ESPECIALES DE RADIO CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI – SEPTIEMBRE DE 2012 – ACTUALIDAD – FSSPX/ROMA: MONS. LEFEBRE NO QUERÍA, PERO FIRMÓ – MONS. FELLAY QUIERE, PERO, TODAVÍA, NO PUDO FIRMAR…

ESPECIALES DE SEPTIEMBRE 2012

ACTUALIDAD

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PRIMERA PARTE

Monseñor Marcel Lefebvre no quería firmar, pero firmó

Monseñor Bernard Fellay quiere firmar, pero todavía no firmó

1°) Monseñor Marcel Lefebvre no quería firmar, pero firmó

Reseña histórica hasta el Protocolo de Acuerdo del 5 de mayo de 1988

Monseñor Lefebvre envejecía y se sentía enfermo. Se decide a consagrar Obispos.

Pide un signo al Cielo. Recibe dos: Asís 1986 y respuesta a las Dubia, en febrero de 1987.

Sermón del 29 de junio de 1987 = anuncia las consagraciones episcopales; previstas para Cristo Rey.

Roma reacciona y Ratzinger interviene.

Carta de Monseñor Lefebvre a Monseñor de Castro Mayer y respuesta.

Visita canónica a la Obra de la Tradición.

Verdadero estado de ánimo de Monseñor Lefebvre durante las tratativas = no piensa en firmar nada.

Atmósfera de secreto durante ellas. Igual que ahora.

Carta al Padre Aulagnier en enero de 1988 = es el año de las consagraciones.

Envía un teólogo y un canonista a Roma.

Todo termina con la firma de un Protocolo de Acuerdo inaceptable, a pesar de la voluntad de Monseñor de interrumpir las conversaciones.

Los asistentes menos clarividentes insisten, y firma.

El Protocolo es publicado recortado por la FSSPX.

Precaria marcha atrás.

Consagraciones Episcopales del 30 de junio de 1988.

***

2°) Monseñor Bernard Fellay quiere firmar, pero todavía no firmó

Todo prueba que, desde el año 2000, quiere arreglar la situación con Roma.


El 13 de junio de 2012 fue a Roma a firmar.

***

3°) Santo Tomás de Aquino – Suma Teológica – Prima Secundæ

Cuestión 20: BONDAD Y MALICIA DE LOS ACTOS HUMANOS EXTERIORES

ARTÍCULO 1

La bondad o la malicia, ¿está antes en el acto de la voluntad o en el acto exterior?

Objeciones por las que parece que el bien y el mal están antes en el acto exterior que en el acto de la voluntad.

1. La voluntad recibe su bondad del objeto, como ya se dijo (q.19 a.1.2). Pero el acto exterior es el objeto del acto interior de la voluntad, pues se dice que queremos el robo o que queremos dar limosna. Luego el bien y el mal están primero en el acto exterior que en el acto de la voluntad.

2. Además, el bien conviene antes con el fin, porque las cosas que son para el fin reciben la razón de bien del orden al fin. Pero el acto de la voluntad no puede ser fin, como ya se dijo (q.1 a.1 ad 2); mientras que el acto de cualquier otra potencia sí puede ser fin. Luego el bien está primero en el acto de cualquier otra potencia que en el acto de la voluntad.

3. Además, el acto de la voluntad se comporta formalmente con el acto exterior, como ya se dijo (q.18 a.6). Pero lo formal es posterior, pues la forma sobreviene a la materia. Luego el bien y el mal están en el acto exterior primero que en el de la voluntad.

Contra esto: está lo que dice Agustín en el libro Retractationes. , que la voluntad es la que peca y la que vive rectamente. Luego el bien y el mal morales residen primero en la voluntad.

Respondo: Algunos actos exteriores pueden llamarse buenos o malos de dos modos. Uno, según su género y según las circunstancias que se advierten en ellos; por ejemplo, se dice que es bueno dar limosna si se observan las debidas circunstancias. Del otro modo, se dice que algo es bueno o malo por su orden al fin; por ejemplo, se dice que es malo dar limosna por vanagloria. Ahora bien, como el fin es el objeto propio de la voluntad, es claro que la razón de bien o de mal, que recibe el acto exterior de su orden al fin, se encuentra antes en el acto de la voluntad y que de él deriva al acto exterior. Pero la bondad o malicia que tiene el acto exterior de por sí, por la debida materia y por las debidas circunstancias, no deriva de la voluntad, sino más bien de la razón. Por eso, si se considera la bondad del acto exterior en cuanto que está en la ordenación y en la aprehensión de la razón, es anterior a la bondad del acto de la voluntad; pero si se considera en cuanto que está en la ejecución de la obra, sigue a la bondad de la voluntad, que es su principio.

A las objeciones:

1. El acto exterior es objeto de la voluntad en cuanto que la razón se lo presenta a ella como un bien aprehendido y ordenado por la razón, y así es anterior al bien del acto de la voluntad. Pero en cuanto consiste en la ejecución de la obra, es efecto de la voluntad y sigue a la voluntad.

2. El fin es anterior en la intención, pero posterior en la ejecución.

3. La forma, en cuanto que se recibe en la materia, es posterior a la materia en la vía de generación, aunque sea anterior por naturaleza; pero en cuanto que está en la causa agente, es de todos los modos anterior. Ahora bien, la voluntad se relaciona con el acto exterior como causa eficiente. Por eso la bondad del acto de la voluntad es la forma del acto exterior que está en la causa agente.

ARTÍCULO 2

Toda la bondad o malicia del acto exterior, ¿depende de la bondad de la voluntad?

Objeciones por las que parece que toda la bondad y la malicia del acto exterior dependen de la voluntad.

1. Se dice en Mt 7,18: Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo dar frutos buenos. Pero por árbol se entiende la voluntad y por fruto, la obra, según la Glossa . Luego no puede ocurrir que la voluntad interior sea buena y el acto exterior malo, o a la inversa.

2. Además, dice Agustín en el libro Retract. que sólo se peca con la voluntad. Luego, si no hay pecado en la voluntad, no lo habrá en el acto exterior. Y así toda la bondad y malicia del acto exterior depende de la voluntad.

3. Además, el bien y el mal de que hablamos ahora, son diferencias del acto moral. Pero las diferencias dividen de por sí al género, según el Filósofo en VII Metaphys. Luego, como el acto es moral por ser voluntario, parece que el bien y el mal se reciben en el acto sólo de la voluntad.

Contra esto: está lo que dice Agustín en el libro Contra mendacium, que hay cosas que se pueden hacer bien casi sin un fin bueno o sin buena voluntad.

Respondo: Como ya se advirtió (a.1), en un acto exterior puede contemplarse una doble bondad o malicia: una según la debida materia y circunstancias, y otra según el orden al fin. Y la que surge del orden al fin depende toda ella de la voluntad. En cambio, la que proviene de la materia debida o de las circunstancias, depende de la razón, y de ésta depende la bondad de la voluntad, porque se dirige a ella.

Pero hay que tener en cuenta que, como ya se dijo (q.19 a.6 ad 1), para que una cosa sea mala, basta un defecto singular, mientras que para que algo sea bueno no basta un bien singular, sino que se requiere integridad de bondad. Por consiguiente, si la voluntad es buena tanto por su propio objeto como por el fin, se sigue que el acto exterior es bueno. Pero, para que el acto exterior sea bueno, no basta la bondad de la voluntad que viene de la intención del fin, sino que, si la voluntad es mala por la intención del fin o por el acto querido, se sigue que el acto exterior es malo.

A las objeciones:

1. La voluntad buena, significada por el árbol bueno, hay que entenderla como dotada de bondad tanto por parte del acto querido como del fin intentado.

2. Uno no peca con la voluntad sólo cuando quiere un mal fin, sino también cuando quiere un mal acto.

3. Lo voluntario no se atribuye sólo al acto interior de la voluntad, sino también a los actos exteriores, en cuanto que proceden de la voluntad y de la razón. Por consiguiente, acerca de unos y otros actos puede haber diferencia de bien y de mal.

ARTÍCULO 3

La bondad y la malicia del acto exterior, ¿es la misma que la del acto interior?

Objeciones por las que parece que la bondad o malicia del acto interior de la voluntad no es la misma que la del acto exterior.

1. El principio del acto interior es la fuerza interior aprehensiva o apetitiva del alma, mientras que el principio del acto exterior es la potencia que ejecuta el movimiento. Pero donde hay diversos principios de acción, hay diversos actos. Por otra parte, el acto es sujeto de bondad o de malicia, y un mismo accidente tampoco puede estar en diversos sujetos. Luego el acto interior y el exterior no pueden tener la misma bondad.

2. Además, virtud es lo que hace bueno a quien la tiene, y buena la obra que realiza, como se dice en II Ethic. Pero la virtud intelectual que está en la potencia imperante es distinta de la virtud moral que está en la potencia imperada, como se indica en I Ethic. Luego es distinta la bondad del acto interior, que es de la potencia imperante, y la del acto exterior, que es de la potencia imperada.

3. Además, la causa y el efecto no pueden ser una misma cosa, pues nada es causa de sí mismo. Pero la bondad del acto interior es causa de la bondad del acto exterior, o a la inversa, como se dijo (a. 1.2). Luego la bondad de ambos no puede ser la misma.

Contra esto: está lo que se demostró antes (q.18 a.6), que el acto de la voluntad se comporta como lo formal respecto al acto exterior. Pero lo formal y lo material hacen una sola cosa. Luego es una sola bondad la del acto interior y la del exterior.

Respondo: El acto interior de la voluntad y el acto exterior, considerados en el género moral, son un único acto, como se dijo (q.17 a.4). Pero sucede algunas veces que el acto que es uno en cuanto al sujeto, puede tener muchas razones de bondad o malicia y, otras veces, una sola. Por tanto, hay que decir que unas veces la bondad o la malicia del acto interior y la del exterior son la misma y, otras veces, distintas; pues, como ya se dijo (a. 1.2), estas dos bondades o malicias, la del acto interior y la del exterior, se ordenan entre sí. Pero, en las cosas que se ordenan una a otra, a veces una es buena únicamente porque se ordena a otra, como una bebida amarga es buena sólo porque es curativa. Por eso no es distinta la bondad de la curación de la de la bebida, sino la misma. Sin embargo, otras veces lo que se ordena a otra cosa tiene en sí alguna razón de bien, además del orden a otro bien, como el medicamento sabroso tiene razón de bien deleitable, además de ser curativo.

Por consiguiente, hay que decir que, cuando el acto exterior es bueno o malo sólo por orden al fin, entonces es del todo la misma bondad o malicia la del acto de la voluntad, que se orienta de por sí hacia el fin, y la del acto exterior, que mira al fin mediante el acto de la voluntad. Pero cuando el acto exterior tiene bondad o malicia de por sí, es decir, por la materia o las circunstancias, entonces la bondad del acto exterior es una y la bondad de la voluntad, que procede del fin, otra; de modo que, no obstante, la bondad del fin redunda de la voluntad al acto exterior, y la bondad de la materia y de las circunstancias redunda al acto de la voluntad, como ya se dijo (a. 1.2).

A las objeciones:

1. Ese argumento demuestra que el acto exterior y el interior son distintos según el género de la naturaleza. Sin embargo, de cosas distintas así se constituye una única en el género moral, como ya se dijo (q.17 a.4).

2. Como se señala en el VI Ethic. , las virtudes morales se ordenan a sus propios actos, que son como fines, pero la prudencia, que está en la razón, se ordena a lo que es para el fin. Por eso se requieren varias virtudes. Pero la razón recta no recibe del fin mismo de las virtudes otra bondad que la de la virtud, porque la bondad de la razón se participa en cada una de las virtudes.

3. Cuando algo deriva de una cosa a otra como de una causa agente unívoca, entonces es distinto lo que hay en una y en otra; por ejemplo, cuando lo caliente calienta, es numéricamente distinto el calor de lo que calienta y el calor de lo calentado, aunque sea el mismo específicamente. Pero cuando algo deriva de una cosa a otra por analogía o proporción, entonces es una sola cosa numéricamente; por ejemplo, de lo sano que hay en un cuerpo animal deriva lo sano a la medicina y a la orina, y no es distinta la salud de la medicina y de la orina de la salud del animal, que la medicina realiza y la orina indica. Y así deriva la bondad del acto exterior de la bondad de la voluntad, y al revés, por el orden del uno al otro.

ARTÍCULO 4

El acto exterior, ¿añade bondad o malicia al acto interior?

Objeciones por las que parece que el acto exterior no añade bondad o malicia al acto interior.

1. Dice Crisóstomo, en Super Matth. 9: La voluntad es la que es premiada por el bien o condenada por el mal. Pero las obras son testimonios de la voluntad. Luego Dios no busca las obras por sí mismo, para saber cómo juzgar, sino por los demás, para que todos entiendan que Él es justo. Pero el bien y el mal han de apreciarse más según el juicio de Dios que según el juicio de los hombres. Luego el acto exterior no añade bondad o malicia al acto interior.

2. Además, es una misma la bondad del acto interior y la del exterior, como se dijo (a.3). Pero el aumento se hace por adición de una cosa a otra. Luego el acto exterior no añade bondad o malicia al acto interior.

3. Además, toda la bondad de las criaturas no añade nada a la bondad divina, porque toda ella deriva de la bondad divina. Pero la bondad del acto exterior a veces deriva toda ella de la bondad del acto interior, otras veces al revés, como se dijo (a. 1.2). Luego ninguno de ellos añade bondad o malicia al otro.

Contra esto: todo agente busca conseguir el bien y evitar el mal. Luego, si con el acto exterior no se añadiera bondad o malicia, quien tiene buena o mala voluntad en vano realizaría una obra buena o dejaría una obra mala. Y esto es inconveniente.

Respondo: Si hablamos de la bondad del acto exterior que recibe de la voluntad del fin, entonces el acto exterior no añade nada de bondad, a no ser que la misma voluntad de suyo se haga mejor en cosas buenas y peor en malas. Y esto parece que puede ocurrir de tres modos. Uno, por el número; por ejemplo, cuando uno quiere hacer algo con buen o mal fin y en ese momento no lo hace, pero más tarde quiere y lo hace; se duplica el acto de la voluntad y, así, se hace un doble bien o un doble mal. Otro modo, por la extensión; por ejemplo, cuando uno quiere hacer algo con un fin bueno o malo y desiste por algún impedimento, y otro, en cambio, continúa el movimiento de la voluntad hasta llevarlo a cabo; es claro que esta segunda voluntad dura más tiempo en el bien o en el mal y, por ello, es mejor o peor. El tercer modo, por la intensidad, pues hay algunos actos exteriores que, porque son deleitables o penosos, por su propia naturaleza intensifican o atenúan la voluntad. Pero consta que la voluntad es tanto mejor o peor cuanto más intensamente tiende al bien o al mal.

Si, en cambio, hablamos de la bondad del acto exterior que tiene por la materia o por las circunstancias debidas, entonces se relaciona con la voluntad como término y como fin; y así aumenta la bondad o la malicia de la voluntad, porque toda inclinación o movimiento se perfecciona cuando consigue el fin o alcanza el término. Por eso una voluntad no es perfecta si no es tal que obre, dada la oportunidad. Pero si, habiendo una voluntad perfecta, que obraría si pudiera, falta la posibilidad, el defecto de la perfección que viene del acto exterior es completamente involuntario. Ahora bien, lo involuntario no disminuye el premio o la pena, si uno falla del todo involuntariamente al hacer el bien o el mal, igual que no merece pena ni premio por hacer el mal o el bien.

A las objeciones:

1. Crisóstomo habla de la voluntad del hombre que ha sido consumada y no cesa en su acto si no es a causa de la imposibilidad de realizarlo.

2. Ese argumento procede a partir de la bondad del acto exterior que recibe de la voluntad del fin. Pero la bondad del acto exterior que recibe de la materia y de las circunstancias es distinta de la bondad de la voluntad que procede del fin, pero no es distinta de la bondad de la voluntad que procede del acto mismo querido, sino que se relaciona con ella como su razón y su causa, según se dijo ya (a.1.2).

Y con esto queda respondida la objeción tercera.

ARTÍCULO 5

Un acontecimiento subsiguiente, ¿aumenta la bondad o la malicia del acto exterior?

Objeciones por las que parece que un acontecimiento subsiguiente aumenta la bondad o la malicia del acto.

