamente con las uvas de iniquidad producidas tras siglos de cultivo y cuidado. Dichas uvas están completamente maduras para ser quemadas. La expresión las uvas están maduras, tal como se usa en 14, 18, significa han llegado a su colmo.

Sin lugar a dudas, la tierra está llegando a su punto de maduración para la vendimia de Dios en su forma más fuerte. A medida que nosotros observemos que ese día se acerca, se nos hace más imperativo que persuadamos a los pecadores para que huyan de la ira que vendrá. Hoy todavía estamos en el día de la gracia, y cada día que ésta se extienda debemos usarlo para rogarles a los incrédulos que nos rodean que se reconcilien con Dios.

Vendimia. Si la cosecha o siega es figura general del juicio, la figura de la vendimia acentúa la violencia no mitigada de aquella cosecha.

El cuadro de los castigos de los réprobos contiene varias verdades:

1ª) De la misma manera que en la parábola del trigo y la cizaña, no es Jesucristo el que recoge a los réprobos, sino que son los Ángeles. Jesucristo reserva su participación en la santificación de los elegidos.

2ª) El Ángel encargado del fuego del altar de los perfumes o del incienso, es decir de los actos humanos, comprueba el rechazo definitivo de la oración por parte de los pecadores, y advierte al Ángel encargado de la ejecución.

3ª) El lagar está fuera de la ciudad, en represalia del crimen del Calvario, que fue perpetuado fuera de Jerusalén: Jesús repudia a los réprobos, como Él fue repudiado por los judíos.

4ª) La sangre que desborda el lagar señala la violencia de la cólera divina e insinúa el gran número de réprobos.

Hasta los frenos de los caballos. Como a un metro y medio de profundidad.

Un estadio equivale a 185 metros; por lo cual este lago de sangre humana se extiende a casi trescientos kilómetros.

Hay algo terriblemente repulsivo en la descripción que nos da San Juan acerca de los ríos de sangre humana.

La frase del lagar salió sangre es un lenguaje simbólico que describe la terrible matanza de los inicuos cuando el Señor los aplaste en su furia. Cuando Dios manifieste su poder, aplastará vastas multitudes, reduciéndolas a una pulpa sangrante.

La Bestia y el Falso Profeta, juntamente con todos sus engañados seguidores y adoradores, serán exterminados para siempre.

Comentario de Monseñor Straubinger:

La vendimia es figura sangrienta (v. 20), tanto para Israel (Lam. 1, 15) cuanto para las naciones (19, 15; Is. 63, 2 s.; Joel 3, 12 s.).

18. Del altar; es decir, siempre como eco de la oración de aquellos que pedían venganza en 6, 9 ss.

19. La viña de la tierra: Algunos, considerando que en la Biblia la viña es Israel (Jer. 2, 21; Ez 15 y 17; Os. 10, etc.) y que por la tierra suele entenderse la Palestina o Tierra
Santa, suponen que este juicio desde la nube, previo al de 19, 11 ss., y
que ocurre fuera de la ciudad de Jerusalén, sería sobre Israel o quizá sobre Judá como prueba definitiva antes de su reconciliación (cf. Mal. 3, 2 s y nota). Esta idea aclararía tal vez no pocas vacilaciones y desacuerdos de los expositores.

Sin perjuicio de esto debe recordarse que de ese mismo lugar (el Valle de Josafat, que significa Yahvé juzga) se habla también para el juicio de las naciones (Joel 3, 2).

20. El lagar pisado es en la Biblia imagen de la venganza divina (v, 15 ss.).

Crampón observa que tanto este septenario de las siete señales (12, 1 y 3, 13, 13 y 14; 15, 1; 16, 14; 19, 20), como el de los siete sellos y el de las siete trompetas, nos conducen igualmente a la consumación del siglo, por lo cual deduce que hay entre todos un “paralelismo real”, aunque cada uno nos revela distintos aspectos del plan de Dios.

También son siete, dice Pirot, las menciones de la caída de Babilonia (v. 8; 16, 17-21; 17, 16; 18, 1-3; 4-8; 9-20; 21-24).

Comentario del Padre Castellani:

La figura de la vendimia se mezcla con imágenes bélicas: sangre, caballos, ciudad defendida, ancho campo de batalla.

Todas las imágenes de matanzas que se hallan al final deste libro se refieren a una misma cosa: la Guerra de los Continentes.

Aunque los Ángeles figuran como agentes dellas, en realidad son hecatombes que hacen los hombres: los Ángeles representan simplemente el orden moral y providencial del mundo, que vindica infaliblemente sus rupturas.

El Ángel que tiene el poder sobre el fuego —es
decir, el éther, el fuego esencial— puede ser desde ya una alusión a la energía nuclear; la cual más adelante se explicita.

La sustancia deste mundo es de orden moral, dice Santo Tomás.

El pecado engendra desorden, y el desorden engendra dolores.