Incertidumbre es precisamente lo que padecemos muchos tradicionalistas, que entre la desesperanza y la desconfianza ante la abducción que la Roma apóstata pretende del último bastión de la Cristiandad, nos produce decepción y gran tristeza. Decepción porque aquellos que hemos estado con M. Lefebvre y su obra desde el principio, seguimos en ayunas de lo que se está cociendo dentro de la Fraternidad. Este mutismo generalizado nos hace cuestionarnos infinidad de dudas, fundadas y con base, para caer en una desconfianza que se acrecienta por momentos. ¿Por qué tanto secretismo? ¿Tan conflictivo es el preámbulo vaticano para semejante sigilo? ¿Qué ha salido de la reunión en Albano? ¿Por qué dilatar tanto el tiempo?. ¿No tenemos derecho los fieles, que tanto nos hemos desgañitado en la lucha desigual contra el modernismo, a enterarnos de la propuesta?.¿Se puede seguir soportando la «tomadura de pelo» del vaticanismo conciliar, aún a sabiendas de que una defección de la fraternidad produciría irremediablemente la desbandada de los mejores de sus filas, antaño comprometidos en la lucha por la VERDAD? ¿Se va a tener en cuenta la lapidaria frase de M. Lefebvre, de que hasta que Roma no de signos de querer volver a la tradición, no tenemos que perder el tiempo, en «diálogos de besugos»; o aquella otra advertencia de no contagiarnos del sida espiritual? Mucho me temo que no vaya a haber un final feliz en esta tragicomedia montada por la cúpula de la Fraternidad.
A modo de símil, quiero, para no poner en peligro de ser conquistados a todos aquellos que quieren seguir siendo FIELES, el siguiente ejemplo:
Imaginémonos un gobierno democrático-liberal donde se quieren aumentar unos impuestos:
¿Interesa que el «pueblo soberano» acepte un aumento de impuestos del 20%, tan desagradable a todos?. Se actúa como sigue: Se empieza anunciando un 40%. El «pueblo soberano» pone el grito en el cielo y vienen en su auxilio los sindicatos democráticos. Hay una lucha «feroz» entre ellos y el gobierno, hasta que por fin éste cede y rebaja el 20% que es lo que tenían pactado de antemano el gobierno y los sindicatos. Todos quedan contentos, el gobierno porque ha conseguido el 20%, los sindicatos porque han ganado prestigio ante la sociedad democrática y el «pueblo soberano» porque se ha librado del 40% de aumento.
Pues bien, ¡Ojo!, no nos confundan con ese «pueblo soberano», no queremos ningún porcentaje de entreguismo, queremos seguir tal cual estamos hasta ahora, sin ninguna «rebajita» de verano.
Si el objetivo es otro, ya están tardando en poner fin a nuestra incertidumbre y que Dios os bendiga, pero de lo contrario, que Nuestro Señor Jesucristo y sus bienaventurados Apóstoles San Pedro y San Pablo os lo demanden.