1. El efecto preexiste virtualmente en la causa. Pero los acontecimientos siguen a los actos como los efectos a las causas. Luego preexisten virtualmente en los actos. Pero todo se juzga bueno o malo según la virtud, pues virtud es lo que hace bueno a quien la posee, como se dice en II Ethic. Luego los acontecimientos aumentan la bondad o malicia del acto.

2. Además, las cosas buenas que hacen los oyentes son efectos que se siguen de la predicación de un doctor. Pero estas cosas buenas redundan al mérito del predicador, como demuestra lo que se dice en Flp 4,1: Hermanos míos queridísimos y muy deseados, mi alegría y mi corona. Luego el acontecimiento subsiguiente aumenta la bondad o la malicia del acto.

3. Además, sólo aumenta la pena si crece la culpa; por eso se dice en Deut 25,2: Según el tamaño del pecado será la medida de la pena. Pero con el acontecimiento subsiguiente se aumenta la pena, pues se dice en Ex 21,3: Si el buey embestía desde hacía días, habían avisado al amo y no lo había encerrado, y mató a un hombre o a una mujer, el buey será lapidado y su dueño ejecutado. Pero no sería ejecutado si no hubiera matado a un hombre, aunque no hubiera encerrado el buey. Luego el acontecimiento subsiguiente aumenta la bondad o la malicia del acto.

4. Además, si uno interviene en una causa de muerte golpeando o dando sentencia, y no se sigue la muerte, no contrae irregularidad. Pero la contraería si se siguiera la muerte. Luego el acontecimiento subsiguiente incrementa la bondad o la malicia del acto.

Contra esto: un acontecimiento subsiguiente no hace malo al acto que era bueno, ni bueno al que era malo. Por ejemplo, si uno da limosna a un pobre y éste la emplea para pecar, nada se le imputa a quien dio la limosna y, de un modo semejante, si alguien soporta pacientemente una injuria que se le ha hecho, no por eso queda disculpado quien la hizo. Luego el acontecimiento subsiguiente no aumenta la bondad o malicia del acto.

Respondo: El acontecimiento subsiguiente es premeditado o no. Si es premeditado, es claro que añade bondad o malicia, pues cuando uno piensa que de su obra pueden seguirse muchos males, y no por eso desiste, su voluntad se muestra mucho más desordenada.

Pero si el acontecimiento subsiguiente no es premeditado, entonces hay que distinguir. Porque si se sigue de por sí o en la mayoría de los casos, ese acontecimiento aumenta la bondad o malicia del acto, pues es claro que es mejor por su género el acto del que pueden seguirse muchos bienes, y peor aquel del que derivan naturalmente muchos males. Pero si el acontecimiento subsiguiente es accidental y excepcional, entonces no incrementa la bondad o la malicia del acto, pues no se juzga una cosa por lo que es por accidente, sino por lo que es de por sí.

A las objeciones:

1. La virtud de una causa se aprecia en lo que es su efecto de por sí, no en lo que lo es por accidente.

2. Las cosas buenas que hacen los oyentes se siguen de la predicación del doctor de por sí. Por eso redundan al premio del predicador, sobre todo cuando se intentan previamente.

3. Ese acontecimiento por el que se manda aplicarle una pena, se sigue de por sí de esa causa y, además, se pone deliberadamente. Por eso se tiene en cuenta para la pena.

4. Ese argumento procedería si la irregularidad siguiera a la culpa. Pero no sigue a la culpa, sino al hecho, por algún defecto del sacramento.

ARTÍCULO 6

Un mismo acto exterior, ¿puede ser bueno y malo?

Objeciones por las que parece que un mismo acto puede ser bueno y malo.

1.
El movimiento continuo es uno solo, como se dice en el V Physic. Pero un solo movimiento continuo puede ser bueno y malo; por ejemplo, si uno que va sin interrupción a una iglesia, primero intenta la vanagloria y después, servir a Dios. Luego un mismo acto puede ser bueno y malo.

2. Además, según el Filósofo en el III Ethic. , la acción y la pasión son un único acto. Pero puede haber una pasión buena, como la de Cristo, y una acción mala, como la de los judíos. Luego un mismo acto puede ser bueno y malo.

3. Además, por ser el esclavo como un instrumento del dueño, la acción del esclavo es acción del dueño, como la acción de un instrumento es acción del artífice. Pero puede ocurrir que la acción del esclavo proceda de una voluntad buena del dueño, y sea así buena, y de una mala voluntad del esclavo, y sea así mala. Luego el mismo acto puede ser bueno y malo.

Contra esto: cosas contrarias no pueden estar en un mismo sujeto. Pero el bien y el mal son contrarios. Luego un acto no puede ser bueno y malo.

Respondo: Nada impide que algo sea una sola cosa porque está en un género, y que sea múltiple si se refiere a otro género. Por ejemplo: una superficie continua es una sola si se la considera en el género de la cantidad, pero es múltiple en la medida que se la refiere al género del color, si en parte es blanca y en parte, negra. De acuerdo con esto, nada impide que un acto sea uno solo, referido al género de la naturaleza, y que no sea uno solo referido al género moral, y también a la inversa, como se dijo (a.3 ad 1; q.18 a.7 ad 1); porque un andar continuo es un solo acto según el género de la naturaleza, pero puede suceder que sean muchos según el género moral, si cambia la voluntad del que anda, porque ella es el principio de los actos morales. Por consiguiente, si se toma un acto como está en el género moral, es imposible que sea bueno y malo con bondad y malicia moral; pero, si es uno con unidad de naturaleza y no con unidad moral, puede ser bueno y malo.

A las objeciones:

1. Ese movimiento continuo que procede de diversa intención, aunque sea uno con unidad de naturaleza, no lo es con unidad moral.

2. La acción y la pasión pertenecen al género moral en la medida que tienen razón de voluntario. Por tanto, en la medida que se las llama voluntarias a causa de voluntades diversas, son dos moralmente y puede estar en ellas por una parte el bien y por otra el mal.

3. El acto del esclavo, en cuanto procede de la voluntad del esclavo, no es acto del señor, sino sólo en cuanto que procede de su mandato. Por eso la mala voluntad del esclavo no lo hace malo.

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4°) ¿Por qué quiere Benedicto XVI el regreso de la Fraternidad San Pío X?

Benedicto XVI es ante todo un teólogo; su acción se determina en primer lugar por su teología. Por lo tanto debemos tener en cuenta su famosa “hermenéutica de la reforma” para comprender la persistencia de este modernista en reintegrar en su sistema a la Tradición.

El análisis de “la hermenéutica de la continuidad” es útil para entender en qué medida Benedicto XVI tiene necesidad de los tradicionalistas, y cuál es el lugar de la Tradición en el sistema de la Iglesia conciliar.

Benedicto XVI tiene, a veces, graves expresiones contra la famosa “hermenéutica de la ruptura”. ¿Qué le reprocha? ¿Qué alega?

a) Le reprocha haber hecho una reforma precipitada, que no es una realidad orgánica (“una adaptación realmente orgánica”), vital, sino una yuxtaposición demasiado rápida, artificial. En lugar de aplicar una evolución lenta, homogénea, fue una violenta ruptura con el pasado, fue una revolución.

Reconciliar la Iglesia y un mundo moderno no podía hacerse introduciendo en la Iglesia las ideas de este mundo moderno tal cual son. Esto implicaba un trabajo en profundidad, mediante el cual los principios permanentes del catolicismo tomasen un desarrollo nuevo, asimilando, después de ser decantadas y purificadas, las contribuciones válidas de este mundo moderno.

Podría hacerse una simple reforma de los abusos por un recuerdo de los cánones y un llamado a respetar las reglas. Pero una reforma más profunda sólo puede realizarse por una reinterpretación de la tradición de la Iglesia.

Por lo tanto, la gran pregunta es: ¿Cuál es el verdadero significado de Tradición?

Así como hay una adaptación mecánica que corre el riesgo de representar una “novedad” y provocar un desgarro, puede también haber una fidelidad mecánica. Puede haber reacciones que, respetando la estructura que pretenden preservar, no respeten la vida, no respondan a sus movimientos y requerimientos.

Es necesario conservar lo más posible la “materia”, el “cuerpo”, la “letra” de la Tradición, pero sin cambiar el significado, la “forma”.

En lugar de ver en la Tradición la enseñanza fiel de una verdad inmutable, ellos ven allí un cambio, la evolución perpetua. El alma de la reforma no es la verdad, sino el desarrollo.

El primer trabajo del reformador es ver primero cómo las instituciones, los ritos y las declaraciones del pasado, contienen en germen y esencialmente, la evolución y, por lo tanto, en última instancia, el pensamiento moderno. Ellos reprochan a ciertos modernistas haber descuidado este trabajo.

Dicen que la verdadera reforma debería ser el desarrollo natural de la Tradición, en cuanto ella es esencialmente evolutiva. Se trata, pues, de conservar en cuanto sea posible las instituciones (la materia) y de ver en ellas las semillas de la evolución.

“La hermenéutica de la reforma”, por lo tanto, tiene necesidad de la letra, del “cuerpo” de la Tradición.

Benedicto XVI necesita del rito tradicional de la Misa, de la moral tradicional, pero con la condición de que sean considerados como esencialmente evolutivos.

b) Los modernistas de principios del siglo XX han cometido otro error, vieron la reforma y la adaptación de la Iglesia al mundo como un trabajo personal, cuando ella debe ser la labor de la Iglesia.

¿Cuál es, pues, la causa eficiente del avance de la Iglesia como una rueda en la ruta de la historia? Es “la comunión”, el diálogo.

Es así que la reforma llega a ser el trabajo y la obra de todo el cuerpo de la Iglesia.

Nadie debe quedar a un lado, todas las almas de buena voluntad, todos los grupos de todas las tendencias, con la condición de jugar el juego de la comunión, deben ser integrados en esta reforma y trabajo a través del diálogo y la evolución del conjunto.

Necesariamente, esto exige tiempo. Poco importan, entonces, las diferencias doctrinales. Lo que importa es la vida en común, es el intercambio, es el “estar juntos”.

***

5°) ¿Por qué quiere firmar Monseñor Fellay?

Lo veremos, Dios mediante, en otro Especial, pero, en resumidas cuentas, es porque no identifica la Iglesia Oficial con la Iglesia Conciliar, la Roma actual con la Roma Neomodernista de la Declaración de Monseñor Lefebvre del 21 de noviembre de 1974.

***

SEGUNDA PARTE

Monseñor Williamson pone el guiño a la derecha, pero gira a la izquierda:

Resumen de una triste realidad

No es de ahora, sino de septiembre de 2099 que Radio Cristiandad y los Padres Méramo y Ceriani señalan las desviaciones de Monseñor Williamson.

Además, el Padre Ceriani se distanció del Obispo en 2007 a causa del Motu proprio que humilló a la Santa Misa de Rito Romano.

Martes 22 septiembre 2009

MONS. WILLIAMSON ELEISON 115 – DEBATES DIFÍCILES III

Monseñor Williamson

Comentario Eleison Nº 115

19 de Septiembre de 2009

Debates difíciles III

Si las discusiones con Roma significaran el más mínimo peligro de la FSSPX de ser infiel a esta vocación, es ahí cuando no deberían de haber debates.

Dos objeciones al principio mismo de que la Fraternidad de San Pío X posiblemente ingrese pronto en discusiones doctrinales con las autoridades de la Iglesia en Roma, ayudarán a enmarcar la naturaleza, objetivo y limitaciones de tales discusiones. La primera objeción dice que la Doctrina Católica no es objeto de debate. La segunda dice que ningún católico debe atreverse a discutir con representantes del Papa, como si estuviera con él en un pie de igualdad. Ambas objeciones se aplican en coyunturas normales, pero las circunstancias actuales no lo son.

En lo que se refiere a la primera objeción, es claro que no está sujeto a discusión que la Doctrina Católica no cambia y no se puede cambiar. El problema es que el Vaticano II comprometió el cambio de dicha doctrina. Por ejemplo ¿puede, o debe un Estado católico tolerar la práctica pública de religiones falsas? La Tradición Católica dice que “puede“, pero únicamente para evitar un mal mayor o en orden a lograr un bien mayor. El Vaticano II dice “debe“, bajo toda circunstancia. Pero si Jesucristo es evidentemente el Verbo encarnado, nada más que el “puede” es verdad. Por el contrario, si el “debe” es verdad, entonces Jesucristo no es más necesariamente reconocido como Dios. El “puede” y el “debe” están tan distantes entre sí como Jesucristo siendo Dios por naturaleza divina, o por elección humana; es decir, entre que Jesús sea, o no sea, objetivamente, ¡Dios!

Sin embargo las autoridades Romanas de hoy en día claman que la doctrina del Vaticano II no representa ruptura alguna con el dogma Católico, sino su evolución continua. A no ser que —¡Dios no lo permita!—  la FSSPX también esté abandonando el Dogma Católico, no pretende discutir con estas autoridades si Jesús es Dios; tampoco intenta someter a discusión la Doctrina Católica; por el contrario, espera persuadir a cualquier Romano que quiera escuchar, que la doctrina del Vaticano II se opone gravemente a la Doctrina Católica. Con respecto a esto, aun cuando el éxito de la FSSPX resulte mínimo, ésta consideraría de todos modos que era su deber dar testimonio de la Verdad.

Pero los Romanos pueden responder diciendo “Nosotros representamos al Papa. ¿Cómo es que se atreven a discutir con nosotros?” Esta es la segunda objeción, y para todos aquellos que piensan que la Roma Conciliar está en la Verdad, este argumento parece válido. Pero es la Verdad la que hace a Roma y no Roma la que hace la Verdad. Nuestro  Señor mismo en repetidas ocasiones declara en el Evangelio de San Juan que su doctrina no es de Él, sino de su Padre (Juan VII, 16). Y si Jesús no tiene la facultad de cambiar la Doctrina Católica, mucho menos está en el poder de su Vicario el cambiarla, es decir ¡en el Papa! Si entonces el Papa, por el libre albedrío que Dios le dio, decide apartarse de la Doctrina Católica, en ese punto ha abandonado su estatus Papal, y únicamente en ese punto —sigue siendo Papa— él mismo y/o sus representantes se colocan por debajo de quienquiera permanezca fiel a la Doctrina del Divino Maestro.

Por lo tanto, cualquier católico que sea fiel a la Verdad  adquiere el mismo estatus que el Papa habrá dejado a un lado en la medida en que se haya separado de la Verdad. Tal como dijo Monseñor Lefebvre frente a las autoridades Romanas que lo interrogaban por su desacuerdo con el papa Paulo VI, “¡Soy yo el que debería estar interrogándolos a ustedes!” El defender la Verdad de Dios Padre es el orgullo y la humildad, la vocación y la gloria de la pequeña FSSPX del Arzobispo. Si las discusiones con Roma significaran el más mínimo peligro para la FSSPX de ser infiel a esta vocación, es ahí cuando no deberían de haber debates.

Domingo 27 septiembre 2009

Monseñor Williamson- Eleison Nº 116 – Y si alguna vez…

Monseñor Williamson

Comentario Eleison Nº 116

26 de Septiembre de 2009

Y si alguna vez…

… Y si alguna vez los debates que se celebrarán entre Roma y la Sociedad de San Pío X, parecieren estar llegando a un “acuerdo práctico” no doctrinal entre las partes, entonces todos los Católicos que deseen salvar sus almas, deberían estudiar minuciosamente ese “acuerdo” —especialmente la letra pequeña— para ver quién será en el futuro el responsable de nombrar al líder o a los líderes, y sus sucesores, en la FSSPX aprobada por Roma.

Podría otorgársele cualquier título que satisficiera a cualquiera de las dos partes: “Superior General” o “Prelado Personal” o “Sumo Señor Ejecutor” (un personaje de noble rango y título); el nombre no tendrá importancia. Lo crucial será ¿quién será responsable de tomar las decisiones? y ¿quién designaría a la persona responsable de esas decisiones? ¿Sería ésta nombrada por el Papa o por la Congregación del Clero, o por cualquier dirigente Romano, o seguiría siendo nombrado independientemente de Roma, desde dentro de la FSSPX como hasta ahora, a través de una elección sometida a unos 40 sacerdotes principales de la FSSPX por un período de 12 años (la próxima elección se llevará a cabo en el 2018)? Sin embargo, ¿qué le habría dado este “acuerdo” a Roma si no le otorgara el control de nombrar al líder de la FSSPX?

La historia de la Iglesia Católica está plagada de ejemplos de combates entre los amigos y los enemigos de Dios —normalmente la Iglesia y el Estado, respectivamente, pero ¡ya no!— por controlar el nombramiento de los obispos Católicos. Como cualquier amigo o enemigo inteligente de la Iglesia lo sabe bien, los obispos son la llave de su futuro. (Como Monseñor Lefebvre solía decir, desafiando los despropósitos democráticos actuales, son los obispos los que forman a la grey Católica y no la grey la que forma a los obispos.)

Un ejemplo clásico de esta lucha es el Concordato Napoleónico de 1801 a través del cual el recientemente creado Estado Francés francmasónico se aseguró de adquirir un grado significativo de control sobre la elección de los obispos en la Iglesia de Francia. Rápidamente todos los obispos prerrevolucionarios que aún eran demasiado Católicos, fueron hechos a un lado y la Iglesia fue puesta camino al Vaticano II de modo seguro. De modo semejante, cuando en 1905 los Francmasones rompieron toda unión del Estado Francés con la Iglesia (lo mejor para perseguirla), el heroico Papa Pío X se benefició de su indeseada nueva independencia de ese Estado para designar, y él mismo consagrar, a un pequeño grupo de nueve obispos, cuyo viril Catolicismo asustó tanto a los Francmasones que tan pronto como Pío X murió, se apresuraron a volver a renegociar una cierta comunión entre el Estado y la Iglesia, sólo para conseguir recuperar el control del nombramiento de los obispos Franceses; y el Vaticano II se puso de nuevo en marcha.

El patrón se repitió en 1988 cuando solamente la fe heroica y la valentía de Monseñor Lefebvre salvaron a la FSSPX, consagrando a cuatro obispos, con independencia de la desaprobación explícita de la Roma Conciliar. Los mismos zorros Conciliares pueden hoy en día “regalar el negocio” para recobrar así el control de los cuatro “patitos feos” de la FSSPX y de sus sucesores potenciales; ¡los patitos son un exquisito bocado para zorros hambrientos! ¡Dios bendiga al Padre Schmidberger y a Monseñor Fellay, y a todos los sucesores que mantendrán esa independencia Católica durante todo el tiempo  necesario, mientras Roma se encuentre fuera del pensamiento Católico!

Martes 29 septiembre 2009

PADRE CERIANI: COMENTARIOS A ELEISON 115 Y 116

Observaciones del Padre Ceriani a los Comentarios Eleison 115 y 116

Para no ser acusado de sacarlas de contexto, le pido al lector que lea o relea las palabras de Monseñor Richard Williamson antes de leer mis observaciones a sus Comentarios Eleison  115 y 116.

Monseñor Richard Williamson analiza la naturaleza, el objetivo y las limitaciones de las discusiones doctrinales de la FSSPX con las autoridades romanas.

Monseñor Richard Williamson: La FSSPX considera que es su deber dar testimonio de la Verdad.

Comentario:

Si las actuales autoridades de la FSSPX consideran que para cumplir con su deber de dar testimonio de la Verdad deben emprender, en las presentes circunstancias, discusiones doctrinales con la Roma anticristo y modernista, entonces Monseñor Marcel Lefebvre y las anteriores autoridades no habrían cumplido, después de las consagraciones episcopales, con el deber de dar testimonio de la Verdad.

¿Ha olvidado ya Monseñor Richard Williamson la Declaración pública hecha por Monseñor Marcel Lefebvre con motivo de las consagraciones episcopales? Recordemos:

“… Nada es tan urgente en la Iglesia como formar un clero que repudie este espíritu adúltero y modernista y salve la gloria de la Iglesia y de su divino Fundador, guardando la fe íntegra y los medios establecidos por Nuestro Señor y por la tradición de la Iglesia para guardar esta fe y transmitir la vida de la gracia y los frutos de la Redención. Desde hace casi veinte años, nos esforzamos con paciencia y firmeza por hacer comprender a las autoridades romanas esta necesidad del regreso a la santa doctrina y a la tradición para el renuevo de la Iglesia, la salvación de las almas y la gloria de Dios.

Pero se sigue siendo sordo a nuestras súplicas; antes bien, se nos pide reconocer lo bien fundado de todo el Concilio y de las reformas que arruinan la Iglesia; no se quiere tener en cuenta la experiencia que hacemos, con la gracia de Dios, el mantenimiento de la Tradición que produce verdaderos frutos de santidad y que atrae numerosas vocaciones.

Para salvaguardar el sacerdocio católico, que continua la Iglesia Católica y no una Iglesia adúltera, son necesarios obispos católicos. Nos vemos, pues, obligados, debido a la invasión del espíritu modernista en el clero actual y hasta las más altas cumbres dentro de la Iglesia, de llegar a consagrar obispos…”

Parecería incluso que, desde la muerte del fundador hasta el año 2000, tampoco los superiores habrían cumplido con ese deber…

Todo hace suponer que solamente a partir de agosto de 2000 han caído en la cuenta de cuál es su misión…

Y, si recordásemos las cartas de Monseñor Richard Williamson desde Winona y La Reja entre 2001 y 2006, debemos pensar, a la luz de sus Eleisons, que él recién descubre su deber con la publicación del Motu proprio de 2007, que humilló la Santa Misa como jamás ha sido vejada… y que confirma su vocación con la promulgación del Decreto infamante de enero de 2009…

Es una impudicia decir que la FSSPX considera que es su deber dar testimonio de la Verdad, cuando en realidad sus autoridades han callado ante los dos actos romanos:

– el que ha rebajado la Santa Misa del Rito Romano Católico al rango de “forma extraordinaria” de un rito cuya “forma ordinaria” sería el ordo bastardo montiniano…

– el mismo que dice que ambas “formas” son expresiones de una misma lex credendi…

– el que ha levantado las excomuniones por pedido de los cuatro obispos…

– el mismo que no ha rehabilitado a Monseñor Marcel Lefebvre ni a Monseñor Antonio de Castro Mayer…

Por favor, Excelencia, ¡tenga un poco más de pudor!…

Monseñor Richard Williamson: La FSSPX no pretende someter a discusión la Doctrina Católica; por el contrario, espera persuadir a cualquier Romano que quiera escuchar, que la doctrina del Vaticano II se opone gravemente a la Doctrina Católica.

Comentario:

Para persuadir a cualquier romano que quiera escuchar la Verdad, no hacen falta discusiones doctrinales; son suficientes las Cartas Abiertas, los Manifiestos Episcopales, los libros y toda otra clase de publicación, como siempre hicieron Monseñor Marcel Lefebvre y las autoridades de la FSSPX hasta 2002, fecha del último documento oficial condenando la repetición de Asís.

Especialmente desde abril de 2005 (la elección de Benedicto XVI) el testimonio de la Verdad ha sido puesto debajo del celemín y la sal se ha tornado insípida.

¿Cómo persuadir a cualquier romano, cuando ya se aceptó en silencio que el Sacrosanto Rito Romano de la Iglesia Católica expresa la misma Fe que el rito bastardo montiniano?

Ya no se trata de que en Roma siguen “siendo sordos a nuestras súplicas”, como decía Monseñor Marcel Lefebvre, sino que las autoridades de la FSSPX ya no hablan… Es más, aceptan el 95% del Concilio…

Monseñor Richard Williamson: Si las discusiones con Roma significaran el más mínimo peligro para la FSSPX de ser infiel a esta vocación, es ahí cuando no deberían de haber debates.

Comentario:

Como hemos visto, el sólo hecho entrar en esas discusiones con la Roma anticristo y modernista, en las actuales circunstancias, no sólo constituye un gran peligro, sino una infidelidad a esta vocación.

En importante releer las notas 45121316 y 28 de nuestro comentario al artículo
“Roma y Ecône: Preguntas y Respuestas”
de la revista Fideliter Nº 189.

Monseñor Richard Williamson: Los mismos zorros Conciliares pueden hoy en día “regalar el negocio” para recobrar así el control de los cuatro “patitos feos” de la FSSPX.

Comentario:

¿“Hoy”? ¡Hace rato que lo han hecho!… El problema es que “hoy” la tentación ha sido grande para los “bellos pollitos”… y ellos han caído en ella…

Monseñor Richard Williamson: Y si alguna vez los debates que se celebrarán entre Roma y la Sociedad de San Pío X, parecieren estar llegando a un “acuerdo práctico” no doctrinal entre las partes, entonces todos los Católicos que deseen salvar sus almas, deberían estudiar minuciosamente ese “acuerdo” —especialmente la letra pequeña—

Comentario:

¿Acaso puede haber “acuerdo doctrinal entre las partes”?

Mientras sigan siendo “partes”, es imposible…

Y si algún día ya no fuesen “partes”, no haría falta acuerdo alguno.

Pero para esto es necesario que la Roma anticristo y modernista se convierta, deje de estar aparte y vuelva a ser parte

Pero esto exige oración, sacrificio, testimonio de la Verdad, exhortación, reproche, reprimenda, como San Pablo en Antioquia, que no entabló discusiones doctrinales para llegar a un acuerdo doctrinal con San Pedro…

Recordemos que Monseñor Antonio de Castro Mayer, cuando le preguntaron si creía posible una reconciliación con Roma, respondió:

“No existe oposición entre nosotros y la Roma de los Apóstoles, la Roma católica regada con la sangre de los mártires. Sería suficiente que las autoridades de la Iglesia se reconciliasen con la tradición infalible de Roma, que condenasen las desviaciones del Concilio Vaticano II y las locuras de este mal “espíritu del Concilio”, y la reconciliación sería automática, ipso facto”.

No olvidemos que Monseñor Marcel Lefebvre, en diciembre de 1988, expresó en una conferencia en el Seminario de Flavigny:

“Así como ya lo expuse, si fui a discutir a Roma, es porque quería intentar ver si podríamos realizar un acuerdo con las autoridades eclesiásticas, poniéndonos al mismo tiempo al refugio de su liberalismo y salvaguardando la Tradición. Tuve que reconocer que ningún acuerdo podía realizarse que nos diese a la vez toda garantía y la convicción de que Roma quería sinceramente contribuir a la conservación de la Tradición.

Esperé hasta el 2 de junio para escribir al Papa: “Lamento, pero no podemos entendernos. No tienen el mismo objetivo que nosotros. Al hacer este acuerdo vuestro objetivo es traernos al Concilio. El mío es, al contrario, poder mantenernos fuera del Concilio y de sus influencias.” (…) Por eso, cuando se nos plantea la cuestión de cuándo habrá un acuerdo con Roma, mi respuesta es simple: cuando Roma vuelva a coronar a Nuestro Señor Jesucristo. No podemos estar de acuerdo con los que destronan a Nuestro Señor. El día en que reconozcan de nuevo a Nuestro Señor, el Rey de los pueblos y naciones, no será a nosotros a quienes se habrán reunido, sino a la Iglesia Católica, en la cual permanecemos.” (Fideliter Nº 68, marzo-abril de 1989).

Por otra parte, a los que estudiaran “la letra pequeña” del acuerdo, las autoridades de la FSSPX les responderían mañana como responden hoy a los que leen “la letra grande” y “las cláusulas evidentes”:

– Tenga confianza en los Superiores, ellos tienen gracias de estado;

– Los superiores ven mejor que usted, pues tienen a su disposición todo el contrato;

– Usted no sabe ni filosofía ni teología como para pretender leer la “letra pequeña”;

– Si usted pretende juzgar la letra, pequeña o grande, usted es “acuerdo-vacantista”;

– Usted no tiene otra cosa que hacer que rezar y, sobre todo, poner dinero en la colecta…

Monseñor Richard Williamson: Lo crucial será ¿quién será responsable de tomar las decisiones? y ¿quién designaría a la persona responsable de esas decisiones? ¿Sería ésta nombrada por el Papa o por la Congregación del Clero, o por cualquier dirigente Romano, o seguiría siendo nombrado independientemente de Roma, desde dentro de la FSSPX?

Comentario:

A esta altura de los acontecimientos, incluso cuando ni siquiera han comenzado las discusiones “doctrinales” (¿¡!?) y sin que se prevea que ellas obtendrán el objetivo que se les quiere otorgar, ¿qué importancia tiene quién sería el responsable de tomar las decisiones?

En efecto, con la aceptación de los dos preliminares y de las discusiones doctrinales, en las actuales circunstancias, la Roma anticristo y modernista tiene ya, sin potenciales y en presente del indicativo, el control de los cuatro “bellos pollitos” de la FSSPX, que han perdido la independencia Católica…

¡Pobres “bellos pollitos”!, han sido un exquisito bocado para los hambrientos zorros romanos…

Lunes 5 octubre 2009

Monseñor Williamson: Comentario Eleison Nº 117 – Error sobre la misa

Monseñor Williamson

Comentario Eleison Nº 117

3 de Octubre de 2009

Error sobre la misa

Una crítica interesante sobre la Fraternidad de San Pío X, básicamente falsa pero en un minúsculo aspecto verdadera, fue realizada por el Cardenal Castrillón Hoyos en una entrevista que concedió a un periódico de Alemania del Sur hace diez días (el texto está disponible en Internet). Él dijo que los líderes de la FSSPX con quienes se reunió en el año 2000 le dieron la impresión de tener una fijación por la Misa Nueva como si fuese “la fuente de todo el mal en el mundo“.

Obviamente la reforma de la liturgia latina de la Misa, que sucedió al Vaticano II (1962-1965) no es responsable de todo el mal en el mundo, pero evidentemente es responsable en gran medida del mal en el mundo moderno. Primeramente, la Religión Católica es la sola y única religión instituida por el único Dios verdadero cuando una vez, y sólo una vez, tomó naturaleza humana, tornándose en el hombre-Dios Jesucristo, hace 2000 años. En segundo lugar, el sacrificio personal y cruento en la Cruz de Jesucristo, por sí solo capaz de aplacar la justa ira de Dios, acrecentada por la apostasía mundial de hoy en día, mantiene esa ira aplacada sólo por el incruento sacrificio renovado en el verdadero sacrificio de la Misa. En tercer lugar, el antiguo rito latino de esa Misa, cuyas partes esenciales se remontan a los inicios de la Iglesia, fue cambiado significativamente después del Vaticano II por Pablo VI, de un modo tal que, según él mismo le comentó a su amigo Jean Guitton, su nuevo diseño agradara a los protestantes.

Pero los Protestantes adquieren su nombre de sus protestas contra del Catolicismo. Esa es la razón por la cual el rito de la Misa, reformada “en el espíritu del Vaticano II“, reduce severamente la expresión de verdades Católicas esenciales: en orden, 1º.- La Transubstanciación del pan y del vino, cumpliendo 2º.- el Sacrificio de la Misa que constituye a su vez 3º.- el Sacerdocio sacrificante, todo esto 4º.- por la intercesión de la Bendita Madre de Dios. De hecho, la totalidad de la liturgia latina antigua es la expresión completa de la doctrina Católica.

De tal manera, si es principalmente a través de la asistencia a Misa, y no por la lectura de libros o la participación en conferencias, que la gran mayoría de los Católicos practicantes absorben estas doctrinas para vivirlas en su vida diaria; y si haciendo esto actúan como la luz del mundo contra el error, y como la sal de la tierra contra la corrupción, entonces no hay de qué asombrarse si el mundo de hoy se encuentra en tal grado de confusión e inmoralidad. “Destruyamos la Misa y así destruiremos la Iglesia“, decía Lutero. “El mundo podría vivir sin la luz del sol, antes que sin el Sacrificio de la Misa“, decía el Padre Pío.

Esa es la razón por la cual una urgente prioridad en la fundación de la FSSPX para formar sacerdotes, era el salvar el antiguo rito latino de la Misa. Gracias a Dios, este rito está ahora lentamente pero a paso firme retornando a la corriente oficial de la Iglesia (cosa que no sucederá bajo el Anticristo). Entonces, ahora la Fraternidad de Monseñor Lefebvre debe salvar el fundamento doctrinal íntegro de esa Misa, de las víctimas y perpetradores del Vaticano II, aún firmemente establecidos en Roma. Debemos orar arduamente por las “discusiones doctrinales” que darán inicio este mes entre Roma y la FSSPX.

Domingo 11 octubre 2009

Padre Ceriani: Comentarios al Eleison 117 – Sobre el Motu Proprio Summorum Pontificum

Notas para entender el Motu proprio del 7 de julio de 2007

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La afirmación “la Misa Tradicional no se ha abrogado nunca como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesiaes el medio más sutil y el más inteligente para lograr ponerse en armonía con las ideas modernistas.

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Tal como lo expresa en su Comentario Eleison 117, Monseñor Richard Williamson está convencido, y quiere convencer a los lectores, que

“Gracias a Dios, el antiguo rito latino de la Misa está ahora, lentamente pero a paso firme, retornando a la corriente oficial de la Iglesia.”

De allí concluye que

“Ahora la Fraternidad de Monseñor Lefebvre debe salvar el fundamento doctrinal íntegro de esa Misa.”

Permítase aportar alguna notas para leer y entender el Motu proprio de Benedicto XVI y comprobar la veracidad de las afirmaciones de Monseñor Richard Williamson.

1ª) Lo cierto es que en la Iglesia Conciliar no hay lugar para la Misa Tradicional

La Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum caritatis, del 22 de febrero de 2007, guarda un silencio total sobre la Misa Tradicional. Es la prueba explícita de que la Misa Tradicional no tiene lugar en la Iglesia Conciliar.

Y por eso, el Cardenal Castrillón Hoyos anunció en mayo de 2007, en Brasil:

“se debe precisar con toda claridad que con el Motu proprio no se trata de una vuelta atrás, de una vuelta al tiempo previo a la reforma de 1970”.

Este juicio está confirmado por lo expresado por el entonces Cardenal Ratzinger, que ve en la Nueva Misa “una verdadera mejora y un verdadero enriquecimiento sobre muchos puntos” (Mi Vida, Fayard, 1998, p. 132).

Para las autoridades romanas, el Nuevo Rito es, sin cuestionamientos, la liturgia de la Iglesia Romana.

2ª) Sin embargo, la Misa Tradicional existe, y con vitalidad. Por lo tanto, hay que reabsorberla mediante la invención de la fórmula de “dos formas de un mismo Rito”, ambas “expresiones de una misma Fe”

Es imposible, sin embargo, ocultar la existencia y vitalidad del Rito Antiguo. Por ello, el Cardenal Castrillón Hoyos se refirió en Brasil a la Misa Tridentina como “forma extraordinaria de un único rito romano”. Esta idea no es nueva; ya la había expuesto al Presidente de Una voce internacional, Raif Siebenbürger, a mediados de marzo de 2004: “Sólo hay un único rito romano, y este rito romano tiene varias formas”. De este modo, para el Cardenal, el Rito Tradicional no es un rito propio, sino que Antiguo y Nuevo Ordo son dos formas de un solo y mismo Rito Romano.

Ahora bien, el Motu proprio institucionaliza esta concepción. ¿Qué hay que pensar sobre ello?

Es cierto que, en general, hay un único Rito por iglesia particular; por ejemplo, la iglesia maronita, o la caldea. Pero ambas son iglesias católicas, aunque con distintos ritos. Sin embargo, no existe una “forma extraordinaria”; son todas “formas ordinarias”, cada una de su rito y para su iglesia particular.

Incluso, cuando antes de la reforma conciliar había varios ritos en la iglesia latina (rito romano, rito ambrosiano, rito lionés, rito dominico, rito cartujano), no era posible hablar de “ritos extraordinarios” para las liturgias o ritos no romanos. Eran todos ritos ordinarios en su aplicación a la iglesia de Milán o de Lión, o a la Orden dominica o de la Cartuja. El canon era el mismo para todos, y, lo que es fundamental, todos expresaban la misma fe.

Al contrario, en el Motu proprio, “ordinario” se dice con relación a un objetivo: el Nuevo Rito ha sido concebido “para ser adaptado a las necesidades de nuestro tiempo”, tal como ocurre con la Iglesia Conciliar.

El Rito Tridentino, evidentemente, sale de este orden. Tiene un lugar, que no es el suyo, en la liturgia de hoy… un lugar “extraordinario”.

3ª) ¿Qué debemos pensar de esta distinción insólita?

Dos expresiones rituales de la misma fe, pero uno para la Iglesia de hoy, otro para la Iglesia de ayer: he aquí la distinción que establece Benedicto XVI entre forma “ordinaria” y forma “extraordinaria”. Pero dicha distinción no corresponde para nada con la Liturgia Católica considerada como expresión de la fe y del culto de la Iglesia para todos los tiempos, sin pretender adaptarse al mundo.

En realidad, esta distinción es una tentativa de reconciliar lo inconciliable; ya que la liturgia renovada y la Liturgia Tradicional son antagónicas en cuanto a la lex orandi porque son contradictorias en cuanto a la lex credendi.

Esta solución insólita de dos formas de un mismo Rito Latino Romano es señal de la persistencia de una dificultad más grave y profunda, que no se quiere admitir hoy en Roma… y en otras partes… Ecône… Londres… La Reja…

Dos espíritus y dos teologías opuestos motivan su existencia y los vuelven inconciliables en la práctica.

Pero ya conocemos al modernismo… y al super-modernista, capaz de decir blanco y negro en el mismo párrafo…

4ª) El principio ecuménico guía esta tentativa

“Se trata de llegar a una reconciliación interna en el seno de la Iglesia”, dice la Carta de Benedicto XVI a los Obispos.

De este modo, la razón del Motu proprio se vincula de cerca con la división con los tradicionalistas: Benedicto XVI explica que no quiere cargar con la responsabilidad de una ruptura con ningún grupo de cristianos, como eso pudo suceder antes con los ortodoxos como con los protestantes: los Papas tienen una responsabilidad en estos cismas, según el arrepentimiento de Juan Pablo II.

Este principio, aquí utilizado para el Motu proprio, lo introduce en la perspectiva ecuménica conciliar. De ahí el pedido a los obispos, “con mucha confianza y esperanza”, de acogerlo bien.

El Motu proprio entra oficialmente de este modo en la estrategia romana de integrar la Tradición en el sistema o aparato conciliar: misa con insulto (perdón, con indulto) en 1984, reconocimiento e integración de las comunidades semi-tradicionales en 1988…

Es lícito pensar, entonces, que el cardenal Ratzinger es el encargado de la puesta en marcha de esta estrategia ininterrumpida desde que fue nombrado como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1982. La orientación romana anterior tendía, más bien, a la abolición pura y simple de todo rastro tradicional.

Esto relativiza en gran parte el alcance del acto del 7 de julio de 2007, que lo presenta finalmente sólo como una maniobra romana. La concesión de la Misa Tradicional debería permitir una “apertura recíproca” entre los tradicionalistas y las autoridades de la Iglesia Conciliar:

“que los obispos se abran a los fieles que son de tal orientación litúrgica, y que los fieles se abran a la norma litúrgica de hoy”.

Es exactamente la posición del cardenal Ratzinger al responder a los periodistas de Il Giornale en 2001, y de la Carta de acompañamiento del Motu proprio: “Abramos generosamente nuestros corazones y dejamos entrar todo esto que da paso a la propia fe.”

De este modo, Benedicto XVI espera de la aplicación del Motu proprio eso que bien se llama un diálogo entre católicos de opciones litúrgicas diferentes, permitiendo sobre todo a los tradicionalistas integrarse y permanecer en la Iglesia Conciliar: “Que todos los que desean realmente la unidad tengan la posibilidad de permanecer en esta unidad o de encontrarla de nuevo”, escribe Benedicto XVI a los obispos.

En resumen, un ecumenismo por medio de la oración y de la liturgia, en la más pura tradición del Consejo Ecuménico de las Iglesias, de Dom Lamberto Beauduin.

5ª) Detrás de esta idea se oculta la idea de un progreso de la liturgia similar al doctrinal

Pero hay algo más grave todavía: es necesario afirmar que este Motu proprio es una apología sin matices del rito reformado en 1969, presentado como continuación de la liturgia prestigiosa de San Gregorio Magno y de San Pío V (cfr. el Prólogo de dicho documento).

El Motu proprio entra en la perspectiva expuesta por Benedicto XVI desde el comienzo de su pontificado: demostrar que el Concilio Vaticano II, las reformas consecuentes y la nueva teología que las explica, constituyen la prolongación de la Tradición bimilenaria de la Iglesia.

Por lo tanto, no hay ruptura entre el “antes” y el “después” del Concilio.

Detrás de esta perspectiva se oculta la idea de un progreso de la liturgia similar a la propia vida, y, sobre todo, sin ningún hiato causado por Vaticano II.

Por ello, el Cardenal Ratzinger abogaba por “una reconciliación litúrgica que reconociese la unidad de la historia litúrgica, y viese en el Vaticano II no una ruptura sino una etapa” (Mi Vida, p. 135).

La exhortación Sacramentum caritatis hace explícita referencia desde las primeras páginas:

“Concretamente, se trata de leer los cambios queridos por el Concilio dentro de la unidad que caracteriza el desarrollo histórico del propio rito, sin introducir rupturas artificiales” (n° 3).

Y se puede leer en nota:

“Me refiero aquí a la necesidad de una hermenéutica [o interpretación] de la continuidad, haciendo también referencia a una lectura correcta del desarrollo litúrgico después del Concilio Vaticano II: véase mi Discurso a la Curia romana”.

Podemos preguntarnos si es que nos encaminamos hacia una síntesis.

En efecto, desde 1969 dos misas se oponen, dividiendo a los católicos.

Pablo VI nunca se ha atrevido a abrogar la Misa Tradicional, ni incluso a prohibirla. No hacía falta ningún Motu proprio para reconocer esta verdad.

La Misa Tradicional era, pues, desde el estricto punto de vista jurídico, la Misa oficial del Rito Romano Latino de la Iglesia Católica.

Dado que la Bula Quo primum tempore no se había abrogado, todo sacerdote tenía, hasta el 7 de julio de 2007, la obligación (y en consecuencia el derecho) de celebrar la Misa Tradicional.

Que se lo quiera o no, el hecho se impone: la Misa Católica Tradicional y el nuevo rito protestante son inconciliables. Uno excluye al otro; la adopción de uno promueve, necesariamente, el rechazo del otro.

No hay, pues, dos ritos frente a frente: existe el Rito Romano frente al rito que implica su destrucción. La prioridad para los revolucionarios es destruir la Misa Tradicional.

Ahora bien, si es necesario, están dispuestos a señalar una pausa, a volver atrás e, incluso, a hacer concesiones más amplias.

Todas las revoluciones avanzan así: frente a la tesis, que es la posición tradicional, se coloca la antitesis, que asusta por su carácter radical.

Luego se propone a los conservadores un compromiso, un acuerdo, una síntesis

Esta síntesis, aceptada por los conservadores, pasa a ser rápidamente tesis a su vez…, y la Revolución sigue progresando.

Entender esta “marcha a pasos”, estas pausas que la Revolución se ve obligada a hacer para retener sus presas, es comprender la aparente vuelta al orden.

La Revolución no es solamente el desorden, como se podría creer; es sobre todo una sucesión de anarquía y de reorganización; la reorganización es necesaria para asentar sus posiciones, como el Código de Napoleón, tan conservador en sus apariencias, pero que sirvió para legalizar las conquistas de 1789.

Tres palabras resumen la marcha dialéctica de toda revolución: “solve et coagula”. Disolver y, a continuación, recomponer, pero según un orden nuevo.

La Revolución permitirá durante mucho tiempo, todo el tiempo necesario, sacerdotes que celebren la Misa Tradicional; lo fundamental para ella es que acepten un rito ambiguo. El resto vendrá a continuación.

Pero es necesario, en primer lugar, que todos aceptan el rito ambiguo; todas las concesiones son posibles para alcanzar este objetivo. Y si es necesario proceder por etapas para lograr este primer objetivo, se lo hará.

Por el contrario, un reconocimiento del rito bastardo montiniano
no puede satisfacer a los guardianes de la Misa Católica.

En sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio da un consejo precioso:

“no cambiar sus resoluciones en tiempo de desolación espiritual”.

Lo mismo sucede ante la Revolución:

“en tiempo de revolución sólo son útiles aquéllos que rechazan todo; todos los otros hacen el juego” (René Bazin).

Mientras la Revolución reine en la Iglesia, solamente el Rito codificado y canonizado por San Pío V permanecerá la norma absoluta; y todo reconocimiento, incluso implícito, del rito bastardo montiniano será un compromiso, y, por lo tanto, una ayuda concedida a los destructores.

A la luz de estas reflexiones se puede juzgar el Motu proprio de Benedicto XVI, quien parece preparar una “tercera misa”, haciendo la síntesis de la Misa tradicional y de la reformada por Pablo VI.

La afirmación “la Misa Tradicional no se ha abrogado nunca como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia
es el medio más sutil y el más inteligente para lograr ponerse en armonía con las ideas modernistas.

La realidad es que, dada la reacción tradicionalista, si Benedicto XVI pretendía legitimar la misa bastarda y protestante, y hacerla pasar como una expresión válida del Rito Romano Latino de la Iglesia, no podía seguir afirmando que la Misa Tridentina se había abrogado.

Convenía, pues, solucionar el problema con inteligencia: hacer creer  que la nueva misa es la continuación y la expresión legítima del Rito Romano Latino de la Iglesia.

Era necesario, pues, decir que “El Misal romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la “lex orandi” de la Iglesia Católica de rito latino, y que el Misal romano promulgado por San Pío V  debe ser considerado como la expresión extraordinaria de la misma “lex orandi” de la Iglesia”

Además, no era posible que en sus objetivos de amalgama dialéctica (coagula) Benedicto XVI tolerara dejar traslucir la menor onza de ruptura o cisma litúrgico, susceptible de impedir su síntesis dialéctica.

Era necesario afirmar que “Estas dos expresiones de la “lex orandi” de la Iglesia no inducen a ninguna división de la “lex credendi” de la Iglesia”

Por lo tanto, aparece claro lo que constituye el verdadero motivo del reconocimiento de no abrogación de la Misa Tridentina como forma extraordinaria: es el famoso “un paso atrás”

Sería ridículo pensar que el aparente cambio de posición se debe a una aproximación hacia la Misa Tridentina, hacia la Tradición. ¡No!, al contrario. Faltan “los dos pasos hacia delante”.

Se trata de consolidar y de legitimar la nueva misa protestante y el Concilio Vaticano II, desprovistos de rupturas trágicas o dramáticas, y de hacer que sean admitidos y aceptados por todos de una manera pacífica.

Lo que se pretende hacer es demostrar que, así como Vaticano II no constituiría un cisma doctrinal, de la misma manera la misa bastarda no constituiría un cisma litúrgico, sino que los dos son el fruto de una evolución vital, que conviene asumir y aceptar.

Para comprender el planteamiento de Benedicto XVI con su Motu proprio, es necesario referirse al discurso que pronunció a la Curia Romana con motivo de las fiestas de Navidad de 2005.

A su lectura, todo indica que Benedicto XVI pretende, esencialmente,  hacernos creer que entre la infalible Tradición de la Iglesia y la nueva doctrina conciliar  no hay discontinuidad. En pocas palabras, nos dice que la Lex credendi de hoy es la misma que la de ayer.

Ahora bien, sabemos que la Lex orandi es la expresión litúrgica de la Lex credendi.

Por lo tanto, después de haber solucionado el problema de la Lex credendi en 2005, era necesario regular el de la Lex orandi. Esta es la misión del Motu proprio de 2007.

Hay quienes dicen que, ganada la batalla de la Misa, ahora falta librar la batalla por la Fe.

Pero, al considerar bien las cosas, lo que aparece es que para Benedicto XVI se cierra el capítulo.

No es un principio, sino el final del debate: la nueva fe conciliar es la misma que la Fe Tradicional; por eso la nueva liturgia se ajusta a la Antigua.

Evidentemente, el objetivo de los debates doctrinales de Benedicto XVI consiste en integrar la Fe Católica y la Liturgia Tradicional en el seno de la iglesia cismática postconciliar.

De este modo, la Misa Tridentina pasa a ser la expresión extraordinaria de un pasado legendario; y la nueva misa protestante es la expresión ordinaria de un presente que reluce y de un futuro vital.

No se puede ser más sutil para llegar a bloquear la legítima resistencia del glorioso combate por la defensa de la Misa de siempre y de la infalible Tradición de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Por ello, en la misma iglesia serán ofrecidos dos sacrificios diferentes, el de Abel y el de Caín, por sacerdotes ordenados según dos ritos diferentes, uno sobre un altar y el otro sobre una mesa…

En este plano de la Fe y de la Teología, el Motu proprio pretende, pues, situarse en esta línea de la continuidad: todo el prólogo expone el carácter vivo de la liturgia a través de la historia, con términos elegidos como “innovavit” (innovó) para asimilar la obra de un San Pío V con la de Pablo VI; “Libros liturgicos instauratos et partium innovatos” (los libros litúrgicos restaurados y en parte innovados). La carta a los obispos lo aclara: “No hay ninguna contradicción entre una y otra edición del Missale Romanum”. La historia de la liturgia se hace de crecimiento y progreso, nunca de ruptura, de ahí las consecuencias: “conservar las riquezas que crecieron en la fe y en el rezo de la Iglesia, y darles su justo lugar”.

Allí yace la verdadera explicación a este Motu proprio: “la evolución”, que San Pío X presentó en Pascendi como uno de los principios del modernismo.

Es claro que este principio hace inadmisible al Motu proprio.

6ª) Se trata, pues, de una falsa liberación y de un falso progreso

Pero, se dice, “la elección se limita entre dos formas litúrgicas y, de hecho, esto es en provecho del Rito Romano Tradicional.”

He aquí el problema: estos dos ritos no son los dos católicos ante la Fe; y no gozan canónicamente de igualdad en la Iglesia Conciliar, puesto que el rito bastardo de Pablo VI permanece la norma oficial, ordinaria.

De ahí esta situación falsa de una libertad de elección entre un rito católico y un rito que favorece la herejía.

Y, además, todo es ambigüedad: la Misa Tradicional parece “liberada”; pero sólo está permitida, y bajo solicitud de sacerdotes y fieles.

La perspectiva se invierte: no es la Iglesia docente, que en nombre de su triple poder de magisterio, de orden y de jurisdicción, entrega la Misa, sino que es el “pueblo de Dios” quien reclama la celebración que quiere.

La Misa Tradicional no se impone en nombre del derecho litúrgico y de su origen apostólico, sino que se somete a los deseos de los sacerdotes y de los fieles.

El progreso, con relación a la situación anterior puede ser que sea cuantitativo (que haya más Misas Tradicionales en la Iglesia), pero no es cualitativo o esencial.

Incluso está permitido pensar, y es lo que comprobamos entre nuestros fieles, sacerdotes… e incluso obispos, que el sensus Ecclesiae resulta disminuido.

Además, con tal acto, la Santa Sede se pone en la imposibilidad de prohibir las formas litúrgicas improvisadas y escandalosas, ya que lo que se concede a los fieles de sensibilidad tradicional, también debe ser concedido, y con mayor razón, a los progresistas del rito ordinario.

En definitiva, sería más justo hablar de una “puesta en libertad vigilada” de la Liturgia Latina, más bien que de una liberación pura y simple.

No hay que negar que estas medidas producirán un determinado fruto sobrenatural en los fieles, felices de encontrar la Misa de antes.

Pero, por lo que se refiere a la Iglesia universal, no puede tratarse de un principio de cambio. Ya que, bien lejos de iniciar la conversión de la Roma conciliar, estas últimas medidas fijan a las autoridades de la Iglesia en su neomodernismo, dificultando, incluso cada vez más, el regreso a la Fe Católica.

De hecho, Benedicto XVI, colocando el rito bastardo de Pablo VI en la prolongación litúrgica y dogmática del Rito sacrosanto de San Pío V, se atrinchera sobre una fuerte posición.

Dicha posición le permitió, es cierto, hacer aceptar al ala progresista la vuelta de la Misa Tradicional en la Iglesia; pero logró aportar el apoyo de 2000 años de Tradición a la reforma conciliar.

Al justificar estas distintas formas de un mismo rito, el Motu proprio salva la cara del conciliarismo.

Pero, y sobre todo, este “sistema de formas” corresponde de verdad al pensamiento de Benedicto XVI. Y es precisamente en esto que el acto del 7 de julio de 2007 presenta un obstáculo serio para una conversión de la Roma modernista y apóstata.

Por lo tanto, podemos decir que, gracias al Motu proprio de Benedicto XVI el rito bastardo montiniano está ahora, lentamente pero a paso firme, entrando en la corriente oficial de la Obra de la Tradición (cosa que sucederá bajo el Anticristo).

Entonces, ahora más que nunca, ¡la Obra de la Tradición debe salvar el fundamento doctrinal íntegro de la Santa Misa Romana!

Pero esto no se llevará a cabo por medio de discusiones doctrinales con los modernistas que ocupan la Roma Eterna, sino con la prédica de la Palabra, oportuna e importunamente.

Lunes 19 octubre 2009


El “arte” de seguir esquivándole al bulto…

Seguimos hablando de arte… Parece resonar como un eco tremendo el grito de Santa Catalina de Siena…

“Séame hombre viril y no titubeante”

Monseñor Williamson

Comentario Eleison Nº 119

17 de Octubre de 2009

“Tristán” – Escenificación

Martes 17 noviembre 2009

Comentario del P. Basilio Méramo al polémico Eleison 121

Breve respuesta al Comentario Eleison Nº 121 de Monseñor Richard Williamson

Es lamentable que en su comentario sobre las Consagraciones Episcopales según el nuevo rito, se eluda prácticamente la cuestión crucial sobre la determinación inequívoca de la significación de todo Sacramento, puesto que los Sacramentos producen ex opere operato la Gracia que significan, con lo cual queda excluida la significación indeterminada o equívoca que está excluida de la definición sacramental. Un rito no puede ser equívoco en la significación sacramental, pues no cumpliría la definición dada por la Iglesia, con lo cual un rito equívoco en la parte esencial contradice la definición de la Iglesia; y esto sin entrar en las intenciones de los ministros de hacer lo que la Iglesia exige. Luego, reconocer una significación suficientemente ambigua o equívoca en lo esencial del rito, y afirmar a la vez que es válido sería una contradicción. Esto parece que Mons. Williamson no lo considera o no lo quiere tener en cuenta, contentándose con hablar de “ritos suficientemente válidos” pero que a su vez “son suficientemente ambiguos”; cuando en realidad la definición de la Iglesia excluye un rito ambiguo, los ritos católicos por definición no pueden ser ambiguos en su significación sacramental. Un sacramento válido tiene que ser determinado o inequívoco en su significación sacramental para ser válido. En caso contrario, es inválido por la misma definición de la Iglesia, que así lo exige.

Padre Basilio Méramo, 16 de noviembre de 2009

Miércoles 25 noviembre 2009

Monseñor Williamson: Comentario Eleison Nº 124: Delincuencia sin igual I

Monseñor Williamson

Comentario Eleison Nº 124

21 de Noviembre de 2009

Delincuencia sin igual I

Para destacar una vez más la delincuencia sin igual del Concilio Vaticano II (1962-1965), dos semanas no resultan demasiadas para responder a la objeción razonable de un lector al argumento del “Comentario Eleison” de hace tres semanas (31 de octubre). Dicho argumento sostenía que los ritos sacramentales de la Nueva Iglesia, introducidos como secuela del Concilio, son de tal naturaleza que a largo plazo invalidarán los sacramentos de la Iglesia, debido a que fueron diseñados para que a través de su ambigüedad puedan corroer la intención sacramental del Ministro (sea obispo, sacerdote o laico), sin la cual no puede haber sacramento.

El lector interpuso su objeción sobre la base de la enseñanza clásica de la Iglesia que dice que las fallas personales del Ministro sacramental, aún su falta de fe, pueden ser compensadas por la Fe de la Iglesia en cuyo nombre él está suministrando el sacramento (cf. Summa Theologiae, 3a, LXIV, 9 ad 1). Así —tomando un ejemplo clásico— un judío que no posee en lo más mínimo la Fe Católica puede, sin embargo, válidamente  bautizar a un amigo en su lecho de muerte, siempre y cuando el judío sepa que la Iglesia Católica realiza algo cuando bautiza, y tenga la intención de realizar esa misma cosa que la Iglesia realiza. Esta intención de hacer lo que la Iglesia hace, la demuestra al pronunciar las palabras y al llevar a cabo las acciones establecidas en el rito de la Iglesia para el sacramento del bautismo.

Por lo tanto, argumentaba nuestro lector, la Nueva Iglesia puede haber corrompido la fe del Ministro Católico, pero la Iglesia Eterna compensará cualquier carencia de su fe, y los sacramentos que él administre seguirán siendo válidos. En esta situación, la primera parte de la respuesta a la objeción es que si los ritos sacramentales de la Iglesia Conciliar atacaran únicamente la fe del Ministro, la objeción sería válida, pero si también socavan su intención sacramental, entonces no habrá sacramento alguno.

Otro ejemplo clásico debería dejar este asunto muy en claro. Para que el agua fluya a través de una tubería de metal, no importa si el conducto está hecho de oro o de plomo, pero para que el agua corra, la tubería necesita estar conectada a la llave del agua de algún modo. El agua es la gracia sacramental; la llave es la fuente principal de esa gracia, Dios per se. La tubería es la fuente instrumental, llamado el Ministro sacramental, a través de cuyas acciones la gracia del sacramento fluye desde Dios. El oro o el plomo representan la santidad o ruindad del Ministro. Por lo tanto, la validez del sacramento no depende de la fe personal o de la infidelidad del Ministro, pero sí depende de que él se conecte a la fuente principal de la gracia sacramental que es Dios.

Esta conexión la realiza precisamente por su intención de hacer lo que la Iglesia hace. Por medio de esa intención se pone como instrumento en las manos de Dios para que el Altísimo vierta la gracia sacramental a través de él.  Sin esa intención sacramental, él y su fe pueden ser de oro o de plomo, pero estará desconectado de la llave. Queda por demostrar, la semana entrante, cómo el Concilio Vaticano II fue diseñado y es apto para corromper no sólo la fe del Ministro, sino también cualquier intención sacramental que éste pudiera tener.

Miércoles 2 diciembre 2009

P. BASILIO MÉRAMO: CRÍTICA AL COMENTARIO ELEISON N  124

Respuesta al comentario Eleison 124

En su comentario Eleison nº 124 del 21 noviembre de 2009 el autor trata o pretende responder a la objeción de un lector que cuestionaba los ritos equívocos de la Nueva Iglesia post conciliar.

Es increíble que con su inteligencia británica, de supuesta superioridad  intelectual, no distinga o no vea la diferencia entre intención y significación sacramental identificándolas, lo cual debería ser evidente para cualquier intelecto medianamente normal.

Es sorprendente que con apariencia de verdad y artilugio de razonamiento ponderado,  con todo el peso de su dignidad episcopal, se pretenda dar una respuesta eludiendo el punto fundamental, cual si se tratara de desviar el tiro del blanco, pues no es lo mismo hablar de la significación que de la intención. Si la intención del ministro puede ser afectada, es porque la significación del rito esencial (forma sacramental) ha sido afectada.

La objeción, apunta a la significación sacramental esencial, que no puede ser ni ambigua, ni equívoca, ni indeterminada, pues los ritos católicos deben  producir ex opere operato la gracia que significan. Un rito ambiguo en su significación no puede producir ex opere operato la gracia que significa dada su ambigüedad.

Quede claro, la significación sacramental de la forma debe de ser determinada, inequívoca, es decir exclusiva y unívoca; no puede ser equívoca, imprecisa, ambigua, pues es evidente, que para cumplir la definición de todo sacramento, que dice que los sacramentos son signos sensibles que producen ex opere operato (por la acción misma realizada) la gracia que significan. La significación no puede ser ambigua ni equívoca pues tiene que significar determinadamente la gracia que debe producir, pues un rito equivoco por su misma equivocidad o ambigüedad no puede producir la gracia que debe estar determinada.

Claro está, que esto a su vez afecta la intención del ministro, al punto que si se rige por el texto de la fórmula y de su significación ambigua  no puede (al menos sin corrección o rectificación  explícita) significar la gracia que debe  producir un sacramento, equivoco en su significación; no puede producir ex opere operato la gracia que significa dada su misma ambigüedad; puesto que la significación al ser equivoca o ambigua no significa lo que debe de producir. La Iglesia no puede dar,  ni tener, ritos sacramentales ambiguos en su significación sacramental  para producir la gracia. En este orden queda excluida la ambigüedad o la equivocidad sacramental que atenta contra la definición misma de todo sacramento católico.

Los ritos ambiguos, en la significación esencial son falsos y vienen de la Nueva Iglesia post conciliar.

Como decía mi tío el cura, mente superior domina mente inferior, lo cual sería lo  mismo que decir que los argumentos tienen su peso en las razones en que se fundan, y no en quien los diga, aunque éste sea un Obispo y el otro un simple cura. De aquí el adagio “Amicus Plato sed magis amicus veritas”.

Padre Basilio Méramo

Córdoba – 30 de Noviembre de 2009

Miércoles 9 diciembre 2009

Monseñor Williamson: Comentario Eleison Nº 126: Delincuencia sin igual III

Monseñor Williamson

Comentario Eleison Nº 126

6 de Diciembre de 2009

Delincuencia sin igual III

Para que un sacramento Católico sea administrado válidamente, el Ministro debe tener la Intención “de hacer lo que la Iglesia hace” (“Comentario Eleison” 124). Dicha Intención requiere que el Ministro tenga por lo menos una idea mínimamente correcta de lo que la Iglesia es y hace (“Comentario Eleison” 125). Ahora solamente falta por mostrar que el Vaticano II debilitó dicha Intención corrompiendo esa idea, y de una forma como nunca antes fue corrompida en toda la historia de la Iglesia.

Eso es debido a que el Vaticano II fue la oficialización, o el reconocimiento oficial dentro de la misma Iglesia Católica, del humanismo anti-Católico que se remonta por lo menos al Renacimiento de los años 1400. Por siglos posteriormente, los sacerdotes Católicos que adoraban al único Dios verdadero se habían resistido fuertemente a sustituirlo por la adoración del hombre del mundo moderno, pero a medida que ese mundo, a través de 500 años se fue haciendo más y más pagano, dichos sacerdotes finalmente se rindieron en los ’60 del siglo pasado, y con el Vaticano II comenzaron a seguir al mundo moderno en lugar de guiarlo. Siempre habían existido dentro de la Iglesia seguidores del mundo, ¡pero nunca antes ese rumbo se había hecho oficial en la Iglesia Universal!

Sin embargo, los padres del Concilio no querían ni podían dar la espalda a la religión antigua de un solo tajo, en parte porque todavía creían en ella y en parte porque tenían que guardar las apariencias. Esta es la razón por la cual los documentos del Concilio se caracterizan por su ambigüedad, mezclando la religión de Dios en el lugar de Dios, con la religión del hombre en el lugar de Dios. Esta ambigüedad significa que los Católicos conservadores bien pueden apoyarse en los textos del Concilio para aseverar que el Vaticano II  no excluye la religión antigua, así como los Católicos progresistas pueden apoyarse en el espíritu implícito de esos mismos textos para aseverar que el Concilio estaba promoviendo la nueva religión; y con estos documentos, tanto los conservadores como los progresistas ¡tienen razón! Es así como la religión antigua aún estuvo presente en el Vaticano II, pero sus cimientos ya habían sido dañados, y desde entonces ha venido desapareciendo.

Una ambigüedad similar aqueja a los Ritos sacramentales “reescritos” bajo el espíritu del Concilio, asamblea que rendía tributo hacia el exterior a la religión de Dios, pero hacia su interior abrazaba ya la religión del hombre. La religión antigua aún puede subsistir ahí debido a que las Formas sacramentales (las palabras que son esenciales para su validez) no son, por regla, automáticamente inválidas, pero al mismo tiempo todos los Ritos que rodean dichas Formas se están deslizando hacia la nueva religión. Por lo tanto, debido a la presión suave pero feroz del mundo moderno para ubicar al hombre en el lugar de Dios, y dado que todos los Ministros sacramentales poseen nuestra pobre naturaleza humana, la cual, al sentirse bajo presión fácilmente se inclina hacia el camino menos difícil, se tiene como resultado que estos nuevos Ritos son hechos a la medida para debilitar eventualmente la Intención sacramental de los Ministros y, con ello, la validez de los sacramentos.

Católicos, mientras evitan ustedes los nuevos Ritos, mantengan el equilibrio de la verdad. No digan que estos Ritos son automáticamente inválidos; ni tampoco, porque puedan ser válidos, que son inofensivos. Aún si son válidos, debilitan la Fe. Con respecto a los sacerdotes que los utilizan, no digan que han perdido la Fe, ni que son inofensivos si los emplean. Estos Ministros pueden bien conservar la Fe, pero pueden correr el riesgo de dañarlos a ustedes si utilizan Ritos diseñados para debilitar su Fe. Busquen los Ritos antiguos y los sacerdotes que utilizan estos ritos. Al hacerlo estarán ayudando a salvar el honor de Dios, su verdadera Religión y muchas almas que están perdiéndose sin esa religión.

Miércoles 9 diciembre 2009

COMENTARIOS AL ELEISON N 126

PEROGRULLADA SOBRE EL COMENTARIO ELEISON 126

Dice Monseñor Richard Williamson:

Todos los Ritos [nuevos] se están deslizando hacia la nueva religión.

Por lo tanto, estos nuevos Ritos son hechos a la medida para debilitar eventualmente la Intención sacramental de los Ministros y, con ello, la validez de los sacramentos.

Católicos, los nuevos Ritos debilitan la Fe.

Con respecto a los sacerdotes que los utilizan, pueden correr el riesgo de dañarlos a ustedes si utilizan Ritos diseñados para debilitar su Fe.

Busquen los Ritos antiguos y los sacerdotes que utilizan estos ritos.

Al hacerlo estarán ayudando a salvar el honor de Dios, su verdadera Religión y muchas almas que están perdiéndose sin esa religión.

Ahora bien, el Motu proprio del 7 de julio de 2007, aceptado, festejado y agradecido por Monseñor Richard Williamson, dice:

El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la “Lex orandi” de la Iglesia católica de rito latino.

El Misal Romano promulgado por San Pío V y reeditado por el bienaventurado Juan XXIII debe considerarse como la expresión extraordinaria de la misma “Lex orandi” y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo.

Estas dos expresiones de la “lex orandi” de la Iglesia no inducen ninguna división de la “lex credendi” de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano.

Y la carta a los Obispos que lo acompaña completa:

No hay ninguna contradicción entre una y otra edición del Missale Romanum.

Obviamente para vivir la plena comunión los sacerdotes de las Comunidades que siguen el uso antiguo no pueden, en principio, excluir la celebración según los libros nuevos. En efecto, no sería coherente con el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del mismo.

Concluye Don Perogrullo:

El Misal Romano promulgado por San Pío V y reeditado por el bienaventurado Juan XXIII se está deslizando hacia la nueva religión.

Por lo tanto, el Misal Romano promulgado por San Pío V y reeditado por el bienaventurado Juan XXIII está hecho a la medida para debilitar eventualmente la Intención sacramental de los Ministros y, con ello, la validez de los sacramentos.

Católicos, el Misal Romano promulgado por San Pío V y reeditado por el bienaventurado Juan XXIII debilita la Fe.

Con respecto a los sacerdotes que utilizan el Misal Romano promulgado por San Pío V y reeditado por el bienaventurado Juan XXIII, pueden correr el riesgo de dañarlos a ustedes si utilizan Ritos diseñados para debilitar su Fe.

Busquen los Ritos antiguos en oposición al Motu proprio de julio de 2007 y los sacerdotes que utilizan estos ritos condenando el Motu proprio de julio de 2007.

No asistan a la celebración de la Santa Misa de sacerdotes que, como Monseñor Richard Williamson, han aceptado, festejado y agradecido el Motu proprio de julio de 2007.

Al hacerlo estarán ayudando a salvar el honor de Dios, su verdadera Religión y muchas almas que están perdiéndose sin esa religión al aceptar el Motu propio de julio de 2007… y, además, el Decreto de enero de 2009.

Viernes 18 diciembre 2009

Monseñor Williamson: Comentario Eleison Nº 127: Calmando la confusión

Monseñor Williamson

Comentario Eleison Nº 127

12 de Diciembre de 2009

Calmando la confusión

Nos ha tomado tres ediciones de los “Comentarios Eleison” el poder desenmarañar por qué el presunto testimonio del Cardenal Lienart en su lecho de muerte (“Comentario Eleison” 121) podría fácilmente considerarse verdadero, dado que corresponde exactamente a la manera por la cual la validez de los sacramentos Católicos ha sido  puesta en peligro por los ritos sacramentales conciliares que fueron introducidos después del Vaticano II  (“Comentarios Eleison” 124, 125 y 126). Un amable crítico piensa que me he preocupado demasiado por defender la validez de los sacramentos conciliares, pero no quiero más exagerar su validez, tanto como su invalidez.

Es evidente que ninguna persona razonable que ame la verdad, quiere hacer otra cosa que alinear su mente con la realidad, porque la verdad se define como “la adecuación entre la mente y la realidad“. Si una situación es negra, quiero llamarla negra. Si es blanca, diré que es blanca. Y si está conformada por una variada gama de grises, quiero que tome esa exacta tonalidad de gris en mi mente; ni un gris más oscuro ni más blanquecino que el que es en realidad.

Ahora, es cierto que cualquier sacramento que se haya administrado en la vida real habrá sido válido o inválido. No existen más matices entre válido e inválido, que las que hay entre estar embarazada o no estarlo. Pero si consideramos en su totalidad los sacramentos conciliares que se administran a través de la Nueva Iglesia, sólo podemos decir que algunos son válidos y algunos inválidos; todos ellos han sido puestos en una pendiente hacia la invalidez por la idea básica de los ritos conciliares de reemplazar la religión de Dios con la religión del hombre. Esta es la razón por la cual la Nueva Iglesia está en camino de desaparecer completamente y la razón por la que la FSSPX no puede, de ninguna manera, permitirse ser absorbida por aquella.

Pero ¿en qué punto exactamente de ese declive, un determinado sacerdote o grupo de sacerdotes, por ejemplo, ha perdido la idea de lo que la Iglesia es, a tal grado que ya no pueden tener más la intención de hacer lo que la Iglesia hace?  Solo Dios sabe. Bien podría ser que llegar a ese punto pueda exigir más que lo que sugerí en el “Comentario Eleison” 125; quizás tome menos, como sugiere nuestro crítico. Cualquiera que sea el caso, ya que solamente Dios puede tener la certeza de ello, yo no necesito saberlo. Solamente necesito tener en mi mente bien claro que los ritos conciliares han puesto a los Divinos Sacramentos en una pendiente que los aleja de Dios, y una vez que me sea evidente que están ayudando a destruir la Iglesia —porque para eso fueron diseñados— debo mantenerme alejado de tales ritos.

Mientras tanto, en cuanto a en qué punto exacto en la caída de la pendiente se encuentra éste o aquel sacerdote, o inclusive la Nueva Iglesia como un todo, aplicaré el gran principio de San Agustín: “En las cosas ciertas, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad.” Y como en un marco de certidumbres tal, dentro de la Nueva Iglesia no todo es Católico, ni todavía todo ha dejado de serlo, quiero otorgar a mis compañeros Católicos la misma libertad de juzgar las cosas inciertas como espero que ellos me lo permitan también. Madre de Dios, ¡obtén el rescate de la Iglesia!

Martes 29 diciembre 2009

PADRE BASILIO MÉRAMO: Replica al comentario eleison número 127

Replica al comentario eleison número 127

Eludir cuando no se puede combatir, parece ser la táctica del autor, en su comentario Eleison 127, cuando no se quiere abordar el tema, ni reconocer la impugnación teológica de lo que se le está haciendo ver, no le  queda otra táctica que la de sepultar con artilugios la impugnación teológica, pues sigue no dándose por aludido, que una cosa es la intención del ministro y otra es la significación del rito de la nueva misa tal como ha sido elaborado y que no cumple con los requisitos de los sacramentos, que exigen sin error ni dudas, para ser sacramentos válidos, producir la gracia que significa y en esto no cabe ni equívocos ni dudas, se es o no se es, ser o no ser. Pues un rito (formula sacramental) que no significa de modo univoco y determinado la gracia que significa, no cumple la definición infalible de la Iglesia que corresponde a los sacramentos. El no querer entenderlo o verlo es signo de que no hay peor sordo que el que no quiere  oír o el ciego que no quiere ver y esto es inadmisible en un teólogo.

Quizá eso también explique, porque le falta el Kyrie y se queda solo con el eleison, al buen entendedor pocas palabras

Padre Basilio Méramo

Bogotá 28 de diciembre de 2009

Lunes 23 agosto 2010

MONSEÑOR WILLIAMSON ALERTA SOBRE MONS. FELLAY, SUS “POLITIQUERÍAS”, Y LOS MIEMBROS YA ADORMECIDOS DE LA FSSPX

Después de muchos Comentarios Eleison vacíos llega este “gran aviso” de la ola del acuerdismo, que amenaza despiadadamente a lo que todavía queda de “salvable” dentro de la malograda FSSPX.

En este comentario no hace más que confirmarnos en nuestra batalla contra los acuerdistas. Recuerda que todo lo denunciado en este medio por sacerdotes probos como el P. Ceriani, Méramo y Turco, por citar algunos, no eran elucubraciones de mentes febriles. Ahora ya se anima a hablar de los daños ya introducidos en las filas de la FSSPX. Todavía no denuncia la lamentable actitud de los Obispos de la Obra de Mons. Lefebvre. Quizás lo haga algún día.

Por lo pronto nos parece interesante analizar en profundidad lo vertido aquí por Mons. Williamson.

COMENTARIOS ELEISON 162 (21-VIII-2010): ¿DISCUSIONES ELUDIDAS?

Mientras las discusiones entre Roma y la Fraternidad de San Pio X se están topando, de acuerdo a comentarios de ambos lados, contra una pared doctrinal, informes de Francia y Alemania unidos a un rumor que llega desde Roma alerta peligro para los Católicos. Ese peligro es un acuerdo político el cual simplemente rodeará por un lado el bloqueo doctrinal.
La Política amenaza con eludir a la doctrina.

Hace algunas semanas me comentaron, desde Francia y Alemania, que una parte importante de los Católicos que asisten a las misas de la FSSPX únicamente están esperando a que salga de las discusiones alguna clase de acuerdo. Si – lo repito, si — esto es verdad, es muy grave. Esos Católicos pueden recibir la mejor calificación por desear no ser separados de lo que parece ser Roma, pero estarían reprobados por no darse cuenta de que mientras las discusiones se mantengan en el plano doctrinal, no existe manera en la que la enseñanza neo-modernista del Vaticano II pueda ser reconciliada con la doctrina Católica de la verdadera Iglesia. Esos Católicos pueden venerar y amar a Monseñor Lefebvre tal como lo perciben, pero no han entendido la esencia de su lucha por la Iglesia. Les convendría despertar si no quieren en una manera u otra caer en los brazos de los Romanos neo-modernistas.

Un acuerdo por delante de la doctrina significa la política antes que la religión, la unidad antes que la verdad, el hombre antes que Dios. Dios antes que el hombre significa verdad antes que unidad, religión antes que política y la doctrina siendo más importante que cualquier acuerdo no-doctrinal. Solamente los soñadores podían no haber previsto que las discusiones doctrinales Roma-FSSPX toparían contra un muro doctrinal. Únicamente los políticos pueden desear que cualquier acuerdo no-doctrinal se desprenda de estas.

¡Dios mío! por lo visto Benedicto XVI sinceramente cree en la Nueva Iglesia del Vaticano II, la cual debe de unir en su seno absolutamente a todos los hombre, sin importar si creen o no en la única verdadera doctrina de la Fe. Por lo tanto él sinceramente desea acoger también a la FSSPX – ¡y naturalmente no le queda mucho tiempo más por vivir! Así es que el bloqueo de las discusiones doctrinales no debería de preocuparle tanto, si busca llegar a un acuerdo político con la FSSPX y de esta manera poder unirla con el resto de la Nueva Iglesia. Por lo tanto, ni debería de pedir demasiado a la FSSPX, o se negaría al acuerdo, ni muy poco, porque entonces el resto de la Nueva Iglesia se levantaría en protesta.

El rumor desde Roma consiste precisamente en que él está pensando en un “Motu Proprio” que aceptaría a la FSSPX “de regreso en la Iglesia”, de una vez por todas, sin requerir de la FSSPX una aceptación explícita del Vaticano II o de la Misa Nueva, sino solamente la aceptación, por ejemplo, del “Catecismo de la Iglesia Católica” de 1992 de Juan Pablo II, el cual es sustancialmente modernista pero de una manera discreta. Por lo tanto la FSSPX no parecería ante sus seguidores como aceptando el Concilio o la Nueva Iglesia, sin embargo comenzaría poco a poco, discretamente, a tragar la substancia del neo-modernismo.

De este modo todos los que buscan la unidad estarían contentos, salvo los que creen en la doctrina Católica.

¡PELIGRO!

Viernes 27 agosto 2010

P. BASILIO MÉRAMO: ¡EUREKA Monseñor Williamson!

EUREKA Monseñor Williamson

Al fin Monseñor Williamson abre la boca y dice algo, quizás para sosegar un poco cierto remordimiento de conciencia, y aunque no dice todo lo que debería, ya es mucho para que los fieles estén alertas, abran bien los ojos y no traguen entero.

Hablar de un acuerdo (político, etc.) en el que se envuelva a la Fraternidad San Pio X es precisamente el gran peligro, pues es el medio para desactivar completamente la heroica y firme resistencia que nos legaron Monseñor Lefebvre y Monseñor de Castro Mayer (este último ya traicionado por sus seguidores), contra el ecumenismo de la Nueva Iglesia postconciliar (Sinagoga de Satanás). Estamos en pleno “coagula” (coagulación) pues como ya se sabe, la Revolución Anticristiana, Anticatólica, tiene dos fases:  el  “solvere” (disolver, dividir, desatar), y el “coagula” (reunir, amalgamar) en mágica síntesis dialéctica. La dialéctica es la gran acción gnóstico-cabalística de síntesis (reunificación, amalgama) de los contrarios, puesto que la realidad según la gnosis cabalística es el resultado de la síntesis del ser y del no ser,  y por ende del bien y del mal,  de la verdad y del error, del sí y del no, de la Iglesia de Cristo y la Contra-Iglesia del Anticristo, y esto por un permanente y continuo cambio a lo largo de la historia en el que se van logrando síntesis más perfectas y acabadas. De aquí la necesidad absoluta (a todo precio, cueste lo que cueste) de  absorber a la Tradición fiel a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana sin alteraciones ni adulteraciones, que desvirtúan la doctrina de Cristo y de su Iglesia. He aquí el grave peligro.

Aunque Monseñor Williamson no lo diga así de claro y contundente,  como debiera desde su trono  Pontifical, ya que a los Obispos el día de su consagración episcopal se les imponen los evangelios sobre los hombros, para que sean guardianes intransigentes en la salvaguarda de la verdad sagrada.  Sin embargo, es suficiente para el que quiera ver, y es mucho mejor que se diga algo a que no se diga nada y así los fieles estén alertas sobre el gran peligro de claudicar (que es lo que pretende Roma modernista y apostata) bajo la apariencia de estar obrando bien.

Padre Basilio Méramo

Bogotá, 26 de Agosto de 2010

Sábado 11 septiembre 2010

¿QUÉ SE TRAE DEBAJO DE LA MANGA MONS. WILLIAMSON?

REPRODUZCO LOS PÁRRAFOS DEL ÚLTIMO KYRIE ELEISON (11/9/2010).

POR SUPUESTO QUE NO ES CLARO…

¿QUÉ HAY DETRÁS DE ESTA COMUNICACIÓN?

SI ALGUIEN SE ANIMA, QUE COMENTE…

¿Por qué es la doctrina en general tan importante para los Católicos? Y ¿por qué es que en particular la Sociedad de San Pio X, siguiendo al Arzobispo Lefebvre y hoy en día a Monseñor Fellay, insiste que el acuerdo en la doctrina debe de preceder cualquier otra clase de acuerdo con la Roma Conciliar? ¿Por qué es que la FSSPX no puede aceptar ahora ser regularizada por Roma, y resolver las diferencias doctrinales después? Aquí tenemos dos preguntas interconectadas, aunque diferentes. Empecemos con la pregunta general.

La palabra “doctrina” viene del Latín doceo, docere, que quiere decir enseñar. Una doctrina es una enseñanza. En nuestro mundo liberal en donde todo el mundo quiere pensar y hablar como le plazca, la palabra “adoctrinamiento” se ha convertido en una palabra sucia. Sin embargo, para poner fin al adoctrinamiento, uno tendría que cerrar todas las escuelas porque en donde sea que una escuela está operando, un adoctrinamiento continúa. Aún si un maestro enseña que toda doctrina es pura tontería, ¡aún eso sigue siendo una doctrina!

Sin embargo, de hecho todos coinciden en que la doctrina es necesaria. Por ejemplo, ¿quién se atrevería a subirse a un aeroplano acerca del cual le hayan antes comentado que su diseñador ha desafiado la doctrina clásica de la aerodinámica, y ha puesto las alas boca abajo? ¡Nadie!  La doctrina de la aerodinámica, la verdadera, la que enseña por ejemplo que las alas deben de estrecharse gradualmente hacia abajo en la parte trasera y no hacia arriba; no es solamente palabras que se hablan o se escriben de la nada, es una realidad de vida o  muerte. Si un avión debe de volar sin estrellarse, la verdadera doctrina de la aerodinámica, en su más mínimo detalle, es esencial para su diseño.

De manera similar, si un alma va a volar al Cielo y no estrellarse en el Infierno, la doctrina Católica, ensenándole en qué debe de creer y cómo comportarse, es esencial. “Dios existe”, “Todos los seres humanos tienen un alma inmortal”, “El Cielo y el Infierno son eternos”, “Necesito ser bautizado para poder salvarme”; estas no son solamente palabras que se les imponen a las almas que crean, sino que son realidades de vida y muerte, pero de vida eterna y de muerte eterna. San Pablo dice a Timoteo que enseñe estas verdades de salvación a tiempo y fuera de tiempo (II Timoteo IV, 2), y para sí mismo dice, ¡Ay de mí si no enseñara el Evangelio! (I Corintios. IX, 16). ¡Ay del sacerdote Católico que no adoctrine a las almas con la doctrina infalible de la Iglesia!

Más la segunda pregunta subsiste: ¿no podría la FSSPX, para obtener de Roma la preciada regularización que solamente Roma tiene la autoridad de otorgar, aceptar un acuerdo práctico a través del cual ninguna parte de la doctrina Católica sería negada, pero a través de la cual las diferencias doctrinales entre Roma y la FSSPX se pondrían entre paréntesis por el momento? ¿Necesitaría así existir una traición de aquellas grandes verdades que mencionamos anteriormente?

El mismo Monseñor Fellay contestó a esa pregunta brevemente en una entrevista que dio a Brian Mershon en Mayo de este año, publicado en el diario “Remnant”. Aquí sus palabras: “Es muy claro que cualquier solución práctica que se diera sin un sano fundamento doctrinal conduciría directamente al desastre … Nosotros tenemos todos estos ejemplos ante nuestros ojos – la Fraternidad de San Pedro, el Instituto de Cristo Rey y todos los demás están totalmente bloqueados a nivel de la doctrina  porque primero aceptaron el acuerdo práctico.”

Pero ¿tiene que ser así? Interesante pregunta…

Sábado 11 septiembre 2010 a las 10:02 pm

Comentario:

Lo más grave de todo este Comentario de Mons. Williamson es la frase subordinada:

“para obtener de Roma la preciada regularización que solamente Roma tiene la autoridad de otorgar”

¿Por qué? Por varias razones:

1a) Porque en ella no hay distinción alguna entre la Roma Eterna y la Roma neomodernista.

2a) Porque ella implica que, contra lo que siempre se ha afirmado, la FSSPX no tiene aprobación canónica, no está en regla y necesita ser regularizada.

3a) Porque se acepta que la Roma neomodernista tiene autoridad para otorgar esa aprobación canónica.

4a) Porque, de aceptar las tres primeras razones, ya no existen diferencias doctrinales entre Roma y la FSSPX.

¡ALERTA ROJA!

La frase subordinada ¡ES PRINCIPAL!

¡PELIGRO!

Lunes 7 febrero 2011

MONS. WILLIAMSON: LAS EXCOMUNIONES DE 1988 AYUDARON A SALVAR LA TRADICIÓN CATÓLICA

Finalmente vemos plasmado en este Eleison aquello que venimos sosteniendo desde enero de 2009 y por lo que nos hicieron tanta guerra desde la FSSPX (hasta llegar a la privación de los sacramentos para los titulares de Radio Cristiandad).

Benedicto XVI es el Tradicionalismo Liberal. El motu proprio ha sido en gran medida malo. Y comparando los daños recibidos y los supuestos beneficios obtenidos, ha sido definitivamente una jugada para la destrucción de la Obra de la Tradición.

Las excomuniones recibidas por los Obispos, fueron un gran don para la Iglesia. Pero, los 4 Obispos, incluido Williamson, fueron a llorarle a Benedicto para que se las levantara. A cualquier precio.

Y el precio fue altísimo.

Los sacerdotes que permanecieron fieles a la Obra de Mons. Lefebvre, y que al ver la traición que significaba lo que se había aceptado de Roma abandonaron la Neofsspx, fueron insultados, defenestrados, tratados como enemigos, y hasta empastillados para hacerlos pasar por locos…

¿Y ahora?

Por lo pronto, algunos con cola de paja, ya empezaron los mandatos para los “fusibles descartables” a fin de preparar el terreno… (ver post anterior)

Dice Mons. Williamson:

Si el liberalismo en su sentido más amplio se define como la liberación del hombre de Dios (hacer referencia a los “Comentarios Eleison” de la semana pasada), entonces el Catolicismo liberal del siglo XIX que surgió de la Revolución Francesa (1789) fue en términos generales la liberación exitosa de Dios por la política, mientras el Modernismo liberal de principios del siglo XX podemos considerarlo como el intento fallido de liberar a la Iglesia Católica de Dios, intento frustrado por San Pio X. Sin embargo, ese intento tuvo éxito, medio siglo después, más allá de los sueños de los liberales, con el Concilio Vaticano Segundo. Enseguida les presento otro testimonio reciente que recibí de Italia, que muestra cómo el Tradicionalismo liberal trabaja actualmente para liberar la Tradición Católica de Dios (¡si tan solo tuviésemos la mitad de la perseverancia del Demonio!):

“Después de que el Motu Proprio de Benedicto XVI desencadenó la Misa Tridentina en el 2007, una gran cantidad de Católicos se acercaron más a la Tradición, pero su calidad varió ampliamente. Como era inevitable, el aumento en número atrajo hacia la Tradición muchos Católicos que nunca habían estado convencidos de su importancia y cuya idea de la Tradición era aún básicamente subjetiva, lo que quiere decir que para esos Católicos, la Tradición es opcional y no obligatoria. En este sentido, aún si Benedicto de hecho dijo algunas cosas provechosas en su discurso clave del 22 de Diciembre del 2005, su efecto fue desastroso.

La confianza en el Papa hizo entonces que cualquier pensamiento crítico acerca de la liturgia, catequesis o doctrina modernas, tomara un segundo lugar. El establecer distinciones o el aclarar la confusión lo hacía a uno extremadamente impopular. Sin embargo, el anuncio de Asís III le dio un fuerte golpe a este espectro amplio y blando de la Tradición, y los Católicos tuvieron que decidirse. Los contrastes salieron a la luz y las primeras divisiones se esbozaron. Benedicto XVI ha tenido éxito al infectar el potencial prometedor de jóvenes Católicos conectados o cercanos a la Tradición, y ha logrado crear divisiones. Mucho de ese potencial ahora está arruinado, aun cuando uno pudiese depositar la esperanza en Dios de que muchos otros jóvenes terminaran hablando y comportándose en una manera propiamente Católica. Entonces ¿cuántos Católicos abrazarán al fin, de todo corazón, la causa justa de la Iglesia? Tendremos que esperar a que la polvareda se disipe y a que los hombres de buena fe y vigor fresco hagan su aparición. Ser testigo de la Tradición requiere más que nunca antes de declaraciones firmes y claras. Vacilar causa solamente daño. Mientras tanto, sigamos luchando, subiendo el tono en donde sea necesario y abiertamente resaltando los males de la Nueva Iglesia Conciliar de Benedicto XVI. La opinión pública en Italia está muy lejos de preocuparse de los verdaderos problemas de la Iglesia. Los Católicos aquí, practicantes o no, han aprendido por siglos a creer que lo que el Papa dice es la palabra del Evangelio. Son hijos de nuestra era.”

Sin duda este testimonio sugiere que la marginalización de Econe por la Iglesia oficial en 1975 y su rotunda condenación con las “excomuniones” de 1988, ayudaron a salvar a la Tradición Católica de la contaminación liberal. ¿Necesitará permitir el Señor Dios por esa misma razón otra división y marginalización como la de entonces? ¡Fervientemente esperamos que no!

Martes 8 febrero 2011 a las 9:54 am

Padre Juan Carlos Ceriani dijo:

Es muy sugestivo el último párrafo de este Comentario Eleison 186:

“Sin duda este testimonio sugiere que la marginalización de Econe por la Iglesia oficial en 1975 y su rotunda condenación con las “excomuniones” de 1988, ayudaron a salvar a la Tradición Católica de la contaminación liberal. ¿Necesitará permitir el Señor Dios por esa misma razón otra división y marginalización como la de entonces? ¡Fervientemente esperamos que no!”

He aquí el original en inglés:

Surely this testimony suggests that the marginalization of Ecône by the mainstream Church in 1975, and its outright condemnation with the “excommunications” of 1988, each helped to save Catholic Tradition from contamination. Will the Lord God for the same purpose need to permit another such division and marginalization ? We devoutly hope not !

Monseñor Williamson, en el Comentario Eleison 162, del 21 de agosto de 2010, había escrito:

“Hace algunas semanas me comentaron, desde Francia y Alemania, que una parte importante de los Católicos que asisten a las misas de la FSSPX únicamente están esperando a que salga de las discusiones alguna clase de acuerdo.”

Esta vez, utilizando un testimonio que le llega desde Italia, Monseñor Williamson advierte nuevamente sobre la contaminación liberal de la FSSPX.

Hasta aquí, nada nuevo. En Alemania, Francia, Italia, como en un poco por todas partes, desde el año 2000 la FSSPX sufrió una contaminación liberal; la cual se acrecentó con la hábil estrategia de Benedicto XVI.

Esto ya había sido anticipado por Monseñor Lefebvre.

Encontramos la misma advertencia en la Carta Abierta de Dom Lorenzo a los Padres de Campos.

Ahora bien, en el Eleison 162, Monseñor Williamson había dicho a esos feligreses liberales:

“Les convendría despertar si no quieren en una manera u otra caer en los brazos de los Romanos neo-modernistas.”

¡Como si no hubiesen caído ya!…

Ahora, luego de simplemente “sugerir” que “la marginalización de Econe por la Iglesia oficial en 1975 y su rotunda condenación con las “excomuniones” de 1988, ayudaron a salvar a la Tradición Católica de la contaminación liberal”, se pregunta:

“¿Necesitará permitir el Señor Dios por esa misma razón otra división y marginalización como la de entonces?”

Pido al lector que reflexione bien y responda en su interior a pregunta tan importante.

¿Ha reflexionado?

¿Respondió?

¿Qué respondió?

Pues bien, Monseñor Williamson responde:

“¡Fervientemente esperamos que no!”

¿Qué es lo que Monseñor Williamson espera fervientemente que no suceda?

¿Otra división?

¿Otra marginalización?

¿Que la Tradición Católica sea salvada de la contaminación liberal?

La división en el seno de la FSSPX ya existe. Incluso entre los cuatro Obispos, aunque quieran ocultarlo.

La marginalización, no sólo debe ser deseada, sino incluso provocada voluntariamente, como lo expresa la Carta Abierta de todos los Superiores de la FSSPX del 6 de julio de 1988, y lo manifestó luego Monseñor Lefebvre (hay que separarse de esa gente que tiene SIDA espiritual).

¿Lo que Monseñor Williamson espera, entonces, fervientemente que no suceda es que la Tradición Católica sea salvada de la contaminación liberal?

Suena raro, pero, con tanta contaminación como existe…; y habiendo llegado ella a alturas tan elevadas…

todo es posible…

Martes 12 abril 2011

Y ESA “NEOIGLESIA”, ¿NO ES CON LA QUE HAN ESTADO COQUETEANDO, MONSEÑOR?

Monseñor Williamson: Neoiglesia, Neobeatos

Comentarios Eleison 195 (9-IV-2011)

El 1° de Mayo, dentro de escasas semanas, Juan Pablo II será declarado “Beato” por Benedicto XVI, en medio de una gran celebración en La Plaza de San Pedro en Roma. Pero los católicos que se aferran a la Tradición saben que Juan Pablo II en realidad fue un gran promotor de la Iglesia Conciliar; fue un destructor efectivo de la Iglesia Católica. Entonces ¿cómo puede ser proclamado “Beato”, el último paso antes de ser canonizado, cuando las canonizaciones de la Iglesia son infalibles? La respuesta rápida es que Juan Pablo II no será beatificado como un Beato católico a través de una beatificación católica en la Iglesia Católica, sino como un “Neobeato” a través de una “Neobeatificación” de la “Neoiglesia”. Y los “Neoprelados”, primeros en proclamar la novedad por lo que hacen, son los últimos en reclamar infalibilidad.

Ilustremos la naturaleza de la Neoiglesia a través de una comparación obtenida de la vida moderna. La gasolina pura (bencina, nafta) huele, sabe y actúa como la gasolina. Esta puede hacer que un auto funcione. El agua pura huele, sabe y actúa como agua. El agua no puede hacer que un auto funcione. La gasolina mezclada con tan solo un poco de agua aún puede oler y saber a gasolina, pero ya no actúa más como gasolina; no se puede usar para que funcione un auto. El agua le ha quitado su capacidad de combustión.

La gasolina pura se compara con el catolicismo puro: ¡altamente combustible! El agua pura, en nuestra comparación, es como el humanismo secular puro, lo que será la Religión global, sin rastro alguno de Catolicismo en ella. Ahora el Catolicismo y el humanismo secular se mezclaron en el Concilio Vaticano Segundo y en sus 16 documentos. Así es que el Conciliarismo, o Nuevo Catolicismo, puede aún oler y saber a Catolicismo, suficiente como para hacer que los “buenos católicos” esperen que las beatificaciones conciliares se pongan en la vía de la infalibilidad, así como hacían las beatificaciones en la Iglesia pre-Conciliar, pero en realidad una pequeña mezcla de humanismo secular fue suficiente para que el Catolicismo dejara de funcionar, así como no se necesita de mucha agua para que la gasolina ya no haga combustión.

Así es que las nuevas beatificaciones, para los olfatos católicos desprevenidos, pueden saber y oler a beatificaciones católicas, pero cuando se examinan más de cerca es claro que las nuevas beatificaciones no son para nada la misma realidad. Un ejemplo famoso: una beatificación católica anteriormente requería de dos milagros distintos, mientras que la Neobeatificación requiere de uno solo. Y las reglas de la Neobeatificación están significativamente relajadas en algunas otras formas también. Por lo tanto ningún católico debe esperar otra cosa diferente que un Nuevobeato que emerja de una Neobeatificación. Juan Pablo II fue de hecho un “Beato” del Concilio.

Lo que engaña a los Católicos son los elementos del Catolicismo que aún permanecen en la Iglesia Conciliar. Pero así como el Vaticano II fue diseñado para reemplazar el Catolicismo (gasolina pura) con el Conciliarismo (gasolina-agua), así el Conciliarismo está diseñado para dar paso –digámoslo así– a la Religión Global (agua pura). La procesión va de Dios hacia el Neodios, y del Neodios al Nodios. Hoy en día aún tenemos a la NeoRoma empujando al Neodios del Vaticano II con Neobeatos que le correspondan, pero no pasará mucho tiempo para que verdaderos criminales sean los “Beatos” del Nodios.

Sin embargo, el verdadero Dios no dejará que aquellas ovejas que no quieren ser engañadas lo sean. Ni abandonará una sola alma que no lo haya abandonado a Él antes, dice San Agustín. ¡Cita maravillosa!

Lunes 22 agosto 2011

ACERTIJO NUEVO O SUBREPTICIA DECLARACIÓN

¿Siguen los acertijos?

Es obvio que no existen los peligros que menciona Mons. Richard Williamson (el sabio – pero despreciado – Troyano) para los fieles tradicionales.

El verdadero peligro, para la Fe de los fieles tradicionales, es la cúpula de la Neofsspx.

¿A ellos va dirigido este Eleison?

¿Qué sentido tiene esta declaración de ¡Cuidado!, cuando sus pares epíscopos y él mismo, son los que conscientemente han abierto la puerta de la ciudadela fiel para ser tomada, saqueada, violada (en el fondo odiada) para finalmente si no cede arrodillada, ser pisoteada y abandonada en el páramo (en el cual nació y se fortaleció, siendo alimentada desde lo alto) de la mentirosa excomunión (que ellos mismos aceptaron real) y que según dijeron los sumía en una “gran tristeza”?

Para nosotros es obvio que la oferta sigue en pie. Siempre, desde los primero acercamientos estuvo en pie. Y el 14 de setiembre estará allí sobre la mesa.

Y Mons. Williamson conoce cuál será la respuesta de Mons. Fellay…

Por lo pronto, los Dánaos ya lograron su objetivo. Ya Troya fue invadida. Y el célebre “caballo” ya cumplió su misión.

Regalos griegos I

Comentario Eleison CCXIV

El 14 de Septiembre, en unas cuantas semanas, se dice que se llevará a cabo en Roma una junta del Cardenal Levada y oficiales Romanos con el Superior General de la Sociedad de San Pio X y sus dos Asistentes. Los Católicos que aprecian lo que Mons. Lefebvre y su Sociedad han recibido como encomienda durante los últimos 40 años en defensa de la Fe necesitan estar prevenidos, porque esa Fe está hoy más que nunca en peligro, y “Hombre prevenido vale por dos”, especialmente a través de la oración.

Fue el Cardenal Levada, Perfecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien fue encomendado hace dos años de supervisar las Discusiones doctrinales que se llevaron a cabo desde el otoño del 2009 hasta Abril de este año, entre Roma y la FSSPX. Fue Roma quien invitó a la FSSPX  a asistir a esta reunión. Parece razonable anticipar que el 14 de Septiembre los Romanos pondrán sobre la mesa la decisión a la cual llegaron a partir de las Discusiones acerca del futuro de la FSSPX

Ahora bien, por todos los medios las Discusiones hicieron evidente que no existe posibilidad alguna para un acuerdo doctrinal entre la FSSPX que se aferra a la doctrina de la Iglesia de siempre, y la Roma actual que se ubica en las enseñanzas de la Nueva Iglesia y que está perseverando en esta desorientación, como es claro a partir de la Nueva Beatificación de Juan Pablo II en el mes de Mayo, y también de Asís III que está por ocurrir en Octubre. Así es que la situación que se desprende de las Discusiones no es otra que la situación en que se iniciaron: por un lado, para la gloria de Dios y la salvación de las almas, la FSSPX lucha por ayudar a Roma a que vuelva a la verdadera Fe Católica, mientras que para la gloria del hombre moderno y para la satisfacción de sus medios de comunicación innobles (como en Enero y Febrero del 2009), la Roma Conciliar está haciendo todo lo que está bajo su poder para inducir a la FSSPX a que se deje disolver en el ecumenismo podrido de la Nueva Fe.

Por lo tanto ¿qué podemos imaginar que Roma impondrá el 14 de Septiembre? Palo, o zanahoria, o – lo que es más probable – ambos, medidos según la estimación Romana del pensamiento actual dentro de la FSSPX. El palo podría ser la amenaza de una total “excomunión” para la FSSPX, esta vez definitiva. Pero ¿quién que tenga la Fe Católica podría temerle a esta amenaza? Cuando el Arzobispo Lefebvre fue amenazado por primera vez de ser “excomulgado” de la Nueva Iglesia, recordemos su respuesta: “¿Cómo puedo ser excluido de una “iglesia” a la que nunca he pertenecido?”

Por el otro lado la zanahoria más ingeniosa de Roma podría ser la oferta aparentemente irresistible de una “comunión total con Roma” bajo los términos de la misma FSSPX. Solo que podría existir una cláusula en letras pequeñas que estipularía que los futuros Superiores y Obispos de la FSSPX podrían ser elegidos por un comité conjunto de Roma y de la FSSPX, con la simple mayoría de sus miembros siendo… Romanos. Después de todo, ¿querría la FSSPX subordinarse a Roma, o no?  “¡Decídanse!” será su demanda razonable, como habría sido el reclamo del Cardenal Ratzinger en el 2001.

Los que ven claro recordarán el dicho del sabio – pero despreciado – Troyano quien no quería que el Caballo de los Griegos entrara a Troya. « Sea lo que sea, temo a los Dánaos incluso si traen regalos». Pero ingresaron el Caballo de Troya. Todos sabemos lo que le sucedió a Troya.

Lunes 26 septiembre 2011

PARA LOS FIELES DE SIEMPRE SÍ. 2+2=4.

Compartimos una Carta enviada por una feligresa tradicional a Mons. Williamson:

PARA LOS FIELES DE SIEMPRE SÍ. 2+2=4.

A la atención de S.E. Mons. Williamson:

He leído atentamente sus dos últimos “Eleyson” y cuán grande ha sido mi sorpresa al observar que no ha hecho ninguna mención a la trampa que Roma apóstata está consumando con la Fraternidad, en la que induce a la Tradición y al combate de la misma contra el modernismo vaticano a aceptar que 2+2 no es igual a 4.

Con absoluta sinceridad y con el máximo respeto esperaba de V.E. tranquilizase a un grupo, no muy pequeño por cierto, y le devolviese la confianza que habíamos depositado en V.E. ante el desastre que se avecina para la tradición en el mundo.

¿No cree V.E. que se está repitiendo la traición a la verdadera Iglesia de Cristo que ya se produjo durante y después del concilio V2?

¿Acaso no está la fraternidad en la misma disyuntiva en la que se encontraron todos los obispos que fieles, pero cobardes aceptaron el engaño y donde sólo hubo dos Obispos, AUTÉNTICAMENTE CATÓLICOS, así con mayúsculas, que tuvieron la hombría de enfrentarse a la Roma que acoge al anticristo y que será su sede, si ya no lo es?.

Esperamos de V.E. nos haga reavivar la ilusión de seguirnos sintiendo auténticamente católicos, y haga sentir su autorizada voz para hacer callar a los enanos de siempre. Así como también no ver a la Fraternidad, por ahora en espíritu, comulgar en el sacrílego acto de Asís, verdadera prueba de la apostasía de Ratzinger.

2+2 aún seguimos creyendo que son 4, espero que V.E. también lo siga creyendo.

Esperamos y pedimos también a Nuestra Señora, a la cual se ha utilizado de mala manera con una cruzada de rosarios para irónicamente pedirle lo que es del todo imposible y absurdo, que mezcle el agua pura, limpia y cristalina con el agua de alcantarilla de la Roma postconciliar, que ruegue a Su Santísimo Hijo que venga cuanto antes a rescatarnos ante el peligro que se avecina, y que por nuestro bien “acorte aquellos días”.

Para ello sí que era necesario hacer una cruzada de Rosarios, para que Él venga pronto: ¡Ven Señor Jesús!

Sábado 15 octubre 2011

CARTA DE LECTORES: LA FARSA DE LA ANTINOMIA WILLIAMSON – FSSPX

Estimado Sr. Director:

Desde el año 2000 cuando comenzaron los contactos con Roma, Monseñor Williamson ha jugado el papel de lobo para que los que están a favor del pacto apoyen a Mons. Fellay temerosos de afrentar al Vaticano, y los que están en contra se queden mansitos creyendo que Mons. Williamson de veras es una posición dura que garantiza que puedan permanecer en la Fraternidad sin peligro de entrega. Pero luego, Mons. W, firma todo, acepta todo, se somete a todo. Es un juego.

En el caso de que la Fraternidad se escindiera, no me cabe duda de que Mons. W. intentaría nuclear a los “duros” con la finalidad de dejarlos definitivamente considerados un grupo de energúmenos; o sea, desprestigiados como cristianos a los ojos del mundo.

Mons. W no defiende la causa de Cristo, sino la de Mons. W. Vive haciendo monigotadas. Es el no, pero sí, mezcla lo político con lo religioso, un cocoliche en serio. Es lo que creo.

Gracias por estar en la Internet.

Un cordial saludo

V. Abad

Jueves 19 julio 2012

P. CERIANI: DECLARACIÓN CONTRA DECLARACIÓN

https://radiocristiandad.wordpress.com/2012/07/19/p-ceriani-declaracion-contra-declaracion/

DECLARACIÓN CONTRA DECLARACIÓN

Hemos leído hoy la Declaración del Capítulo General de la FSSPX, de julio de 2012.

Recordemos la Declaración de Monseñor Marcel Lefebvre, del 21 de noviembre de 1974:

Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.

Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron.

Todas esas reformas, en efecto, contribuyeron y contribuyen todavía a la demolición de la Iglesia, a la ruina del Sacerdocio, al aniquilamiento del Sacrificio y de los Sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa, a una enseñanza naturalista y teilhardiana en las universidades, los seminarios, la catequesis, enseñanza nacida del liberalismo y del protestantismo, condenada repetidas veces por el magisterio solemne de la Iglesia.

Ninguna autoridad, ni siquiera la más elevada en la Jerarquía, puede constreñirnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos.

“Si llegara a suceder, dice san Pablo, que nosotros mismos o un ángel venido del cielo os enseñara otra cosa distinta de lo que yo os he enseñado, que sea anatema” (Gál. 1, 8).

¿No es esto acaso lo que nos repite el Santo Padre hoy?  Y si una cierta contradicción se manifestara en sus palabras y en sus actos así como en los actos de los dicasterios, entonces elegimos lo que siempre ha sido enseñado y hacemos oídos sordos a las novedades destructoras de la Iglesia.

No es posible modificar profundamente la “lex orandi” sin modificar la “lex credendi”. A la misa nueva corresponde catecismo nuevo, sacerdocio nuevo, seminarios nuevos, universidades nuevas, Iglesia carismática, pentecostal, todas cosas opuestas a la ortodoxia y al magisterio de siempre. Habiendo esta Reforma nacido del liberalismo, del modernismo, está totalmente envenenada; sale de la herejía y desemboca en la herejía, incluso si todos sus actos no son formalmente heréticos. Es pues imposible a todo católico consciente y fiel adoptar esta Reforma y someterse a ella de cualquier manera que sea. La única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, para nuestra salvación, es el rechazo categórico a aceptar la Reforma.

Es por ello que sin ninguna rebelión, ninguna amargura, ningún resentimiento, proseguimos nuestra obra de formación sacerdotal bajo la estrella del magisterio de siempre, persuadidos de que no podemos prestar un servicio más grande a la Santa Iglesia Católica, al Soberano Pontífice y a las generaciones futuras.

Es por ello que nos atenemos firmemente a todo lo que ha sido creído y practicado respecto a la fe, las costumbres, el culto, la enseñanza del catecismo, la formación del sacerdote, la institución de la Iglesia, por la Iglesia de siempre y codificado en los libros aparecidos antes de la influencia modernista del Concilio, esperando que la verdadera luz de la Tradición disipe las tinieblas que oscurecen el cielo de la Roma eterna.

Y haciendo esto, con la gracia de Dios, el auxilio de la Virgen María, de San José, de San Pío X, estamos convencidos de mantenernos fieles a la Iglesia Católica y Romana, a todos los sucesores de Pedro, y de ser los “fideles dispensatores mysteriorum Domini Nostri Jesu Christi in Spiritu Sancto”. Amén.

Comparando ambas Declaraciones, se comprueba que el Capítulo General de la FSSPX de julio de 2012, no sólo se aparta de la Carta Abierta del 6 de julio de 1988 firmada por todos los Superiores Mayores, sino que también reniega la Declaración de su Fundador, al abandonar la distinción entre la Roma católica guardiana de la fe católica, la Roma eterna, y la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante.

Declaración de Monseñor Lefebvre

Declaración del Capítulo General de 2012

Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma, a la Roma católica guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias al mantenimiento de esa fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.

Nos parece oportuno reafirmar nuestra fe en la Iglesia Católica Romana, única Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo, fuera de la cual no hay salvación, ni posibilidad de encontrar los medios que conducen a ésta; en su constitución monárquica, querida por Nuestro Señor, que hace que el poder supremo de gobierno sobre toda la Iglesia recae solo sobre el Papa, Vicario de Cristo en la tierra.

Hasta aquí, no hay mayor distinción

Pero la explicitación tiene su veneno…

Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y después del Concilio en todas las reformas que de éste salieron.

Ninguna autoridad, ni siquiera la más elevada en la Jerarquía, puede constreñirnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos.

“Si llegara a suceder, dice san Pablo, que nosotros mismos o un ángel venido del cielo os enseñara otra cosa distinta de lo que yo os he enseñado, que sea anatema” (Gál. 1, 8).

Sobre todas las innovaciones del Concilio Vaticano II que permanecen manchadas de errores y sobre las reformas que de él han salido, la Fraternidad sólo puede continuar adhiriendo a las afirmaciones y enseñanzas del Magisterio constante de la Iglesia

La diferencia es clara

No hay condena ni rechazo

Esto coincide perfectamente con las declaraciones que hiciera en diversas oportunidades el actual Superior General, Monseñor Bernard Fellay:

1º) Conferencia del 11 de diciembre de 2005, en la que narra su entrevista con Benedicto XVI.

En esta Conferencia, con el prurito de afirmar la perpetuidad de la Iglesia visible (lo cual es verdad), Monseñor Fellay llega a decir que la Roma actual
es la guardiana de la Fe. Para eso utiliza la Declaración de Monseñor Lefebvre de noviembre de 1974, pero dándole el sentido opuesto:

Un primer principio de adhesión a la fe católica, Monseñor Lefebvre lo expresó de una manera admirable el 21 de noviembre de 1974, y se puede decir que aún hoy es nuestra carta: “Adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma a Roma Católica, guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esta fe, la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad”.

Adherimos de todo corazón a este texto.

“A la Roma católica” quiere decir algo. Esta Roma católica no es una abstracción. ¡Tengamos mucho cuidado! No es una abstracción, es una realidad.

Cuando Monseñor dice: “Adherimos a la Roma católica”, eso quiere decir la Roma católica de hoy. No es simplemente la adhesión a la Roma de Miguel Ángel o la Roma de San Pedro. Es la Roma que existe hoy, con las características siguientes: aquella que es católica, la que es guardiana de la fe, la que mantiene esta fe, esta Roma eterna.

¿En qué pensaba y qué quería transmitir Monseñor Fellay al decir: “Cuando Monseñor dice, “Adherimos a la Roma católica”, eso quiere decir la Roma católica de hoy”?

2º) Recordemos el Comunicado tras la audiencia de agosto de 2005:

La audiencia ha sido la ocasión para la Fraternidad de manifestar que siempre ha estado unida, y siempre lo estará, a la Santa Sede, la Roma eterna.

¡Muy bien! Pero omitió la segunda parte, la distinción respecto de “la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que se manifestó claramente en el Concilio…”

3º) Comunicado de Prensa y Carta a los Fieles, del 24 de enero de 2009:

Estamos prestos a escribir con nuestra sangre el Credo, a firmar el juramento anti-modernista y la profesión de fe de Pío IV; aceptamos y hacemos nuestros todos los concilios hasta Vaticano II, respecto del cual emitimos reservas.

4º) Lunes 16 de febrero de 2009, Conferencia en el Seminario de Flavigny a más de 60 sacerdotes de la FSSPX:

Algunos, para facilitar las cosas, hacen una identificación entre la Iglesia Oficial y la Iglesia Modernista. Pero es un error, porque hablamos de una realidad concreta.

5º) Carta a los otros tres Obispos de la FSSPX, del 14 de abril de 2012:

Al leerlos, uno se pregunta seriamente si ustedes creen todavía que esta Iglesia visible, cuya sede está en Roma, es realmente la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, una Iglesia por cierto horriblemente desfigurada a planta pedis usque ad verticem capitis, pero una Iglesia que a pesar de ello sigue teniendo por jefe a Nuestro Señor Jesucristo. Da la impresión de que ustedes se hallan tan escandalizados que ya no aceptan la posibilidad de que esto pudiera ser verdad. Para ustedes, ¿Benedicto XVI es aún Papa legítimo? Si lo es, ¿Jesucristo puede todavía hablar por su boca?

Esta falta de distinción lleva a algunos de ustedes a un endurecimiento « absoluto », lo cual resulta grave porque tal caricatura ya no es real y desembocará lógicamente en el futuro en un verdadero cisma. Quizás este hecho es uno de los argumentos que me impulsa a responder sin más dilación a los requerimientos romanos.

Queda claro que nos encontramos ante una nueva Fraternidad Sacerdotal San Pío X…

Martes 25 septiembre 2012

MONS. WILLIAMSON: ELEISON 271 – DECLARACION REVERSIBLE

https://radiocristiandad.wordpress.com/2012/09/25/mons-williamson-eleison-271-declaracion-reversible/